Pepe, un tipo “pichi dulce”.

un muchacho de Kevin Slack
Pepe siempre fue un tipo muy bien parecido. Su estatura, más de 6 pies y su cuerpo perfeccionado y cultivado en el gimnasio, le aseguraban admiradores y amantes dispuestas y abundantes. Él lo sabía y lo disfrutaba. Se casó dos veces en Cuba, aunque en ninguno de los dos matrimonios renuncio a sus aventuras y conquistas. Tuvo una hija en su segundo matrimonio. Cuando tenía apenas 2 años se divorció, su esposa se aburrió de infidelidades y engaños. Poco después de la separación, decidió irse del país.
– La Habana ya se me hace chiquita, le dijo a un amigo.

En Miami trabajo duro, pero eso no le impidió seguir pendiente de su físico. Siempre encontraba tiempo para el gimnasio y cuidar su dieta. Estar en forma, recibir miradas y arrancar suspiros a admiradoras, era algo que disfrutaba, que necesitaba como una droga o una maldita adicción. Sus aventuras amorosas eran muchas y variadas. Disfrutaba que las mujeres lo desearan, que lo miraran al llegar a un lugar, a pesar de sus 40 años que lucía con orgullo. Una tarde conoció a Luisa. Era la mujer que todo hombre desearía. A su belleza física, unía cualidades que la hacían casi perfecta. Cuando Pepe la vio, no paro hasta que se hicieron novios. El noviazgo fue breve, se casaron y al año tuvieron un hijo.

Pepe la adoraba y Luisa vivía para él, pero, los peros son a veces terribles en la vida de las personas, Pepe no quería, casi no podía renunciar a su vida de galán, de explorar nuevas aventuras y vivirlas. Es difícil cambiar un estilo de vida, aunque el amor sea la causa. Sus conquistas continuaron, le cumplía a Luisa, como él decía, pero sin renunciar a conquistas y aventuras.

En algunos casos Luisa sospechaba algo, peleaba y sufría, después se arreglaban. A pesar de sus infidelidades, lo amaba y no quería perderlo. Pepe era un buen hombre y ella estaba loca por él, no perdía las esperanzas que algún día se aburriera de sus escapadas. El también la amaba, a su manera, con un amor que terminaba siendo incompleto e infeliz.

Así paso el tiempo. Pepe seguía cuidando su figura, con sus 45 años, aún acaparaba las miradas de las mujeres y la envidia de muchos hombres. Una tarde un muchacho joven, nuevo en el gimnasio, le pidió ayuda en los ejercicios, terminaron haciéndose amigos. A pesar de los 20 años de diferencia de edad, pasaban horas conversando en el gimnasio, median el progreso de sus músculos y ensayaban nuevos ejercicios. Una tarde, mientras se bañaban juntos en el gimnasio, Luisito, sin querer lo rozo. Pepe se sorprendió con una inesperada erección y se volteo para que no se notara, debe ser casualidad, pensó. El muchacho se dio cuenta, pero se comportó como si no hubiera sucedido.

Un día, al salir del gimnasio, Luisito lo invito a tomarse unos tragos en la casa.
– Tengo una botella de Whisky Blue Label en la casa y unas cervezas heladas, vamos, es temprano.
Llegaron, se quitaron las camisas. Dos tragos después, sin saber cómo, estaban desnudos en la cama, enfrascados en una lucha de fieras. Después de ducharse, mientras se vestían, Pepe lo miro y le dijo
– No sé cómo paso esto, yo no soy “maricón”, ni creo que tú lo seas, la pase bien, pero me siento raro.
Luisito no quiso confesarle que era gay y que siempre le había gustado, desde que lo vio en el gimnasio
– Yo tampoco soy “maricón” acere, esto fue como una gimnasia sexual, así lo veo. Aquí no ha pasado nada. Son cosas que pasan entre los hombres.
Se dieron la mano y acordaron verse al día siguiente en el gimnasio.

