Una tarde con El caballero de París  y Olga la tamalera.

Betty nacio en Miami, sus abuelos se fueron de Cuba, cuando los colores empezaron a cambiar de verde olivo a rojo.

Sus padres se conocieron cuando estudiaban juntos. Betty es una de las muchas cubanas que nació en otras tierras, en esta larga y sufrida historia de cubanos por el mundo. Sus abuelos decidieron contarle de Cuba, sembrarle en el alma el amor por esa tierra con olor a palmas y cañaverales.  

Un día su papá le dijo a su abuelo.

-Viejo, esta bien que le hables de Cuba a la niña , de nuestra tierra, que la enseñes  a sentir el orgullo de ser cubana,  pero a veces creo que exageras. Le cuentas historias que ni yo conozco.  Estoy seguro que hay gente que vive en La Habana que ni saben quien era el caballero de París u Olga la tamalera.

-Son historias bonitas que la enseñan  a conocer mejor su tierra,  es como si La Habana viniera a contarle historias cada noche. Déjanos a nosotros que nos entendemos muy bien y uno nunca sabe lo que pueda suceder, es mejor que esté preparada para cualquier encuentro en el futuro; yo sé lo que hago..

Asi creció Betty oyendo historias fabulosas, parte realidad y parte fantasía que su abuelo agregaba a su antojo.

Pasaron los años, Betty se casó,  tuvo hijos, su abuelo murió,  pero en su mente siempre daban vueltas las historias del abuelo. Algunos de esos famosos personajes habaneros le eran tan familiares que hasta soñaba con ellos y le parecía conocerlos;  ellos y Betty, eran como viejos amigos..

Una tarde su amigo Pepe la invito a casa de unos pintores cubanos muy conocidos.

-Vamos Betty, sé  que la vas a pasar bien y te sorprenderán algunas de las figuras y pinturas que hacen,  son muy buenos.

-Está bien iré contigo, será  una tarde de arte y de cubania, la pasaré bien. Llevaré una foto de mi abuelo,  a él le hubiera encantado acompañarme. 

Llegaron  a la casa, entraron. Betty estaba extasiada mirando las pinturas de La fiesta del Guatao, de solares habaneros, de viejas chismosas y despojos. Todo le parecía conocido y lo disfrutaba intensamente de la mano de los recuerdos de su abuelito. Pasaron por un cuarto donde había algunas figuras, se paró en la puerta. Sintio como si la foto de su abuelo en el bolsillo de la blusa la empujara a ese cuarto, entró.  Allí la esperaban, El caballero de Paris y Olga la tamalera. La habitación se iluminó con luces rojas, azules y blancas, al influjo de ellas las figuras cobraron vida, de entre las luces apareció su abuelo sonriendo.

-Me llevó años prepararte para este momento, sientate, no temas; es el pasado que viene a saludarte, a no dejarse olvidar.

Fueron minutos mágicos,  escuchó historias de abolengos y nobles, probó un tamal delicioso y besó  a su amado abuelo. Alguien la llamó,  las figuras volvieron a ser inmóviles,  su abuelo desapareció y las luces de colores se apagaron. Cuando Pepe entró  al cuarto se sorprendió al ver el rostro iluminado y feliz de Berty.

-¿Qué pasó?  Tienes algo raro en la cara.

-Soy feliz Pepe, muy feliz, gracias por regalarme la tarde mas maravillosa de mi vida.

Al despedirse, Betty le.dijo a los pintores.

– Si alguna vez se deciden a vender al Caballero de París  y Olga la tamalera, no dejen de avisarme, pagaré  lo que sea.

Betty se fue recordando las palabras de su abuelo al desaparecer entre las luces de colores; eres cubana Betty, tan cubana como las palmas y Cuba siempre vendrá por ti, no lo olvides.

Fotografías de las obras de Felix Gonzales Sanchez, El caballero de París  y Olga la tamalera.

Cuba, el milagro de la tierra.

Cuando Tita habló con su joyero para que le hiciera una isla de Cuba, con piedras preciosas, para colgar de su cadena, nunca imaginó que la usaría solo un par de horas.

Tita llegó  a Miami a principio de los 60s. Se afincó  a esta tierra que hizo suya, pero sin dejar de amar nunca su Cuba.  Educó a sus hijos, los preparó para la vida,  les trasmitio su amor por Cuba; ustedes son cubano-americanos, no olviden nunca que son ante todo, ¡Cubanos!.

Ayudó  a criar a sus nietos, los cuidaba como leona amantisima. Sus nietos eran productos de esa mezcla de nacionalidades que es Miami. Ellos a pesar de mezclas y de no haber estado nunca en Cuba, decian con orgullo que eran cubanos.

El día que Tita recogió en la joyería su Islita de Cuba, fue directo a casa de su hijo a enseñársela. Cuando llegó  a casa de su hijo, su nieto menor se enamoró de la islita dorada con destellos rojos y azules que colgaba del cuello de su abuela.

