La soñadora de Pino Solo.

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Nos conocimos por medio de un gran amigo. Me habló de una muchacha que iba por las noches a The Place a vender un libro de poesías; su libro, su primer libro. Me la imagine de mesa en mesa, vendiendo poesías a personas pasadas de tragos, gentes que tal vez nunca leyeron un poema. Si hubiera estado en La Habana, seguro hubiera caminado por esas calles habaneras con una cesta inmensa cargada de libros, voceando por las calles; ¡Compre su libro de poesías aquí, acabadito de imprimir! Nada es capaz de detenerla.

Esta muchachita es de la gente que no se da por vencida, sabe lo que quiere y lucha por alcanzarlo, logro vender su libro. No le basto con eso, escribió otro libro de cuentos y lo publico. Ya esta trabajando en su tercer libro, me anticipó que será una novela. Con esas ganas que le pone a todo lo que hace, se que siempre tendrá un nuevo libro para sorprendernos y regalarnos.

No nació en La Habana, es pinareña, aunque jura que no tuvo nada que ver con la famosa concretera que dejaron dentro del cine en construcción. Mi amiga, es de uno de esos pueblitos perdidos en el mapa, que uno solo se entera que existen cuando conoce a alguno de sus habitantes. Ella, es sin dudas, la soñadora de Pino Solo, un pueblito que algún día le agradecerá por sus luchas y sus sueños.

Su sueño, es ser una gran escritora y lucha por hacerlo realidad. Sabe que para lograr algo, hay que luchar con uñas y dientes, para alcanzarlo. La vida no le ha regalado nada, solo unas ganas inmensas de escribir y una fuerza y tesón envidiables. Con esas armas lucha y batalla a batalla, libro a libro, va ganando la guerra por sus sueños.

Hoy, en el lanzamiento de su segundo libro, no fue del todo feliz, faltaban familiares imprescindibles junto a ella. Tal vez por eso le di muchos abrazos y besos, compensándola de otras ausencias, llenando vacíos que aún en una tarde de éxitos, son capaces de impedir la felicidad total.

La muchacha de Pino Solo, sabe inventarse sueños y usarlos para curar tristezas y secar lágrimas. Le gusta reír, ella y yo sabemos que reír aleja penas y renueva almas, hoy reímos juntos. Compartir carcajadas y sonrisas, multiplica la alegría, nos cambia el estado de animo. Siempre lo digo, reír, debería ser obligatorio, al menos una hora al día.

La soñadora de Pino Solo, seguirá andando su camino, nada le hará perder su asombro de niña grande. Seguirá sonriendo a pesar de tristezas escondidas, no dejara nunca de escribir. Sus lectores, sus amigos y Pino Solo, se lo agradecerán siempre.

El libro Relatos de la Mrs Lopez, de Dania Ferro, puede adquirirse en Amazon.

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¡Una Rosa sin final!

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Sin extinguirse aún los aplausos y la ovación que recibió en el Miami Dade County Auditorium, en el pasado homenaje a las hermanas Diego, apenas sin tiempo para recuperarse de la emoción, nuestra Rosa, cumple 90 años y lo celebra junto a su pueblo de un lado y otro del mar. Convocados por su arte y amor, volvemos a ser uno, los de siempre, cubanos, no importa donde estemos.

Casi un siglo de una vida dedicada por entero al arte y al amor de su público. Muchos han sido los homenajes recibidos, cada día vivido es un aplauso, un gracias por existir que su público de 3 generaciones de cubanos le entrega, consciente y seguro que cada aplauso le prolonga la risa y la alegría, la consolida como vencedora del tiempo.

Sus eternos y fieles admiradores no nos resignamos a su retiro y la reclamamos, una y otra vez, en escena. Rosita, no se hace de rogar, no puede resistirse a un pedido nuestro. Sonríe, se maquilla un poco, se arregla el pelo, vuelve a vestir de “lentejuelas y terciopelo” y sale a escena, a darlo todo; ¡A vivir!

