¡Hasta siempre Pablito!

Pablito no se ha ido, su breve espacio se ha hecho inmenso, inmortal, habita en la gloria; junto a los grandes de nuestra música, comparte sitio y permanencia. Para vivir entre nosotros, más allá de la muerte, bastan sus canciones para anclarlo por siempre a recuerdos y acciones.

Pablito es símbolo de cubania, de amor por Cuba, esa Isla que amó entrañablemente y que entre olas y canciones lo hizo suyo. Tipo sencillo, siempre dispuesto a ayudar, a hacer sin pretensiones, a dar su mano y su arte; ese es su legado, su arte, sus canciones, su darse en cada gesto. Uno es como es y él es de los buenos.

Se fue con la paz y la certeza del que supo ponerse del mejor lado de la historia. No le alcanzan el odio, ni ofensas de algunos.

Sé que mis palabras me traerán algún que otro improperio, pero como tú dijiste: del presente que me importa la gente, si es que siempre van a hablar; al final llenas el espacio con tu luz y esa luz es lo que importa.

Unámonos en este hasta siempre a Pablito, no somos Dios, no nos equivoquemos otra vez.

Déjanos despedirte con tus versos en el fuerte futuro que nos aguarda y volver a repetirte que te queremos, porque y esto lo sabes, este pueblo te quiere y se aferra a tus canciones que es abrazarse a ti en cierto modo.

Esto no puede ser no más que una despedida, quisiera fuera un inmenso hasta siempre, eternamente Pablito.

Fotografía tomada de Google.

Viaje a La Habana, reencuentros y emociones.

Marta preparó su viaje cuidadosamente, 10 largos años sin visitar su país, su Cuba, sin abrazar a su hermano, familiares y amigos, sin andar esas calles que tanto amaba. No quería dejar nada a la casualidad, preparó todo minuciosamente, llevó hasta el material necesario para impartir sus clases online, en caso de un retraso del regreso o de un imprevisto, no quería poner en riesgo su trabajo; eso de que mujer precavida vale por dos, se cumplía con ella, a lo mejor hasta le cobraban dos pasajes al abordar el avion. Preparó su maleta, antes de acostarse fue al chat de sus amigos de años, su grupo del preuniversitario, estaré ausente unos días por mi viaje, les dijo. Algunos de ellos que aún vivían en Cuba le dijeron: Marta, vamos a preparar un reencuentro contigo, vamos a reunirnos, ya te diremos cómo y cuándo, cuando estés aquí, nosotros nos ocuparemos de todos, ya verás, le dijeron al despedirse.

Se durmió soñando con su viaje. Volver a andar las calles de La Habana la hacía feliz, ese reencuentro con recuerdos, familiares y amigos se le antojaba un viaje en el tiempo, era como mirar frente a frente a su otro yo, ese que decidió quedarse y se aferró con uñas y dientes a la tierra y a recuerdos

Ya en el avión dio rienda suelta a la imaginación, se soltó el pelo y los sueños, se acarició la frente y los recuerdos, Cuba de nuevo, allá me espera mi infancia, mi adolescencia, ¡mi vida entera! Allá estoy yo esperándome otra vez. Recostó su cabeza, cerró los ojos, la voz del capitán la hizo dejar sueños y fantasmas: ya estamos sobrevolando La Habana, en unos minutos aterrizaremos. Miró por la ventana, su corazón se desbocó como queriendo llegar antes que ella a su tierra, sintió, a pesar de años y ausencias, las mariposas en el estomago de sus primeros amores, como si su mejor amante la fuera a esperar al pie del avión. Quiso retocarse el maquillaje y se miró al espejo, le pareció haber rejuvenecido 10 años, debo estar medio mareada por el viaje, me veo diferente, se dijo.

Cuando pisó tierra cubana sintió que una extraña energía la poseía, una fuerza especial la animaba, corrió al encuentro de su hermano y se unieron en uno de esos abrazos que solo los que vivimos fuera de Cuba hemos sentido. Su hermano la miraba admirado: Marta que joven te veo, luces super bien, ella se rio, este hermano mío siempre exagerando, pensó.

