¡Mamá está de fiesta!

Allá  en La Habama de todos,  de aniversarios y fechas, alguíen escucha al Benny y espera mi llamada. Ella sabe que nada puede impedir que hoy hablemos; mamá  está de cumpleaños. 

Siempre le he dicho que cuando cumpla 100 años  haré una fiesta enorme.  Convocaré    duendes y conjuros, La Habana vestirá su mejor bata cubana y se sentará junto a ella,  le regalará andares y recuerdos . La giraldilla apuntará  a su sonrisa y su corazón  a los sueños, sólo  faltan 11 años para esa fiesta prometida y esperada..

Hoy mamá  está  de cumpleaños y ella, eterna preocupada por sus hijos, alistó el mejor de sus regalos; nos regaló  recuerdos y certezas. Se sabe necesaria,  imprescindible y espera cada viaje de sus hijos, ensayando el mejor de los abrazos.

Mamá  nos regala en su dia, palabras de amor que no se olvidan, estrena memorias y esperanzas. Me dice que me espera y necesita. Se rescata a sí  misma del olvido y me dice en un susurro; si tienes las mismas ganas de verme que yo a ti, vendrás muy pronto. Me regala la mejor de sus sonrisas y me lanza un millon de besos desde el sur.

Despues de días difíciles, dolores, desmemorias, mamá renace otra vez un 19 de febrero.  Es el milagro del amor, del amor de muchos que lograron rescatarla  de finales anunciados y de olvidos.

Mamá  esta de fiesta y yo con ella, a pesar de distancias  y de mares. Habita aqui en mi corazon y en  mi esperanza que se viste de arcoiris y girasoles,  que ensaya te quieros y piropos, que se inventa palabras e ilusiones; que sabe que me espera, vencedora de tiempos y de penas.

Mamá  esta de fiesta y entre boleros y sones, sonríe y espera,  cierra los ojos e imagina encuentros, tiende sus brazos en espera del regreso. Es una eterna fiesta de milagros,  de oraciones escuchadas, de amor bueno, de espérames por siempre que no tardo.

Mamá  se viste de recuerdos y de sueños,  está de fiesta y me espera desde el centro de memorias y cariños;  eternamente amante de suspiros, me espera siempre sentada en el sillón  de sus memorias. Sonríe,  cuenta en silencio los días  que aún nos faltan, no son muchos, vuelve a sonreír  y con voz fuerte me grita un; ¡No te tardes! Que alista equipajes y retornos, que acorta ausencias y distancias. 

Mamá  está de fiesta,  eterna fiesta del amor que la sostiene y la salva para siempre del olvido.

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Fe de erratas de un cubano en el exilio. 

No sé  la causa, pero  a veces, cuando intento escribir, se me confunden las palabras. Trato de corregirme en una interminable fe de erratas.  Cuando quiero escribir olvido, salta una ola gigantesca, se me corre la tinta y escribo, amor intenso, del bueno. Las palabras no significan lo mismo, del otro lado de las olas.

Quiero escribir, deshojo tulipanes lentamente y un ramo de girasoles, destroza mis palabras, casi me golpea el rostro;  reclama espacio y recuerdos. Asi, hablando de Jazz,  las letras se rebelan, dibujan tumbadoras;  termino escribiendo, Rumba, guaracha y son.

Pretendo vestir personajes a la moda con camisas Armani, Prada; mis letras dibujan guayaberas, a un muchacho descalzo y sin camisa, andando, bajo la lluvia, los caminos de su infancia.

Brindemos con champagne querida y un trago de ron revuelve las palabras, el aguardiente de caña rehace las palabras. Pretendo contar la historia de dos que juegan cartas y el ruido del dominó confunde mis palabras, ¡Caballero me pegué! Y mi historia huele a caña, tabaco y ron.