Muchos de nosotros, tenemos madres que pasan de los 80s, las cuidamos, las tomamos del brazo al andar, queremos cuidarlas todo el tiempo. Nos parecen frágiles, delicadas, tememos una caída, ya hicieron bastante, queremos que descansen. Con Rosita, sucede lo contrario, por mas que lo intentemos, al mirarla la vemos eternamente joven, vital. Tal vez por un instante notemos su edad, pero basta un gesto, un movimiento, una palabra y Rosa, vuelve a ser la de siempre, la que admiramos desde niños. Su luz hace el milagro de borrar años, penas y dolencias. He sido testigo varias veces del milagro del amor en Rosita, lo he descrito. La he visto transformarse, aún en momentos difíciles. Rejuvenecer, brillar con toda su luz, levantarse sobre si misma y transformar el cuarto de un hospital, en uno de los tantos escenarios donde ha triunfado. No se de que extraño material se hacen las estrellas, que misteriosa esencia habita en estos seres de luz; es un misterio. Ella es un misterio, un misterio cercano y nuestro; imprescindible e indescifrable.

¡90 años! Se dice fácil, pero que difícil es intentar contar la vida de esta mujer que ha vivido entregada al arte y a su público, ¡Al amor! Entre aplausos y bravos se hace eterna, nuestra. Se burla del almanaque que se detiene asombrado y derrotado ante ella, se sienta, la aplaude, la viste de luces y eternidades. Sabe que no podría vencerla jamás y se hace su amigo, termina admirándola, siendo su cómplice.

Crecí admirándola, un día mis escritos y un amigo, me llevaron hasta ella. La he visitado muchas veces, guardo como un tesoro su emoción y sus lágrimas al escuchar mis escritos, sus besos de agradecimiento. Rosita, flor de múltiples pétalos, se regala un poco a todos los que se le acercan, desarma enemigos, gana afectos, seduce admiradores. Sabe como encantar, es un don y no una acción, su sencillez, su inocencia de niña sorprendida, su no hacer nunca mal, su sonrisa sincera y transparente, se bastan para derribar muros, calumnias e intrigas. Cuando nos acercamos a ella, quedamos, para siempre, atrapados en las redes de su magia de amor, adictos a su aliento y fuerza.

No amigos, este no será mi ultimo escrito sobre Rosita, es solo uno mas, nacido al influjo de su arte y su embrujo. Anoche, The Place of Miami, volvió a vestir de lujo su escenario con la presencia de La Fornes, amigos, artistas, familiares, nos reunimos a gritarle una vez mas, ¡Bravo Rosita! Felices de ser parte de ese amor que la mantiene vital y hermosa, eterna, entre sonrisas y aplausos, flores y piropos. Nos volveremos a encontrar con ella, a disfrutar de su luz y su hechizo, muchas veces más. Como dijo Carilda Oliver Labra;

“Aunque duran las flores solo un día
esta rosa de verso y armonía
esta Rosa Fornés es inmortal.”

Salvando mi memoria y los recuerdos.

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Ahora que solo confundo lugares y olvido nombres, que conservo intacta mi memoria, que atesoro recuerdos y momentos, es el momento exacto de un recuento. De almacenar lo mas valioso, lo que no debo olvidar, ni aún en el olvido o la demencia.
Antes de terminar como la vieja Eulalia, dando brillo sin final a objetos y recuerdos, con la mirada perdida en el pasado. Quiero hacer un balance necesario, guardar para el olvido mis tesoros, mis mejores momentos, mis rostros mas queridos, mi ciudad, mi gente y mis palabras.

Hare un álbum inmenso, donde guarde fotos, diálogos, personas, amigos, hermanos. Escribiré en la puerta de mi casa un cartel enorme que recuerde; ¡Abrir el álbum cada mañana y cada noche! En la portada, la foto de mi madre sentada sobre mi, mientras la beso, sin comentario, sin palabras. Aún en el olvido más terrible, sabré que es ella, recordaré su aliento y sus abrazos.

