Anoche soñé con La Habana.

Anoche soñé con La Habana, contigo y mis recuerdos, soñar no cuesta, dicen, pero abriga almas y madrugadas frias; las hace menos duras.

Los sueños son refugio y almacén de las almas. Entre sueños llegaste para alegrar suspiros. Una ciudad puede ser necesaria y oportuna, reclamarme insistente; sabe que aún no puedo, no es tiempo de reencuentros. Debo fortalecer mi Alma, acostumbrarme a ausencias, no desbordarme en llantos; aprender a andar de nuevo, sin su voz sin sus manos.

La ciudad en mis sueños me dio aliento y dio fuerzas, acaricio mi frente, susurró a mis oídos; te esperaré por siempre, no importa cuanto tardes, estaré siempre lista. Sabes, si no vienes, yo vendré en las noches, a sentarme a tu lado, me traeré girasoles, sinsontes y unas olas, te sentaré en mi muro y hablaré del futuro. Cuando no me baste para darte ese aliento; ella vendrá conmigo, la traeré entre mis vientos, en un Rayo de sol, en alas de sinsontes, pero vendrá, lo prometo.

Juntos los 3, desataré recuerdos, volverás a ser niño, estarás en sus brazos; todo estará bien mi niño, susurrara a tu oído; mientras andas mi calles, mis lunas, mi futuro.

Seremos muy felices, los 3, robandole minutos a noche solitarias, inventadonos historias, cocinando el futuro. Viviremos en sueños reiterados , reiremos de nuevo estrenando sonrisas; los recuerdos no duelen, apuntalan presentes, anunciando futuros.

Desperté sonriendo, en mis manos el calor de sus manos, en mi cuarto el olor de sus olas; aquí en mi corazón, la certeza infinita que andaremos muy juntos, esa calles de nuevo.

Fotografía tomada de Google o tal vez de la página de un amigo en Facebook.

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No, en Miami no está lo peor del exilio cubano.

Miami alberga, orgullosamente, cubanos que a su empuje y tesón, fuerza y amor la han hecho crecer; es, sin dudas, una prueba de lo mucho que los cubanos podemos lograr cuando volamos libres y sin trabas.

Es infeliz y hasta risible, si no fuera tan lamentable, que oscuros personajes pretendan afirmar que aquí está lo peor del exilio cubano. Compartimos espacio y tiempo en esta ciudad, donde nos inventamos una patria, multitud de cubanos. Aquí, como allá, hay personas diferentes, desde universitarios con títulos y doctorados, empresarios exitosos, artistas que rehacen carreras, gente luchadora y trabajadora que se deja el Alma día a día, en aras de mejorar y ayudar a su familia y amigos del otro lado del mar, mucha gente que hace realidad sueños e intentos. También, aquí, como allá, tenemos vagos, gente que aprendió a vivir del invento y se niega a integrarse a una vida laboral digna, extremistas, recalcitrantes, tipos que no quieren cambiar, de mente cerrada que abundan a ambos lados de este mar que guarda intentos y muertes.

Tenemos tipos que no nos representan, capaces de subirse a aplanadoras e intentar aplastar cambios y futuros, allá tal vez no tengan aplanadoras, pero si muchos que, como él, se resisten a cambios.También tenemos y muchos, un pueblo que no vaciló en ayudar a sus hermanos de la otra orilla, cuando un tornado destruyó parte de nuestra Habana. No sé si ese personaje sabe que la gente de acá compró en tiendas ropas y comidas para enviar, que muchos viajaron solo para repartir ropas, comidas y dinero que con sacrificio y amor envió esta ciudad, así somos y seremos siempre; solidarios y unidos en la desgracia.

No señor, lo peor no está en esta ciudad que hicimos nuestra, somos diversos, como la vida y los sueños. Los cubanos, a fin de cuentas, somos siempre los mismos, donde quiera que estemos y como cubanos nunca olvidamos ofensas, nunca nos quedamos dados y siempre apuntamos alto, soñando con esa patria prometida,”con todos y para el bien de todos”

Fotografía tomada de Google.

Todos somos La Habana.

Hoy todos somos La Habana, aunque sólo a nosotros nos duela e importe.