Y el hombre se vistio de verde en el día  de San Patrick,  un amarillo intenso cubre el papel, cambia el color de la tinta. Cambia imágenes y aparece Cachita  en mis historias

Sirvió el té, ¿esta bien de azúcar? ¿crema?. Un fuerte olor a cafe inunda el cuarto, borra palabras y allá  en el norte, una pálida joven,  se toma un buen café cubano y su rostro cambia de color, sonríe. 

Sus amigos pasaron a recogerlo en su Mercedes y mis letras dibujan empujones,  me quedo en la que viene, caminen que hay gente afuera. Comparto sudores, soy uno mas corriendo a coger la guagua. 

Quiero hablar del exilio, de ese dolor de estar lejos de historias y comienzos, termino hablando de mi patria, de esa Cuba que nos lleva atados en las palmeras. No hay dolor en mis palabras, no hay pena. En mis palabras estallan recuerdos y futuros y abrazo emocionado mi bandera, presiento, esa patria, “con todos y para el bien de todos”.
Fotografía de una obra del pintor cubano residente en Miami, José Chiu 

Mi angel y yo.

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Un ángel duerme en mi memoria.
Arregla sueños, compone historias.
Sana dolores. Abriga inviernos y soledades.
Un ángel duerme en mi pecho, asegura latidos y alientos, vida
Un ángel duende que con un beso disuelve nubes y tempestades.
Un ángel habita en mis pensamientos, los acomoda, pule e impulsa.
Me obliga a hacer y a ser; me conforma.
Sabe cómo llevarme a andar caminos.
Guía mi vida, historias, pasos.
Ángel travieso, revolotea entre futuros, muestra el pasado, no quiere olvidos, vive en presente.
Me dice vamos y yo le sigo, le dejo hacer.
No tengo opciones
Un ángel vive en mi vida, la colorea, ilumina, la embellece.
Cuando una lagrima brota, la deja correr.
Un beso detiene su curso, la hace rocío. Con una basta, susurra a mi oído.
Dibuja sonrisas, inventa esperanzas.
Ángel exacto, cuida la ciudad y al hombre, sostiene columnas y hombros.
Me inventa suertes y alegrías.
Un ángel vive aquí en mi alma, no sabe de idas, ni de regresos; existe, esta.
Ángel insomne, amante, mío.
Un ángel vive entre mis brazos, habita en besos, duerme en palabras.
Me llama hijo.

Una madre y su espera.

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Allá donde el tiempo se detuvo y la esperanza aguarda,
Ella se mira al espejo,
Se examina el rostro y los detalles.
No usa maquillajes para ocultar sus años.
Los muestra orgullosa, complacida, son las medallas que le regalo la vida, sus trofeos.
Cada arruga fue una experiencia, una ganancia, una victoria de su fuerza y su constancia.
Recuerda días de llantos y de angustias, de beberse una a una lagrimas y penas,
De esconderlas donde nadie las miraba, siempre fue avara en su tristeza, fue lo único que nunca compartió,
Se basto para vencerlas, sostenida en ella misma, en su sonrisa, que nunca hubo llanto que borrara.

Amanece, el sol, reflejado en el espejo la embellece, siente que vuelve a ser joven, fuerte, vital.
Recuerda días de alegrías, de risas desbordadas, compartidas,
Fue generosa en la dicha, en la sonrisa, las compartió con todos, regalándolas esplendida y sonriente. Las sigue compartiendo día a día.
Revisa unos papeles, los relee, los estruja emocionada junto a su pecho.
Guarda como tesoros los escritos de su hijo, son la mejor medicina a sus achaques, el mejor maquillaje de sonrisas.

Mira el almanaque, los días que faltan ya son pocos,
Se mira de nuevo en el espejo y el milagro de la espera le da fuerza, brios, resta años, ausencias, lejanías.
Suena el teléfono, no se preocupa, sabe que no es día ni hora de llamadas que espera. Deja que otros respondan esta llamada, recuerda los últimos “te quieros”, cada timbre es una caricia en la memoria.