Mis hermanos, mis amigos, todos tendrán su sitio exacto. Allí estarán sus fotos, nombres y sus huellas. Cuando vayan a verme, en algún sitio con luz, allá en La Habana, les diré entre risas; estas aquí, mira. Les mostrare sus fotos, los mirare con ojos de pasado, recordare cada instante compartido.

Estarán también todos mis escritos, los buenos y los malos; a todos los amo, no es culpa de ellos no ser mejores, solo es mía. Entre ellos, una foto de mi musa con su nombre y un comentario; todo empezó una tarde de noviembre cuando soplo el polvo de mis alas, no hará falta más en el recuerdo.

Tendré montones de fotos de La Habana, de sus calles, muros y su gente. Un breve; Mi ciudad, desatara memorias, olas. Andaré por sus calles en el recuerdo. Salvare para mi olvido, sus adoquines, sus huecos, sus columnas, sus largas caminatas, su alegría. Mirare sus fotos y uno a uno, se harán presentes instantes de mi vida.Convocados por la magia de mis raíces, escaparan del olvido o la demencia.

Guardare en un álbum mi memoria, no olvidare un detalle. Cuando abra mi álbum, cada día, entre colibríes y sinsontes, olas y soles; mariposas del recuerdo, alegraran mi vida, salvada, para siempre del olvido.

Queridos Reyes Magos…

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Tal vez ya no tengo edad para escribir cartas a los Reyes Magos, de todos modos la escribiré. Llevo años deseando volver a sentarme, escribir mi carta y esperar ansioso por el 6 de enero. Creo que nunca es tarde para dar rienda suelta al niño que llevamos dentro. Se acerca la Navidad y aunque acá, al norte, todos piden a Santa Claus, yo prefiero pedirle a los Reyes Magos, a los nuestros. Santa, tan gordito, acostumbrado a viajar en trineo, se perdería por esas calles de La Habana. Tal vez hasta le diera miedo entrar a un solar, no sabría el regalo exacto que mi gente allá necesita, ni siquiera el que mi gente del lado de acá necesita. Cuando Jesús nació, Santa, no andaba por esos lugares, creo que ni se entero, cuando el 6 de enero, ellos llegaron a ofrecerle regalos. Seguro descansaba, con el colesterol por las nubes, dispuesto a dormir otros largos 12 meses. Por eso, como hace años, pido a nuestros queridos Reyes Magos.

Para mi, no pido mucho, publicar mi libro, seguir escribiendo, hacer amigos, trabajar, depende de mí. Me vendría bien una ayudita, pero no quiero agobiarlos pidiendo mucho; hay otras urgencias que pedirles y sé que mis recuerdos me apuntalan

Para mis amigos, más tiempo juntos, acercarnos aún más. Que sus sueños se realicen, al menos los mas importantes, pero no todos; tener sueños por realizar, los mantendrá vivos y jóvenes por siempre.

Pido, con toda la fe del mundo, alegrías y sonrisas para el nuevo año. Que el próximo año, sea abundante en estruendosas carcajadas y escaso en lagrimas. Que mis amigos pasen el año sonriendo y mis enemigos, si los tengo, que sonrían también, tal vez ellos son los que mas necesiten sonreír.

Para los seres humanos en general, pido cordura y esperanzas, justicia. Que los hombres aprendan a amarse, antes que una voz tronante se los recuerde. Que la humanidad cree y no destruya, que el bien venza al mal y que triunfando, asegure el futuro y la vida.

Para los niños, donde quiera que estén, no pido juguetes, de un modo u otro los tendrán. Pido padres que sepan educarlos, madres ejemplares que los protejan y formen. La familia, es la célula fundamental de la sociedad, sobre los hombros de los padres, descansa el futuro de la humanidad. Tener buenos padres es el mejor regalo que pueden tener los niños y los hombres.