Allí volvieron a encontrarse, se miraron a los ojos, un apretón de manos y siguieron con sus ejercicios.

Pepe seguía en sus aventuras de seductor empedernido, orgulloso de ser un “pichi dulce” como le decían sus amigos. No se daba cuenta que Luisa se estaba hartando de esa vida, de sus llegadas tardes con olor a bebida y a perfume de mujeres, de esperarlo.

Ocasionalmente visitaba a Lusito en su apartamento con algún pretexto. Compartían un par de tragos y terminaban en la cama. En su gimnasia sexual como ellos la llamaban, en su miedo de nombrar las cosas por su nombre.

Una noche, Pepe no fue a dormir a su casa. Cuando llego al día siguiente vio sus cosas recogidas, tres maletas enormes lo esperaban en la sala.
– Me canse Pepe, me canse, se me acabo el amor. No te aguanto una más. Lo siento por el niño que te adora, pero es hora de pensar en mí. No te quiero mas aquí, voy a divorciarme, así tendrás más tiempo para tus conquistas y aventuras, los hombres como tú, no deberían casarse nunca.
Pepe se arrodillo llorando frente a Luisa.
– Tú eres mi vida, sin ti no soy nadie, ayúdame a cambiar. No sabría vivir sin ti, me volvería loco.
– Eso es lo que he hecho hasta ahora, tratar de cambiarte, sin ningún resultado. Se me acabo el amor Pepe, lo mataste, se acabó. Esto no es una perreta, ni estoy midiendo fuerzas. Vete, nos veremos para firmar los papeles del divorcio, vete y no me busques más.
Sin Luisa, Pepe creyó enloquecer, realmente casi enloqueció. Bajo de peso, más de 70 libras, dejo de ir al gimnasio, perdió el interés por todo. Se rentó un cuartico en el fondo de una casa en Hialeah y allí en un colchón tirado en el piso dormía y repasaba su vida. Una tarde se miró al espejo, la imagen que vio reflejada lo asusto. Del otro lado lo miraba un hombre envejecido, flaco, con unas entradas enormes y un pelo escaso. Lloro como un niño, tuvo lastima de sí mismo, del Pepe “pichi dulce”, solo quedaban el nombre y los recuerdos. Hasta el trabajo descuido, tenía un camión que usaba para transportar cargas, hacía más de un mes que no daba un viaje, su vida se acababa, él lo sabía.

Luisito se cansó de preguntar por él en el gimnasio, sabía que algo le pasaba. Recordaba donde vivía Pepe y una tarde tocó a la puerta de su casa. Luisa le abrió.
– ¿Pepe? Hace meses nos separamos, está viviendo en Hialeah. Por la 4 avenida del west y la 51.
– Gracias, es que me debe un dinero y ha dejado de ir al gym, y necesito esa plata.
– No pienso pueda pagarte, hace un mes no me ha traído el dinero del niño, debe andar metido en problemas.
– Gracias, gracias por la información.

Luisito recorrió la zona que le dijo Luisa, pulgada a pulgada, hasta encontrar donde vivía Pepe. Tocó a la puerta, sin recibir respuesta, se acercó a la ventana y grito.
– Sé que estas ahí o abres la puesta o la tumbo a patadas.
La puerta se abrió. A Luisito le costó trabajo reconocer que el hombre que tenía delante era Pepe.
– No querías que me vieras así, estoy destruido, acabado. Luisa me dejo, me botó. Ninguna de las mujeres que salía conmigo quieren saber nada de mí, hace tiempo que ni sexo tengo. Si no me he matado es por falta de fuerzas y por miedo.
– Compadre, yo te hacia más macho, más hombre. Recoge tus cosas, te vas para mi apartamento y mañana regresas al gym.
– No tengo ni un dólar en el bolsillo, no podría ayudarte a pagar nada, ni siquiera tengo para pagar el gym.
– ¿Acaso he hablado de dinero? He hablado de ayudarte, así no puedes seguir. Te advierto, dormirás en el sofá de la sala, no te estoy llevando a mi casa para tener la gimnasia sexual, como la llamamos, asegurada. Te está hablando el hombre, el amigo que no puede permitirse verte así y no darte una mano.
Pepe rompió a llorar como un niño, se abrazó a Luisito.
– Vamos deja la guanajera esa y el llantico, recoge que te mudas conmigo. Cuando vuelvas a ser el Pepe que conocí y estés de nuevo en pie, podrás rentar solo, por ahora, yo me ocupo de todo.