Se mira en el espejo, en el pasado, adivina el futuro y se sonríe.
Vienen a verla familiares y vecinos, le preguntan su secreto, su misterio, su bastarse para vencer la vida sonriendo y susurrando palabras dulces que acarician.
Se mira en los ojos que la admiran, descubre su misterio, estalla a voces su secreto.
– Saben, siempre lo espero, sé que vuelve, debo vivir para cada regreso, mientras él vuelva, debo esperarlo, ¡Sin importar el tiempo ni los años!
Es mi sitio, mi razón, mi gran tarea,
Tener mi abrazo listo, oportuno y necesario, pintando de arco iris nuestro encuentro, estrenando alegrías y sonrisas.

Nuestros hermanos de la otra orilla.

Cubanos, bandera, hermanos, fotografia tomada de Google.
Siempre me han molestado las referencias en tono despectivo a los cubanos de la otra orilla. Como si de pronto emigrar nos hiciera mejores seres humanos y no poder emigrar o decidir quedarse en Cuba, convirtiera a nuestros hermanos en seres de 2da o 5ta categoría. Todos somos cubanos, a un lado y otro de este mar de olas e ideas que intentan separarnos, sin lograrlo. Ser buenos o malos seres humanos, no depende del lugar donde vivamos. Descarados, vives bien, aprovechadores, “chusmas”, oportunistas y hasta delincuentes, pueden existir en cualquier lugar, a un lado y otro de este mar profundo y azul.

Todos sabemos las condiciones en que viven nuestros hermanos de la Isla. De nuestra Isla, que será siempre nuestra aunque algunos renieguen de ella y otros pretendan arrebatárnosla y negárnosla, como si emigrar nos hiciera menos cubanos o cubanos a medias. Muchas veces el trabajo en la fábrica, la escuela o el hospital, no aporta lo necesario para subsistir y muchos tienen que “inventar” de una forma u otra, ‘lucharla” en buen cubano. Unos, tienen la suerte de tener familiares en el Extranjero, FE, como dicen algunos allá que los ayuda a capear el temporal y resolver necesidades. Otros montan negocios y se convierten en “ricos” de nuevo tipo. Cada cual escapa a la racionalización y a la crisis, como puede, unos mas y otros menos. Subsistiendo y adaptándose a situaciones que parecen sacadas de una mala y triste novela.

Mediocres y oportunistas hay donde quiera, en cualquier lugar del mundo, no son exclusividad nuestra. Los hay entre los que viven en la Isla y entre los que emigramos. La gente es mejor o peor, por los sentimientos, por la forma que olvida o recuerda sus raíces, su familia, por la forma en que tiende la mano, abierta y franca o cerrada y agresiva, como un puño. Cruzar el estrecho de la Florida, no convirtió a nadie en mejor persona, lamentablemente. Del lado de acá, nos sobran estafadores del Medicare, gente que miente y vive de ayuda del gobierno, bisneros, traficantes y hasta algunos dispuestos a vender su alma al diablo por un minuto de fama o un puñado de centavos. Por suerte, esas personas no tipifican al exilio cubano, donde hay una mayoría trabajadora, dispuesta a ganarse con su sudor y esfuerzo el pan de cada día y un mejor futuro.

No me fui de Cuba para ayudar a mi familia, me fui en busca de libertad, ayudarlos es una obligación, un placer, un hacernos mejores seres humanos. Nunca le dije a mi madre en el breve beso de despedida; me voy para poder mandarte lo que necesites. Ella sabìa que me iba porque lo necesitaba, porque desde el Mariel con una carrera profesional truncada y una vida inventada, ese era mi sueño necesario y recurrente. Una vez conversando con mami, me dijo, no quiero morirme y saber que te dejo aquí. Ella que me ama con toda la fuerza e intensidad que una madre es capaz de amar, me apoyaba y unía sus deseos a los míos, aunque el precio que tuviéramos que pagar fuera vernos solo 15 días al año. Tengo una familia que jamás me ha pedido lujos, ni excesos, una familia a quienes no envío lo que me sobra, pero tampoco me someto a sacrificios extremos para enviarles dinero, ropa o medicina, ellos, no me lo permitirían.