Es hora de que los camellos se acerquen a mi Islita. Allá, también los necesitan y mucho. Que cada hogar cubano, mantenga viva la esperanza y las ganas, que no desmayen. Que no dejemos nunca de ser y siendo, no perdamos la sonrisa, aunque el dolor sea fuerte y la lágrima asome. Que al vaciar sus sacos, una y otra vez sobre nuestra patria, sean generosos con la luz y los sueños. Que un 6 de enero especial, nos espere ahí, al alcance de la mano, desbordado de arco iris, girasoles y puentes, con nubes de sinsontes cantando nuestro himno y mariposas tricolores, volando libres, sin freno, seguras de si y del mañana. Un día de reyes así, seria el mejor regalo. Mi Habana, nuestra Habana, no necesita más.

Estos regalos, no puede traerlos Santa, ocupado en comprar en tiendas caras y ordenando el último modelo de juguete. Santa, vive allá, al polo norte, no entiende de islitas y de pueblos, no nos conoce. Ustedes si, mis queridos reyes magos, ustedes si saben de partos y luces, de estrellas y Mesías, por eso les escribo. No olviden nada, sean generosos, hagan horas voluntarias este año. Dejen sus camellos en lugar seguro y recorran mi Isla a pie, entren a cada casa, siéntense a cada mesa, conózcannos aún mejor. Darán regalos y recibirán también; el cubano, es generoso. Probaran, cientos, miles de veces, café recién colado que aunque mezclado, se los brindaran de corazón. Compartirán almuerzos y comidas, donde comen 2, comen 3, aunque sean los Reyes Magos. No tendremos mucho, pero lo compartimos con amor y alegría. Entenderán por qué reímos, cuando debiéramos llorar y por qué remamos, cuando debiéramos arar y luchar. Terminaran enriquecidos, me agradecerán mi carta, andarán felices mi Isla y mi ciudad. Se que aunque no pedí juguetes, repartirán muñequitas de trapo, chivichanas y trompos, nuestros niños jugaran felices. No olviden dejar un girasol gigante en El Cobre y un ramo de flores moradas en El Rincón. Llévenle a mi bandera la palma más alta que encuentren, que ondee libre, feliz en las alturas, reafirmando que muertos y vivos estamos dispuestos a levantar los brazos y luchar por ella.

No se si pido mucho o poco, si los he agobiado con mi lista. Aún me queda mucho por pedir, ustedes lo adivinan. No escatimen este año, abran sus sacos gigantescos y vacíenlos sin pena en un amanecer “con todos y para el bien de todos”.

El tiempo y yo.

el tiempo en mis manos.

Si un día, andando por la vida, me encontrara una bolsa enorme, gigantesca y una voz tronante me dijera; aquí lo tienes, todo el tiempo del mundo, ¡es tuyo!
¿Qué haría con ese regalo inesperado, inmerecido y fantástico? Si un día, con un segundo extra, armé una fiesta, ¡Se imaginan! ¡Todo el tiempo del mundo para mí!! No se si podría moverme en el tiempo, me conformo con tenerlo, extenderlo o acortarlo a mi antojo. Con eso basta.

Me compraría una laptop, me iría con ella al gimnasio; he comprobado que las mejores ideas se me ocurren levantando hierros y sudando. En una tarde, una sola, escribiría cuentos, historias, inventaría personajes e ilusiones, libertades y sueños.  Se que terminaría esa tarde exhausto de músculos e ideas; feliz de haber dado salida a historias y proyectos. Los publicaría de uno en uno, disfrutándolos, como disfrutan los niños golosinas. Mentiría, diría a mis amigos y lectores; es solo una buena racha, una fiesta de las musas, de mi musa; no podría confesarles mi secreto. Ser dueño del tiempo, tiene sus compromisos y misterios.

Una tarde de sábado, reuniría a mis amigos, una gran fiesta. Repartiria abrazos especiales, prolongados, casi eternos. Conversaríamos, haríamos chistes, nos olvidaríamos de la noche que no llegaría, hasta 7 u 8 días después, tal vez mas, en tiempo humano. Charìn bailaría, sin cansancio, el Lago, una y otra vez, interminables fouettes y vaquitas, arrancarían bravos y aplausos, como hace años. Rosita, nuestra Rosita, cantaría mis canciones preferidas, haría cambios de ropas y de peinados y dulce y complaciente me diría; ¿Ahora que quieren que les cante? Con esa magia que solo ella tiene, borraría años y accidentes, mis amigos mas jóvenes, asombrados, dirían; que mujer mas bella. Aplaudiríamos no una ni dos, un montón de veces, regalándole rosas y piropos. Dueño del tiempo, le regalaría el aplauso de una generación mas de cubanos, serian 4. ¡Que sigan sumándole años y cirugías, mientras yo la disfruto eternamente!