Al día siguiente a primera hora, estaban en el gimnasio, nadie reconoció a Pepe pensaban que era nuevo allí.

Poco a poco, Pepe fue recuperándose. Ganaba peso y músculos, confianza en sí mismo, sin dejar de sufrir por Luisa. Arreglo el camión y volvió a recuperar sus clientes.

Una tarde le dijo a Luisito.
– Estoy ganando buen dinero, creo que podríamos mudarnos para un apartamento de dos cuartos, como roommates.
– Pepe, este apartamento no es rentado, yo lo compre y llevo años pagándolo. Creo que cuando te cuente algo, no querrás ser roommate mío. ¿Recuerdas la primera vez de nuestra gimnasia sexual? No fue casual, yo la provoque, soy eso que tú llamas despectivamente “maricón”. Me gustaste y quise probar contigo, creo que hasta me enamore de ti, solo que yo no me tire a morir como tú, cuando Luisa te dejo. Sé que a pesar de habernos acostados algunas veces, esto no es lo tuyo, no eres gay, que es como yo prefiero llamarlo, tal vez bisexual o un tipo tan caliente que termino probándolo todo, pero hasta ahì.Te he ayudado porque soy un hombre primero que todo y un hombre no abandona a un amigo en desgracia. Créeme que lo hice por el amigo, con el único interés de ayudarte, sin segundas intenciones.
– Coño Luisito eres más macho que yo, ahora te quiero más que antes, eres de oro muchacho.
Se abrazaron sin complejos, ni deseos, como solo dos hombres que se quieren y respetan pueden abrazarse.

A los meses, Pepe, conoció a una muchacha, empezó a salir con ella, se enamoraron. Terminaron mudándose juntos. Un tiempo después, Luisito asistió a la boda de su amigo, feliz por él, de haberlo ayudado y de verlo recuperado del todo.

Cuando Pepe fue a subir al auto para irse al hotel con su nueva esposa, busco con la vista a Luisito.
– Ven acá muchacho, no podría irme sin darte un abrazo. Dijo en voz alta, mientras le susurraba al oído. La próxima boda será la tuya y yo seré el padrino, me di cuenta como se miraban mi socio Juan y tú.
Cuando el auto partía, Pepe saco la cabeza por la ventana y grito a todo pulmón.
¡Te quiero mucho Luisito!

Fotografia de Kevin Slack.

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Una adicción incurable.

Adiccion, tomada de la pagina, Yo extraño a Cuba y tu.
El centro de rehabilitación de adictos, estaba situado en un lugar céntrico, era amplio, rodeado de jardines. Después de enviar su solicitud de admisión, aguardar meses por su turno y de hacer una larga línea en la que tuvo que esperar más de 5 horas, por fin Manolo, recibió la identificación que le permitía libre acceso al lugar. Era miembro del centro de rehabilitación más conocido y prestigioso. No estaba muy seguro de poder curarse o disminuir al menos su adicción, pero quería intentarlo, probar suerte. En el fondo, no estaba muy seguro de querer curarse de su adicción, la disfrutaba.

