Aquí en mi pecho; madre y patria.

Si te olvido, si de pronto desaparecen los recuerdos, una tarde triste de domingo.

¿Qué haría por la vida sin recuerdos? ¿Donde buscar las fuerzas para andar caminos, deshacer trampas, escalar montañas?

Si te olvido, si un día amaneciera huérfano de memorias y raíces. ¿Dónde buscar cimientos, por qués y sentimientos? Pobre fantasma de mi mismo, solitario, sin rumbo, flotando en el limbo de la vida, a la deriva de vientos y tormentas.

Si cuando mire fotos y recuerdos, no me estremecen emociones, ni suspiros, si mis lágrimas y risas, sin un por qué, murieran sin nacer, fueran sólo intentos. ¿Cómo contar mi historia, cómo hablar de sueños y raices?

Por eso, no pienso en olvidarte, no podría. Estas enorme y constante, aqui en mi pecho. Habitas en mi mente, en mis intentos. Soy un producto de mi historia; costó trabajo tallarme de gigante.

Somos, al fin, recuerdos y sueños. Aunque a veces recordar duela en el pecho, siempre florecen sonrisas en el alma. Porque habitas en cada obra de la vida, en cada sueño que suspira, en cada intento. Porque sobrevivo a penas, en ellas crezco, me mejoro, tratando de ser digno de mi historia.

Acaricio mi pecho, mis memorias; aquí estaran por siempre; MADRE y PATRIA.

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Una mujer en medio de la noche y los recuerdos.

Juan, como muchos, salió de Cuba un día. Atrás quedaban memorias y afectos. Amaba entrañablemente a su país, su Isla. La Habana se la conocía de memoria y la anduvo toda unos días antes de irse, en supremo intento de robarsela en la memoria. Allí, en su ciudad, quedaba también su afecto mayor, su madre. Pasó días mirandola, besandola, escuchándola, tratando de llevar con él su esencia y su amor; talismán que lo protegería de tormentas y soledades, lanza vencedora de batallas y desafíos.

Juanito llego a Miami y trabajo duro, no lo hacía por lograr lujos, ni propiedades, quería gatantizar a su madre una vejez sin escasez, ni preocupaciones. Aunque lo material no suple ausencias, ni afectos, saberla bien, acortaba distancias y disminuía penas.

A Juan no le bastaba saber que su madre vivía tranquila, esperando regresos y llamadas; también sufría por su Isla y su ciudad que sucumbían ante abandonos e indolencias. Trató de rescatarla en la memoria y comenzó a escribir sobre su Isla y su ciudad, adornándolas en el recuerdo, reconstruyendo cada calle y cada edificio en sus historias; robandosela para la eternidad.

El tiempo es implacable, cruel y a veces termina venciendonos. La Habana, poco a poco se destruía, luchaba contra el próximo derrumbe, contra el olvido y la desidia, sin mas armas que recuerdos y esperanzas. Su madre envejecia, poco a poco perdía alientos y acciones, se le escapaba la memoria. No bastaban sus regresos frecuentes, sus palabras de amor, sus te quieros gritados al oído.

A Juan le angustiaban su madre y su Isla, ambas se le iban sin poder salvarlas. En noches solitarias pensaba en ellas y pedía milagros.

Aquella madrugada terrible que lo llamaron para decirle que su madre era luz, corrió desesperado a la orilla del mar. Mezcló sus lágrimas con las olas y un grito desgarró la noche; ¡MAMÁ! . En ese instante dejaron de cumplirse leyes y reglas; la historia cambió para siempre. La luna y el sol iluminaron la noche, girasoles brotaban de la arena y colibríes revoloteaban en la noche-día. Las olas se detuvieron en su acción, como si un nuevo Moises abriera el camino a otra dimensión. Un arcoiris enorme del sur al norte, se hizo puente y camino. Ella, mujer, patria y madre, agigantada en la gloria y en la eternidad, apareció cargada de recuerdos y futuros. Un, ¡Aqui estoy hijo mío! Bastó para detener a girasoles y astros, que la contemplaban extasiados.

Juan la miraba, enamorado y feliz, ella se inclinó y uno a uno, le entregó recuerdos y memorias, le dio futuros y acciones; esperanzas, le habló de dimensiones desconocidas, de hombres recontruyendo; de la Patria renaciendo, de eternidades y consuelos . Lo bendijo y sopló sobre él polvo de sueños y fuerzas, mientras se elevaba al cielo en un rayo de sol que la iluminaba y sostenía.

