Es invierno en La Habana.

Es invierno en La Habana, un invierno amargo; no hay azúcar para endulzar el noescafé .

Juana prepara el desayuno a su hijo, un té de unas hojas que le trajo el viento, un pan de ayer, que guardó con furia y lo escondió en acto de amor desesperado; su hijo estuvo 12 horas de guardia y ella le remoja con lágrimas su pan, pretende dibujarle sonrisas en el alma.

Es invierno en La Habana y la mesa está vacía y la mente llena de quejas retenidas y protestas guardadas, hay gritos atravesados entre el pecho y la garganta que el miedo no logra detenerlos.

Es invierno en La Habana y hay frío en hospitales, hay 8 cadáveres que esperan sepultura, 8 madres con los brazos vacíos y los pechos secos, 8 niños que nunca pudieron ser,andar, jugar, vivir, quedaron en el intento; faltan más de 8 cartas de renuncia, falta gente con vergüenza asumiendo su culpa, falta un viento fuerte que limpie la ciudad y derribe falsos ídolos.

Es invierno en la Habana y patrocinar se conjuga en todos los tiempos y personas, una estampida gigantesca estremece la ciudad, la Isla; el Morro defiende su luz, quiere guiar un día el regreso de muchos.

Es invierno en la Habana y un pueblo espera un ardiente verano que derrita barrotes y consignas, que dinamite miedos y recelos, que borre discursos obsoletos un eterno verano que llevan décadas soñando, ¡un verano señor, no lo demores!

Fotografía tomada de Google.

¡Hasta siempre Pablito!

Pablito no se ha ido, su breve espacio se ha hecho inmenso, inmortal, habita en la gloria; junto a los grandes de nuestra música, comparte sitio y permanencia. Para vivir entre nosotros, más allá de la muerte, bastan sus canciones para anclarlo por siempre a recuerdos y acciones.

Pablito es símbolo de cubania, de amor por Cuba, esa Isla que amó entrañablemente y que entre olas y canciones lo hizo suyo. Tipo sencillo, siempre dispuesto a ayudar, a hacer sin pretensiones, a dar su mano y su arte; ese es su legado, su arte, sus canciones, su darse en cada gesto. Uno es como es y él es de los buenos.

Se fue con la paz y la certeza del que supo ponerse del mejor lado de la historia. No le alcanzan el odio, ni ofensas de algunos.

Sé que mis palabras me traerán algún que otro improperio, pero como tú dijiste: del presente que me importa la gente, si es que siempre van a hablar; al final llenas el espacio con tu luz y esa luz es lo que importa.

Unámonos en este hasta siempre a Pablito, no somos Dios, no nos equivoquemos otra vez.

Déjanos despedirte con tus versos en el fuerte futuro que nos aguarda y volver a repetirte que te queremos, porque y esto lo sabes, este pueblo te quiere y se aferra a tus canciones que es abrazarse a ti en cierto modo.

Esto no puede ser no más que una despedida, quisiera fuera un inmenso hasta siempre, eternamente Pablito.

Fotografía tomada de Google.

Lo que se llevaron los vientos de Ian.

Hoy no pensaba escribir, pensé tomarme el domingo como un descanso total, mis amigos más antiguos, no por viejos, sino por los años que hace nos conocemos, me pidieron escribiera algo sobre Ian, ese terrible huracán que golpeo con furia el occidente de Cuba y el centro de la Florida. Les aclaré que me dejaría llevar por las musas, que no me pondría trabas, hágase la voluntad de las musas y no la mía.

Acá en la Florida las pérdidas han sido enormes, es el huracán que más pérdidas ha causado en daños materiales, la cifra en números redondos, supera la de los huracanes anteriores. El gobierno federal aprobó ayuda de inmediato, sin tener en cuenta si el estado era azul o rojo, demostrando que este gobierno es de todos, no sólo de los que votaron por él. Poco a poco la gente se recuperará y aunque el momento actual espanta, no faltarán ayuda oportuna, prestamos, créditos; duelen los muertos que estoy seguro serán numerosos y que en muchos casos si se hubieran evacuado, se hubieran podido evitar, pero siempre abundan los cabezones que se creen que se las saben todos y exponen sus vidas y la de sus familiares. Mientras el huracán azotaba estuve en contacto con una amiga que vive en Cape Coral y sus mensajes me espantaban, después supe que los daños no pasaron de un techo que voló y otras pérdidas materiales, por suerte todos están bien, seguros que pronto todo volverá a la normalidad. El norte se recupera poco a poco, se sacude el agua y apuesta al futuro.

