Un día difícil y feliz.

Tenía temor por este día, sería, sin dudas, un día muy difícil para mí. Por vez primera no estaría en mi Habana, junto a ella, regalándonos besos y te quieros, adornando la ciudad con nuestro amor.

Ayer una amiga reciente, en el trabajo, me contaba de su felicidad, hoy viajará a Camaguey, a abrazar a su madre, a ser feliz. Compartí su felicidad, pertenezco a ese grupo que comparte y hace suyas alegrías y sonrisas de amigos. Casi al final de la conversación, me preguntó por mi mamá, ella no sabía de lágrimas y ausencias, de mis penas y dolor, entre lágrimas le dije; es mi primer Día de las madres sin ella. Sé que lamentó haberme preguntado, me despedí con un beso y le dije, disfruta mañana por ti y por mi, acumula besos y te quieros.

Hoy amanecí tratando de obviar el día, me prometí no revisar Facebook, ir al gym, aturdirme y tratar de pasar el día lo mejor posible. Mientras estaba en mi rutina recibí un mensaje de mi editora: revisa tu email, te envié el pdf de tu libro, revísalo, milagro del amor que me cambió el día.

Ahora reviso el proyecto de mi libro, de su libro que siempre quiso apretar fuerte contra su pecho. Creo que no hay mejor homenaje a su memoria y presencia. Juntos revisamos y sugerimos cambios, juntos pasamos este día, entre proyectos y sueños.

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No sé si eres Mujer, Madre o Patria.

Entre ella y yo, hay un montón de palabras por decir, que tal vez nunca se pronuncien. Viven suspiros, lágrimas retenidas, caricias que no fueron, momentos no vividos, de esos que murieron sin ser, que abortamos.

Razones que nos unen y separan, que van tirando, de un lado y otro, que nos destrozan; implacables anclas del pasado que marchitan presentes y futuros.

Tú, siempre tan lejos, yo acá, timido y solitario. Inventandome palabras que alivien tu ausencia, imaginandote en cada esquina de una ciudad que no logra ser mía. Tú, allá, sintiendome en cada paso, en cada brisa, esperándome 365 veces cada año, agotando lágrimas, esperanzas y memorias.

Esas ganas inmensas de tenernos, sin norte o sur, sin consignas, ni discursos, sin decretos, ni reglas; libres.

Uno se cansa de locos gritando por bocinas, jodiendonos la vida y los sueños.

Es difícil evocarte una noche de domingo, saber que no estás al alcance de besos y de versos. Coño, que no escapas de recuerdos y ganas y te sientas junto a mí, aunque sólo sea un dichoso minuto del día. No soy el mago del cuento, ni aparece el genio para concederme un único y gigante, necesario deseo.

Entre tú y yo, el mar, distancias, olas, dolores, penas y sueños postergados, más allá de la cordura, más allá de la esperanza.

Tú, refugiada entre sueños, con el rostro mojado de llorar por todos y el alma seca de parir esperanzas. Que no alcanzan las leyes para tantos pies andando tus caminos.

Este buscarte, inventarte, imaginarte cada instante, en cansancio de verbos y palabras.

En madrugadas que te sueño, florecen girasoles entre mis brazos y mi cama se torna azul, blanca y roja y ondea al viento de esperanzas.

Sabes que a veces se nos rompe la esperanza y el llanto es grito, alarido. La certeza que siempre nos tendremos nos salva de morir; late el futuro.

Es domingo y llueve en el exilio, como llueven en tu alma las promesas, unas tras otra, sin llegar a ser, rompiéndose en el asfalto.

Pensar en ti es mi oficio preferido y lo ejerzo una y otra vez, de mil formas diferentes.

Sabes, se me confunden sentimientos y razones, no sé si eres mujer, madre o patria. Te siento aquí en mi pecho y allá, en la distancia. Saber que existes y esperas, basta a mis alas.

Fotografía tomada de Google.

El hombre desterrado.