Llego el momento de la primera reunión. Todos se reunieron en un salón inmenso, varios micrófonos estaban disponibles, grandes bocinas garantizaban un buen sonido, que todos pudieran escuchar.
El que dirigía la reunión saludo a todos los presentes, fue breve en su introducción a la sesión
– Nos hemos reunido para tratar de ayudarnos en nuestra adicción. Sabemos que no será fácil, requerirá esfuerzo, sacrificios, fuerza de voluntad, pero lo intentaremos. Recuerden que el primer paso para curar una adición, es reconocerla. Tienen ustedes ahora la palabra, no tienen que decir su nombre, solo reconocer su adicción y hablar de la última vez que sucumbieron a ella.

Todos se miraron, tenían miedo a ser el primero en hablar. Manolo, no lo pensó dos veces, tomo el micrófono, se puso de pie, su voz inundo el gran salón.

Soy adicto a Cuba, la última vez que pensé en ella, fue hace un segundo, antes de comenzar a hablar. Esta siempre en mi mente, aquí en mi corazón, se toco el pecho, señalando el sitio exacto donde tenía a esa Isla.

De pronto muchos se pusieron de pie, se escucharon cientos, miles de; Yo soy adicto a Cuba, I am addicted to Cuba, Je suis accro à Cuba, 我沉迷于古巴, Ich bin süchtig nach Kuba. Negros, blancos, amarillos, rosados, todos se ponían de pie y repetían la frase que los había reunido y convocado esa tarde.

El que presidía la reunión, pidió calma, intento que esta primera reunión del grupo de adictos, tuviera algún resultado positivo. Cometió un error al planificar la reunión, pensó que irían muchos cubanos, de esos que andan regados por el mundo, que por una razón u otra tuvieron que emigrar, a pesar del amor por su Isla. No tuvo en cuenta que esa adicción, era contagiosa, viral, que esos cubanos por el mundo, la habían contagiado a muchos. La adicción a Cuba, era un asunto mas complejo y difícil de resolver de lo que imagino. Estos adictos, disfrutaban su condición, la reconocían con orgullo, no tenían la más minima intención de curarse.

Manolo, aprovecho la confusión y volvió a tomar el micrófono.
– El punto es que ninguno de nosotros quiere curarse de esta adicción, la disfrutamos. Estoy convencido que todos vinimos no buscando una cura, vinimos buscando una vía para convertir nuestra adicción, en unión. Estamos cansados de extrañar a Cuba, de suspirar por ella. Cuba, es una realidad, existe, esta ahí, al alcance de la mano y de los sueños.

Los aplausos interrumpieron a Manolo. Un mar de banderas cubanas, agitadas al viento de la esperanza, inundaron el local.
Alguien, desde una esquina del local, comenzó a cantar; ¡Al combate corred bayameses! Todos se sumaron, un torrente de voces, en diferentes idiomas y acentos cantaba el himno de los cubanos, en un acto supremo de adicción a esa isla pequeñita en el mapa, pero inmensa en el recuerdo y el amor.

Manolo, avanzo hasta la presidencia de la reunión, sin usar el micrófono, su voz se escucho en todo el recinto.
– Yo sabia que esto iba a terminar así, por eso vine preparado, tengo una amiga, tiene un montón de años, que cuando supo de esta reunión me pidió les trajera este termo enorme con su café recién colado. Les juro que no hay otro café como este. Con orden caballero pónganse en la cola que hay para todos. Después del café, seguiremos hablando.

Saboreando el café de la esperanza, preparado especialmente para esa reunión, intercambiaban abrazos y saludos. Terminaron unidos todos en un gigantesco abrazo colectivo.

Saboreando el último buchito de café, Manolo volvió a hablar.
– Creo que todos tenemos claros que nuestra adicción, debe transformarse en acción, en ganas. Hermanos, que el amor por nuestra islita, sea la fuerza que nos impulse a hacer y convertir la esperanza en realidad.

Fotografia tomada de, Yo extraño a Cuba! y tu?