El sol volvió a ocultarse, los girasoles se escondieron en la arena y los colibríes volaron con rumbo desconocido, las olas continuaron acariciando la arena. Sólo Juan quedó en la playa, su rostro resplandecía, iluminandolo. Miró al cielo, dio gracias a energías y poderes, a Dios y a la gloria y continuó viviendo y soñando, con la certeza que Patria y madre, escapaban a muertes y finales. Que eternas e invencibles, se bastaban para apuntalar sueños y asegurar futuros. Se secó una lágrima y susurró, gracias mamá.

Fotografía de una obra del pintor cubano residente en Miami, Hector Perez.

Fe de erratas de un cubano en el exilio. 

No sé  la causa, pero  a veces, cuando intento escribir, se me confunden las palabras. Trato de corregirme en una interminable fe de erratas.  Cuando quiero escribir olvido, salta una ola gigantesca, se me corre la tinta y escribo, amor intenso, del bueno. Las palabras no significan lo mismo, del otro lado de las olas.

Quiero escribir, deshojo tulipanes lentamente y un ramo de girasoles, destroza mis palabras, casi me golpea el rostro;  reclama espacio y recuerdos. Asi, hablando de Jazz,  las letras se rebelan, dibujan tumbadoras;  termino escribiendo, Rumba, guaracha y son.

Pretendo vestir personajes a la moda con camisas Armani, Prada; mis letras dibujan guayaberas, a un muchacho descalzo y sin camisa, andando, bajo la lluvia, los caminos de su infancia.

Brindemos con champagne querida y un trago de ron revuelve las palabras, el aguardiente de caña rehace las palabras. Pretendo contar la historia de dos que juegan cartas y el ruido del dominó confunde mis palabras, ¡Caballero me pegué! Y mi historia huele a caña, tabaco y ron.

Y el hombre se vistio de verde en el día  de San Patrick,  un amarillo intenso cubre el papel, cambia el color de la tinta. Cambia imágenes y aparece Cachita  en mis historias

Sirvió el té, ¿esta bien de azúcar? ¿crema?. Un fuerte olor a cafe inunda el cuarto, borra palabras y allá  en el norte, una pálida joven,  se toma un buen café cubano y su rostro cambia de color, sonríe. 

Sus amigos pasaron a recogerlo en su Mercedes y mis letras dibujan empujones,  me quedo en la que viene, caminen que hay gente afuera. Comparto sudores, soy uno mas corriendo a coger la guagua. 

Quiero hablar del exilio, de ese dolor de estar lejos de historias y comienzos, termino hablando de mi patria, de esa Cuba que nos lleva atados en las palmeras. No hay dolor en mis palabras, no hay pena. En mis palabras estallan recuerdos y futuros y abrazo emocionado mi bandera, presiento, esa patria, “con todos y para el bien de todos”.
Fotografía de una obra del pintor cubano residente en Miami, José Chiu 

Carta de un niño cubano al futuro.

carta de un niño cubano al futuro
No sé cuando leerás esta carta, si será dentro de 10, 20, 30 o mas años. Solo sé, que será en el futuro cuando yo sea un hombre o tal vez el abuelo de alguien como tú o como yo. Cuando la leas serás un niño como yo, tendrás sueños, ilusiones. Nacerás en Cuba, una isla preciosa, un país maravilloso, ámala siempre, porque la patria, termina siendo siempre lo más importante.

Te deseo un montón de cosas buenas, que seas feliz, muy feliz, que la suerte del amor siempre te acompañe y te ayude a conquistar el futuro. Quiero que puedas gritar, a cualquier edad, lo que sientas, en cada esquina de la ciudad y de la isla, sin temor a que te regañen, te repriman o te encierren. Quiero que seas un hombre libre en toda la dimensión exacta de la palabra.

Te deseo que los sueños que otros niños no hemos podido cumplir, tú los realices. Esa esperanza nos ayuda a vivir el presente, a reparar los sueños rotos.

Sé que cuando nazcas, tus padres estarán felices, muy felices. Vivirán en una Cuba diferente, mejor; tengo fe en el futuro. No sé si en tu infancia, los niños cubanos volverán a esperar, a creer en los reyes magos y a esperarlos cada 6 de enero. Si los reyes magos decidirán volver a visitarnos y a traernos regalos, sueños y esperanzas. Quiero que no pases las angustias de un juguete básico, no básico o dirigido. Quiero que disfrutes la alegría plena de un día de reyes por venir. Que tu mamá no sufra porque le toco comprar el 2do día y el juguete que te gustaba se lo llevaron el primer día. Tampoco quiero que te pares frente a una vidriera repleta de juguetes caros y suspires entre lágrimas, sabiendo que tus padres no podrán comprártelos, ese no es el futuro que te deseo.