Recorrió la ciudad con sus familiares y así de alegría en alegría, de sorpresa en sorpresa llegó el día del encuentro con sus amigos del pre. Cesar la recogió en su auto y llegaron al jardín donde la esperaban sus amigos, los reconoció uno a uno, fue mencionando sus nombres, los recordaba a todos, Andino, Liana, Nancy, Desiderio, Maria Elena, Humberto, Irmita. Cuando se dieron un abrazo grupal ocurrió el milagro; las canas desaparecieron junto con las libras de más y las barrigas, las pieles se volvieron tersas, las ropas se cambiaron y volvieron a vestir el uniforme del pre, aparecieron libros y libretas, por unos instantes volvieron a ser los adolescentes que soñaban ser profesionales un día, con un montón de sueños por antorcha. ¿Que pasó? Se preguntaron mirándose asombrados, Liana que no había participado en el abrazo, temblando de la emoción les mostró la foto que había tomado; allí estaban todos con sus uniformes del pre, sus sonrisas iluminando el futuro, con 17 o 18 años dispuestos a comerse el mundo. Miraron la foto asombrados, ante sus miradas la foto se iba desvaneciendo y el teléfono quedó en blanco. ¿Qué fue eso? Se preguntaron emocionados, no pudieron responder. Hay milagros que escapan a nuestra compresión que van más allá de cálculos y realidades, hay magias y regalos que sólo La Habana puede darnos; ese es su encanto. La tarde transcurrió entre recuerdos y video llamadas a amigos ausentes, muchos fueron partícipes de ese encuentro, más allá de distancias y años sin verse.

Llegó el día del regreso, el más difícil para todos los que vivimos fuera de Cuba y nos toca volver a hacer maletas y decir adiós. Marta fue el aeropuerto y al llegar al mostrador de la aerolínea le dijeron: su vuelo ha sido cancelado, la tripulación tiene covid y es imposible ponerlos en el próximo vuelo, estarán unos días más en Cuba, hasta que la aerolinea los pueda reubicar en otros vuelos. Se sintió en una pesadilla, era sábado y el martes debía reiniciar sus clases online, no podía fallarle a sus alumnos y se estaba jugando su futuro laboral. Recordó que había traído lo necesario para dar sus clases online y que su sobrino tenía Internet en su casa y eso la tranquilizó un poco.

Llegó a casa de su hermano, dejó la maleta en la sala y fue al cuarto, quería estar sola, estaba en shock. A los segundos de estar sola en el cuarto sintió un ruido como de olas rompiendo contra el muro de todos, girasoles florecian en el cuarto y sinsontes revoloteaban, estoy delirando, pensó. De pronto se apareció una hermosa mulata vistiendo una bata cubana azul, blanca y roja.

– Perdóname Marta, pero fueron muchos años sin tenerte, todos ustedes lejos, inventándose otras vidas, me son necesarios, son mis hijos. Te hice trampas, quise retenerte unos días mas, después te dejaré marchar, pero prométeme volver.

Marta quiso protestar, decirle que pudo haber perdido su trabajo. La mulata hizo un gesto y le dijo:

– Yo también tengo derecho a ser un poco egoísta. No sabes como me duelen estas ausencias y cuanta falta me hacen ustedes para armar sueños y futuros. No me reproches nada, mira estas fotos, sólo yo podía hacerte lucir tan bella. Todo saldrá bien, ya verás. Ahora me voy, cuéntale al Habanero de este encuentro, hará una de sus historias seguro.

Marta la miró y le dijo.

– Prometo volver.

Se marchó como vino, entre olas rompiendo contra el muro de todos y cantos de sinsontes, le regaló un girasol antes de irse.

– Guárdalo, como prueba que todo no fue un sueño.

Desapareció ante ella dejándola atónita y feliz, no podía creer lo sucedido, miró el girasol en su mano, se miró al espejo y le pareció que una luz iluminaba su rostro.

Al final con la ayuda de amigos, tal y como prometió La Habana, todo se resolvió y Marta regresó a Costa Rica, su segunda patria. El día del regreso su hermano y todos sus amigos fueron a despedirla, los abrazó a todos y antes de pasar al área reservada a los que viajaban les dijo a todos

– Volveré, es una promesa que debo cumplir.

Cuentan que todos se asombraron cuando varios sinsontes revolotearon entre los pasajeros y girasoles florecieron en el suelo del aeropuerto.

Fotografía tomada de la página de una amiga de Facebook.