-Tita, Tita,  yo la quiero, yo quiero llevar esa islita siempre conmigo.

Todos miraron a Tita, esa era su obra, ella era quien habia mantenido vivo en la familia el amor por Cuba. Juanito siempre decia que era cubano, se burlaba de actas de nacimiento y de mezclas.  Amaba a Cuba como si hubiera nacido al sur, entre palmas y cañaverales, correteando por esas calles habaneras. Tita no pudo resistirse y colgo, feliz y orgullosa, del cuello de Juanito, su cadena con la isla de Cuba. Juanito sonreía feliz, como si tener a esa Islita colgando de su cuello, fuera a cambiar su vida definitivamente. 

Esa noche Juanito fue a dormir temprano, cuando amanecio sus ojos brillaban y su sonrisa tenia algo nuevo, un destello de felicidad que la iluminaba. 

A los meses, Tita decidio llevar a sus nietos a conocer a Cuba. Le escribio a Pancho, su amigo de la infancia que vivia en una finca en las afueras de La Habana. Le contó  de sus nietos y de su amor por Cuba, queria pasar con ellos una semana en esa finca donde ella y Pancho pasaron su niñez.  Vengan cuando quieran, los estaré  esperando,  fue la respuesta de Pancho.

Tita llegó con sus nietos,  se bajó  del auto y corrió  a los brazos de Pancho. 

-Mi hermano, que ganas tenía  de verte y de volver a ver a esta tierra. 

Se inclinó y beso la tierra, la acarició suave e intensamente, como quien rinde cuenta de ausencias y lejanías. 

Pancho les dijo a todos.

-Vamos a comer algo y despues los acompaño  a ver la finca.

Juanito sonrio enigmáticamente. 

– Si, tengo ganas de volver a ver el pozo y tomar de su agua fresca, tambien quiero volver a correr por el camino rodeado de palmas y comerme un mango de la mata enorme que esta al lado del cañaveral.

Tita miro a Pancho y a Juanito, no podia creer lo que escuchaba.

-Pero niño,  si tu nunca has estado aqui, como sabes del pozo y el camino con palmas y de la mata de mangos. ¿Que broma es esta?

-¿Recuerdas cuando me regalaste esta cadena con la Islita de Cuba? Esa noche al dormirme, tuve un sueño que fue real. Estuve aqui, caminé toda esta finca, tomé agua del pozo y me comí  un mango riquísimo.  Cuando me desperté,  tenia tierra colorá  en los zapatos y sabor a mango en la boca. No dije nada porque no iban a creerme.

Tita y Pancho se miraron, Pancho dijo.

-Es la tierra Margarita, el milagro de la tierra que reclama lo suyo y va a buscarlo donde quiera que esté . Esta es Cuba, tierra de milagros y sacrificios. 

Todos se abrazaron,  Tita lloraba de felicidad mientras caminaban por el camino de palmas, como quien anda hacia al futuro.

Carta de un niño cubano al futuro.

carta de un niño cubano al futuro
No sé cuando leerás esta carta, si será dentro de 10, 20, 30 o mas años. Solo sé, que será en el futuro cuando yo sea un hombre o tal vez el abuelo de alguien como tú o como yo. Cuando la leas serás un niño como yo, tendrás sueños, ilusiones. Nacerás en Cuba, una isla preciosa, un país maravilloso, ámala siempre, porque la patria, termina siendo siempre lo más importante.

Te deseo un montón de cosas buenas, que seas feliz, muy feliz, que la suerte del amor siempre te acompañe y te ayude a conquistar el futuro. Quiero que puedas gritar, a cualquier edad, lo que sientas, en cada esquina de la ciudad y de la isla, sin temor a que te regañen, te repriman o te encierren. Quiero que seas un hombre libre en toda la dimensión exacta de la palabra.

Te deseo que los sueños que otros niños no hemos podido cumplir, tú los realices. Esa esperanza nos ayuda a vivir el presente, a reparar los sueños rotos.

Sé que cuando nazcas, tus padres estarán felices, muy felices. Vivirán en una Cuba diferente, mejor; tengo fe en el futuro. No sé si en tu infancia, los niños cubanos volverán a esperar, a creer en los reyes magos y a esperarlos cada 6 de enero. Si los reyes magos decidirán volver a visitarnos y a traernos regalos, sueños y esperanzas. Quiero que no pases las angustias de un juguete básico, no básico o dirigido. Quiero que disfrutes la alegría plena de un día de reyes por venir. Que tu mamá no sufra porque le toco comprar el 2do día y el juguete que te gustaba se lo llevaron el primer día. Tampoco quiero que te pares frente a una vidriera repleta de juguetes caros y suspires entre lágrimas, sabiendo que tus padres no podrán comprártelos, ese no es el futuro que te deseo.