Quejarse de que los familiares en Cuba viven una vida de “lujos” a costa de los que están aquí, es en buen cubano, “comprar cabeza y cogerle miedo a los ojos”. ¿Quien habitúo a esos familiares en Cuba a una vida cómoda, sin trabajar? ¿Quien se apretó el cinturón para mandarles mas de lo necesario y de lo posible? Esos familiares del lado de acá, son los responsables del “monstruo” que crearon del otro lado, no tienen ahora el derecho de criticarlos, si de cortarles la excesiva remesa y tratar de reeducarlos. Conversando con algunos que se que sus ingresos son mas bajos que los míos, me sorprendo por las sumas elevadas que envían a su familia y que hasta a mi, me harían pensar que viven una vida de opulencia y derroche; esos excesos, crearon esos supuestos “monstruos”. Estoy y estaré siempre a favor de las remesas familiares, no podría comer o dormir tranquilo, sabiendo que mi madre, mi hermana o mi sobrino-hijo, se acostaron sin comer o viven dificultades que yo podría resolvérselas. Es algo elemental y humano, como inhumano y cruel y absurdo es ayudar a alguien hoy y mañana echárselo en cara y pretender que sea capaz de cambiar el status de un país, que la mayoría de los que nos fuimos, no tuvimos bolas para cambiar. Ayudarlos, no nos da derecho a darles ordenes, son hermanos, no esclavos asalariados, como siempre, los extremos terminan tocándose, coincidiendo.

Cubanos, somos todos, emigrar no nos hizo mejores, pero tampoco nos resto cubanìa, amor a nuestra tierra. Que en Cuba hay gente que quiere vivir sin trabajar y vivir bien, lo sabemos todos, también los hay del lado de acá. Debemos ser cuidadosos a la hora de expresar opiniones públicamente, lanzar insultos entre hermanos, mostrarnos como una familia mal llevada, puede dar una imagen equivocada a amigos y enemigos.

Me conmueve el agradecimiento de nuestra gente de la otra orilla, hasta por un paquete de café Bustelo o unos zapatos baratos para que la niña pueda ir a la escuela. Los que siguen mi blog saben el caso de Martha, la muchacha cubana con cáncer que yo, no conocía y que un amigo me contó su historia. Recogí dinero entre amigos y se lo lleve, sus lagrimas de agradecimiento, no las olvidaré nunca. No tengo dudas, los cubanos de un lado y del otro, somos agradecidos y no olvidamos nunca al que nos dio una mano. También tenemos una memoria del carajo y no olvidamos a quien nos da un puñetazo o nos tira una pedrá.

Nuestros hermanos de la otra orilla, son, por encima de todo, nuestra sangre, a ellos mi abrazo, sincero y fuerte, apoyado en los brazos y hombros de mis hermanos de acá. Cuba es una sola, dispersa por el mundo, las penas, la nostalgia y el dolor. Cuba, enfrenta el presente, segura de alzarse un día con la gloria de esa ¡Patria con todos y para el bien de todos!

Fotografia tomada de Google.

El hombre que olvido su patria.

Ola tomado de Yo extraño a Cuba y tu.
Nació en un barrio habanero, uno de los tantos que aunque parecidos entre si, son todos diferentes. Asistió a una escuela primaria cercana a su casa. Los niños se burlaban de él, por el color azul intenso de sus ojos, sus labios rojos, de un rojo parecido a la sangre y su piel extremadamente blanca; muchos le decían el tricolor.

Carlos, al crecer, siguió siendo blanco de burlas, no solo por el color de sus ojos, labios y piel. Su amaneramiento, su afición al ballet y a vestir extremadamente a la moda, no encajaban en el entorno que le rodeaban.