Una Islita entre escombros

Pancho salio de Cuba en el 60, era parte de esos primeros cubanos que llegaron a Miami dispuestos a dejarse la piel trabajando, a darlo todo y comenzar una nueva vida. Logró salir con su mujer y su hijo pequeño, llegaron a un rincón del Miami de entonces y en un modestísimo apartamento y con 2 trabajos se aferró a sueños y ganas para salir adelante. No temía al trabajo, ni al futuro.

Los viernes pagaban en su trabajo, una noche de jueves mientras disfrutaba su café le dijo a su mujer:

– Mañana, por vez primera desde que salimos de Cuba, voy a comprar algo que no es comida, ni ropa, no es indispensable tal vez, pero que necesito tener, ver todos los días.

Juana no hizo preguntas, confiaba en él, sabía que era incapaz de hacer un gasto inútil.

El viernes, al salir del trabajo, Pancho pasó por una tienda, salió con una bolsa grande que llevaba con cuidado y orgullo. Llegó a su apartamentico y le dijo a su mujer:

– Mira Juana, nuestra islita, nuestra Cuba que nunca nadie podrá arrebatarnos, quiero que nos acompañe, como un talismán de la buena suerte, quiero que nuestro hijo crezca mirándola, sabiéndose cubano y orgulloso de serlo.

El tiempo pasó y el trabajo y esfuerzo dieron sus frutos, dio estudios y carrera a su hijo, compró algunas propiedades y vivía con comodidad. El día que su hijo se graduó invitó a sus amigos a cenar, uno de sus amigos le dijo:

– Debes estar feliz, tu hijo es prácticamente gringo y ahora médico.

Su hijo que escuchó la conversación le corrigió:

– No, no soy gringo, soy cubano, nací en esa islita que usted ve en ese cuadro y muy orgulloso de serlo, llegué a este país de 1 año, amo este país donde me he hecho hombre, pero aquí en mi corazón late Cuba con alientos a palmeras y brisas del mar, con aires de libertad; esa es mi patria.

Pancho lo abrazó orgulloso y feliz, como sólo puede ser feliz un hombre cuando su hijo sigue su ruta y aliento.

Pancho seguía las noticias sobre Cuba y hablaba con sus amigos, soñaba con ese regreso, volver a andar las calles habaneras, sentarse en el muro del malecón, recorrer los campos, sentir ese olor a Cuba que guardaba en el alma. Cuando estaba solo se acercaba al cuadro que había comprado hace años y acariciaba su islita, volveremos a vernos, le decía.

Un domingo a la hora del almuerzo su hijo le dijo:

– Papá, les compré un apartamento en la playa, frente al mar, sé que disfrutaras verlo todos los días y saber que del otro lado, en la otra orilla, Cuba te espera.

Se abrazaron emocionados, Pancho quedo mirando a su islita y hasta le pareció verla sonreír.

Cuando se mudaron al nuevo apartamento, compraron muebles nuevos, solo llevaron de su antiguo hogar, el cuadro de la islita de Cuba.

Pancho era feliz, tenía salud, aún estaba fuerte, ya se había retirado y vivía con comodidad, sus años de trabajar duro habían dado frutos. Pasaba horas pensando en su Cuba, imaginándola, trayendosela en el recuerdo y soltandola libre y radiante en sus sueños. Miraba el cuadro con su islita y lágrimas de emoción corrían por sus mejillas.

Su hijo quería que se mudaran con él, siempre le decía:

– Viejo vente conmigo, ese edificio donde viven ya esta viejo y no me siento tranquilo con ustedes viviendo ahí.

– Ay mi hijo, ese edificio va a durar más que yo, soy yo quien esta viejo, dejame allá frente al mar, cerca de mi tierra.

Un día los invito a comer, cuando terminaron la cena, después de la sobremesa les dijo:

– Quédense a dormir hoy, es tarde y mañana se van, estaré más tranquilo sabiéndolos aquí que manejando hasta la playa.

Pancho y Juana se quedaron a dormir, cuando se despertaron su hijo, casi llorando les dijo

– Miren las noticias.

Les puso el televisor, ahí estaba su edificio o lo que quedaba de él, la parte en que ellos vivían se había desplomado. Los viejos se abrazaron llorando, Pancho gritó

– ¡Cuba, Cuba, no puedo haberla perdido por segunda vez!