No quiero que seas un niño rico, porque a veces, tener mucho, termina dañando el alma y corrompiendo los sentimientos, pero no quiero que tengas carencias. Que nunca te falte lo necesario, lo imprescindible, para que los sueños no te duelan. No deseo que la preocupación de cada día de tu mamá sea; ¿Qué le daré de comer hoy a mi hijo? ¿Qué pondré en la mesa? Quiero que su preocupación mayor sea tu futuro, que vas a ser cuando crezcas, formarte como un hombre pleno.

Quiero que puedas tomarte cada mañana, mediodía, tarde o noche, un buen vaso de leche. Tal vez no entiendas este deseo, pero llevamos años con vasos de leche prometidos que tardan en llegar y los niños, se han hecho hombres y viejos, esperándolos. También quiero que cada día tengas un vaso enorme lleno de esperanzas y sueños, alimentar el alma, es tan importante como alimentar al cuerpo.

Confío en que vas a ser un niño estudioso, que iras puntual a la escuela, que tu aula será hermosa y la amaras. Me imagino esa aula con un busto de Marti y una imagen de la Caridad del Cobre, convocando ambos a la unión de todos los cubanos. Quiero que estudies hasta lograr una carrera y ser un profesional exitoso, lamentablemente, ese no es mi sueño. En esta época dura y convulsa que me toco vivir, estudiar, no es la solución a los problemas. Mi tío Yazmani, se graduó de ingeniero y esta trabajando de camarero en una paladar. Su titulo no alcanza para poner todos los días un plato de comida en la mesa a sus hijos y tuvo que guardarlo y salir a luchar por la vida de su familia. Eso es duro, duele y mucho.

Yo, como muchos niños, he pensado muchas veces en irme, eso de vivir en la Yuma, un poco que nos gusta a muchos, pero siempre termino decidiendo quedarme. No quiero tener que echar raíces en otras tierras y me afinco a la mía con dientes y uñas.

Quiero que tengas una familia enorme, unida y feliz. Que la sala de la casa de tu abuelita, no tenga que extenderse a la fuerza y llegar hasta Madrid, Miami, Buenos Aires en el intento de que todos estemos juntos, aunque sea solo una tarde de domingo. Te deseo una abuelita como la mía, dulce, cariñosa, que sea tu abuela, madre, amiga y novia a la vez, pero que nunca tenga la tristeza en la mirada de mi abuela cuando en el almuerzo del domingo, pasa lista y nota ausencias en la mesa. Yo le pregunto, ¿Qué te pasa abue? Siempre me dice; nada, una basurita que me cayó en el ojo. Yo la beso mucho, un beso por cada hijo y nieto ausente, por cada afecto lejano. Es duro esto de tener una familia dispersa por el mundo, no quiero que esto te suceda a ti, ni a ningún niño cubano del futuro.

Tal vez te sorprendas por mi forma de escribir, sabes tengo un tío escritor que vive en Miami. Ha publicado varios libros, todos me los ha regalado y yo los he leído un montón de veces. Cada vez que escribe un cuento, lo imprime y me lo envía con alguien, paso horas leyéndolos. Si alguna vez él lee esta carta, seguro que me da un cocotazo, sonríe y me dice; sigue robándome las palabras, esa carta parece que la escribí yo. Aunque te parezca raro, mi tío de Miami, es quien me enseño a amar a Cuba. En cada llamada por teléfono, en cada carta, en cada conversación cara a cara, siempre me habla de Cuba y de su amor por esta islita. La patria es un montón de cosas, me dice siempre, es tu madre, tu abuela, sus lágrimas y sus caricias, es tu primera partidura de cabeza, el beso de tu mamá en tu frente cuando tienes fiebre alta, la primera noviecita, la primera alegría y la primera lagrima. Así aprendí a amar a Cuba, gracias a él; un cubano de Miami.

Quiero que cuando seas un niño como yo, el futuro no sea escapar, quiero que sea quedarse, afincarse a esta tierra, resolver sus problemas y hacerla mejor. Que ningún cubano tenga que irse a buscar fuera de su patria, libertades, ni pan. Que nuestra isla abrace fuerte a sus hijos y todos unidos luchen por un futuro mejor.

Sabes, no sé si decirte primo o hermano, todos mis amiguitos son como mis primos. Todos los niños cubanos, somos como una gran familia, sin importar colores, ni lugares de nacimiento. No sé a que jugaran los niños en el futuro, que juguetes raros y desconocidos por mi, usaran para sus juegos. No quiero que olvides jugar al pom, a los cogìos, a lanzarte en una chivichana por una calle o a jugar a las bolas con tus amiguitos, esos juegos te ayudaran a ser cubano y a hacer amigos, a tomar el sol y el aire, a vivir, no dejes que desaparezcan.

