El amor contra el odio.


Que tal si compartimos, si en vez de un puño,  extendemos  manos abiertas, francas, hermanas.  Si en vez de insultos, ensayamos palabras de amor, te quieros.

Si en vez de piedras, nos tiramos besos y en guerra de amor interminable, construimos puentes, derribamos muros. Beso a beso ganamos batallas a lo oscuro, iluminamos sendas, descubriendo hermanos.

Si en vez de palabras cargadas de odios y desprecios, lanzamos al contrario, las mas dulces palabras de amor y de consuelo. 

Prohibido odiar desde hoy hasta el final de los tiempos,  prohibido herir, matar,  despreciar.  Es tiempo de amor entre los hombres,  de abrazos sin final, de sanar heridas,  de pedir perdones.

Es tiempo aún,  no demoremos. El odio no ha ganado la batalla, es tiempo de enfrentarlo y derrotarlo,  antes de que una a una apague estrellas  y esperanzas.

Allá vamos, gritaton todos, uniéndose en titánica tarea. Se armaron con sonrisas de niños,  te quieros de las madres mas antiguas, caricias de abuelas legendarias y promesas de amor impostergables. Invencibles en su intento y acción,  construyeron arco iris,  de polo a polo.Aprendieron a amarse sin reservas, sin esas malditas segundas intenciones; amor del bueno.

Cuentan que una voz poderosa desde lo alto, contenplando la victoria del amor, exclamó conmovido; al fin hijos míos,  al fin entendieron cuando dije amaos los unos a los otros. Ya no me necesitan. 

Fotografia  tomada de la página,  Yo extraño a Cuba y tu?

Otro 14 de febrero y aún  te espero. 

No sé en que rendija de la vida y los sueños, escapaste de mis brazos. Estos brazos con unas ansias enormes de encontrarte y retenerte para siempre, preguntandome a diario, cuándo llega.

Ignoro si acaso una vez te tuve, a veces los sueños se confunden con la vida y uno va de loco, cazando mariposas que no existen.

Amor mió,  que esperas oculto en el último rincón  de mis fantasmas, otro año mas sin encontrarnos. Sin recostarnos en nuestros hombros y descansar, con esa certeza que sólo da el amor verdadero. Sin tomarnos las manos y decir en un susurro;  todo estará bien y creérnoslo, saber que mientras estemos juntos, todo estará bien.

Tengo un regalo enorme para cada 14 de febrero  y cada 15 de febrero vuelvo a guardarlo, confiado que el próximo vendrás por él. Se que lo harás. 

Esto de andar enamorado por la vida, inventarse historias y alas, hay noches que no basta. 

Te espero siempre, estrenando besos y palabras, en el estreno supremo de mi mismo,  a la vuelta del camino, te espero. Sin angustias, sin temores, sé que vendrás. Porque allá en algun rincon de la galaxia, tú,  me buscas.


Fotografia tomada de Google.

Un cafe con sabor a libertades.

Se despertó temprano en la mañana,  quería  hacerse un buen café.  Un café que lo ayudará a enfrentar el día,  a vencer dificultades, a inventarse esperanzas y sueños. 

Registró bien buscando lo necesario, lo imprescindible para un café de ese tipo. Hay tiempos difíciles en que los ingredientes necesarios pueden escasear.

Mezcló libertades, razas, sueños. Endulzo con esperanzas, con amor a la tierra y a los hombres. Abrió ventanas y puertas, quería que el aroma de su café llegara a todos, que alentara a muchos, que despertara a otros. Siguió buscando ingredientes, agregó principios, sentimientos, paciencia y fuerza, echó toda la fe del mundo, no escatimó. Hay momentos que los hombres necesitan fe para seguir, para no desmayar, para confiar en el futuro.

Quería lograr un café  con la fuerza de una tormenta, que nadie quedara indiferente a su aroma,  que todos, al probarlo, sintieran ganas de más y con esas ganas, decidieran luchar por sueños y libertades.

Agrego verdades, mucho amor, fuerza y resistencia, palabras que nadie pudiera hacer callar,  ni en la calle, ni en reuniones.

Revolvió todo con una palmera que encontró, lo hizo hervir con un rayo de sol de la mañana. Cuando empezó  a colar, el jardin y el patio se llenaron de colibríes y mariposas,  de las paredes crecian girasoles y arcoiris estallaban en el cielo. En la acera de su casa comenzaron a reunirse miles de personas, millones acudían; el aroma del café convocaba multitudes.

Cuentan que nuestro hombre salió con un termo enorme y un ramo de girasoles.  Fue dando pequeños sorbos de café  a todos y regalandoles girasoles y colibríes. De todas partes llegaban a probar su café que devolvía esperanzas y sueños, que los hacía  mejores, que dibujaba estrellas en las frentes; de esas que iluminan y matan. 

Muchos tomaron su café. Muchos recobraron fe y fuerzas, amor y principios. Unieron brazos y principios, voluntades y ganas, decididos a no dejarse vencer, a no renunciar a uno sólo  de sus proncipios.