Juana y su hijo sabían a que se refería. A Pancho no le importaban las porcelanas que habían perdido o las joyas que estaban entre los escombros; su islita, la que guardaba hace años y acariciaba y hablaba con ella era lo que le preocupaba en ese instante.

Llegaron al lugar del derrumbe, a pesar de prohibiciones y medidas de seguridad, Pancho logró acercarse al lugar de derrumbe, allí, entre escombros, pero reluciente, como quien vence obstáculos y renace de cenizas, su islita brillaba al sol, intacta, como si la Caridad del Cobre la hubiera tomado en sus manos, protegiéndola. Pancho intentó recogerla, pero no lo dejaron acercarse más. Habló con un bombero al que logró convencer y emocionar, fue y arriesgando su vida le trajo su islita. Cuando Pancho estrechó junto a su pecho el cuadro, florecieron girasoles entre los escombros, volaron sinsontes entre los pedazos en pie del edificio y un rayo de sol con aires de libertad iluminó el cuadro con la islita de Cuba.

Fotografía tomada del profile de un amigo de Facebook.

Hablar en nombre del exilio cubano.

Tengamos claro que el exilio cubano es diverso, disímil, nos une o debe unir, el amor a Cuba y a la Libertad. No somos una masa homogénea, estamos conformados por diferentes grupos, desde el exilio histórico, a quién admiro y respeto, aunque no comparta todos sus puntos de vista, hasta el último balsero que llegó a nuestras costas o el último caminante que cruzó fronteras; en esa diversidad radica nuestra fuerza, ese conglomerado de opiniones y acciones nos conforma y alienta, así somos.

Aprendamos a expresarnos, alguien puede hablar en nombre de una parte del exilio, alguien puede decepcionar a una parte del exilio, mientras la otra parte, tal vez mayor, lo critica o apoya. Pretender que tenemos un solo criterio, es absurdo, entre nosotros hay quienes apoyan a Trump a ultranza y quienes lo detestan y se oponen a él y a todo lo que representa. Siento vergüenza cuando las aplanadoras, reales o virtuales, salen a la “calle” y pretenden imponer criterios en nombre del exilio cubano, no me representan, ni a mí, ni a muchos. No usen más el nombre del exilio cubano para expresar opiniones personales, hace años decidimos que el voto unido y el único partido, no son la solución a nuestros problemas.

Fotografía de un collage de 2 fotografías encontradas en Google.

Final y principio del milagro.

Siempre dispusé: cuando llegue el momento final, definitivo, lo que quede de mi, del material que un día fui, hecho cenizas, confundido entre olas y rocas de mi Isla, la bañara en saltos repetidos, que sería acuoso, luminoso, translúcido. Todo mi yo entre olas, saltando el muro inmenso, abrazando mi ciudad, casi inundandola.

Hoy repaso voluntades y finales y cambio designios y promesas.

Una mitad de mi, debe quedar en tierra, abonando palmeras y ceibas gigantescas, haciéndose verdor y tronco, ¡vida! Creciendo hacia la luz en el intento.

Sé que mis dos mitades hallarán el modo de reunirse, el mar vendrá a buscarme en huracan o torbellino incontrolable. Si el mar no viene a mi, yo iré hacie él, convertido en hojas de palmas y de ceibas, navegare por ríos hasta encontrarme, con mi mitad marina, acuosa y luminosa.

Una explosión anunciara que estoy de vuelta, correre a los brazos de mi madre, como niño travieso, esperanzado.

Andaremos ciudades y esperanzas. Aunque ustedes ignoren el milagro, creanme, no habrá finales, cuando un día perdido entre los tiempos, transmute dimensiones y materias.

Fotografía tomada de Google

Homenaje a la música, al talento y la constancia, ¡Bravo Meme Solís!

El Miami Dade County Auditorium, resultó pequeño para reunir a amigos y admiradores de una de las figuras cumbre de la musica cubana. Sus 60 años en el arte, en la historia de nuestra cultura, fue una fiesta de arcoiris y girasoles en la noche de Miami; un traerse a La Habana en un bolsillo y soltarla, coqueta y feliz, en el escenario

Meme orfebre de voces y notas, Rey Midas del arte y la cubania, se las ingenió para revivir en nuevas voces su cuarteto inolvidable; Los Memes renacieron una y otra vez en escena. Los recuerdos, la memoria colectiva de una generación, de un pueblo, se hacían voz e imagen en escena,¡arte! De todas partes llegaron amigos fieles que unían voces y empeño, para hacer de los 60 años de vida artística de Meme Solís, un homenaje a la amistad, a la música cubana, a la creación y al empeño. Cantantes de lujo, de esos que cantan y encantan, una bailarina hermosa y cubanísima que hace burlas a almanaques y años; un elenco todos estrellas que dijeron si, a la invitación y al amigo.

