!Felicidades papá,  en el día de las madres¡

Julio siempre fue un tipo serio, luchador, trabajador, capaz de batirse a puños con la vida y ganarle en buena lid. Un tipo serio, de pocas palabras, vivía con su amigo hacía  dos años,  eran felices. Muchos no adivinaban que eran pareja; la gente se inventa estereotipos y patrones. Amaba a su hermana y a su sobrinito, eran, junto a Jose, su única familia.

Cuando cumplio 35 años, su hermana le preguntó. 

-¿Julito, no piensas casarte, tener hijos, crear una familia?  Los años pasan, la juventud se acaba, ¿No has pensado en buscar una pareja,  en establecer las bases para el futuro? Eres un hombre muy luchador y bueno, cualquier mujer sería feliz de estar  a tu lado.

-Nena, yo pensé que ya te habias dado cuenta, por eso nunca creí necesario conversarlo contigo; soy gay Nena y si tengo pareja, Jose y yo llevamos 2 años juntos, no somos roommates,  somos amantes  y ambos somos felices de tenernos.  Espero esto no sea un problema para ti, que nuestro amor siga igual, fuerte y sincero.

-Lo sabía  Julio, esta conversación solo fue un pretexto para poder conversar sin trabas, para poder abrirte mi alma y pedir tu ayuda sin temores,  ni penas,  sin que mediaran entre nosotros secretos, como dicen allá  en la Isla; a camisa quitá, solo así puedo pedirte algo. Tengo cancer Julio, la semana próxima comienzo la quimioterapia,  después,  si se puede, me operarán. Tengo muy pocas posibilidades de vida, 6 meses, tal vez un año, mi única preocupación es Luisito, dejar a mi hijito con 2 añitos me destroza, no me deja dormir. Necesito la paz de saber que quedará en buenas manos, que alguien velará por él,  como lo haría yo; con amor y desvelos, sin limites.

Nena respiro hondo, mientras Julio se aguantaba las ganas de gritar.

-Tú  eres la única persona en quien puedo confiar. Necesito saber que él queda en buenas manos para poder enfrentarme a la muerte sin temor; ¡No puedo irme con la angustia del desamparo de mi hijo!

Julio se aguantó las lágrimas y el dolor, se bebió la pena y el grito.

-Luisito es como un hijo para mi, lo sabes. Cuidarlo, velar por él  y amarlo, me darán fuerzas para soportar tu ausencia. Si te vas, hazlo sin angustias por Luisito, yo seré su padre y su madre; mi amor por ti y por él se basta para hacerlo.

Julio y Nena se abrazaron,  no hubo lágrimas, cada uno lloró  por dentro su dolor, a su manera; hay abrazos que sellan acuerdos sin mediar palabras.

Nena, se fue deteriorando con la quimioterapia,  cada vez estaba mas desmejorada; la vida se le escapaba y sus fuerzas no bastaban para retenerla. Una mañana cuando Julio pasó  a verla en el hospital ella le tomó la mano con la última fuerza que le quedaba.

-Me voy mi hermano,  ya no puedo más, no quiero que Luisito me vea, no quiero dejarle este recuerdo, cuidamelo. Cuando su padre se nego a reconocerlo y a saber de él, yo fui madre y padre, ahora te toca a ti. De un modo u otro estaré  a tu lado. Gracias mi hermanito, te amo.

Su mano sin fuerzas soltó la de Julio y Nena se quedó como dormida. Ya no tenía sufrimientos, ni angustias.

Julio cuidaba de Luisito con un amor  fuerte e intenso, lo adoraba. Veía en él,  al hijo que nunca tuvo y a su hermana muerta; mezcla de amores que le daban fuerzas y ganas. Siempre comentaba con Jose sus temores de no ser un buen padre-madre para Luisito,  de quedarse a mitad de camino en su intento. A veces miraba al cielo y hablaba con su hermana, le pedía una señal de que lo estaba haciendo bien, que no la defraudaba.