Nunca des motivos para que tu mamá, tu abuelita o tus tías, lloren por ti. Las lagrimas de los seres queridos, terminan pesando como plomo en el alma.

Quiero que si un día te enfermas, tu mamá pueda llevarte al mejor hospital de la ciudad. Que nadie le pregunte de parte de quien viene, ni tenga que invocar nombres de “personajes” para que te atiendan, tampoco quiero que le pregunten si tiene dinero para pagar. Sabes, curarse cuando uno esta enfermo es un derecho y no un negocio y quiero que siempre tengas ese derecho.

Quiero que decidas tu vida, que nadie la decida por ti. Es duro eso de que te prohíban un montón de cosas y que lo que no te prohíban, te lo impongan. Un niño, un hombre, tiene el derecho de elegir caminos. Espero que siempre elijas el mejor.

No sé en que año perdido del futuro leerás esta carta. La escribo confiado, sentado en el contén del tiempo. Con la certeza que llegara a ti y la harás tuya.

Quiero que cuando veas una balsa, pienses en olas, alegrías, sol y días de familia y risas. Que una balsa no te sobrecoja, no te recuerde huidas, muertes, estampidas, ni familias rotas. Quiero que nuestra historia cambie para bien de todos. Como dice mi tío en sus cuentos, quiero esa “patria con todos y para el bien de todos”. El me explicó lo que quiso decir Martì con esa frase.

Te deseo que un día le lleves un ramo gigante de girasoles a Cachita, allá en el Cobre. Que cuando estés frente a ella le digas mirándole a los ojos; Cachita, aquí estoy, aquí estamos todos, no falta nadie, estamos todos juntos, al fin.

Un abrazo grande, de aquí a la luna, muy fuerte. Te quiero primo.

Un niño cubano de estos tiempos.

Fotografia cortesia de Yohandry Leyva, fotógrafo cubano residente en Cuba.

Una carta necesaria e impostergable.

Hasta luego Santa
Sé qué hace años, muchos, no reciben cartas de niños cubanos. No piensen que ellos los han olvidado, a pesar de decretos, imposiciones, juguetes dirigidos, básicos y no básicos, ustedes siguen viviendo en el corazón de todos ellos. Sus padres, sus abuelos, no han dejado que muera en ellos la ilusión del día de reyes. Muchos son hoy, hombres y mujeres y aún esperan por ese día de Reyes prometido y cada 6 de enero despiertan con la esperanza renovada de ese regalo ansiado y pospuesto, una y otra vez.

Queridos Reyes Magos, nosotros, niños, hombres, mujeres y ancianos de esta islita que aunque dispersa por el mundo, se niega a perderse en el mapa y en el tiempo, no queremos perder la esperanza, ni los sueños. Nos aburren decretos y consignas, nos agobian racionalizaciones absurdas e injustas, manipulaciones de un lado y otro de este mar profundo y azul. Hemos aprendido que si queremos un mejor futuro, debemos construirlo con nuestras manos, amasarlo con nuestro sudor y nuestra sangre; los sueños son una conquista, no un maná que se espera abúlico y meciéndose en el sillón del tiempo.

Podríamos pedirles un montón de regalos, pero no tenemos ese derecho, ni tampoco la voluntad de agobiarlos. Hace años, un cubano que muchos llaman apóstol y maestro, nos habló de ese regalo mayor que debemos conquistar y no pedir. En el logro de ese regalo mayor, necesitamos las manos y la voluntad de todos los cubanos, ¡De todos! De ancianos y niños, de hombres y mujeres. Que desde todos los rincones donde habitamos, en este largo y doloroso emigrar y reinventarnos la patria en otras tierras, nos unamos en un abrazo y esfuerzo gigantesco. Que olvidemos diferencias y sumemos amor a nuestra tierra, es más lo que nos une que lo que nos separa. Los que nos fuimos, los que se quedaron, todos somos cubanos y amamos una bandera tricolor. Todos tenemos en el pecho un puñao de nuestra tierra, hagamos que en ella germine la esperanza. Cuba no pregunta donde vivimos, ni hace distinciones entre sus hijos, abre sus brazos y nos espera con su bata de vuelos azules, blancos y rojos, luciendo en su frente la estrella solitaria. No es hora de buscar protagonismos individuales, se impone el protagonismo mayor de la patria y a ella nos debemos.

Queridos Reyes magos, tráigannos la unión y la fuerza para lograr, entre todos, hacer realidad la promesa postergada, de esa “Patria con todos y para el bien de todos”.

Fotografia tomada de la pagina de Facebook de Marvin Jui-Pérez