Mencionarlos, es un pase de lista de lo mejor de nuestro arte, todos ocupan un lugar especial por derecho propio. No sobró, ni faltó nada al espectáculo. Solo quedan las ganas inmensas que se repita para deleite de públicos y pueblos.

Los que tuvimos la suerte de asistir al triunfo de Los Memes en Cuba, la noche del sábado 19 de octubre, nos compensó de ausencias, nos limpió del mal sabor de prohibiciones absurdas, de zancadillas al arte; de mediocridades y falsos profetas. Allá en el olvido, quedaban los que pretendieron borrarlo, él sigue triunfando y haciendo, dando brillo y realce a nuestra música, a nuestra cultura. Inmenso e invencible, artífice de arte y esfuerzos, maestro del saber hacer y hacerlo bien, valiente y firme, dispuesto a no dejarse vencer. Ave fénix de nuevo tipo que se reinventa y recrea en su música y su valor; Meme Solis.

De nuevo Rosita en escena, como tantas veces, reviviendo sus mejores momentos junto a Meme. Si no la hubiera abrazado y besado, tantas veces, pensaría que es inmaterial, que esta hecha de polvo de estrellas, sueños, girasoles y rosas, de eternidades.

Que extraña emoción ver y escuchar a Meme y Rosita cantando juntos; a pesar de ostracismo, prohibiciones, a pesar de intentos y de años. Cuba se hacía una en escena, dos orillas se unían, el ayer se hizo presente y anunció futuros. Recordé La Fornes tridimensional, en el teatro inmenso de La Habana, Rosa en su esplendor convocaba y estremecía a La Habana. El nombre de Meme, no podía ni mencionarse, vaporizado, como si quisieran borrarlo para siempre. Rosita cantó en su espectáculo, “Sin un reproche” , cuando presentó el número, como un estreno, miró al público, retadora y hermosa y dijo: un número de José Manuel Solís . Los presentes captaron el mensaje y aplaudieron a la artista y a la amiga fiel.

Momentos que bastaban para dar luz e historia al espectáculo, abundaron, diría que todos, sin excepción, fueron especiales, dignos de repetirse una y otra vez. Mencionarlos todos haría interminable mi escrito, agotaría adjetivos y emociones. Todos estuvieron a la altura del intento y del logro.

Lo he dicho antes; el arte logra lo que la política niega. El arte vence decretos, prohibiciones y extremistas, se hace canción, verso y acción y une a un pueblo disperso por el mundo.

Gracias Meme, por existir, por ser y hacer. Gracias por tu arte y empeño, por no darte nunca por vencido; por regalarnos, una vez más, ¡otro amanecer!

Aclaración necesaria: el sábado trabajé hasta las 11:30 pm, no pude asistir al teatro. Agradezco a mis amigos que compartieron videos y me permitieron seguir el espectáculo. Gracias a ellos estuve en el teatro y sumé aplausos y bravos.

Fotografías tomadas de las páginas de Facebook de amigos incapaces de enojarse por el “robo”.

Cusita, Regla y las memorias de un habanero.

Un domingo en Miami, Cusita visita a su amiga Regla, mientras le hace las uñas, conversan y toman café

– Ay Reglita, ¿viste la pagina del tal Habanero2000? Yo de lo más contenta porque creí que ya estaba pasando el furor con su librito y de pronto se aparece con el lanzamiento oficial de su libro. Esto es mucho para un sólo corazón.

– ¿Y dónde va a ser mi santa? Yo quisiera ir, a ver si logró que me lo firme y me escriba algo bonito, el tipo se manda y se zumba con las dedicatorias, ¿leíste la que le hizo a Rosita Fornés?