No quiero que seas un niño rico, porque a veces, tener mucho, termina dañando el alma y corrompiendo los sentimientos, pero no quiero que tengas carencias. Que nunca te falte lo necesario, lo imprescindible, para que los sueños no te duelan. No deseo que la preocupación de cada día de tu mamá sea; ¿Qué le daré de comer hoy a mi hijo? ¿Qué pondré en la mesa? Quiero que su preocupación mayor sea tu futuro, que vas a ser cuando crezcas, formarte como un hombre pleno.

Quiero que puedas tomarte cada mañana, mediodía, tarde o noche, un buen vaso de leche. Tal vez no entiendas este deseo, pero llevamos años con vasos de leche prometidos que tardan en llegar y los niños, se han hecho hombres y viejos, esperándolos. También quiero que cada día tengas un vaso enorme lleno de esperanzas y sueños, alimentar el alma, es tan importante como alimentar al cuerpo.

Confío en que vas a ser un niño estudioso, que iras puntual a la escuela, que tu aula será hermosa y la amaras. Me imagino esa aula con un busto de Marti y una imagen de la Caridad del Cobre, convocando ambos a la unión de todos los cubanos. Quiero que estudies hasta lograr una carrera y ser un profesional exitoso, lamentablemente, ese no es mi sueño. En esta época dura y convulsa que me toco vivir, estudiar, no es la solución a los problemas. Mi tío Yazmani, se graduó de ingeniero y esta trabajando de camarero en una paladar. Su titulo no alcanza para poner todos los días un plato de comida en la mesa a sus hijos y tuvo que guardarlo y salir a luchar por la vida de su familia. Eso es duro, duele y mucho.

Yo, como muchos niños, he pensado muchas veces en irme, eso de vivir en la Yuma, un poco que nos gusta a muchos, pero siempre termino decidiendo quedarme. No quiero tener que echar raíces en otras tierras y me afinco a la mía con dientes y uñas.

Quiero que tengas una familia enorme, unida y feliz. Que la sala de la casa de tu abuelita, no tenga que extenderse a la fuerza y llegar hasta Madrid, Miami, Buenos Aires en el intento de que todos estemos juntos, aunque sea solo una tarde de domingo. Te deseo una abuelita como la mía, dulce, cariñosa, que sea tu abuela, madre, amiga y novia a la vez, pero que nunca tenga la tristeza en la mirada de mi abuela cuando en el almuerzo del domingo, pasa lista y nota ausencias en la mesa. Yo le pregunto, ¿Qué te pasa abue? Siempre me dice; nada, una basurita que me cayó en el ojo. Yo la beso mucho, un beso por cada hijo y nieto ausente, por cada afecto lejano. Es duro esto de tener una familia dispersa por el mundo, no quiero que esto te suceda a ti, ni a ningún niño cubano del futuro.

Tal vez te sorprendas por mi forma de escribir, sabes tengo un tío escritor que vive en Miami. Ha publicado varios libros, todos me los ha regalado y yo los he leído un montón de veces. Cada vez que escribe un cuento, lo imprime y me lo envía con alguien, paso horas leyéndolos. Si alguna vez él lee esta carta, seguro que me da un cocotazo, sonríe y me dice; sigue robándome las palabras, esa carta parece que la escribí yo. Aunque te parezca raro, mi tío de Miami, es quien me enseño a amar a Cuba. En cada llamada por teléfono, en cada carta, en cada conversación cara a cara, siempre me habla de Cuba y de su amor por esta islita. La patria es un montón de cosas, me dice siempre, es tu madre, tu abuela, sus lágrimas y sus caricias, es tu primera partidura de cabeza, el beso de tu mamá en tu frente cuando tienes fiebre alta, la primera noviecita, la primera alegría y la primera lagrima. Así aprendí a amar a Cuba, gracias a él; un cubano de Miami.

Quiero que cuando seas un niño como yo, el futuro no sea escapar, quiero que sea quedarse, afincarse a esta tierra, resolver sus problemas y hacerla mejor. Que ningún cubano tenga que irse a buscar fuera de su patria, libertades, ni pan. Que nuestra isla abrace fuerte a sus hijos y todos unidos luchen por un futuro mejor.

Sabes, no sé si decirte primo o hermano, todos mis amiguitos son como mis primos. Todos los niños cubanos, somos como una gran familia, sin importar colores, ni lugares de nacimiento. No sé a que jugaran los niños en el futuro, que juguetes raros y desconocidos por mi, usaran para sus juegos. No quiero que olvides jugar al pom, a los cogìos, a lanzarte en una chivichana por una calle o a jugar a las bolas con tus amiguitos, esos juegos te ayudaran a ser cubano y a hacer amigos, a tomar el sol y el aire, a vivir, no dejes que desaparezcan.

Nunca des motivos para que tu mamá, tu abuelita o tus tías, lloren por ti. Las lagrimas de los seres queridos, terminan pesando como plomo en el alma.