Había una vez, un pueblo, aislado del mundo. Recibía muy pocas visitas de los habitantes de los pueblos cercanos. Los que vivían en él, tampoco visitaban a otros pueblos; rígidas leyes, establecidas por el Alcalde del pueblo, lo impedían. El Alcalde, dueño de toda la tierra del pueblo, de la única fabrica que existía y de la única estación de radio, gobernaba al pueblo con mano de hierro, su voluntad, era ley.

El pueblo, se empobrecía cada vez más. Algunos burlaban leyes y se decidían a buscar trabajo en pueblos cercanos, no podían regresar, pero al menos, ayudaban a sus familias.

Un día, un hombre del pueblo, quiso cambiar las cosas. Se enfrentó al Alcalde, quería seguir viviendo en su pueblo, pero que la situación mejorara, cambiar el estado del pueblo. Entre otras cosas, quería abrir otra emisora de radio y un pequeño taller, que diera empleo a unos cuantos. El Alcalde, se enfureció, lo expulsó del pueblo. El hombre de nuestra historia, se convirtió en un desterrado.

Pasaron los años, muchos. El hombre desterrado trabajo duro, muy duro, triunfo, pero seguía extrañando su pueblito y a su familia, en especial a su madre. Los ayudaba, siempre se las arreglaba para mandarles algo, saberlos bien, lo compensaba, en cierta forma, de lejanías y ausencias.

Después de insistir mucho, un día, el hombre desterrado, recibió permiso para visitar por tres días a su familia. Estaba feliz, inmensamente feliz. Compró regalos para toda la familia y para gran parte del pueblo. Reservo pasaje en el viejo camión que hacia el viaje a su pueblo. Muchos, le aconsejaron que no fuera; es una locura, le decían. Los silencio a todos, cuando mirándolos a los ojos les dijo; ustedes, tienen a toda su familia aquí, pero la mía esta allá, tengo que ir a verlos, abrazar a mi madre, aunque sea lo último que haga en la vida!

Llego el tan esperado día, subió sus dos maletas enormes al camión, se subió, se sentó sobre ellas. Con los ojos llenos de lágrimas y esperanzas, hizo el viaje de regreso a su pueblo.

El camión, se detuvo en el centro del pueblo. Cuando el hombre desterrado, se bajo del camión, se acercó un guardia. Con voz tajante y ruda, le pregunto; a que vienes? A ver a mi familia, a abrazar a mi vieja, respondió el desterrado, mirándolo a los ojos. Deja ver tus papeles, tienes permiso? Le pregunto, el desterrado, le mostró los papeles, firmados por el mismísimo Alcalde; esta bien respondió el guardia. Que traes en esas maletas? Regalos para mi familia y mis amigos. Ábrelas, dijo el guardia. El desterrado, abrió sus maletas, el guardia reviso todo. Saco algunas cosas, esto no lo puedes traer, ordenes del Alcalde. El hombre desterrado, se aguanto las ganas que tenia de partirle la cara al guardia prepotente. Ver a su familia, era su mayor objetivo, llevaba años esperándolo.

Llego a su casa, en el portal, envejecida, inclinada por los años, pero  feliz de volverlo a ver, estaba su madre, esperándolo, con los brazos abiertos. Se abrazaron por horas, todos vinieron a ver, con lágrimas en los ojos, el abrazo mas largo, en toda la historia del pueblo. El desterrado y su madre, se abrazaban y besaban entre lágrimas y caricias que llevaban años acumulando.

Los tres días, pasaron volaron, siempre sucede así, cuando somos felices. El hombre desterrado, disfruto ese tiempo con los suyos. Ese regreso a sus raíces, le servia para volver al pueblo donde vivía, renovado y feliz, seguro que su familia y amigos, no eran sólo, voces y recuerdos. La despedida, fue breve; un vuelvo pronto! Quedo flotando en el aire, mientras subía al camión.

A su regreso al pueblo donde vivía, sus nuevos amigos, lo esperaban, al bajarse del viejo y destartalado camión. Lo abrazaron, le dijeron; no volverás mas, nos enteramos como te trato el guardia! El hombre desterrado, sonrío, se enteraron también del abrazo de mi madre, de su sonrisa de felicidad? Volveré, siempre que pueda, mi madre, mi pueblo y yo, lo necesitamos!