Decidieron machar por las calles del mundo, reclamando derechos y libertades.

Cuentan que cuando enviaban a alguien a frenarlos, a impedir su marcha, nuestro hombre destapaba su termo y regalaba un poco de su café, sumando personas y voluntades a su marcha hacia el futuro. Una mujer comenzo a leer una carta de libertades y principios y todos aplaudían, eran como hermanos, construyendo futuros y libertades sin freno y sin decretos; libres 

Asi, un sencillo café unio a pueblos y hombres, vencio a dictadores y tiranos, dibujó arcoiris y sonrisas, en un mundo mejor, sin odios, sin temores.  Un cafe con sabor a libertades es lo mejor para comenzar el día.¿Quieren una tacita?

 
Fotografia  tomada de Google. 

Entre un hola y un adios. 


A veces quisiera quedarme a solas y el miedo de tener que decirme adios, de abandonarme, me detiene  el intento,  paraliza mis acciones.

Es que uno se cansa de vivir entre adioses, de este saber que nada dura, que lo eterno es un instante  y entre un hola y un adios solo hay un beso apurado y un vuelvo pronto angustioso, desde la puerta o el recuerdo.

A veces, insisto,  quisiera estar a solas conmigo. Mirarme a la cara en desafio, olvidar despedidas. Me da un miedo enorme, decirme adios una noche de extravió y no encontrar el camino de regreso para un hola.

He acumulados adioses, hasta pronto, espérames y cargo con ellos a mis espaldas. Me duelen en noches de nostalgias y soledades, pesan en el centro del pecho y los recuerdos.

Esto de vivir en una eterna despedida es como una herida que no cierra. Nunca se sabe cuanto dura un hola, ni cuando llega el maldito hasta pronto. Por eso, siento temor de quedarme a solas una noche y perderme en los caminos del adios, sin una mano fiel que me rescate,  ni palabras que me obliguen al regreso.

Al final me miro desvelado en el espejo, seguro de regresos y comienzos. La certeza de que siempre, siempre, alguien me espera, abre los caminos del regreso y disipa los miedos de perderme.

Ensayo holas, bienvenidas, mientras guardo, escondidos, aqui en mi pecho, una eterna promesa del regreso. 
Fotografia tomada de Google.

Aunque creo la tomé  del profile de un amigo.

Mi vieja, yo te presto mis piernas y mi memoria.


Panchita siempre fue una mujer muy activa. Cuando sus hijos eran pequeños, recorría toda La Habana buscando lo que ellos necesitaran. No le importaban distancias, ni horas de cola, si le decían  que en La Sortija en Monte iban a sacar telas para hacerle vestidos a sus hijas, para allá se iba desde temprano y regresaba feliz y orgullosa mostrando su trofeo y planeando modelos y diseños. Si a su hijo le hacía falta un maletín para la Universidad, no le decia nada a nadie y se iba tempranito a marcar en la cola, dispuesta a regresar con el maletín, a toda costa.

Panchita, siempre fue una mujer muy inteligente y con una memoria asombroso. Era, en cierrto.modo, el archivo o la memoria familiar. Su agilidad mental era asombrosa, siempre tenia una respuesta para todo. A pesar de haber conocido a un solo hombre en su vida, aconsejaba a las amigas de sus hijas y las ayudaba a resolver sus problemas amorosos.  Pancha era, de cierta manera un símbolo  en su barrio, punto de referencia y consulta. Ella siempre tenía el consejo justo, la palabra precisa.

Le gustaba andar las calles de su Habana, recorrerlas una y mil veces, eran suyas, las conocía de memoria, eran viejas amigas. Ella y La Habana, eran un todo, se complementaban y amaban.

Con los años, el andar se le dificultó,  tenían que llevarla en auto y apoyada del brazo de sus hijos, recorría calles y memorias.

Una tarde,  Panchita perdió  el equilibrio, una fractura le hizo guardar cama, sus piernas dejaron de responderle. Una tarde de diciembre su hijo fue a visitarla.

-Mamá tenemos que volver a caminar por la Habana vieja, le dijo su hijo mientras la abrazaba fuerte.

-Mis piernas ya no me acompañan mi hijito, no podré. 

-Yo te presto las.mías mamá;  volveremos a caminar juntos, ya verás.

Una lagrima enorme rodó por la.mejilla de Panchita y un, gracias mi hijo, selló la conversacion.

El tiempo sin andar, el dolor, terminaron haciendo estragos en la memoria de Panchita. Una mañana de marzo, su hijo regresó  a verla, conversaron. A veces Panchita confundía  nombres y lugares,la mente se le iba por minutos. 

-Mamá  soy yo, tu hijo que vine a verte; el dueño de tu corazón 

-Perdónamemi hijito si a veces me confundo y olvido rostros y nombres,  tú  sabes que te quiero mucho, perdóname estos olvidos.

– No te preocupes mamá; te presto mi memoria.

-Gracias mi hijito, gracias,  me haces feliz.