Quiero que si un día te enfermas, tu mamá pueda llevarte al mejor hospital de la ciudad. Que nadie le pregunte de parte de quien viene, ni tenga que invocar nombres de “personajes” para que te atiendan, tampoco quiero que le pregunten si tiene dinero para pagar. Sabes, curarse cuando uno esta enfermo es un derecho y no un negocio y quiero que siempre tengas ese derecho.

Quiero que decidas tu vida, que nadie la decida por ti. Es duro eso de que te prohíban un montón de cosas y que lo que no te prohíban, te lo impongan. Un niño, un hombre, tiene el derecho de elegir caminos. Espero que siempre elijas el mejor.

No sé en que año perdido del futuro leerás esta carta. La escribo confiado, sentado en el contén del tiempo. Con la certeza que llegara a ti y la harás tuya.

Quiero que cuando veas una balsa, pienses en olas, alegrías, sol y días de familia y risas. Que una balsa no te sobrecoja, no te recuerde huidas, muertes, estampidas, ni familias rotas. Quiero que nuestra historia cambie para bien de todos. Como dice mi tío en sus cuentos, quiero esa “patria con todos y para el bien de todos”. El me explicó lo que quiso decir Martì con esa frase.

Te deseo que un día le lleves un ramo gigante de girasoles a Cachita, allá en el Cobre. Que cuando estés frente a ella le digas mirándole a los ojos; Cachita, aquí estoy, aquí estamos todos, no falta nadie, estamos todos juntos, al fin.

Un abrazo grande, de aquí a la luna, muy fuerte. Te quiero primo.

Un niño cubano de estos tiempos.

Fotografia cortesia de Yohandry Leyva, fotógrafo cubano residente en Cuba.

Cuba en nuestras almas, ¿Huella, cicatriz o herida?

Identidad-Arian-García-

Sergio, con sus 80 años a cuestas, parquea su auto, se baja, camina hacia la cafetería. Tomarse todas las tardes su café cubano en esa esquina, es todo un ritual. Guayabera impecable, la bandera cubana, pequeñita, reluciente, imprescindible, prendida en el bolsillo de la izquierda. El olor del café, las muchachas que lo preparan, las fotos de Cuba en las paredes, lo transportan a esa Habana de los 50s, donde transcurrió su juventud, donde quedaron sus sueños, sus recuerdos y sus ansias. Se acerca al mostrador, pide su café. Junto a él, Yohandry, un joven cubano de 29 años saborea su café mientras mira con deseo el cuerpo de Yeni, la muchacha que esta limpiando el mostrador. Se voltea, ve a Sergio, nota la bandera cubana en su guayabera blanca y sonríe.

– Cubano, ¿verdad? ¿Qué tiempo llevas en Miami?
– Si, cubano. Llevo aquí toda una vida, desde finales del 59. Aquí me casé, vì nacer a mi hijo, aquí he vivido y soñado con mi patria.
– ¡Tanto tiempo! Ya ni debes acordarte de Cuba, eres más gringo que cubano.
– Cuba no se olvida. Cuba no es una banderita en el auto o en la guayabera; Cuba es una gran bandera, prendida en el alma, para siempre. Es como una cicatriz en el alma, una herida abierta o una huella imborrable.

Yohandry lo miro, sonrío, se abrió la camisa. Ahí sobre su pecho, justo en el lado izquierdo, una banderita cubana ondeaba al ritmo de los latidos de su corazón.

– Me quisieron joder los recuerdos y el alma. Cuando estaba a punto de graduarme de periodismo, escribí un ensayo crítico sobre la necesidad de la libertad de prensa en Cuba. Al día siguiente me notificaron que había sido expulsado de la Universidad. De aquel discurso largo del rector, solo recuerdo que la gente como yo, no era digna de ejercer la profesión de periodista. Quise hablar, argumentar, no me dejaron. Creí volverme loco, sentí que mi vida se derrumbaba. Cuando llevaba una semana tirado en la cama, sin ganas, ni fuerzas para nada, la vieja entró una tarde a mi cuarto, se sentó en mi cama. Mirándome a los ojos me dijo.
“Mira mi hijo, la vida es dura, es hermosa, pero dura. Uno, sin querer, sin proponérselo, a veces tiene que vivir muchas vidas. En cada una de ellas debe imponerse triunfar, no dejar que lo destruyan, que lo amarguen. No pierdas la sonrisa, ni las ganas mi hijo, no dejes de luchar. Que este golpe de ahora, deje en ti una huella, unas ganas enormes de hacer y de triunfar. Que no te quemen el resentimiento, ni el odio. No puedes estudiar periodismo en la Universidad de La Habana, pues lo estudias en otra. Tu padre ya puso tu reclamación, yo lo autorice, quiero que triunfes mi hijo, que seas feliz, aunque para lograrlo tengamos que estar un tiempo separados. Mañana mismo empiezas a estudiar ingles y cambia esa cara, la vida es siempre un mañana. Demuéstrales a esos que te condenaron que tú tienes razón, que la libertad de prensa existe y que tú la vas a practicar“.
Así estudie ingles mientras esperaba la salida. Ya llevo aquí 3 años, en un mes me gradúo de periodista y empezare a trabajar en un periódico local. He colaborado con varios periódicos importantes. Estoy viviendo otra vida diferente de la que pensé vivir, pero la disfruto. Este tatuaje me lo hice al año de estar aquí, no para que me recordara a Cuba, fue como un intento de visualizar la huella de Cuba en mi alma, si te fijas al lado de la banderita dice Luisa, es el nombre de mi madre.
– Cuba no se olvida, es como la madre mayor, esta siempre ahí, en nosotros, una huella tremenda, una cicatriz que duele.