La Habana, amanecio golpeada, herida. A años de abandono y desidia del Gobierno, se suma la furia de un tornado que destruyó todo a su paso. El tornado de anoche dejo más dolor en los hogares que todos los huracanes de los últimos años. Tomó desprevenidos a vecinos y amigos, que espantados vieron sus propiedades destruidas. Muchos tiene familiares afectados, más de 170 heridos, también hay muertos, el hospital materno infantil, Hijas de Galicia tuvo que ser evacuado.

La Habana se estremece de dolor, las oraciones no bastan para ayudarla, las consignas aburren y los discursos no interesan a nadie ya. Actuar, dar una mano a nuestros hermanos, gritar con el pecho lleno de orgullo y amor, ¡Yo soy La Habana! Se impone en este momento de dolor.

Todos sabemos de escaseces y miserias, de la ciudad donde lo perdido, se vuelve irrecuperable. De guardar todo y no botar nada para cuando haga falta; se imaginan el dolor y espanto de amanecer sin nada, de perderlo todo.

Hagamos el intento de que la historia no nos condene por indiferentes y desmemoriados que no quede por nosotros. Unámonos en la intención y acción de ayudar a nuestros hermanos. Que allá donde se estan comiendo un cable, sepan que no están solos, que cuentan con nosotros.

En estos días he leído críticas y burlas, por parte de cubanos exiliados, al pueblo cubano, comparándolo con el de Venezuela, pidiendoles que hagan lo que ellos no tuvieron bolas de hacer, cuando vivían allá . Burlándose, como si de pronto olvidaran represiones y realidades. Quisiera verlos, con la misma fuerza dando una mano a nuestros hermanos, demostrando en el gesto y la acción que seguimos siendo cubanos donde quiera que estemos.

Si el gobierno de Cuba impide nuestra ayuda, sobre ellos quedará el negarla, no sobre nosotros ofrecerla.

Hoy cumple años Martí, el más grande pensador cubano de todos los tiempos, el que abogó y soñó con esa ” patria, con todos y para el bien de todos”. El mejor homenaje que podemos brindarle es la unidad, ofrecer nuestra ayuda, demostrar que el dolor de ellos es nuestro. Que los que nos fuimos, llevamos en el alma un puñao de tierra colorá donde germina y crece cada día el amor por nuestra patria; amor que sabe distinguir entre patria y gobierno y tiende una mano al hermano en desgracia.

A mi me duele La Habana, estoy seguro que a muchos también.

Confesiones y sueños.

Es hora de confesar errores, amores que no fueron, que negué, de decirles todo lo bueno que pude ser un día y lo malo también, que no me inhiba el miedo que no me falten las letras en el intento. Es noche de balances, de hacer las paces con el pasado, conmigo mismo. Lo que hicé, lo que debo, lo que prometo hacer. De abrirme el pecho y repetir de nuevo; yo vengo a ofrecer mi corazón.

Pude ser mejor, eso lo saben, pero a veces el miedo, inexperiencia, la soberbia, nos llevan a cometer errores, a actuar mal. Si hice daño, fue sin querer, nunca mi intención, propósito, ni fín. El mal siempre me ha dido ajeno, distante.

Tuve miedo al amor, al sufrimiento, a entregarme del todo. Hay amores que nos cambian para siempre, nos dejan un sabor a penas y armaguras que arrastramos por vidas y caminos. Que me perdonen los no, a quien negué un beso o una noche, a quienes aparté , sin detenerme a explicar por qués, sin dar razones. Los mismos que en recientes noches de dolor y penas, eché de menos; buscando desesperado el hombro necesario.

Hoy me pasan recibo soledades y angustias, hoy sigo sólo y ando caminos en desafío. Cargo a mi espalda promesas, algunos sueños, un ramillete de te quieros que no dije.

Debo cumplir promesas antes que acabe el tiempo. Debo publicar un libro; su libro prometido que, de un modo u otro, estrechará en sus brazos. Un libro pequeñito, que baste a sus deseos, que me devuelva ganas, que borre frustraciones. Un libro puede ser necesario, un homenaje; algo que apuntalar con mis recuerdos.