Mis amigos saben que antes de fiestas y escritos, si un día, fuera dueño del tiempo, si pudiera extenderlo y a mi antojo usarlo, lo primerito que haría, serìa; sacar pasaje pa’ La Habana, en el primer vuelo del domingo. Llegaría temprano, ¡Inesperado y feliz! Mi madre y yo, desayunaríamos más de 500 veces, almorzaríamos, mirándonos como novios, otras tantas. Andaríamos esas calles de La Habana, gastaríamos dos o tres pares de zapatos, tal vez mas, nos sentaríamos en los bancos de la plaza, disfrutándonos. Mientras mi ciudad, casi en orgasmo, se deleita en mi presencia ilimitada. Nos besaríamos cientos, miles, millones de veces y apoyada ella en mí, sostenido yo por ella, inventariamos felicidades y dichas, sin preocuparnos por la hora, ni la noche. Le preguntaría; ¿Cansada? respondería radiante y sonriendo, para nada, ¡Sigamos andando hijo mío! Me miraría a los ojos, me diría; ¿No te parece un poco largo el día o son solo ideas mías, me estaré poniendo vieja? Reiremos besándonos, abrazándonos, sin miedo a un adiós o a un vuelvo pronto. No le diría nunca mi secreto, podría asustarla saberse eterna. Regresaría a Miami, justo el lunes, empezaría a trabajar, como si nada. Tal vez algún amigo note algo extraño; la felicidad, no puede esconderse, pero nadie notaria que el domingo, duró meses, casi años. Repetiría ese domingo muy seguido, burlándome de almanaques y relojes. Quien sabe, tal vez desde la eternidad alguien me mire y me diga; usted se  atreve, ni yo hubiera podido imaginarlo.

Escribir, gimnasio, ver a mi madre, andar mi ciudad, compartir con amigos, disfrutar mis artistas, solo me falta un buen amante, disfrutarlo sin limites ni adioses, sin desamores. No se preocupen, tengo todo el tiempo del mundo para hallarlo. Cuando lo encuentre, lo llevare corriendo al aeropuerto, nos iremos en el primer vuelo a mi ciudad. Viviremos un día eterno mientras mi madre, entre nosotros, se ríe de achaques y designios y sonríe dichosa al infinito.

Fotografia tomada de Google.

Las palabras soñadas.

Si un día se me acaban las palabras.
Si no pudiera unirlas, moverlas, usarlas, jugar con ellas.
Si un día agotadas de tanto uso, decidieran tomar definitivo descanso, abandonarme, decirme un adiós estruendoso y último.

Si un día, como Nora, se fueran y de un portazo, cerraran para siempre su regreso.
¿Qué me haría sin ellas?
¿Cómo decir te quieros, te extraños, como describir el amor y la esperanza?

Si un día, amaneciera sin palabras, ausente de verbos, sustantivos, sin un solo adjetivo para describir el día, ¿Como podría escribir o hablar a mis amigos?
Si al intentar escribir sobre La Habana, solo pudiera hacer garabatos y signos sin sentido. Sin una sola palabra que la adorne y traiga hasta mi cuarto.
Si al querer hablar sobre mi madre, hablarle a amigos de su infinito amor, de su dulzura, solo emitiera sonidos sin sentidos, ruidos que nadie entendería. ¡Como vivir sin gritar cuanto la amo!

¿Qué hacer con tanto amor sin expresarlo? ¿Como revivir recuerdos sin palabras?
¿Cómo volver a decir te amo y la luna no sale si no estas o el día comienza cuando abres tus ojos? ¿Cómo decirle a alguien, muy cerca del oído, solo existo cuando en tus ojos me reflejo?