Mientras hablaban, Tony llego a la cafetería, pidió su café y una empanada de pollo. Alcanzo a escuchar el final de la conversación.

– Perdonen que me meta, pero me gusto esa frase de que Cuba era como la madre mayor. Yo también soy cubano. Vine cuando el Mariel, no vine, me mandaron. Vivía con mi abuelita, ella me crío y yo cuidaba entonces de ella, estaba ya viejita. Una noche que fui a Coppelia a ver a unos amigos, la policía nos agarro y nos mandaron para el Mariel, por escorias. Mi abuelita murió con mis cartas y una foto mía entre sus manos, yo hubiera dado todo lo que tengo, la peluquería, mi casa, los autos, el apartamento en la playa, ¡Todo! Por estar con ella en ese instante, pero no me dejaban entrar a Cuba. Ahora me dejan, pero soy yo quien no quiero ir. Cuba es como una herida que no se cierra del todo, que se queda a mitad de camino entre ser cicatriz o huella. Amo a Cuba, solo yo sé cuanto.

Enseño su cadena, de la que colgaba una banderita cubana montada en oro, la beso.
– Era de mi abuelita, una vecina me la trajo cuando mi abuela murió. Para mi Cuba y mi abuela son lo mismo, por eso lloro por las dos. Mis lagrimas mantienen húmeda la huella de Cuba y alivian la herida que tengo en el alma por ella.

Manolo, llevaba tiempo escuchándolos. Tomaba su café y movía la cabeza en gestos de negación. De pronto se volteo y les dijo.
– ¿Cuba? ¿Qué es Cuba? Yo prefiero olvidarla, sacarla de mi cabeza. Mi patria es la casa que tengo en Kendal, mi auto, esta es mi patria, desde hace 20 años. Mi madre esta allá, no quiere venir, le he dicho que yo no pienso ir, ni por un día y que no mandare un centavo porque después se lo embolsilla el gobierno, así de clarito.

Sergio se le encaro indignado, el rostro rojo y las manos agitándose en el aire.

– Yo vine mucho antes que tú, no tengo casa propia, ¿Sabes por que? Porque siempre estuve dispuesto a regresar, a hacer libre mi patria, siempre me sentí como ave de paso. La única herencia que le dejo a mi hijo, es su carrera. Me pase la vida dando dinero para la libertad de Cuba y ayudando a todos los que llegaban. Para hablar de la patria hay que tener la boca y el alma muy limpias. La patria no es el lugar donde uno se llena la barriga o vive bien, la patria son tus raíces, tu vida, tu futuro, es la primera vez de un montón de cosas y eso no se olvida nunca, aunque recordar, a veces duela. Tú eres un aprovechado, uno de esos que si hubiera podido vivir bien en Cuba, le importaría un carajo lo que pasara allá. Yo me fui de Cuba, para salvar mi vida, no para llenarme la panza y vivir bien como tú.

Yeni, interrumpió su labor, el trapo en su mano dejo de limpiar el mostrador y casi choca con la cara de Manolo.

– Cálmese Sergito que le va a dar algo. Manolo da pena oírte hablar. Así que tu vieja pasando mas trabajo que un forro e’ catre en Cuba y tú dándotelas de van van aquí. Ponte pa’ tu numero, que cuando la vieja se muera no quiero que vengas aquí llorando. A mi madre no le falta nada, que mucho trabajo que paso de chiquitita. Mi abuelo era preso político, de los plantaos. Mi abuela le llevaba la jaba cada vez que había visita y mucha hambre que pasamos y mucha miseria que había en mi casa. Cuando mi abuelo salio, quiso venir pa’ Miami. Mi abuela le dijo, vete si quieres, aquí terminamos, yo no voy a dejar a mi viejita. Mi abuelito se le abrazo llorando, le dijo que no la abandonaría nunca. ¿Te imaginas la vida de mi madre? No, eso es mucho pa’ ti. Cada vez que cobro, separo su dinerito y se lo mando, cuando tenga la residencia, voy a verla. Ahora es ella quien no quiere dejar a mi abuelita sola y yo lo veo bien. Cuba es mi madre, es mi abuelita, es mi abuelo muerto, mi infancia y las lagrimas de una pila e’ gente que no voy a olvidar nunca. Manolo compadre, tú lo que eres es tremendo vive bien y tremendo comemierda.