Debo encontrar con quien compartir penas y alegrías, un amor que me devuelva luces, que me ilumine siempre, que me tratorne planes y rutinas. Que convierta el otoño en primavera con olor a eternidades y no me olvides. Un amor así me pidió antes de irse; se que la hará mas luz, mas fuerte aún.

Le debo esas promesas, esas ganas suyas de verme feliz, acompañado, de saldar deudas, de avivar futuros, de no dejar morir nunca los sueños.

No he sido un tipo malo, ni villano o bandido. Sólo un hombre que se inventó una vida, que construyó razones, que siempre dio una mano, que no hizo trampas.

Si me abren el pecho en mi autopsia final, allí donde debían estar corazón y vísceras, allí en medio del pecho, la encontrarán a ella. Su recuerdo inmenso llenando cavidades, un poco de tierra colorá que me robé en los caminos de mi Isla, una ola inmensa, unos versos de amor que nunca dije, un beso sin estrenar, que se hizo flor.

Soy un tipo sencillo, sin pretensiones, que no cambia un arcoiris por diamantes, que sigue persiguiendo los sueños como un loco. Un hombre que se niega a darse por vencido, mientras se bebe, dia a dia, el café de la esperanza.

He sido feliz, porque ser feliz esta en las pequeñas cosas de la vida. Nunca fuí mas feliz que cuando me estrechó en sus brazos; a veces somos inmensamente felices y lo ignoramos. Esas pequeñas cosas que se convierten en enormes al pasar el tiempo y la experiencia .

Ese soy yo, decidido a no cambiarme, a ser fiel a recuerdos, a mis intentos. Un tipo raro que se siente a gusto con él mismo, que escribe historias y que se inventa sueños. Que no niega su origen, ni derrotas, pero que sabe armarse cada día, que no teme al futuro; aquí lo espero.

Fotografía tomada de Google.

No señor, no; no somos mal nacidos.

No, no soy un mal nacido. Yo y muchos como yo, amamos entrañablemente a Cuba, nuestra patria. No importan los años lejos, que aprendamos idiomas y adquiramos otras ciudadanias; somos y seremos siempre cubanos. Porque ser cubano es sentir que el pecho se ensancha al escuchar nuestro himno, es querer lo mejor para Cuba. Ser cubano es lágrimas de emoción al pisar nuestra tierra, es tener sinsontes, colibries, palmeras y girasoles a flor de piel, es un derecho azul como nuestro cielo y rojo como la sangre derramada por los patriotas. En Cuba están nuestros primeros sueños, el primer beso de amor, nuestro primer dolor y esos recuerdos que nos conforman, no se dan, ni se quitan por decreto.

Nacimos y muy bien nacidos , por cierto, en Cuba, nos parimos a la vida cuando decidimos emprender nuevos rumbos y emigramos. Llevamos siempre en el pecho nuestra bandera tricolor y en el alma un puñado de tierra colorá; nuestro derecho a ser cubanos, no es negociable.

Siempre que alguien confunde Patria con partido o ideología , recuerdo las palabras del arzobispo Pedro Meurice Estiú en la histórica misa en Santiago de Cuba, “Le presento, además, a un número creciente de cubanos que han confundido la patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido las últimas décadas y la cultura con una ideología”. Nadie tiene el derecho, nadie puede secuestrar la patria y condenar al fuego eterno a quien esté en desacuerdo. La patria es de todos, hasta de ustedes que pretenden ser sus dueños.

El hecho de estar en desacuerdo con un presidente,un partido o una ideología , no es razón para llamar mal nacido a nadie. En Estados Unidos tenemos a un presidente que muchos criticamos, entre ellos yo, eso no me hace perder mi condición de ciudadano americano, al contrario, la reafirma. Ejerzo mi derecho a la libre expresión, algo que respaldan leyes y constitución, me pueden criticar, hasta llamar comemierda, en un acto supremo de Trumpismo, pero todos saben que Trump no es el país, no es la nación; criticarlo o apoyarlo no me hace más, ni menos ciudadano americano, así de sencillo.