– Alabao, así que tú también andas con el librito ese y la majomia de las Memorias de un habanero que emigró con el siglo, ya esto está pasando de castaño a oscuro. El lanzamiento va a ser en Books and Books en Coral Gables, el 21 de septiembre a las 5:00 pm de la tarde. Esa tarde me voy pa’ los Cayos, pa’ estar bien lejos de to’ eso. Ya estoy cansá que si el link para comprarlo en la editorial La Pereza, que si lo pueden comprar en Amazon, ¿ Quien se cree él que es pa’ querer que to’ Miami le compre el librito ese? ¿Chakespeare? No lo soporto, no sé quién me cae más mal, si Otaola o el habanero ese con ínfulas de escritor.

– Ay chica deja al pobre hombre en paz que no se ha metido con nadie. Ese libro es de todos nosotros, como él bien dice, nuestro libro. Sus memorias son las de todos los que un día armamos maletas y dejamos Cuba, pero nuestro corazón se quedó allá, enredao en las palmeras y los recuerdos.

– Ave María purisima, Santa Bárbara bendita si ya hasta hablas como él, eso es un virus que se pega. Pa’ llá, pa’ llá que no quiero que se me pegue la guanajera esa y cuando llegue mi negro del trabajo le diga que los girasoles y los sinsontes inundan la casa.

– Eres la pata del diablo Cusita, yo creo que la única amiga mía que no ha leído el libro eres tú, léelo mujer a lo mejor va y te gusta.

– Primero muerta que desprestigia, nananina jabón candao, yo no pierdo mi tiempo leyendo sandeces.

Mientras Cusita y Regla conversan llega Manolo a recoger a Cusita. Besa a Cusita, saluda a Reglita y dice.

– Mi watermelon heart, al fin pude darle el libro a Claudia, la que trabaja en el aeropuerto con el habanero ese que lees todas las noches. Me dijo que lo ve el jueves y le va a hablar de ti, para que te escriba una dedicatoria especial.

Cusita y Regla se miran y terminan riendo. Regla le dice a Cusita:

– Entonces mi santa, nos vemos el sábado 21 de septiembre en Book and Books en Coral Gables para pasar una tarde cubanisima con el habanero y sus memorias .

– ¡Seguro que yes!

Anoche soñé con La Habana.

Anoche soñé con La Habana, contigo y mis recuerdos, soñar no cuesta, dicen, pero abriga almas y madrugadas frias; las hace menos duras.

Los sueños son refugio y almacén de las almas. Entre sueños llegaste para alegrar suspiros. Una ciudad puede ser necesaria y oportuna, reclamarme insistente; sabe que aún no puedo, no es tiempo de reencuentros. Debo fortalecer mi Alma, acostumbrarme a ausencias, no desbordarme en llantos; aprender a andar de nuevo, sin su voz sin sus manos.

La ciudad en mis sueños me dio aliento y dio fuerzas, acaricio mi frente, susurró a mis oídos; te esperaré por siempre, no importa cuanto tardes, estaré siempre lista. Sabes, si no vienes, yo vendré en las noches, a sentarme a tu lado, me traeré girasoles, sinsontes y unas olas, te sentaré en mi muro y hablaré del futuro. Cuando no me baste para darte ese aliento; ella vendrá conmigo, la traeré entre mis vientos, en un Rayo de sol, en alas de sinsontes, pero vendrá, lo prometo.

Juntos los 3, desataré recuerdos, volverás a ser niño, estarás en sus brazos; todo estará bien mi niño, susurrara a tu oído; mientras andas mi calles, mis lunas, mi futuro.

Seremos muy felices, los 3, robandole minutos a noche solitarias, inventadonos historias, cocinando el futuro. Viviremos en sueños reiterados , reiremos de nuevo estrenando sonrisas; los recuerdos no duelen, apuntalan presentes, anunciando futuros.

Desperté sonriendo, en mis manos el calor de sus manos, en mi cuarto el olor de sus olas; aquí en mi corazón, la certeza infinita que andaremos muy juntos, esa calles de nuevo.

Fotografía tomada de Google o tal vez de la página de un amigo en Facebook.

No, en Miami no está lo peor del exilio cubano.

Miami alberga, orgullosamente, cubanos que a su empuje y tesón, fuerza y amor la han hecho crecer; es, sin dudas, una prueba de lo mucho que los cubanos podemos lograr cuando volamos libres y sin trabas.