¡La Lupe!

la Lupe, Marvin Jui-Perez

Una noche de verano, en un  apartamento de Centro Habana, un grupo de amigos, tomábamos tragos, conversábamos y escuchábamos música. Alguien, llevo un disco compacto mixto con varios cantantes. De pronto, una voz mágica se escucho, pedí silencio; ¿quien es esa mujer que esta cantando? Pregunte asombrado y admirado, nadie la conocía, tuvimos que buscar en la cubierta del disco;¡ La Lupe, Puro teatro! Desde ese día, comencé a investigar sobre su vida, a buscar sus canciones. Su voz hacia el milagro de romper censuras, hacerla añicos, dinamitar ostracismos y prohibiciones.

Supe de su origen, la Yiyiyi, triunfo con una voz y una fuerza interpretativa que obligaba a rendirse a su embrujo. Cantaba al final de su tiempo en Cuba en un Club de La Habana, último refugio de su arte. En tiempos de absurdo, su estilo explosivo y temperamental, no encajaba en la televisión, ni en teatros. Terminó emigrando, en otras tierras se afinco su arte. Una vez leí que estaba llamada a ser la reina de la salsa, su vida desordenada, entre drogas y escándalos se lo impidieron.

La Lupe, es de esas voces sin tiempo, tal vez dentro de 50 años, alguien vuelva a escucharla en Buenavista o en la Habana Vieja y  sucumba ante el encanto de esa voz única. Quizás un día, un sobrino nieto mío, interrumpa alguna conversación al escucharla y pregunte, ¿Quien es esa mujer que canta?

Cuando viajé a España, converse con mis amigos madrileños sobre ella, sus discos se vendían y se agotaban en el mercado. Su arte la sobrevivía, vencía la muerte, censuras y olvidos. Murió pobre, se conservan sus últimas canciones religiosas, producto de su conversión al evangelismo. Dicen que fue capaz de dar un nuevo sentido a las canciones religiosas, aún en estos temas, no pudo despojarse de su peculiar forma de decir y hacer las canciones.

Genialidad, voz única, sentimiento, algo especial vive en sus canciones, algo que la hace eterna e incomparable. He escuchado grabaciones de cantantes que no conocí y alcanzaron altos reconocimientos y fama, glorias de Cuba, como dicen muchos. Escucho sus discos, comento, son buenas, pero sus voces no se apoderan de mi corazón, no me transportan a un teatro o cabaret habanero, donde me mezclo con fantasmas y aplaudo entre ellos. La Lupe, es única, inigualable, de su mano, recorro centros nocturnos de La Habana, me trasmite su frenesí, su energía en escena, su divino arrebato, el éxtasis de su locura.

Leí de su desenvolvimiento en escena, de cómo arrojaba las joyas al público, se quitaba la ropa o golpeaba con el zapato al pianista. En un video que descubrí navegando por Internet, la pude ver en algunas de estas acciones. Cuanto hubiera disfrutado verla en escena, aunque fuera una sola vez. Prohibiciones, censuras y absurdos, le impidieron continuar su carrera en Cuba, adicciones y escándalos, acortaron una carrera que pudo ser larga y aún mas brillante. Su voz y estilo, terminaron venciendo censuras y adicciones, siguen vigentes, cruzan fronteras y vencen el tiempo; se eternizan. Leí que una vez dijo; le gusto a la gente porque hago lo que ellos quisieran hacer y no se atreven. La Lupe gustó, gusta y gustara siempre, porque dueña de una voz y  estilo únicos, fue, es y será siempre, un fenómeno irrepetible, un arrebato artístico sui generis, transmitió a sus canciones, su divina locura, su arte con mayúsculas.

Su voz, que recorrió y recorre el mundo, vuelve una y otra vez a La Habana. Hace muecas a reglas y censuras, se burla de todo y de todos, arranca un enorme aplauso colectivo y en supremo gesto de entrega, arroja a su publico su ultima joya; ¡Su corazón en su voz!

 

Fotografia tomada de Google.