Luisito crecía sano y fuerte, feliz. Rodeado de amor y atenciones que se esforzaban en llenar ausencias. Julio le hablaba de su mamá  y de lo mucho que lo amaba y lo seguía amando desde el cielo. Mantenía vivo su recuerdo y presencia, la invocaba pidiéndole ayuda en la crianza de Luisito.

Una tarde al llegar de la escuela, Luisito escondía algo de Julio, sus manitas en la espalda ocultaban su tesoro.

-Papá  quiero decirte algo, eres el mejor papá  del mundo, pero también eres la mejor mamá  del mundo, te amo.

Le dio un beso fuerte, enorme, mientras le entregaba un dibujo hecho por él;  una medalla que decía,  ¡la mejor mamá!

Julio abrazó a Luisito, llorando de felicidad y emoción.  Miro al cielo mientras decía en un susurro;  gracias Nena, gracias. 

Se busca una patria, una razón,  perdida entre sueños y memorias.

Se busca un sueño que se quedó allá,  al pie de unas palmeras, durmiendo, esperándome. Un sueño que enredado en girasoles, sigue el curso del sol sin encontrarlo.

Se busca,  sin ofrecer recompensa, el camino de regreso, a veces uno se pierde y busca, desesperadamente, una luz que le guíe en el retorno; no basta el Morro.

Se busca amor, ese sentimiento que escasea al norte y al sur de mis memorias, amor del bueno. Ese que sólo encuentro en el origen de mis dias, en mi principio.

Se buscan los muertos, bajo tierra y aguas, esos que murieron sin voz y sin recuerdo. Ellos también merecen paz y honor, una cristiana sepultura.

Se buscan lagrimas de madres por sus hijos ausentes, por no tener a quien acariciar cada mañana. Hay lágrimas enormes, duras y cortantes que solo conocen las madres y su llanto. Se buscan Marianas legendarias que paran hijos hacedores de futuro. 

Se buscan las promesas incumplidas,  esas que fueron borradas de discursos. Las que no fueron, las que engañaron a pueblos, las que usaron sin miedo a juicios, ni a la historia.

Sigo buscando, día y noche, la razon de tanto dolor, de  tanta angustia y miedo. Se busca, para destruirla,  la raíz del odio y la mentira, el origen del mal y los malvados; que no germinen más en el planeta. 

Se busca la verdad, esa que ocultan, que pretenden que muera, la que les duele. Esa verdad que esconden sin verguenza, mientras disfrazan mentiras con palabras.

Se buscan noticieros sin mentiras, sin dueños,  ni generales, ordenando datos sin sentido; urge tener noticias claras, ciertas, necesarias. Escarbo y busco la prensa que parió verdad e imparcialidad, la que no se vendió,  la que no pudo decir una mentira,  la que se arranca la venda y dice todo; la que no calla el dinero, ni la fuerza.

Se busca la tolerancia proclamada, esa que esconden, mientras se burlan del pobre comemierda que se atrevio a desentonar, pensando diferente.

Se buscan panes multiplicados en cada mesa. Salud y comprensión para los pobres. Seguridad en el mañana y en la vida, sin tiranos y magnates que impongan leyes obsoletas,  sin sentido.

Se busca el futuro de los niños, de los que no han nacido. Ese futuro incierto que pretenden arrancarle, nublarle, escamotearle, esconderle detrás de gueras muertes, destrucción,  miseria. No se merecen un planeta inservible, sin recursos.

Se busca todo, en este mundo de abundancias anunciadas, se buscan la paz y la memoria; la santa fuerza que nos una y aliente en el combate. Porque hay combates que se libran o se muere de verguenza, de desidia o te matan verdugos sin conciencia.

Se busca y le ofrezco en recompensa, 11 millones de corazones, esa patria que prometieron que sería;  “con todos y para el bien de todos”.