Es infeliz y hasta risible, si no fuera tan lamentable, que oscuros personajes pretendan afirmar que aquí está lo peor del exilio cubano. Compartimos espacio y tiempo en esta ciudad, donde nos inventamos una patria, multitud de cubanos. Aquí, como allá, hay personas diferentes, desde universitarios con títulos y doctorados, empresarios exitosos, artistas que rehacen carreras, gente luchadora y trabajadora que se deja el Alma día a día, en aras de mejorar y ayudar a su familia y amigos del otro lado del mar, mucha gente que hace realidad sueños e intentos. También, aquí, como allá, tenemos vagos, gente que aprendió a vivir del invento y se niega a integrarse a una vida laboral digna, extremistas, recalcitrantes, tipos que no quieren cambiar, de mente cerrada que abundan a ambos lados de este mar que guarda intentos y muertes.

Tenemos tipos que no nos representan, capaces de subirse a aplanadoras e intentar aplastar cambios y futuros, allá tal vez no tengan aplanadoras, pero si muchos que, como él, se resisten a cambios.También tenemos y muchos, un pueblo que no vaciló en ayudar a sus hermanos de la otra orilla, cuando un tornado destruyó parte de nuestra Habana. No sé si ese personaje sabe que la gente de acá compró en tiendas ropas y comidas para enviar, que muchos viajaron solo para repartir ropas, comidas y dinero que con sacrificio y amor envió esta ciudad, así somos y seremos siempre; solidarios y unidos en la desgracia.

No señor, lo peor no está en esta ciudad que hicimos nuestra, somos diversos, como la vida y los sueños. Los cubanos, a fin de cuentas, somos siempre los mismos, donde quiera que estemos y como cubanos nunca olvidamos ofensas, nunca nos quedamos dados y siempre apuntamos alto, soñando con esa patria prometida,”con todos y para el bien de todos”

Fotografía tomada de Google.

Todos somos La Habana.

Hoy todos somos La Habana, aunque sólo a nosotros nos duela e importe.

La Habana, amanecio golpeada, herida. A años de abandono y desidia del Gobierno, se suma la furia de un tornado que destruyó todo a su paso. El tornado de anoche dejo más dolor en los hogares que todos los huracanes de los últimos años. Tomó desprevenidos a vecinos y amigos, que espantados vieron sus propiedades destruidas. Muchos tiene familiares afectados, más de 170 heridos, también hay muertos, el hospital materno infantil, Hijas de Galicia tuvo que ser evacuado.

La Habana se estremece de dolor, las oraciones no bastan para ayudarla, las consignas aburren y los discursos no interesan a nadie ya. Actuar, dar una mano a nuestros hermanos, gritar con el pecho lleno de orgullo y amor, ¡Yo soy La Habana! Se impone en este momento de dolor.

Todos sabemos de escaseces y miserias, de la ciudad donde lo perdido, se vuelve irrecuperable. De guardar todo y no botar nada para cuando haga falta; se imaginan el dolor y espanto de amanecer sin nada, de perderlo todo.

Hagamos el intento de que la historia no nos condene por indiferentes y desmemoriados que no quede por nosotros. Unámonos en la intención y acción de ayudar a nuestros hermanos. Que allá donde se estan comiendo un cable, sepan que no están solos, que cuentan con nosotros.

En estos días he leído críticas y burlas, por parte de cubanos exiliados, al pueblo cubano, comparándolo con el de Venezuela, pidiendoles que hagan lo que ellos no tuvieron bolas de hacer, cuando vivían allá . Burlándose, como si de pronto olvidaran represiones y realidades. Quisiera verlos, con la misma fuerza dando una mano a nuestros hermanos, demostrando en el gesto y la acción que seguimos siendo cubanos donde quiera que estemos.

Si el gobierno de Cuba impide nuestra ayuda, sobre ellos quedará el negarla, no sobre nosotros ofrecerla.

Hoy cumple años Martí, el más grande pensador cubano de todos los tiempos, el que abogó y soñó con esa ” patria, con todos y para el bien de todos”. El mejor homenaje que podemos brindarle es la unidad, ofrecer nuestra ayuda, demostrar que el dolor de ellos es nuestro. Que los que nos fuimos, llevamos en el alma un puñao de tierra colorá donde germina y crece cada día el amor por nuestra patria; amor que sabe distinguir entre patria y gobierno y tiende una mano al hermano en desgracia.

A mi me duele La Habana, estoy seguro que a muchos también.