El viejo Paco, cuenta sus memorias de la UMAP.

Yohandry llegó de la Universidad, tiró sus libros en un rincón de su cuarto y fue corriendo  a ver a su mamá en la cocina.  Despues de besos y saludos le preguntó. 

-Mami, ¿Tú  sabes algo de la UMAP? Hoy uno de mi aula estaba hablando sobre eso, dijo que aunque casi nadie la menciona, su existencia era innegable y que hay muchos testimonios. Dice que amigos y enemigos, prefieren no mencionarla,  como si se hubieran puesto todos de acuerdo en ocultar su existencia.

– Sé algo de la UMAP Yohandry, pero el que mejor puede contarte es tu abuelo Paco, ten cuidado, recordar puede hacerle daño.

En el patio, el viejo Paco miraba las gallinas y escuchaba cantar a los sinsontes.

-Abuelo ¿Tienes unos minutos para conversar? Mamá me dijo que tú podias decirme algo sobre la UMAP, claro si quieres y tienes tiempo, no quiero molestarte.

Paco se quitó el sombrero de yarey y se pasó la mano por la frente.

-La UMAP, pensé que nadie nunca me preguntaría sobre eso, que me iba a morir sin poder abrirme el pecho y soltar estos horribles recuerdos que me lo muerden, la UMAP carajo, no he podido olvidar esos años. Siéntate voy a contarte su historia y su espanto. No me interrumpas, será como un exorcismo. 

A alguien se le ocurrió crear las unidades militares de ayuda a la producción, UMAP. Alli estaban religiosos, homosexuales, artistas que había que reeducar y muchos más, a los que pretendían  convertir en el hombre nuevo. Bastaba que alguien te denunciara y sin más ni más, ibas para allá.  Un infierno Yohandry, un verdadero infierno.

Dos lagrimas enormes corrieron por las mejillas de Paco, mientras su mirada se perdía en los recuerdos. 

Nos citaron, nos dijeron que era para el servicio militar obligatorio, cuando llegamos, nos dimos cuento que algo andaba mal. Despues de recorrer kilometros sin comer nada, recibiendo maltratos y ordenes, llegamos al campamento. Al entrar recordé las palabras de Dante;

¡Perded toda esperanza los que entráis!

La única opción era sobrevivir, salvarnos para cuando la pesadilla terminara. Allí vi a jóvenes amarrados a la intemperie, devorados por los mosquitos, como castigo por desobedecer una orden o no cumplir la norma en el corte de caña. A veces los dejaban hasta la madrugada para que cumplieran su norma,  lo ví con estos ojos. Muchachitos de 17 años que casi no podían ni con el machete, arrancados de su familia y de la vida por ser religiosos o por inclinaciones sexuales o sólo por el odio de alguien que lo denunció. 

A veces nos cortabamos a propósito para estar unos días sin trabajar.

Hubo uno que enloqueció con los abusos y macheteo a un soldado; lo fusilaron. Llevaron a un grupo a presenciarlo, como escarmiento, fue terrible. Aprendimos que podíamos morir, la advertencia nos llego hondo y nos espantó. 

Ves esta cicatriz,  no fue un accidente cortando caña. Le dije a Manolo que me hiciera una herida en la mano, tenía que descansar unos días,  no aguantaba mas. También nos metíamos una avispa en la boca, para que nos picara y decir que teníamos un flemon; todo valía si la recompensa eran unos dias sin ir a trabajar.

Paco se pasa la mano por la herida y suspira.

A veces tengo pesadillas, me despierto oyendo gritos; vamos, recojan todo, nos vamos o me parece ver los ojos del sargento vigilandome. Nunca he hablado sobre esto. Los que lo sufrimos y los que nos lo hicieron sufrir, hemos preferido no hablar sobre eso. Estos recuerdos me queman el alma, necesitaba contárselos a alguien, desahogarme, sacarme esta angustia de adentro. Nunca supe por qué  estaba en la UMAP, cuando salí quise olvidarlo todo, como si no hubiera pasado.

Muchos de los que estuvieron conmigo, se fueron del país,  prefirieron poner mar entre los recuerdos y ellos. Yo me enamoré de tu abuela, esa mujer siempre fue mas cubana que las palmas y me lo dijo bien clarito; si nos casamos es para echar raices en estas tierras, no estoy de acuerdo con muchas cosas, pero aqui me muero;  aqui le cerré los ojos una noche.

Esa es mi historia mi nieto, mi terrible historia que hasta hoy, no había contado a nadie.

Yohandry no tuvo fuerzas para hablar, se abrazó llorando a su abuelo mientras le gritaba.

¡TE AMO!

Fotografia inicial de Yohandry Leyva.

Fotografía final tomada de Google.

Gracias al pintor cubano, radicado en Miami, Jose Chiu, por sus memorias sobre la umap.


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