Se busca el futuro de los hombres, sin tregua,  sin desmayo. Ese futuro que tiranos y magnates, generales y negociantes, quieren robarnos para siempre.

Fotografia de Yohandry Leyva, fotógrafo cubano y amigo mío. 

El viejo Paco, cuenta sus memorias de la UMAP.

Yohandry llegó de la Universidad, tiró sus libros en un rincón de su cuarto y fue corriendo  a ver a su mamá en la cocina.  Despues de besos y saludos le preguntó. 

-Mami, ¿Tú  sabes algo de la UMAP? Hoy uno de mi aula estaba hablando sobre eso, dijo que aunque casi nadie la menciona, su existencia era innegable y que hay muchos testimonios. Dice que amigos y enemigos, prefieren no mencionarla,  como si se hubieran puesto todos de acuerdo en ocultar su existencia.

– Sé algo de la UMAP Yohandry, pero el que mejor puede contarte es tu abuelo Paco, ten cuidado, recordar puede hacerle daño.

En el patio, el viejo Paco miraba las gallinas y escuchaba cantar a los sinsontes.

-Abuelo ¿Tienes unos minutos para conversar? Mamá me dijo que tú podias decirme algo sobre la UMAP, claro si quieres y tienes tiempo, no quiero molestarte.

Paco se quitó el sombrero de yarey y se pasó la mano por la frente.

-La UMAP, pensé que nadie nunca me preguntaría sobre eso, que me iba a morir sin poder abrirme el pecho y soltar estos horribles recuerdos que me lo muerden, la UMAP carajo, no he podido olvidar esos años. Siéntate voy a contarte su historia y su espanto. No me interrumpas, será como un exorcismo. 

A alguien se le ocurrió crear las unidades militares de ayuda a la producción, UMAP. Alli estaban religiosos, homosexuales, artistas que había que reeducar y muchos más, a los que pretendían  convertir en el hombre nuevo. Bastaba que alguien te denunciara y sin más ni más, ibas para allá.  Un infierno Yohandry, un verdadero infierno.

Dos lagrimas enormes corrieron por las mejillas de Paco, mientras su mirada se perdía en los recuerdos. 

Nos citaron, nos dijeron que era para el servicio militar obligatorio, cuando llegamos, nos dimos cuento que algo andaba mal. Despues de recorrer kilometros sin comer nada, recibiendo maltratos y ordenes, llegamos al campamento. Al entrar recordé las palabras de Dante;

¡Perded toda esperanza los que entráis!

La única opción era sobrevivir, salvarnos para cuando la pesadilla terminara. Allí vi a jóvenes amarrados a la intemperie, devorados por los mosquitos, como castigo por desobedecer una orden o no cumplir la norma en el corte de caña. A veces los dejaban hasta la madrugada para que cumplieran su norma,  lo ví con estos ojos. Muchachitos de 17 años que casi no podían ni con el machete, arrancados de su familia y de la vida por ser religiosos o por inclinaciones sexuales o sólo por el odio de alguien que lo denunció. 

A veces nos cortabamos a propósito para estar unos días sin trabajar.

Hubo uno que enloqueció con los abusos y macheteo a un soldado; lo fusilaron. Llevaron a un grupo a presenciarlo, como escarmiento, fue terrible. Aprendimos que podíamos morir, la advertencia nos llego hondo y nos espantó. 

Ves esta cicatriz,  no fue un accidente cortando caña. Le dije a Manolo que me hiciera una herida en la mano, tenía que descansar unos días,  no aguantaba mas. También nos metíamos una avispa en la boca, para que nos picara y decir que teníamos un flemon; todo valía si la recompensa eran unos dias sin ir a trabajar.

Paco se pasa la mano por la herida y suspira.