Cuando estaba en el 2do año de la carrera, un día lo citaron a una reunión.
– Pensamos, dijo muy serio el que presidía la asamblea, que tu conducta y maneras no encajan dentro de un colectivo como el nuestro, es mas creemos que eres un mal ejemplo.

Carlos, quiso hablar, pero no lo dejaron, su suerte había sido decidida antes de efectuarse la asamblea. Fue expulsado de la Universidad. Sus sueños de ser medico, se esfumaron. Con mucho sacrificio logro graduarse de enfermero años mas tarde, algo es algo, pensó Carlos, al menos del lobo, un pelo.

Carlitos, era un tipo fatal, justo al mes de estar trabajando en el principal hospital de la ciudad, un domingo en la tarde, decidió ir al teatro. Bailaba su bailarina favorita el rol principal del Lago de los cisnes. Nunca pudo ver la función, cerca del teatro lo paro la policía, lo montaron en un camión. Junto a él, otros más que esa tarde no verían fouettes y vaquitas, solo maltratos, fotos y expedientes de peligrosidad.

Lo expulsaron del hospital al saber de su detención y procesamiento por peligrosidad. Meses después comenzó a trabajar en el policlínico del barrio, gracias a una amiga de su mamá que lo ayudo. El día antes de empezar a trabajar su mamá le dijo.
– Mi hijo no te vistas muy extravagante para trabajar, a mi, no me importa, pero Elena me lo pidió como condición para resolverte este trabajo, por favor.
– ¡Ay mamá este país de mierda que me tocó! Con un mundo tan grande y tener que venir a nacer justamente aquí.
– No es el país mi hijo, son los que lo gobiernan, el país no tiene culpa de nada.
– Es el país mamá, cuanto diera por ser francés, español, americano, hasta haitiano, cualquier cosa menos cubano.

Su mamá lo miro a los ojos sorprendida.
– Mi hijo ya no tienes los ojos azules, tus ojos son incoloros.

Carlos, se miro al espejo asustado, sus ojos, antes de un azul intenso, eran ahora incoloros. Como si algún poder superior hubiera borrado el color de su mirada. Decidió usar lentes oscuros, para que nadie notara sus ojos sin color.

Un día, la ciudad despertó con gritos; ¡que se vayan, que se vaya la escoria! Carlitos, no entendía muy bien lo que estaba pasando. Una amiga le contó que había cientos de botes en el Mariel y en algunos lugares, la gente como ellos, hacia cola para irse.

Irme, salir de este país de mierda, olvidarme que un día nací aquí, eso es lo que debí haber hecho hace mucho tiempo. Mi lugar no esta aquí, cualquier lugar es bueno para mi, menos este rincón horrible donde me toco nacer, pensaba Carlos, mientras hacia la cola para apuntarse entre los que se iban. Le toco su turno, le hicieron pasaporte, todo.

– Mañana a las 5 de la mañana aquí, van directo para el Mariel, hay un barco grande y tenemos que llenarlo con gente como ustedes, dijo el oficial que dirigía al grupo.

Llego muy contento a su casa, no podía llevarse nada para el viaje, solo quería despedirse de su mamá, no sabia cuando la volvería a ver, ella siempre lo había apoyado y comprendido.
– Mamá, mamá, mañana me voy, al fin seré un hombre libre.
– Tu eres un hombre libre mi hijo, incomprendido, maltratado por las circunstancias, pero eres libre. Ser libre es una condición que nadie puede arrebatarte. ¿Que quieres decir con eso de que serás un hombre libre?
– Me voy mamá, me voy del país mañana, me largo de esta mierda. Cuando logre sacarte a ti de aquí, me olvidare hasta de su nombre.
– No hables así, esta es tu patria, un hombre sin patria, no es nada, es como el polvo, se lo lleva el viento. Has pasado malos ratos aquí, pero no por culpa de tu patria, no la culpes a ella, mi hijo.

