Un día difícil y feliz.

Tenía temor por este día, sería, sin dudas, un día muy difícil para mí. Por vez primera no estaría en mi Habana, junto a ella, regalándonos besos y te quieros, adornando la ciudad con nuestro amor.

Ayer una amiga reciente, en el trabajo, me contaba de su felicidad, hoy viajará a Camaguey, a abrazar a su madre, a ser feliz. Compartí su felicidad, pertenezco a ese grupo que comparte y hace suyas alegrías y sonrisas de amigos. Casi al final de la conversación, me preguntó por mi mamá, ella no sabía de lágrimas y ausencias, de mis penas y dolor, entre lágrimas le dije; es mi primer Día de las madres sin ella. Sé que lamentó haberme preguntado, me despedí con un beso y le dije, disfruta mañana por ti y por mi, acumula besos y te quieros.

Hoy amanecí tratando de obviar el día, me prometí no revisar Facebook, ir al gym, aturdirme y tratar de pasar el día lo mejor posible. Mientras estaba en mi rutina recibí un mensaje de mi editora: revisa tu email, te envié el pdf de tu libro, revísalo, milagro del amor que me cambió el día.

Ahora reviso el proyecto de mi libro, de su libro que siempre quiso apretar fuerte contra su pecho. Creo que no hay mejor homenaje a su memoria y presencia. Juntos revisamos y sugerimos cambios, juntos pasamos este día, entre proyectos y sueños.

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Un juicio.

Justicia y libertad, tomada de Google.
Si me acusan, que sea de un pecado mayor, algo terrible.
Que hurgen en mi vida y en mi obra y busquen un hecho digno de publicarse a voces, de estremecer conciencias, catedrales.
Algo que garantice conmociones, caras de asombro, rosarios por el suelo, pataletas.
Quiero ver la gente desmayarse, mientras su último gesto acusador es convulsivo, incontrolable. Un dedo intentando señalarme mientras la mano tiembla sin atinar a acusarme, buscando un culpable en el vacío

Si me juzgan, no quiero un juicio con tontos, mojigatos, que volteen el rostro de vergüenza, cuando el fiscal lea mis culpas y mi crimen.
Quiero un jurado de grandes pecadores, de expertos en la vida y sus misterios.
Gente que nada le espante o ruborice, gente de pelo en pecho y mirar profundo.
Conocedores de peligros, desafíos, adivinos, brujos, guerreros, creadores.
A esos quiero verlos juzgarme y condenarme. Comentar encerrados en un cuarto; este hombre es peligroso, pero nos gusta, hizo todo lo que quisimos y no pudimos, por falta de valor, por comemierdas.

Si me condenan, si la balanza se inclina en contra mía, quiero que una voz grave lea el veredicto.
Que pongan altavoces en las calles y todos escuchen consternados. Que nadie pueda taparse los oídos, decir luego; no supe nada. No quiero desconozcan mi sentencia, ni mis culpas.
Que conozcan mi sentencia allá en mi Isla, mientras mi madre se ríe de los jueces y dice a los vecinos; no hagan caso, el vuelve pronto.

Si me absuelven, si el juez burlando veredictos, golpea con fuerza con su mazo y con risa misteriosa y contagiosa, declara mi inocencia. Si eso pasara, quiero arco iris estallando en plena sala, mientras me pongo de pie y circunspecto, declaro; todo eso hice y mucho mas y volvería a hacerlo si pudiera, si las fuerzas me acompañan en el intento, pero soy inocente.

Amar en exceso no es pecado, decir las verdades mucho menos, gritar mis ideas a los vientos, abrirme el pecho en el intento, mientras me muestro transparente, libre; no es un crimen.
Solo que en tiempos difíciles, en épocas de hablar bajo, caminar entre sombras, reverenciar extremistas, aplaudir copias, mirar al suelo; suele ser algo condenable, espantoso, una vergüenza que debe silenciarse.
Tengan bien claro, solo una vez pueden juzgarme por mi crimen

Fotografia tomada de Google.