A veces tengo pesadillas, me despierto oyendo gritos; vamos, recojan todo, nos vamos o me parece ver los ojos del sargento vigilandome. Nunca he hablado sobre esto. Los que lo sufrimos y los que nos lo hicieron sufrir, hemos preferido no hablar sobre eso. Estos recuerdos me queman el alma, necesitaba contárselos a alguien, desahogarme, sacarme esta angustia de adentro. Nunca supe por qué  estaba en la UMAP, cuando salí quise olvidarlo todo, como si no hubiera pasado.

Muchos de los que estuvieron conmigo, se fueron del país,  prefirieron poner mar entre los recuerdos y ellos. Yo me enamoré de tu abuela, esa mujer siempre fue mas cubana que las palmas y me lo dijo bien clarito; si nos casamos es para echar raices en estas tierras, no estoy de acuerdo con muchas cosas, pero aqui me muero;  aqui le cerré los ojos una noche.

Esa es mi historia mi nieto, mi terrible historia que hasta hoy, no había contado a nadie.

Yohandry no tuvo fuerzas para hablar, se abrazó llorando a su abuelo mientras le gritaba.

¡TE AMO!

Fotografia inicial de Yohandry Leyva.

Fotografía final tomada de Google.

Gracias al pintor cubano, radicado en Miami, Jose Chiu, por sus memorias sobre la umap.


Lo que sea, quiero que sea contigo.

Yeny regresaba cansada del trabajo. Una hora esperando la guagua bajo un sol capaz de calentar principios y finales. Nadie la esperaba en casa, sus padres hacía un año se fueron para Miami. Ella, enamorada, decidió quedarse, a los 6 meses terminó la relación.  Se encontró sola en una ciudad repleta de consignas y escaseces; la soledad puede ser terrible cuando no la hacemos nuestra cómplice. Asi sobrevivía entre fantasmas del recuerdo y el presente.

Manolito venía  de la universidad,  estaba trabajando en su tesis, dándole los toques finales. Siempre dedicado a los estudios, se olvidó de fiestas y amores. Soñaba con ser un investigador famoso. Huérfano de padre siendo un niño, se esforzó por lograr metas y titulos, quería que su madre estuviera orgullosa de él. Por esas sin razones de la vida, su madre murió antes de poder compartir con ella titulos y honores. No tenía otra familia que su recuerdo, con ella hablaba cada noche antes de dormir;  era su modo de mantenerla viva y de ayudarse a vivir, de intentar vencer la soledad y apuntalar sus sueños. 

Manolito logró un buen lugar en la guagua, al menos no lo estarían empujando todo el tiempo. De pronto, sintió un empujón,  casi un golpe en el costado derecho.

– Compadre que casi me saca un riñón. 

Yeny sólo alcanzo a balbucear.

– Disculpe es que perdí el equilibrio, no tenía de donde anguantarme.

Sus miradas se encontraron , no hicieron falta palabras. Manolito le hizo espacio frente  a él. 

– Aquí  estarás mejor. 

Hicieron todo el viaje mirandose, oliendose, rozandose; como quien explora el territorio donde va a pasar el resto de su vida.

Se bajaron juntos, sin preguntas, sin respuestas, se tomaron las manos y comenzaron a andar como si se conocieran de siempre o para siempre.

– Aquí vivo yo, dijo ella tímida y feliz, si quieres te hago un cafecito.

Él la siguió,  como si de ahora en adelante seguirse uno al otro fuera natural y necesario.

Entraron a la casita, Yeny dejó su cartera y fue a la cocina a hacer el café. Regresó con dos tacitas de café,  comenzaron a beberlo en silencio.

– Este café  se parece al que hacía mamá,  está  rico.

Terminaron de tomar su café  y se miraron a los ojos, se tomaron las manos, se miraron a los ojos, adivinandose el pasado y el futuro; entendiendo que de una vez y por todas, terminaban soledades y penas. 

Él  intento decir algo, ella, sin dejar de mirarlo le dijo.

– Lo que sea, quiero que sea contigo.

Se besaron, no hizo falta mas para asegurar el futuro y saberse felices hasta el final de los tiempos.
Fotografia  tomada de Google.