Cuando Carlos fue a darle el beso de despedida a su madre, ella se sorprendió.
– Mi hijo, tus labios no tienen color, así no puedes irte, se pensaran allá, que estas enfermo.
Fue al cuarto y regreso con un creyón de labios.
– Toma, píntate esos labios sin color y esconde el creyón, que no se den cuenta que lo llevas, lo vas a necesitar.

Esa noche, Carlos no durmió, fue de los primeros en subirse al camión que los llevaría hasta el puerto del Mariel. Cuando estaban en el barco camaronero alguien dijo.
– Aguántense bien, somos muchos, por suerte la travesía será corta, tenemos buen tiempo.

Cuando el barco zarpo, muchos miraron a la costa que se alejaba. Todos querían irse, comenzar una nueva vida, pero les dolía dejar a sus familias, a su tierra. La patria, es algo más que un montón de tierra y recuerdos. Solo Carlos, estaba de espaldas a la costa, no le interesaba mirar por última vez a la isla perderse en el horizonte, miraba hacia adelante, a la nueva vida. Se sorprendió cuando un desconocido le dijo.
– Compadre, ¡que color de piel mas rara tienes!
– Soy muy blanco, pero tampoco es para tanto.
– ¿Muy blanco? Yo diría que eres color cenizo o verdoso, ni se, es un color muy raro.

Carlos se miro las manos, el desconocido tenía razón, su piel no era blanca como antes. Sin saber como, sin poder explicarlo, Carlitos, había dejado de ser el tricolor. No mas azul, ni rojo, ni blanco haciéndolo sobresalir, se sintió extraño, raro. Pensó, buenos esos tres colores nunca me ayudaron, al contrario, en mi nueva vida me ira mejor sin ellos.

Después de pasar un tiempo viviendo en el lugar donde los internaron, una prima segunda de su mamá, fue a buscarlo. Al finalizar los tramites de rigor, se subieron al auto, su parienta hablaba sin parar.
– Tu mamá y yo siempre nos llevamos muy bien, hace días supe que estabas aquí, tuve que esperar hoy que es mi día libre en el trabajo para poder ir a buscarte. Estarás conmigo unos días, hasta que encuentres trabajo y te independices. Todos pasamos por esto, la llegada es siempre dura, uno extraña la familia, el barrio, las calles, hasta las palmas nos hacen falta.
– Yo solo extraño a mamá, solo la recuerdo a ella, nada más.
Su parienta lo miro sorprendida y dejo de hablar, el resto del viaje lo hicieron en silencio.

Como siempre se hace en estos casos, lo llevó a comprarse ropa.
– Vamos a comprar una ropa bien seria, mañana tienes una entrevista de empleo en un hospital y debes causar una buena impresión. Entraron a una tienda enorme. Su parienta fue quien selecciono la ropa.
– Pruébate estas, son las apropiadas para una entrevista de empleo, debes causar buena impresión si quieres que te den ese trabajo.
Se probó las ropas, no le gustaba esa camisa de mangas largas y esos colores tan serios, mucho menos la corbata que se le antojaba ridícula. No dijo nada, entro al probador, salio con las ropas en la mano.
– Si me quedan bien, dijo Carlos, con desgano.

Por fin llego el momento de la entrevista de empleo. Carlos, llego bien vestido y tratando de aparentar una seriedad y aplomo que no tenia, pero su parienta le había repetido un montón de veces; tienes que causar buena impresión. Le entregaron una planilla.
– Llene la planilla y espere a que lo llamemos.

Carlos, se sentó y comenzó a llenar los espacios en blanco. Lo llamaron, entrego su planilla o aplicación, como decía el hombre que lo atendió en la recepción.
El hombre que lo recibió en su despacho, sin levantar la vista del papel, le dijo.
– Falta poner su lugar de nacimiento, dejo en blanco ese espacio.
Carlos se quedo pensativo y respondió.
No se, olvidado.