¿Cómo llamar a un amigo si de repente una caída o un dolor, me asaltaran a solas en mi casa?¿Cómo gritar; ¡Te necesito! En medio de la noche y mi desvelo?

¿Qué me haría si un día, cansadas, agotadas, disgustadas del mal uso y abuso, se fueran de mi lado las palabras? ¿Como vivir sin ellas? ¿Cómo ganarme amigos y enemigos?

¿Cómo decir que La Habana, mi ciudad, la ando cada noche en el  recuerdo, que en sus calles resuenan nuestros pasos y amores, que nos espera segura del regreso?

¿Cómo decir que allá en mi lugar exacto, mi madre y mi ciudad, tejen y destejen sueños, esperando por mí, 365 veces, cada año?

No teman, anoche, mientras hacíamos el amor, en pleno orgasmo; las palabras y yo, juramos, amor eterno,  ¡No abandonarnos nunca!

Fotografia de Liborio Nova.

¡Traeme La Habana y a mi madre!

Nadie sabia exactamente, como había salido de Cuba, ni siquiera el día de su llegada a Miami; apareció un buen día en la ciudad. A pesar del auto, regalo de un tío, gustaba de caminarla, en un intento de hacerla suya, de descubrir misterios. No, esta no era una ciudad para caminar, se dio cuenta muy pronto y decidió hacerla suya de otro modo; triunfando. Poco a poco fue conquistando el éxito, haciéndose parte imprescindible de  negocios e inversiones. Sin proponérselo, casi como un don, muchos lo miraban como ejemplo de emprendedor, de cubano luchador y tenaz en sus empeños. El éxito le sonreía o mejor aun; él sonreía al éxito, lo seducía y lo ganaba, se le entregaba como una amante, sin fuerzas para resistirse a sus mañas. Era popular, mas de lo que le gustaría, ser un tipo sencillo, de barrio, a veces no combina muy bien con tanta popularidad.

Nunca regreso a Cuba, no volvió a recorrer esas calles de la Habana. Cuando hablaba de su ciudad, sus ojos se humedecían y su voz adquiría un tono especial. En el fondo, a pesar del carro lujoso, de sus propiedades, de su triunfo, seguía siendo aquel muchachito que andaba las calles habaneras, persiguiendo el amor y sus sueños. El, como muchos, había cambiado solo en apariencia, por dentro era el mismo. Su tesoro mejor guardado eran sus recuerdos. A solas en su habitación, cerraba los ojos, viajaba en el tiempo y el espacio. Se veía entrando a su casita allá en su barrio y abrazando a su madre, sentándose junto a ella y hablando del día, como hacían siempre al llegar de la Universidad. Recordaba aquel día que se gradúo; recibió su diploma, fue hasta donde estaba su madre, se arrodillo ante ella y se lo entrego. Se besaron entre lagrimas, casi paralizan la ceremonia, todos olvidaron por un instante lo que sucedía para mirarlos solo a ellos. Por más que había intentado traer a su madre, siempre sus intentos se estrellaban contra prohibiciones y tramites, papeleos y absurdos.

Los que lo conocían y sabían cuanto añoraba a su ciudad  y a su madre, le preguntaban siempre por qué no regresaba.

– Vuelve a ella, aunque solo sea un par de días, le dijo un amigo.

– No puedo, quisiera, pero no puedo. Dios, sabe cuanto deseo poder volver, aunque fuera solo un instante. Una caminata, un abrazo y me regreso.

No explicaba las causas, muchos se imaginaban que se jugaba la vida en ese regreso y no insistían. Su respuesta, no dejaba margen a más preguntas.

No bastaban sus éxitos, estar rodeados de amigos. Su ciudad, la nostalgia por ella, eran un vacío que nada lograba llenar. Hasta comenzó a escribir sobre La Habana y su madre, en un intento de traérselas, de inventárselas en el recuerdo. No enseñaba a nadie sus escritos; eran solo para él, un desahogo de su alma y añoranzas. Inventaba historias de amantes que nunca tuvo, vivía aventuras en esas calles perdidas en el recuerdo y en la historia. Creaba y recreaba personajes y sitios, intentaba traer a su ciudad que como amante esquiva le hacia guiños antes de desaparecer ante él, cuando casi creía tenerla al alcance de la mano.