Cuentan que en su último viaje a La Habana, su hijo la tomó  en sus brazos y salió  con ella a recorrer calles y memorias.  Ella se abrazaba a su cuello y lo besaba mientras él le contaba al oído historias de amor y de sueños. Era hermoso verlos así. Ni desmemorias, ni piernas rebeldes pudieron vencer al milagro del amor.


Fotografía del inicio, cortesía  de Juan Carlos Cuba Marchan.

Un balsero a mitad de camino; sin puerto de entrada.

Juan salio de la costa norte de La Habana en la noche del 12 de enero. Preparó con cuidado su balsa, acumuló recuerdos, alientos; su balsa era casi, casi una réplica en miniatura  de su Isla.  Girasoles, palmeras, sinsontes, colibríes, una enorme bandera cubana hacía de vela y una pequeña Caridad del Cobre era su brújula, guiandolo siempre a sus sueños. Juan llevaba unas cuantas palomas mensajeras bien entrenadas, serían la comunicacion entre él  y su madre; ella quedó allá,  en su barrio, cuidando recuerdos y asegurando regresos.

En la mañana del 14 de enero regresó una paloma, traía un mensaje urgente de su madre; regresa hijo, no te dejarán entrar, regresa, evita que te deporten mi hijo.

Juan no podia creer lo que leía,  pero sabía que su madre no le mentiría. Envió la paloma con una pregunta inmensa; ¿Qué pasó mamá? . La respuesta que recibió horas despues le congeló los sueños. Obama firmó una ley, no mas cubanos, regresa hijo, te deportarán al entrar.

Juan recorrió su balsa con la vista. Tenía todo lo necesario para vivir, sueños y recuerdos. Decidió quedarse, para siempre, a mitad de los sueños. Viviría en el mar,  sería un monumento vivo al balsero sin puerto de entrada, a todos los que como él,  se le rompieron los sueños al chocar con la costa.

Así pasó varios días, jugaba dominó, oía  a los sinsontes, se alimentaba de recuerdos y sueños. Una noche, mientras dormía escuchó una voz. Se despertó  asustado.

-No temas hijo, soy yo, Caridad, que vine a rescatar otro Juan perdido en el mar.

-Yo no estoy perdido madre, yo decidí quedarme en alta mar.

-Hijo, es cierto que te rompieron un sueño, pero allá,  al sur de tus recuerdos, quedan un montón de sueños que esperan por ti, no los condenes a morir.

-Estoy cansado de promesas y consignas, quiero alzar mi voz y decir verdades, quiero un mundo mejor para mis hijos.

-Tus hijos esperan por ti para nacer, como esperan los sueños por hacerse. La patria es una hermosa mujer dormida que espera el gesto que le convoque a ponerse de pie. Ella también sueña con ser de todos y para el bien de todos. Ayúdala, no te refugies en este rincón  del mundo, si no puedes hacer realidad un sueño, inventate otros. Hombres como tú han cambiado el destino del mundo. No te me acobardes hijo,  no te me quedes a mitad de un camino roto, cuando tienes fuerzas y ganas para construir otros caminos. Eres cubano, perteneces a tu tierra, vamos ve y despiertala en tu gesto; haz que los sueños sean mas altos que las palmas.

La Caridad del Cobre desapareció en el mar, antes que Juan pudiera reaccionar. Escribió un mensaje a su madre, tomó  una paloma y lo envió. 

Allá  en el centro de los sueños y la vida, su madre leyó el mensaje y sonrío feliz; regreso mamá, voy a inventarme sueños y construir caminos.



Fotografia de la serie Balseros del pintor cubano, Feliz Gonzalez Sanchez.

Una medida no me quita el orgullo de ser cubano.


Muchos estamos consternados,  razones sobran.  Cuba duele en la memoria y en el centro del pecho.

Es cierto que hemos usado y abusado de la ley de ajuste cubano, no hay dudas. Por suerte la ley aún esta vigente, hay que esperar a ver como se implementará ante las nuevas medidas.

Aunque en ocasiones he criticado, entre amigos, opiniones y comportamientos de cubanos amparados por esta ley, no puedo, ni quiero estar de acuerdo con las nuevas medidas, decir lo contrario, seria mentirme.

Pienso en los cubanos atrapados a mitad de camino entre Ecuador y la frontera de Mexico y siento dolor y angustia, nosotros pudieramos ser ellos, ellos no podrán,  por ahora, ser nosotros. Pienso en los que salieron en balsa hoy o ayer e ignoran la noticia y reman con fuerza a un sueño que no alcanzarán, que se romperá contra la costa.

No sé  qué sucederá del otro lado cuando escapar deje de ser el objetivo supremo y los jóvenes se inventen soluciones.

Sé  que muchos se alegran y hasta se burlan, como si la derogacion de un privilegio pudiera hacernos sentir menos orgullo de ser cubanos o nos hiciera de pronto diferentes. No se engañen, somos los mismos de ayer, los mismos de hace mas de 50 años, dispuestos a inventarnos un futuro, llevando en alto y con inmenso orgullo, la bandera de la estrella solitaria.