Manolo paga, se va en su auto. No quiere seguir escuchando a esa gente. Desde el auto les grita.
– Si tanto les gusta Cuba, se hubieran quedado allá, partía e’ comemierdas.

Sergio hace un gesto bien cubano y alcanza a gritarle.
-¡Viva Cuba libre!

Yohandry mira a Yeni, sonríe, la acaricia con la mirada.

– Saben, el problema es que nosotros, los cubanos, somos del carajo y Cuba, Cuba es como la madre, algo muy nuestro, muy profundo. Por la madre somos capaces de todo.

Sergio lo mira orgulloso, le pone la mano en el hombro.

– Mi hijo es que la patria, no es un gobierno, ni un partido, no podemos cargarla con culpas ajenas. Yo he sufrido a Cuba y por Cuba, durante muchos años. Allá deje mi juventud, mi primer amor. Me traje a mi madre, a mis amigos, a mi hermano, pero los recuerdos se quedaron. Sabes, no quiero morirme sin reencontrarme con ellos y rendirles cuenta, sin volver a andar por mi Habana, aunque sea solo por un día. No soy un viejo amargado, doy gracias por mi vida, por la mujer que conocí aquí y que hace 40 años me acompaña y que junto a mí, aprendió a amar a Cuba, tanto como yo. Cuba puede ser como una huella enorme, imborrable, puede ser una cicatriz o una herida abierta, pero uno tiene que imponerse vivir y luchar por esa Cuba, no olvidarla. Recordarla con amor, sin resentimiento, con una sonrisa, ella nos espera. Solo amándola podremos un día convertirla en esa “patria con todos y para el bien de todos”.

Sergio, Yohandry, Yeni y Tony, se fundieron en un abrazo. Cuatro cubanos diferentes, muy unidos en el amor por Cuba, como cuatro banderas al viento o cuatro palmas esperando el mañana.

Fotografia de la obra Identidad de Arìan Garcìa.

Una carta necesaria e impostergable.

Hasta luego Santa
Sé qué hace años, muchos, no reciben cartas de niños cubanos. No piensen que ellos los han olvidado, a pesar de decretos, imposiciones, juguetes dirigidos, básicos y no básicos, ustedes siguen viviendo en el corazón de todos ellos. Sus padres, sus abuelos, no han dejado que muera en ellos la ilusión del día de reyes. Muchos son hoy, hombres y mujeres y aún esperan por ese día de Reyes prometido y cada 6 de enero despiertan con la esperanza renovada de ese regalo ansiado y pospuesto, una y otra vez.

Queridos Reyes Magos, nosotros, niños, hombres, mujeres y ancianos de esta islita que aunque dispersa por el mundo, se niega a perderse en el mapa y en el tiempo, no queremos perder la esperanza, ni los sueños. Nos aburren decretos y consignas, nos agobian racionalizaciones absurdas e injustas, manipulaciones de un lado y otro de este mar profundo y azul. Hemos aprendido que si queremos un mejor futuro, debemos construirlo con nuestras manos, amasarlo con nuestro sudor y nuestra sangre; los sueños son una conquista, no un maná que se espera abúlico y meciéndose en el sillón del tiempo.

Podríamos pedirles un montón de regalos, pero no tenemos ese derecho, ni tampoco la voluntad de agobiarlos. Hace años, un cubano que muchos llaman apóstol y maestro, nos habló de ese regalo mayor que debemos conquistar y no pedir. En el logro de ese regalo mayor, necesitamos las manos y la voluntad de todos los cubanos, ¡De todos! De ancianos y niños, de hombres y mujeres. Que desde todos los rincones donde habitamos, en este largo y doloroso emigrar y reinventarnos la patria en otras tierras, nos unamos en un abrazo y esfuerzo gigantesco. Que olvidemos diferencias y sumemos amor a nuestra tierra, es más lo que nos une que lo que nos separa. Los que nos fuimos, los que se quedaron, todos somos cubanos y amamos una bandera tricolor. Todos tenemos en el pecho un puñao de nuestra tierra, hagamos que en ella germine la esperanza. Cuba no pregunta donde vivimos, ni hace distinciones entre sus hijos, abre sus brazos y nos espera con su bata de vuelos azules, blancos y rojos, luciendo en su frente la estrella solitaria. No es hora de buscar protagonismos individuales, se impone el protagonismo mayor de la patria y a ella nos debemos.

Queridos Reyes magos, tráigannos la unión y la fuerza para lograr, entre todos, hacer realidad la promesa postergada, de esa “Patria con todos y para el bien de todos”.