Un día, una amiga en su página de Facebook escribió; ¡Esta noche, me duele La Habana! Termino de leer la frase  y se llevo las manos al pecho, como si un infarto súbito fuera a terminar con su vida; su ciudad le dolía cada día, cada instante, con un dolor constante y cortante que le traspasaba el alma y los recuerdos. La Habana, dolía a muchos en la distancia, pero su dolor tenia una intensidad y un desgarramiento terrible para él. Sin ella, estaba incompleto, impar, perdido, se la inventaba en cada esquina, en cada recuerdo; constante fantasma que jugaba a los escondites, en esas calles perdidas en la memoria. Una ciudad en la distancia, puede ser como una amante, reclamando sus derechos, llamándonos. Si allì vive nuestra madre, la ciudad puede convertirse en el centro de la vida y los recuerdos.

En su intento de reinventarsela, busco entre conocidos pintores, uno que fuera capaz de pintarla, tal y como la soñaba, en las paredes de su casa. Creyó haber encontrado al mejor, lo contrato. El pintor, empezó su obra con entusiasmo. El hombre que extrañaba a La Habana, le hablaba de su ciudad, de sus recuerdos. El pintor iba creando lo que creía interpretar de sus historias. No conocía  esa ciudad de la que le hablaba. Cuando termino la primera pared, se la mostró orgulloso. Víctor la miro con tristeza y decepción.

– No esa no es mi Habana, exclamo triste y desilusionado.

Le pago al pintor y mando a pintar la pared de azul, así al menos le parecería mirar al cielo de su ciudad. Hay ciudades que no pueden atraparse en pinturas y escritos, por mas que se intente; pensó Víctor, mientras miraba la pared, recién pintada de azul.

Una vez estuvo muy enfermo con fiebre muy alta, tuvo alucinaciones; su ciudad alucinante, se aparecía una y otra vez en su habitación del hospital. Traía sus fantasmas que jugaban traviesos en su cuarto. Cuando se recupero, volvió a intentarlo todo por visitarla. Esas visiones que tuvo, se le aparecían noche tras noches, extendiéndole los brazos, invitándolo a amar. Hizo gestiones, compró pasaportes falsos, pensó en hacer el viaje desde Europa. Le contó sus planes a su mejor amiga, ella lo miro a los ojos.

– Estas loco, sabes que te juegas la vida, ni tu madre ni tu ciudad, quieren verte entre rejas o muerto.

Víctor, bajo los ojos y lloró en silencio, un llanto contenido por años, lagrimas con sabor a mar y rocío, sollozos con ruido de palmas al aire y olas golpeando contra el malecón. Un llanto por recuerdo y raíces, incontenible y necesario.

– Tienes razón, toda la razón del mundo, respondió.

Días después, Nora, su  mejor amiga fue a visitarlo, se sentaron juntos a conversar. Hablaron de mil cosas, hasta que ella se decidió y le dijo.

– Te tengo noticias, buenas noticias; hay un pájaro extraño, vive en las montanas de  África, si sabes entrenarlo bien, pronto tendrás la solución a tu problema.

– No pretenderás que el pájaro me lleve hasta La Habana, me atrevo a todo, pero eso es imposible.

-Tranquilo Víctor, el sabrá como ayudarte, depende de ti saber que hacer con él. No te preocupes por nada, aunque estamos en agosto, este pájaro será mi regalo por Navidad, mañana debes recibirlo. Es una mascota especial, ha ayudado a muchos como tú

Víctor, se despertó temprano, estaba ansioso. Paso la noche soñando con un pájaro enorme que lo cogía con el pico por el cuello y cuando estaba sobre La Habana, lo dejaba caer. Despertaba sudando y gritando, su miedo a las alturas, convertía este sueno, en una terrible pesadilla. Temprano tocaron a la puerta, en el portal, una caja enorme, firmo los papeles, entró la caja a la casa y llamo a su amiga.

