Un día difícil y feliz.

Tenía temor por este día, sería, sin dudas, un día muy difícil para mí. Por vez primera no estaría en mi Habana, junto a ella, regalándonos besos y te quieros, adornando la ciudad con nuestro amor.

Ayer una amiga reciente, en el trabajo, me contaba de su felicidad, hoy viajará a Camaguey, a abrazar a su madre, a ser feliz. Compartí su felicidad, pertenezco a ese grupo que comparte y hace suyas alegrías y sonrisas de amigos. Casi al final de la conversación, me preguntó por mi mamá, ella no sabía de lágrimas y ausencias, de mis penas y dolor, entre lágrimas le dije; es mi primer Día de las madres sin ella. Sé que lamentó haberme preguntado, me despedí con un beso y le dije, disfruta mañana por ti y por mi, acumula besos y te quieros.

Hoy amanecí tratando de obviar el día, me prometí no revisar Facebook, ir al gym, aturdirme y tratar de pasar el día lo mejor posible. Mientras estaba en mi rutina recibí un mensaje de mi editora: revisa tu email, te envié el pdf de tu libro, revísalo, milagro del amor que me cambió el día.

Ahora reviso el proyecto de mi libro, de su libro que siempre quiso apretar fuerte contra su pecho. Creo que no hay mejor homenaje a su memoria y presencia. Juntos revisamos y sugerimos cambios, juntos pasamos este día, entre proyectos y sueños.

Con Martí en el corazón y en los brazos.

Pedrito nacio en Nuevitas, un pueblito al norte de Camaguey. Siempre fue un niño muy despierto, con ansias de saberlo todo y con un corazon enorme donde cabía todo el amor del mundo. Pedrito es de esos niños que lo preguntan todo, parecía tener tatuado en la frente; quiero saberlo todo.

Su abuela Margarita , fue maestra muchos años, una mujer profundamente martiana. Enseñó a leer a Pedrito con libros de Marti, le enseñó a entenderlo y a amarlo.

Pedrito hizo suya la frase del apostol, “ser cultos es el único modo de ser libres” y él estaba decidido a ser un hombre libre; en el sentido exacto de la palabra libertad. A los 5 años ya se había leído Ismaelillo, La Edad de oro y hasta los versos sencillos de Marti.

En todos los actos públicos en su escuela, Pedrito leía algo del Apóstol. Muchos se asombraban de los conocimientos de ese niño de 1er grado, capaz de recitar versos y citar frases de Martí.

En las noches de apagón en su pueblo, se sentaba al lado de su abuela Margarita y le pedía le contará historias de Martí . Su abuela le contaba de como organizó la guerra de independencia, de su amor por la patria, por su hijo, de su sacrificio por la libertad de Cuba.

Una vez su papá le trajo de regalo las obras completas de Martí. Le costó trabajo conseguirlas en La Habana, pero sabía que para su hijo ese era el mejor regalo posible. Pedrito las guardó como un tesoro junto a una foto del Apóstol.

Un mes de septiembre, todos corrían por el pueblo, cerraron la escuela y la tienda que vendía en cuc que estaban una al lado de la otro, compartiendo una pared. Viene el huracán, va a arrasar con todo, es un monstruo, gritaban todos por el pueblo. Aseguraron las casas, se encerraron. Margarita se arrodilló frente a la imagen de la Caridad del Cobre, juró no levantarse hasta que el ciclón pasara y todos estuvieran sanos y salvos.

Afuera el viento rugía con fuerza, como una fiera dispuesto a devorarlo todo. Todo el pueblo quedó sin electricidad, las casas destruidas, los arboles por el suelo; la destrucción era casi total

Cuando el viento comenzó a disminuir y el huracán se alejaba, Margarita dio las gracias a la Caridad del Cobre y se levantó del suelo con ayuda de Pedrito, se asomó a la ventana.

-La escuela y la tienda estan destruidas, el viento las derribo. Gritó Margarita.

Pedrito abrió la puerta de la casa y cruzó la calle, nadie pudo detenerlo, ni siquiera el viento que aún soplaba con fuerza. Corrió directo en dirección a la escuela y a la tienda. Algunos, desafiando los vientos buscaban entre los escombros conservas y refrescos de la tienda; Pedrito comenzo a remover los escombros de la escuela, entre ellos estaba el busto de Martí . Lo tomó en sus manos, lo limpio un poco, lo apretó contra su pecho protegiéndolo de vientos y lluvias y regresó a su casa.