Las mañas de mamá o el Zun zun de mamá .


Pancha se acostumbró a sentarse en el portal todas las mañanas. Allí miraba a los vecinos pasar, los saludaba. Su mirada se perdía en el horizonte, tratando de adivinar qué hacía su hijo, de comunicarse con él, mas allá de mares y distancias.

Panchita se entretenía mirando las flores del jardín y las abejas que venían a visitarlas. Una mañana un pequeño Zun zun apareció en el jardín, entre él  y Panchita se estableció una extraña relación,  un misterio. Por las mañanas se apuraba en desayunar para poder sentarse en el portal;  sus encuentros eran una cita a la que ninguno de los dos podía, ni quería faltar.

Una mañana amaneció nublado, amenazaba llover, Panchita terminó su desayuno y apoyandose en su bastón se dirigió al portal. Su hija le dijo.

– Mamá hay aire de lluvia, no puedes sentarte en el portal, te puedes enfermar.

– Ponme el abrigo que me trajo Luisito,  con él  estaré bien abrigada; nada ni nadie impedirá que me siente un rato en el portal.

Su hija no discutió,  busco el abrigo,  le tiró un chal sobre la cabeza y la dejó salir al portal.

Pancha se sentó mirando al jardín,  como si esperará a alguíen, unos minutos despues apareció el Zun zun. Revoloteo entre las flores, tomó su nectar y se acercó a Panchita, sus alas casi rozaban su rostro.  Asi estuvieron unos minutos, despues comenzó  a llover y el Zun zun se fue y Panchita entró  a la casa, se quitó el abrigo y el chal y se sentó  a esperar la llamada de su hijo.

Al segundo timbre Panchita cogió el teléfono. 

-Si mi hijito, estaba esperando tu llamada. Oye, no comas tanto dulce en el desayuno vas a terminar engordando.

-Ay mamá fui con unos amigos a desayunar y había unos dulces riquisimos, no pude resistirme. ¿Mamá, como tú  sabes que comí mucho dulce? 

-Cosas mias mi hijito, yo tengo mis mañas. ¿Te mojaste mucho? Cuando salgas lleva paraguas, no me tienes a tu lado para cuidarte si te enfermas. 

-Si mami, llovió un poco, pero la lluvia me hizo bien, espera y ¿Como tú sabes que llovió? Oye me estas asustando, sabes casi todo lo que hago.

-Ay mi hijito es que te quiero tanto que a veces adivino lo que haces. Te quiero mucho mi hijito.

-Yo te quiero más mami.

-Si ya sé que madre hay una sola y esa es la tuya,  pero no tienes idea de cuanto te quiero mi hijito. Te espero mañana. 

-Mamá,  mañana no puedo llamar, trabajo y las llamadas son muy caras, no puedo llamar todos los días. 

-Lo sé  mi hijito, es un decir, una madre siempre espera. Cuidate mucho mi hijito,  un beso enorme.

-Un besote mami, te quiero, reina de mi corazón. 

-Te espero siempre, besos.

Panchita colgó,  miró  a su hija y le dijo.

-Mañana me lavas la cabeza y me arreglas el pelo, y quiero ponerme la bata de casa azul que me trajo Luisito.

-Está bien mamá, pero mañana  no viene nadie, ¿Por qué tanto arreglo?

-Siempre viene alguíen mi hija y  me gusta lucir bien. Ah y dile al jardinero que quiero más flores en el jardín,  muchas flores para cuando él llegue.

-Está bien mamá,  tendremos mas flores en el jardín,  todo será como tú  digas. 

Panchita sonrío,  solo ella sabía  su misterio,  su hechizo, cerró sus ojos e imagino el encuentro de mañana.  Quería que su Zun zun la encontrara hermosa; ella estaria esperándolo,  como siempre.

Una madre sabe de magias y mañas, lo sabe todo.

Nota aclaratoria.