– La caja es enorme ¿Qué clase de pájaro me has regalado, no será un cóndor?

Su  amiga río.

– Tranquilo, abre la caja y déjalo hacer, es muy inteligente.

Víctor, abrió la caja, un pájaro casi de su tamaño, con un pico enorme, lo miro fijo  a los ojos, como intentado adivinarle el alma y los recuerdos.

Los días pasaron, Víctor y el enorme pájaro, se hicieron amigos, muy buenos amigos. Cuando escribía, el pájaro con el pico apoyado en su hombro miraba detenidamente a la pantalla de la computadora, como si entendiera, tal parecía que podía leer. Si Víctor, se entretenía mirando fotos de La Habana, el pájaro se sentaba a su lado y las miraba, a veces una llamaba su atención y la apuntaba, con su pico.  Cuando Víctor se emocionaba y se le humedecían los ojos, creía adivinar lágrimas en los ojos del singular pájaro. Su nuevo amigo no hablaba, solo le faltaba eso para ser perfecto.

Una noche, Víctor, sintió un dolor terrible, se llevo las manos al pecho y cayo al suelo, parecía muerto. El pájaro fue a la cocina, casi trajo a rastras a la criada que llamo a amigos, ambulancias y doctores.

– Llévenlo a su cuarto, dijo su medico personal.

– No sobrevivirá si lo movemos de aquí, su estado es muy delicado.

Alguien pretendió impedir que el enorme pájaro entrara al cuarto. La mejor amiga de Víctor, la misma que se lo había regalado, fue tajante.

– Déjenlo entrar, tal vez de todos, a él es a quien mas necesita.

El pájaro, se quedo a su lado, junto a la cama donde yacía Víctor, debatiéndose entre la vida y la muerte, entre recuerdos y realidades. De pronto, Víctor abrió los ojos, miro fijo al pájaro y en un susurro que tenia la fuerza de un grito, la intensidad de un alarido, le dijo.

¡Tráeme La Habana y a mi madre, por favor!

Nora, su eterna y fiel amiga, abrió de un golpe el enorme ventanal del cuarto, el pájaro miro a Víctor y emprendió vuelo al sur.

Pasaron dos días, Víctor, seguía grave, debatiéndose entre la vida y la muerte, según los médicos, solo un milagro podría salvarlo. Por órdenes expresas de Nora, las ventanas del cuarto permanecían abiertas día y noche, en espera de algo que solo ella sabia. Una tarde, cuando el sol comenzaba a esconderse, se escucho un fuerte aleteo, el enorme pájaro irrumpió en el cuarto, trayendo en su pico algo extraño que no lograban saber que era. Víctor se incorporo, miro al pájaro que sacudió su pico con fuerza llenando el cuarto de olas rompiendo contra el muro de todos, lloviznas de mayo, girasoles, vendedores ambulantes, grillos y palmeras. Volvió a sacudir su pico y ante médicos y amigos asombrados pedazos de La Habana aparecieron en el cuarto, calles, muros, casas. El pájaro dio una última sacudida a su pico y apareció una viejita de pelo blanco, hermosa a pesar de los años, traída de la distancia y el recuerdo, sin permisos ni papeleos.

-¡Mama! Grito Víctor, estremeciendo las paredes y a los presentes. Se levanto de la cama arrancándose sueros y aparatos.

Se abrazaron salpicados por las olas que rompían contra las paredes del cuarto, se besaron entre mieles, girasoles y humo de tabaco. Su madre y su ciudad hacían el milagro de salvarlo.

Desde un rincón el pájaro y Nora los miraban con lágrimas en los ojos. Habían planeado juntos hasta el ultimo detalle desde hacia tiempo. Los milagros, llevan a veces el nombre de nuestros mejores amigos y afectos.

Fotografia de una pintura de Fuentes Ferrin, destacado pintor cubano que reside en Houston