Allá al sur, donde habitan mis memorias, mis fantasmas, Ian se ensañó con furia, destruyó casas, cosechas, tendidos eléctricos, como decimos nosotros: les dio con todo. Inundaciones y un viento fuerte que no perdonó miserias, ni angustias.

Allá, al sur, Ian se llevó algo más que techos, casas, cosechas, postes del tendido eléctrico, Ian se llevó el miedo, el temor a reclamar derechos, a gritar basta, a decidirse a ser parte de la historia, a elegir rumbos y caminos. Que un gobierno tiene que cumplir su función interna y garantizar pan y paz a su pueblo, ¡coño! que la gente se cansa y aburre de promesas y consignas; que la mayor consigna es el derecho a la vida, a una vida digna en el sentido exacto de la palabra, que no reclaman lujos, piden lo esencial para poder vivir y no morir en el intento.

La gente tiene todo el derecho a expresarse, a reclamar derechos, Ian se llevó el miedo, barrió con él, lo hundió en el fondo de esa mar profundo y azul que nos rodea. Entendieron que no tienen nada que perder, solo prohibiciones, miserias, angustias, que de la potencia médica solo queda el recuerdo, que lo que una vez se exhibía con orgullo hoy da vergüenza y dolor, que el viento se llevó miedos y vendas en los ojos y un pueblo mira de frente su estado actual y se niega a continuar así. Que la patria prometida es “para todos y para el bien de todos”, no solo para un grupo que disfruta del poder y sus ventajas. El pueblo tiene hambre de pan y libertades y va por ellas, no lo duden.

Algunas tormentas llegan para limpiar el camino, para llevarse miedos y poner un pueblo de pie, hay vientos capaces de llevarse miedos, abulias, estremecen cimientos y anuncian amaneceres; algo bueno dejó la tormenta; un pueblo de pie reclamando derechos, que se niega a ponerse de rodillas. Allá al sur, un pueblo se sacude cadenas y apuesta al futuro.

¿Donde será la próxima masacre?

Volvemos a oraciones por los muertos, no movemos en círculo, sin soluciones. Cada vez que alguien con una de esas terribles armas de asalto, a las que hasta la policía teme, decide cobrar vidas y vestir de luto al país y a hogares, los políticos oran y envían sus pensamientos. Hasta en la pasada convención de la NRA no faltó quien dijera, entre aplausos, que las masacres ocurrían porque las oraciones no eran suficientes, si el tema no fuera tan serio parecería una comedia, una burla.

La 2da enmienda da derecho a portar armas, pero se impone regular que tipo de armas se pueden portar, un AR-15 no es un arma para defenderse, es un arma de asalto y nada justifica su venta, absolutamente nada.

Muchos políticos tienen las manos y la conciencia manchadas de sangre, aceptan dinero de la NRA para sus campañas políticas y se oponen a regulaciones y control sobre la venta de armas. No señores, esto no se debe a enfermos mentales, en todos los países existen enfermos mentales y este es el único en el que ocurren estas masacres; son causa directa de la venta incontrolada de armas. ¿cómo es posible que un joven tres días después de cumplir 18 años pueda comprar 2 AR-15? Basta de discursos, de minutos de silencio y oraciones que no detienen balas.

El espanto de esos niños, estremece conciencias y los cimientos de este país. Una niña de 10 años se cubrió con la sangre de otro niño muerto y se hizo pasar por muerta para evitar la muerte real, si a usted eso no le estremece, algo anda mal, creame.

A grandes males, grandes remedios, está en juego el futuro de este país, la vida. No podemos vivir con el temor de quien será la próxima víctima, no podemos cruzarnos de brazos y voltear el rostro. Muchos, los mismos que fueron capaces de politizar el uso de mascarillas, piden que no se politice esta masacres, no es política señores es ser realmente pro vida, de apostar por el futuro y no por la muerte.

Andan muy preocupados por el aborto, son pro vida dicen, pero contemplan impasibles las muertes de niños, como si los que ya nacieron no importaran. Basta de hipocresía, basta de palabrería; el momento exige acciones .

Debemos salvar el futuro o resignarnos a verlo morir ante nosotros.