El hombre levanto la vista del papel, se sorprendió, frente a él no estaba el hombre que buscaba empleo en el hospital, había solo un montón de polvo, un gran montón de polvo gris frente a su buró. Intentó apretar un botón para llamar a seguridad, antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió empujada por un viento fuerte que disperso el polvo por la ciudad, rumbo al sur.

Fotografia tomada de, Yo extraño a Cuba! y tu?

Lagrimas y alegrìas.

Reconozco que cuando estoy indignado, cuando me domina la ira, puedo ser un tanque de guerra, casi como una aplanadora. Claro nunca como esa dinosaurica y ridícula que a veces sale por la calle 8, para espanto de la libertad de expresión y el progreso, pero aplanadora al fin. Cuando alguien o algo me provoca, puedo competir con gladiadores y centauros. Tal vez por eso muchos se sorprenden cuando me ven llorar, soy capaz de ganar una batalla a sangre y fuego y luego llorar de emoción por una manifestación de amor, con una foto, con solo un gesto. No soy un llorón, pero lloro fácil de emoción, de felicidad, si algo me conmueve.

El lunes pasado, fue abundante en lágrimas, de nervios, de alegría, de felicidad. Tengo un amigo que hace 10 años no ve a su mamá, 10 largos años, se dicen fácil, pero asustan, créanme. Dejaron de verse cuando él tenía solo 16, hoy ya es un hombre, todo un hombre que vela por su mamá y sus hermanos, que no lo olvida, a pesar del tiempo y la distancia. Ellos son su fuerza, su motor impulsor, su energía. Yo, que el mayor tiempo que estuve sin ver a mami fueron menos de 2 años, que ese tiempo me pareció enorme, insoportable, me sorprendo de la fuerza de mi amigo, de cómo pudo aguantar todo este tiempo. Esos dos años, me parecieron eternos, sentía a mi madre, mi hermana y mi sobrino, como si fueran voces inaccesibles, voces que nunca mas volverían a tener cuerpo y peso exacto. Aún hoy, más de 10 años después, recuerdo todos los detalles, los días anteriores, los diálogos, el día del reencuentro.

Le he contado a mi amigo, un montón de veces, todos los detalles del reencuentro con mi madre. Como ambos, estábamos nerviosos, impacientes, con miedo que la emoción nos jugara alguna trampa, hiciera de las suyas. Al llegar a mi casa, allá en Playa, en la Habana, nunca sabré que sucedió; al abrir la reja del jardín, me pareció que nunca me había ido, que regresaba de la escuela o el trabajo. A mami, le pasó igual, fue un milagro mas, como un acuerdo entre Dios y mi ciudad, para que nada nos pasara, nada de presión por las nubes y corazones desbocados.

Mi amigo, se imagina el reencuentro con su madre, sueña con él, le da color a sus sueños y los adorna. Anoche, vino a tomarse un café y multiplicar su alegría juntos. No olvidare sus lágrimas de felicidad, su voz entrecortada; te imaginas Jose, ¡Voy a ver a mi mami, a abrazarla! Le he dicho muchas veces que lo admiro, es mas fuerte que yo, lo se. Ignoro de que puede estar hecho un niño, que decide emprender solo una nueva vida, lo logra, triunfa, se inventa la alegría, se hace hombre, sin olvidar sus raíces, llorando cada día por su madre ausente, inventándosela para poder seguir viviendo. Si, es muy fuerte, tiene una Fe enorme en Dios y en el amor. El, también puede ser un tanque de guerra y llorar de emoción a la vez, así somos muchos, una mezcla rara fundida a golpes de la vida y sueños por hacer.

Emigrar, dejar a nuestras madres detrás, seguir amándolas, enfrentarnos a la vida y vencer, nos hermana a todos. No importa donde nacimos, ni el acento, ni la supuesta cultura diferente, al final, terminamos siendo hermanos, compartiendo sueños y luchando juntos. Guerreamos y lloramos juntos en gesto supremo de hermandad.