La lluvia necesaria.

Hombre bajo la lluvia, fotografia tomada de Google.
Llueve en Miami y en La Habana, lluvia intensa, prolongada, fresca, necesaria diría yo. Cae la lluvia con ganas, limpia calles, autos, arrastra suciedades, polvos, fangos.
Después de la lluvia las ciudades resplandecen, baño celestial que las despoja de basuras acumuladas. El agua en torrentes cae sobre la ciudad, muchos esperan que escampe para comenzar su domingo. La ciudad y nosotros, somos como amigos, esperando que su baño termine para salir juntos.

Mirando la lluvia, ver el agua correr arrastrando basuras, limpiando todo a su paso, dan ganas de pedir lluvias personales. Bañarnos todos, aunque sea una vez al año, en un tremendo y esperado aguacero. Desnudarnos y dejar que la lluvia se lleve lo malo, lo que sobra, los desechos.
Abrir los brazos y el alma. Mientras dejamos al agua hacer su trabajo de limpieza anual. Renovarnos el alma y la piel. Estrenarnos después de la lluvia. Una lluvia así, seria necesaria, imprescindible, casi invocada. Dejarla llevarse odios sin sentido, rencores, malos recuerdos, sueños rotos, miedos, que nos deje la esperanza reluciente, brillante, hermosa. Que renueve y pula nuestros sueños y ganas. Una lluvia así seria bienvenida por todos.

Pidiendo lluvias, se me antoja pedir lluvias para países y gobiernos. Que se abran las puertas y ventanas de cada país, que se abran las puertas y ventanas de cada casa de gobierno, de cada palacio presidencial. Que una lluvia torrencial imparable, incontenible y tenaz, se lleve funcionarios corruptos, oportunistas, dictadores indeseados, leyes absurdas, partidos obsoletos. Una lluvia que dure días, que limpie cada país y gobierno de prohibiciones absurdas, que desate voces y libertades. Un aguacero que se lleve el miedo de los pueblos a reclamar sus derechos, que desate las ansias y las ganas de un futuro mejor para cada pueblo y cada hombre. Un torrente de agua que nos ponga a todos de pie, que una nuestras manos en un reclamo mundial, que borre fronteras, diferencias. Una lluvia impredecible que escape a pronósticos, no quiero gobiernos con gigantescos paraguas y carteles prohibiendo salidas a la calle, ordenando a todos permanecer bajo techo. Lluvia inesperada, sorpresiva que moje y destruya títulos y decretos, que borre leyes totalitarias e impopulares, que imponga libertades y derechos. Señor, concédenos la lluvia necesaria, no demores.

Fotografia tomada de Google.

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Mi muerte.

Cuando muera, si finalmente decido morirme algún día.
No moriré mientras duerma.
Tampoco en la cama de un hospital.
No moriré lentamente, ni entre espasmos o dolores.
Moriré un día de sol intenso y aguaceros,
Corriendo desnudo bajo el agua!

Terminare siendo agua, cristalino y feliz! Acuoso, eterno!
No me quedaré estancado en charcos, ni correré sin saber adonde, no iré por contenes y aceras desconocidas, como agua sin rumbo.
Yo guiare la ruta de mis aguas,
Iré directo al mar!

No se aún en cual de mis ciudades, me sorprenda, desnudo, mi aguacero final, definitivo.
Miami, Madrid, La Habana, en una de ellas, me confundiré con la lluvia, iré a encontrarme con el mar,
no me acompañaran mis letras, las dejare a mis amigos.
No quiero quedarme en océanos o mares mediterráneos, el mar Caribe, reclamara derechos sobre mí, los tiene.
Quedare, para siempre, siendo parte de esas olas que acarician mi isla.

Un día seré vapor y nube y volveré a andar sin ropas, ni ataduras, mis calles y mis campos.
Volveré al mar, a mi tierra, una y otra vez, en ciclos repetidos.
Cuando muera, desnudo y entre aguas, no habrá velorios, ni flores, ni lagrimas, seré agua, regresando a mis raíces.
Cuando muera, corriendo al mar, en mis aguas, llevare para siempre, disueltas, mezcladas y fundidas, partículas de mi tierra y mis recuerdos!