Basta de exclusiones, divisiones, de lanzar rayos exterminadores a los que discrepan, a los que se resisten y se enfrentan al absurdo. Cuba es y será nuestra, aunque le duela a alguno. La patria no puede secuestrarse, nos pertenece a todos. Nosotros, los siempre bien nacidos en Cuba, somos hijos de nuestra Isla, lo seremos siempre. No hay decreto, consigna o tweet que pueda arrebatarnosla. Nacimos cubanos y lo somos, con el orgullo inmenso de llevar en la frente, “la estrella que ilumina y mata”.

Fotografía tomada de Google.

Un regalo para mamá

Los que nos fuimos de Cuba, dejando atrás afectos y lazos fuertes e irrompibles, siempre sentimos la necesidad de ayudarlos. Cuando allá en La Habana de todos, quedó nuestra madre, ayudar se convierte en urgencia.

Hace años escribí, “Flat screens TVs en La Habana “. Comenté sobre la ayuda a nuestras familias y les conté a mis amigos que, finalmente, mami disfrutaba de su televisor último modelo. Recuerdo sus palabras cuando la llamé después de recibirlo; vas a tener que devolverlo, no puedo ver mis programas favoritos, cada vez que lo enciendo veo tu rostro.

Los años han pasado, mami ya pronto cumplirá sus 90. El tiempo es implacable, terrible; sólo el amor puede enfrentársele e intentar vencerlo. Entre aquella tarde que hablaba con mi madre sobre su televisor nuevo y hoy, hay lágrimas y penas en abundancia, hay angustias y desvelos. Como le decía a una amiga muy querida hace unos días; no hay día que al pensar en ella no llore. El tiempo cruel se empeña en arrebatarmela y yo lo desafío sin mas armas que el amor, besos y palabras de cariño; guerreando contra la distancia y el olvido, como un gladiador de nuevo tipo.

Mientras muchos celebraban el 25 de noviembre del pasado año, mi madre sufría una caida. Pasé días terribles esperando por mi pasaporte para ir a verla, finalmente pude darle el primer beso del nuevo año y pedir, junto a ella, por nuevos amaneceres y encuentros.

La semana pasada, en conjunción de amistades y afectos pude enviarle a mami mi mas reciente y necesario regalo; un colchón de gel anti escaras.

Una amiga de Facebook, a quien había saludado por vez primera en el pasado concierto de Lourdes Libertad me envió un mensaje; tengo un colchón de gel antiescaras nuevo, en su caja, dime si lo quieres para tu mamá. El domingo siguiente pasé a recogerlo con un amigo. Mi amiga me abrió las puertas de su casa, de su corazón y de sus tesores mejor guardados. Pasamos una tarde deliciosa, conversando como viejos amigos. Llegué a mi casa y le envié un mensaje a una amiga que trabaja en una agencia de viajes y envíos a Cuba, pidiendole ayuda para enviarle el colchón de gel a mami. El lunes me respondió; una amiga va para Cuba el miercoles, sólo tendrás que pagarle lo que le cobren a ella aquí, ni un centavo mas, ella te lo lleva de gratis. El miércoles en la noche, mami dormía en su colchón de gel antiescaras, cómoda y tranquila y todos nosotros más felices.

Cuando hablé con mami, me decía que le gustaba el colchón y como siempre, entre besos, me reprochaba gastos y me agradecía desvelos. Sé que si la terrible desmemoria le diera una tregua me hubiera dicho; que bien dormí mi hijito, te sentí abrazándome todo el tiempo, aliviandome dolores, alentandome, es como dormir abrazada a ti. Ella y yo nos comunicamos a nuestro modo burlandonos de olvidos y desmemorias, adivinandonos pensamientos , inventadonos nuevos modos.

Porque amigos, sé que de un modo u otro el amor hace milagros y dibuja sonrisas, enjuga llantos. Amo a Cuba y a mi madre que es como mi ancla a mi Isla y a lo mejor de mi. Allá, al sur de mis memorias, sus brazos me esperan, vencedores de olvidos, triunfadores del amor, siempre me esperan. Yo preparo próximos encuentros, me alienta el amor, me sostienen mis amigos que hacen suya mi angustia y alivian mis penas. Son muchos los que de un modo u otro me ayudan y sostienen, ellos están a mi lado, hoy y siempre, secan mis lagrimas y comparten mi carga.