Un domingo mi amigo Joaquin Perez, nos contó la historia de su mamá  y un Zun zun. Yo sólo le añadí fantasías y la adorne,  a lo Habanero2000.

¡Mamá regresó! ¡Mamá esta de vuelta!

Amanece en un barrio habanero, las vecinas cuelan el primer café  del día,  de pronto unos gritos estremecen la mañana;  !Mamá regresó,  Mamá está de vuelta! . Es Yeniley, la hija de Panchita que cuida a su madre desde haces 6 meses; cuando una caída,  se llevó su salud y su memoria.

Las vecinas se sorprenden y preocupan; Panchita hace meses que no camina. Desde la caída esta postrada, perdida en un mundo del que se niega a salir, no pudo haberse ido y regresar, todas piensan que la angustia y el dolor se han llevado la razón  de Yeniley que delira.

Nena decide preparar un jarro de tilo para llevarselo, mientras dice para si; pobrecita Yeniley, sus nervios la han traicionado, ya no puede mas y ha enloquecido.

Micaela, la santera de la esquina, agarra unas velas y dos mazos de hierbas mientras invoca a sus santos; yo le quito ese muerto oscuro que la ha poseído,  esa niña es de oro y no podrá llevársela.

Elena, catolica devota, coge un crucifijo enorme; los demonios no podrán vencerla, Yeniley no se merece perder la razon, es una gran hija, pobrecita mi niña. 

Lourdes, toma la biblia de su padre, pastor de una iglesia bautista, oraré  junto a Yeniley por que recobre su razón, el señor escuchará mis oraciones.

Cunda busca en la gaveta de la mesita de noche y coge un sobre de meprobamato; los guardaba por si me hacían falta,ayudaran a calmarla.

Todas las vecinas se reunen en el jardin de la casa de Panchita, dispuestas a ayudar a Yeniley, a no permitir que pierda la razón por la pena y el dolor.

Elena,  con su crucifijo enorme en la mano, toca a la puerta, escuchan la voz de Yeniley.

-La puerta esta abierta entren que estamos desayunando.

Asustadas las vecinas abren la puerta y entran, se encuentran a Panchita sentada a la mesa, devorando un pan con queso y una taza de café con leche. Panchita detiene su desayuno,  sonrie y saluda a las vecinas, una por una, por sus nombres. Las vecinas se sorprenden,  Panchita había perdido la mente despues de una caída y vivía  en un mundo extraño,  del que sólo salía unos instantes, a veces.

-¿Qué  es esto Caridad del Cobre? ¡Panchita ha recobrado la memoria!

-Mama regresó,  esta de vuelta, es un milagro, un sueño hecho realidad. Ya habló  con mis hermanos,  todos están felices.

Las vecinas se abrazan emocionadas; los milagros siempre conmueven y asombran.

Micaela abraza a Panchita mientras le dice. 

-Voy a comprar un ramo grande de girasoles para ponerselo a mis santos que mucho les he pedio  por ti mi vieja, ¡Que alegría verte asi Panchita!

Elena, Lourdes, Cunda y Nena, sonrien emocionadas y cada una decide dar gracias, a su manera, por el regreso de Panchita. Saben que volveran a escuchar las historias de Panchita, a pedirle consejos, a contagiarse con su risa.

Reina que pasaba y ve la puerta abierta entra.

-¿Qué es esto? Pancha sentá  a la mesa y conversando con las vecinas, como antes, esto es un milagro, ay Santa Barbara bendita, gracias San Lazaro, gracias Caridad del Cobre, gracias Dios mío. 

Yeniley abraza a Panchita y con lagrimas en los ojos les dice.

-Si, es un milagro, el milagro del amor de sus hijos que la hicimos regresar de olvidos y desmemorias, mamá esta de vuelta y con ella la alegría y la felicidad mía y de mis hermanos.

-De todos nosotros Yeny, tu madre es una santa y todos la queremos muchos, bendito sea Dios por su regreso.

¡Panchita está  de vuelta¡
Fotografía tomada de Google.