Fotografia tomada de la pagina de Facebook de Marvin Jui-Pérez

Un cubanito que nació en Hialeah.

eduardo y su hijo
Armando salió un día de Cuba rumbo a Miami, atrás dejaba a su esposa y su hijo de un año. Como muchos, pensó que la separación seria breve, encontrar trabajo, mandar a buscarlos y una nueva vida para todos. La separación duro dos largos años, para Armando, dos siglos. Sus amigos le decían.
-Búscate una mujer acá y olvídate de Luisa, haz una nueva vida, le mandas un dinero al niño y ya. La vida es corta y esto es muy duro para un hombre solo.
-¿Otra mujer? ¿Olvidarme de mi esposa, renunciar a volver a reunirnos? Ni loco, soy hombre de palabra y le dije que los sacaría de Cuba y lo hare, volveremos a reunirnos.
En esos años trabajo día y noche, reunió el dinero y logró traerse a su familia. El día del encuentro, Armando estaba feliz por muchas razones. Había logrado su sueño, asegurar el futuro de su hijo, darle una nueva vida, ser fiel a su palabra y fiel a su esposa. Dos años de soledad total que al saciarse, iluminaron la noche de Miami con luces rojas y arcoíris de deseos.

Armando siguió trabajando duro, solo que ahora al llegar a casa lo esperaban su hijo y su esposa y los días se le hacían más cortos y el trabajo menos duro. Gracias a su esfuerzo, logro abrir un pequeño restaurante que poco a poco se fue haciendo popular y exitoso.

El y su hijo, más que padre e hijo, eran dos amigos, dos hombres sin secretos entre ellos. Una relación sólida, construida a base de amor y dedicación. Trabajaban juntos, hombro con hombro.

Un buen día, después de más de 20 años de unión, su esposa decidió separarse. Fue un duro golpe para Armando, uno más que le daba la vida, uno más que no podría derribarlo. Hay hombres que los golpes, solo logran hacerlos más fuertes, Armando es uno de ellos.

Pasaron un par de años y Armando conoció a Yeniley, una muchacha muy linda, amiga de Elenita, la novia de su hijo. La diferencia de edad, no fue barrera para el amor. Armando acepto ese amor como un regalo de la vida a sus 40s. Una mañana Yeniley le dijo.
-Papi voy a acompañar a Elena al médico, cree que está embarazada. Lleva días con náuseas y malestar.
-¡Coñoooo! Abuelo, que bien, ya era hora que Armandito me diera un nieto. Eso me hará el hombre más feliz del mundo.
Armando se fue a trabajar y de ahí a hacer algunas gestiones para una ampliación que quería hacerle al negocio. Llego a su casa, allí lo esperaban Yeniley, Elenita y Armandito. Las dos mujeres miraron a Armandito, alentándolo a hablar, ellas no se atrevían.
-Viejo, no vas a ser abuelo, Elenita no está embarazada.
-Y yo que me veía ya comprando todo para mi nieto y cargándolo en mis brazos. Me ilusione con la idea de ser abuelo. Ustedes pónganse a trabajar y denme pronto un nieto, más les vale.
-Déjame terminar viejo, Elenita no está embarazada, la que está embarazada es Yeniley.
-¡Queeeeee, yo papá a estas alturas, cuando debía ser abuelo!
Yeniley lo miro con lágrimas en los ojos le dijo.
-si quieres me hago el aborto. Sé que no estaba en tus planes y no quiero que pienses que lo busque. No te niego que me gustaría tenerlo. No podría encontrar mejor padre para un hijo mío que tú.
-¿Aborto? Ni loca se te ocurra pensar en eso. Ese niño es un regalo de Dios y como tal será bienvenido.
Armandito abrazo a su papá.
-Sabía que esa seria tu reacción, se lo dije a Elena cuando veníamos para acá, te conozco muy bien. Ese niño será como un renacer en tu vida viejo. Cuando pensabas que ibas a ser abuelo, te llega un hijo. Estoy feliz con ese hermanito, tengo que apurarme en darle un sobrino para que puedan jugar juntos. ¿Te imaginas viejo?
-¡Que rollo de familia hemos armado! Estoy feliz, muy feliz. Es como empezar a vivir, este niño es una bendición. Lo criare como te crie a ti, solo que ahora tengo más experiencia y te tengo a ti para ayudarme.
Se unieron todos en un inmenso abrazo, dándole la bienvenida al nuevo miembro de la familia.

Orlandito nació, sano y fuerte. Armando lo miraba emocionado. Cuando la madre de Armando cargó al bebé, exclamo.
-Alabao si es igualitico a ti Armando. ¡Que bendición ser abuela otra vez! Toma mi hijo, cárgalo tú un ratico.
Armando lo tomó en sus brazos y lloró de la emoción. Un hijo que convertía el otoño en primavera, un soplo de aire fresco en su vida.

Los amigos fueron a visitarlo, a conocer al bebé. Se abrazaban, hacían bromas, le traían regalos.