Cuando mami duerme en su colchón de gel nuevo, siente mi abrazo y el de todos mis amigos. Un abrazo inmenso que la obliga a postergar despedidas, que la encadenan a la vida.

Una tarde con El caballero de París  y Olga la tamalera.

Betty nacio en Miami, sus abuelos se fueron de Cuba, cuando los colores empezaron a cambiar de verde olivo a rojo.

Sus padres se conocieron cuando estudiaban juntos. Betty es una de las muchas cubanas que nació en otras tierras, en esta larga y sufrida historia de cubanos por el mundo. Sus abuelos decidieron contarle de Cuba, sembrarle en el alma el amor por esa tierra con olor a palmas y cañaverales.  

Un día su papá le dijo a su abuelo.

-Viejo, esta bien que le hables de Cuba a la niña , de nuestra tierra, que la enseñes  a sentir el orgullo de ser cubana,  pero a veces creo que exageras. Le cuentas historias que ni yo conozco.  Estoy seguro que hay gente que vive en La Habana que ni saben quien era el caballero de París u Olga la tamalera.

-Son historias bonitas que la enseñan  a conocer mejor su tierra,  es como si La Habana viniera a contarle historias cada noche. Déjanos a nosotros que nos entendemos muy bien y uno nunca sabe lo que pueda suceder, es mejor que esté preparada para cualquier encuentro en el futuro; yo sé lo que hago..

Asi creció Betty oyendo historias fabulosas, parte realidad y parte fantasía que su abuelo agregaba a su antojo.

Pasaron los años, Betty se casó,  tuvo hijos, su abuelo murió,  pero en su mente siempre daban vueltas las historias del abuelo. Algunos de esos famosos personajes habaneros le eran tan familiares que hasta soñaba con ellos y le parecía conocerlos;  ellos y Betty, eran como viejos amigos..

Una tarde su amigo Pepe la invito a casa de unos pintores cubanos muy conocidos.

-Vamos Betty, sé  que la vas a pasar bien y te sorprenderán algunas de las figuras y pinturas que hacen,  son muy buenos.

-Está bien iré contigo, será  una tarde de arte y de cubania, la pasaré bien. Llevaré una foto de mi abuelo,  a él le hubiera encantado acompañarme. 

Llegaron  a la casa, entraron. Betty estaba extasiada mirando las pinturas de La fiesta del Guatao, de solares habaneros, de viejas chismosas y despojos. Todo le parecía conocido y lo disfrutaba intensamente de la mano de los recuerdos de su abuelito. Pasaron por un cuarto donde había algunas figuras, se paró en la puerta. Sintio como si la foto de su abuelo en el bolsillo de la blusa la empujara a ese cuarto, entró.  Allí la esperaban, El caballero de Paris y Olga la tamalera. La habitación se iluminó con luces rojas, azules y blancas, al influjo de ellas las figuras cobraron vida, de entre las luces apareció su abuelo sonriendo.

-Me llevó años prepararte para este momento, sientate, no temas; es el pasado que viene a saludarte, a no dejarse olvidar.

Fueron minutos mágicos,  escuchó historias de abolengos y nobles, probó un tamal delicioso y besó  a su amado abuelo. Alguien la llamó,  las figuras volvieron a ser inmóviles,  su abuelo desapareció y las luces de colores se apagaron. Cuando Pepe entró  al cuarto se sorprendió al ver el rostro iluminado y feliz de Berty.

-¿Qué pasó?  Tienes algo raro en la cara.

-Soy feliz Pepe, muy feliz, gracias por regalarme la tarde mas maravillosa de mi vida.

Al despedirse, Betty le.dijo a los pintores.

– Si alguna vez se deciden a vender al Caballero de París  y Olga la tamalera, no dejen de avisarme, pagaré  lo que sea.

Betty se fue recordando las palabras de su abuelo al desaparecer entre las luces de colores; eres cubana Betty, tan cubana como las palmas y Cuba siempre vendrá por ti, no lo olvides.

Fotografías de las obras de Felix Gonzales Sanchez, El caballero de París  y Olga la tamalera.