Su mamá comenzó a pelearle.

-Me vas a matar del corazón, Pedrito, casi me muero del susto cuando te vi entre los escombros de la escuela.

-Dejalo mujer, él sabe lo que hacía.

Pedrito los miró y les dijo.

– Perdonenme si los asusté, pero no podía dejar que el viento se llevara a Martí. Sería como si se llevara el futuro de Cuba y yo quiero un día, con Martí en los brazos y en el corazón, ayudar a construir esa patria “con todos y para el bien de todos”. No podía permitir que el huracán se lo llevara, perdonenme.

Margarita lo abrazó emocionada, le acarició el pelo y le susurro al oído; sabes, Martí esta orgulloso de ti, no murió en Dos ríos, vive en niños como tú; en el futuro de la patria.

Fotografía de Yander Zamora, tomada de Internet, un buen amigo me la envío

Un temblor de tierra.

Campana en la iglesia del pueblo, tomada de Google.
Y un día, la tierra tembló. Los sismógrafos reportaron un pequeño temblor de tierra. Geólogos, geógrafos y hasta meteorólogos estaban desconcertados. Podía ser el fin o el principio, nunca se sabe.

Un temblor, siempre asusta, sobretodo cuando no se esta acostumbrado o cuando todo esta racionado, medido, censado y orientado. Un temblor así, sin más ni más. Sin materiales de estudio esclarecedores, sin reuniones para explicar cuando y donde, sin orientaciones de arriba. Esto era más de lo que el pueblo podía soportar sin que todos empezaran a gritar e intentaran escapar a ese temblor que los estremecía, asustaba y casi los tiraba al suelo.

-¡Calma, calma, es solo un temblor! Retumbo la voz del alcalde por todo el pueblo, todo esta en orden, no hay nada de que asustarse, volvió a gritar, mientras los restos de su estatua, rodaban por el parque del pueblo y su marmórea cabeza se estrellaba contra un viejo muro repleto de carteles y consignas.

Todos decidieron salir a las calles, temían algún derrumbe. Algunos recogieron lo mas importante y salieron corrieron para los pueblos vecinos, estaban aterrados. El temblor no cesaba. No era fuerte pero estremecía a todo el pueblo y hacia repicar a la campana de la iglesia, enloqueciendo a las autoridades del pueblo que salieron a la calle tapándose los oídos.

Cacha, la más vieja del pueblo, se sentó en el centro del parque, con una cesta con flores en sus manos. Poco a poco todos los habitantes del pueblo se fueron agrupando en torno a ella. Los niños y los más ancianos, se sentían seguros junto a ellos. El alcalde comprendió que si quería conservar su autoridad, debería estar junto a la vieja Cacha. Se abrió paso entre la multitud, aprovechaba cada temblor para llegar hasta cerca de ella. Cuando estuvo a su lado, se subió a un banco del parque.

-Ven todo esta bajo control, Cacha y yo estamos seguros que nada pasara, son solo unos temblores que serán resueltos sin mayores contratiempos, aquí todos están seguros.

En ese momento un temblor mas fuerte estremeció el parque y el alcalde cayo de cabeza al suelo, justo al lado de Cacha que reía y jugaba con sus flores. Le dio la mano al alcalde, lo ayudo a levantarse, se sentó en el mismo banco desde donde había hablado él segundos antes y le hablo al pueblo.

– Este temblor inesperado no es presagio de muerte o destrucción, es augurio de vida. Entre nosotros, sin saberlo, esta naciendo un sueño y la tierra en su parto se estremece. Hasta que el sueño nazca y sea realidad, la tierra temblara, los partos son a veces dolorosos. Este nacimiento nadie podrá evitarlo, ni siquiera tú, dijo dirigiéndose al alcalde que se pasaba las manos por su adolorida cabeza. Todos debemos cooperar, pero no corriendo como locos o refugiándonos en los pueblos vecinos, tenemos que ayudar al pueblo en su parto, sin miedo, seguros que un sueño hermoso, espera por nosotros para hacerse realidad.

Frente a Cacha, un niño de 3 años, se acostó en la tierra y comenzó a acariciarla, suave y dulcemente, como quien acaricia un sueño, seguro del futuro.