Un día difícil y feliz.

Tenía temor por este día, sería, sin dudas, un día muy difícil para mí. Por vez primera no estaría en mi Habana, junto a ella, regalándonos besos y te quieros, adornando la ciudad con nuestro amor.

Ayer una amiga reciente, en el trabajo, me contaba de su felicidad, hoy viajará a Camaguey, a abrazar a su madre, a ser feliz. Compartí su felicidad, pertenezco a ese grupo que comparte y hace suyas alegrías y sonrisas de amigos. Casi al final de la conversación, me preguntó por mi mamá, ella no sabía de lágrimas y ausencias, de mis penas y dolor, entre lágrimas le dije; es mi primer Día de las madres sin ella. Sé que lamentó haberme preguntado, me despedí con un beso y le dije, disfruta mañana por ti y por mi, acumula besos y te quieros.

Hoy amanecí tratando de obviar el día, me prometí no revisar Facebook, ir al gym, aturdirme y tratar de pasar el día lo mejor posible. Mientras estaba en mi rutina recibí un mensaje de mi editora: revisa tu email, te envié el pdf de tu libro, revísalo, milagro del amor que me cambió el día.

Ahora reviso el proyecto de mi libro, de su libro que siempre quiso apretar fuerte contra su pecho. Creo que no hay mejor homenaje a su memoria y presencia. Juntos revisamos y sugerimos cambios, juntos pasamos este día, entre proyectos y sueños.

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Hasta siempre Lourdes.

Debería estar durmiendo, el viernes madrugo y sólo tengo mañana para terminar de armar maletas y alistar abrazos; el viernes viajo a Cuba a ver a mi madre.

Aunque lo intento, no puedo dormir, el dolor de la noticia me muerde en el pecho, me invita al desvelo; hoy perdimos a una figura importante de nuestra cultura, voz, temperamento y talento que adornó nuestra escena durante años; Lourdes Torres murió en La Habana. Otra de las grandes que se nos va, que deja espacios vacíos para siempre.

Les confieso que lloré con la noticia, no lloré sólo por el adiós a una artista querida, lloré por una madre que se nos fue, por su hija huérfana. Porque no importan edades, ni carreras, siempre que una madre se va, nos deja irremediablemente huérfanos. Vi el video de Lourdes Libertad y no pude llegar al final, su dolor podía ser el mio, de cierto modo lo compartíamos.

Mis amigos y los que siguen mis escritos, saben que he pasado dias difíciles con mi mamá. Yo , como Lourdes Libertad, pertenezco a esa legion de hijos que al partir, dejaron detrás madre y afectos anclados a la isla y al amor. Yo, como Lourdita, he llorado en la distancia de impotencia, ambos, de un modo u otro nos apoyamos y alentamos en esta desigual batalla contra el final. Uno lucha con todo contra el destino, sin mas armas que un amor inmenso, unos besos y un montón de te quieros.

Por esas coincidencias extrañas de la vida, estaré en La Habana en el último adios de su pueblo a Lourdes Torres. Robaré unos minutos a mi madre e iré a compartir lágrimas con Lourdita, a ofrecerle mi hombro, uno más entre los muchos que las quieren y admiran. No existen las palabras de consuelo, no se inventaran nunca, pero los abrazos se bastan para sostener amigos.

Allí en el adios a Lourdes estarán muchos, desde el olimpo de nuestra cultura vendrá Lecuona a escoltarla, la tomará de la mano y con la misma confianza que la lanzó a la gloria, le dirá; vamos cominito, todo estará bien, muchos esperan por ti.

Lourdes no se nos va del todo, nos deja su arte, sus canciones, su voz. Habitará por siempre en la eternidad reservada a quien supo ceñirse glorias y humildades; en el amor de muchos, en ese sitio exacto reservado a quienes logran ganarse el corazón de pueblos. ¡Hasta siempre Lourdes!