Una tarde con El caballero de París  y Olga la tamalera.

Betty nacio en Miami, sus abuelos se fueron de Cuba, cuando los colores empezaron a cambiar de verde olivo a rojo.

Sus padres se conocieron cuando estudiaban juntos. Betty es una de las muchas cubanas que nació en otras tierras, en esta larga y sufrida historia de cubanos por el mundo. Sus abuelos decidieron contarle de Cuba, sembrarle en el alma el amor por esa tierra con olor a palmas y cañaverales.  

Un día su papá le dijo a su abuelo.

-Viejo, esta bien que le hables de Cuba a la niña , de nuestra tierra, que la enseñes  a sentir el orgullo de ser cubana,  pero a veces creo que exageras. Le cuentas historias que ni yo conozco.  Estoy seguro que hay gente que vive en La Habana que ni saben quien era el caballero de París u Olga la tamalera.

-Son historias bonitas que la enseñan  a conocer mejor su tierra,  es como si La Habana viniera a contarle historias cada noche. Déjanos a nosotros que nos entendemos muy bien y uno nunca sabe lo que pueda suceder, es mejor que esté preparada para cualquier encuentro en el futuro; yo sé lo que hago..

Asi creció Betty oyendo historias fabulosas, parte realidad y parte fantasía que su abuelo agregaba a su antojo.

Pasaron los años, Betty se casó,  tuvo hijos, su abuelo murió,  pero en su mente siempre daban vueltas las historias del abuelo. Algunos de esos famosos personajes habaneros le eran tan familiares que hasta soñaba con ellos y le parecía conocerlos;  ellos y Betty, eran como viejos amigos..

Una tarde su amigo Pepe la invito a casa de unos pintores cubanos muy conocidos.

-Vamos Betty, sé  que la vas a pasar bien y te sorprenderán algunas de las figuras y pinturas que hacen,  son muy buenos.

-Está bien iré contigo, será  una tarde de arte y de cubania, la pasaré bien. Llevaré una foto de mi abuelo,  a él le hubiera encantado acompañarme. 

Llegaron  a la casa, entraron. Betty estaba extasiada mirando las pinturas de La fiesta del Guatao, de solares habaneros, de viejas chismosas y despojos. Todo le parecía conocido y lo disfrutaba intensamente de la mano de los recuerdos de su abuelito. Pasaron por un cuarto donde había algunas figuras, se paró en la puerta. Sintio como si la foto de su abuelo en el bolsillo de la blusa la empujara a ese cuarto, entró.  Allí la esperaban, El caballero de Paris y Olga la tamalera. La habitación se iluminó con luces rojas, azules y blancas, al influjo de ellas las figuras cobraron vida, de entre las luces apareció su abuelo sonriendo.

-Me llevó años prepararte para este momento, sientate, no temas; es el pasado que viene a saludarte, a no dejarse olvidar.

Fueron minutos mágicos,  escuchó historias de abolengos y nobles, probó un tamal delicioso y besó  a su amado abuelo. Alguien la llamó,  las figuras volvieron a ser inmóviles,  su abuelo desapareció y las luces de colores se apagaron. Cuando Pepe entró  al cuarto se sorprendió al ver el rostro iluminado y feliz de Berty.

-¿Qué pasó?  Tienes algo raro en la cara.

-Soy feliz Pepe, muy feliz, gracias por regalarme la tarde mas maravillosa de mi vida.

Al despedirse, Betty le.dijo a los pintores.

– Si alguna vez se deciden a vender al Caballero de París  y Olga la tamalera, no dejen de avisarme, pagaré  lo que sea.

Betty se fue recordando las palabras de su abuelo al desaparecer entre las luces de colores; eres cubana Betty, tan cubana como las palmas y Cuba siempre vendrá por ti, no lo olvides.

Fotografías de las obras de Felix Gonzales Sanchez, El caballero de París  y Olga la tamalera.