– Otro cubano más que nace en Hialeah, le dijo un amigo al abrazarlo. Armando lo miro, sonrió y le dijo.
-Si mi hermano, cubano, no importa si nació en Hialeah, Paris o Madrid, son muchos los cubanos por el mundo que han nacido lejos de su tierra. Yo sabré sembrar en su corazón el amor por Cuba y el orgullo de ser cubano.

Una adicción incurable.

Adiccion, tomada de la pagina, Yo extraño a Cuba y tu.
El centro de rehabilitación de adictos, estaba situado en un lugar céntrico, era amplio, rodeado de jardines. Después de enviar su solicitud de admisión, aguardar meses por su turno y de hacer una larga línea en la que tuvo que esperar más de 5 horas, por fin Manolo, recibió la identificación que le permitía libre acceso al lugar. Era miembro del centro de rehabilitación más conocido y prestigioso. No estaba muy seguro de poder curarse o disminuir al menos su adicción, pero quería intentarlo, probar suerte. En el fondo, no estaba muy seguro de querer curarse de su adicción, la disfrutaba.

Llego el momento de la primera reunión. Todos se reunieron en un salón inmenso, varios micrófonos estaban disponibles, grandes bocinas garantizaban un buen sonido, que todos pudieran escuchar.
El que dirigía la reunión saludo a todos los presentes, fue breve en su introducción a la sesión
– Nos hemos reunido para tratar de ayudarnos en nuestra adicción. Sabemos que no será fácil, requerirá esfuerzo, sacrificios, fuerza de voluntad, pero lo intentaremos. Recuerden que el primer paso para curar una adición, es reconocerla. Tienen ustedes ahora la palabra, no tienen que decir su nombre, solo reconocer su adicción y hablar de la última vez que sucumbieron a ella.

Todos se miraron, tenían miedo a ser el primero en hablar. Manolo, no lo pensó dos veces, tomo el micrófono, se puso de pie, su voz inundo el gran salón.

Soy adicto a Cuba, la última vez que pensé en ella, fue hace un segundo, antes de comenzar a hablar. Esta siempre en mi mente, aquí en mi corazón, se toco el pecho, señalando el sitio exacto donde tenía a esa Isla.

De pronto muchos se pusieron de pie, se escucharon cientos, miles de; Yo soy adicto a Cuba, I am addicted to Cuba, Je suis accro à Cuba, 我沉迷于古巴, Ich bin süchtig nach Kuba. Negros, blancos, amarillos, rosados, todos se ponían de pie y repetían la frase que los había reunido y convocado esa tarde.

El que presidía la reunión, pidió calma, intento que esta primera reunión del grupo de adictos, tuviera algún resultado positivo. Cometió un error al planificar la reunión, pensó que irían muchos cubanos, de esos que andan regados por el mundo, que por una razón u otra tuvieron que emigrar, a pesar del amor por su Isla. No tuvo en cuenta que esa adicción, era contagiosa, viral, que esos cubanos por el mundo, la habían contagiado a muchos. La adicción a Cuba, era un asunto mas complejo y difícil de resolver de lo que imagino. Estos adictos, disfrutaban su condición, la reconocían con orgullo, no tenían la más minima intención de curarse.

Manolo, aprovecho la confusión y volvió a tomar el micrófono.
– El punto es que ninguno de nosotros quiere curarse de esta adicción, la disfrutamos. Estoy convencido que todos vinimos no buscando una cura, vinimos buscando una vía para convertir nuestra adicción, en unión. Estamos cansados de extrañar a Cuba, de suspirar por ella. Cuba, es una realidad, existe, esta ahí, al alcance de la mano y de los sueños.

Los aplausos interrumpieron a Manolo. Un mar de banderas cubanas, agitadas al viento de la esperanza, inundaron el local.
Alguien, desde una esquina del local, comenzó a cantar; ¡Al combate corred bayameses! Todos se sumaron, un torrente de voces, en diferentes idiomas y acentos cantaba el himno de los cubanos, en un acto supremo de adicción a esa isla pequeñita en el mapa, pero inmensa en el recuerdo y el amor.

Manolo, avanzo hasta la presidencia de la reunión, sin usar el micrófono, su voz se escucho en todo el recinto.
– Yo sabia que esto iba a terminar así, por eso vine preparado, tengo una amiga, tiene un montón de años, que cuando supo de esta reunión me pidió les trajera este termo enorme con su café recién colado. Les juro que no hay otro café como este. Con orden caballero pónganse en la cola que hay para todos. Después del café, seguiremos hablando.

Saboreando el café de la esperanza, preparado especialmente para esa reunión, intercambiaban abrazos y saludos. Terminaron unidos todos en un gigantesco abrazo colectivo.

Saboreando el último buchito de café, Manolo volvió a hablar.
– Creo que todos tenemos claros que nuestra adicción, debe transformarse en acción, en ganas. Hermanos, que el amor por nuestra islita, sea la fuerza que nos impulse a hacer y convertir la esperanza en realidad.

Fotografia tomada de, Yo extraño a Cuba! y tu?