Ivette, ¡la voz de un paìs!

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¡Por fin, Ivette en concierto! Desde marzo la esperábamos en esta orilla con amor y ansias. En su primera visita nos ganó con ese amor a primera escucha que solo quienes cantan con el corazón logran. En esa ocasión, la llame La voz de La Habana, como si la ciudad le pidiera que nos dijera todo lo que quiere y no puede y ella accediera gustosa, en su mensaje de amor. En este segundo concierto su misión no es solo traernos el mensaje de una ciudad, es mayor, sobre su voz pesa la responsabilidad de ser, la voz de un PAIS. Como si la isla, le dijera a nuestra ciudad, la necesito, solo ella, su voz, como un milagro, podrá hablar por mí y La Habana en un guiño le dijera, es nuestra voz, dejémosla hacer seguros y confiados.

Comienza el concierto y su voz teje lazos, puentes, cercanías, borra ausencias. La música logra lo que absurdos, prohibiciones, decretos y extremismos no pueden, une a un pueblo disperso por el mundo. Reafirma que estar a un lado u otro del mar no nos hace enemigos, somos hermanos, orgullosos de serlo. Comparte escenario, emociones y aplausos con Aymee Nuviola, Malena Burke y Albita Rodríguez. Su dúo con Malena se me antoja un trio, sé que Elena desde el cielo sumo su voz y sus ganas en cada nota, cada agudo. Se hace historia en el escenario y en nuestros corazones. Las imagino en la Habana, en una plaza o parque, en el Malecón, regalando su arte y su mensaje de amor y unidad a nuestros hermanos de la otra orilla, como un regalo necesario y esperado. Cuando Ivette, Malena y Aymee, se unen en “De mis recuerdos”, sus vestidos azul, blanco y rojo se me antojan bandera desplegada al viento de la unión y las ganas. Invocan a Elena que no puede unirse a este trio de lujo, las lágrimas de emoción se le vuelven lluvia y refresca emociones y alientos.

Ivette, recordando sus tiempos de maestra, decide hacer un pase de lista de figuras imprescindibles de nuestra música, Celia, Rosita, Benny, Gloria Stefan, Willy Chirino, Formel, Memé Solís, Moraima, Elena, muchos más. Su pase de lista reafirma uniones, borra distancias, dinamita absurdos, nos convoca a la unión.

En mayo pasado le dije.
“- Imagino lo que pasara en el teatro en Miami, cuando cantes “País”, será una apoteosis de emociones, le digo.
– ¿Tú crees?
– ¡Lo sé!”
Mi profecía se cumplió con creces, un silencio de emoción y alientos contenidos inunda el teatro mientras nos regala un PAIS, en su voz. No tuve tiempo de voltearme a mirar a los ojos del público a mi lado, mi vista nublada por las lágrimas no quería perderse un detalle. Los aplausos fuertes y prolongados agradecen su canción, su voz, su presencia, su ser cubana. El orgullo de ser cubano estalla, casi puede tocarse con el alma.

Reconoce a Rosita Fornés en el público y baja a dedicarle una canción, se abrazan, intercambian halagos y cariños. El público de pie no quiere perderse un detalle de ese minuto histórico, como si el siempre y el futuro se abrazaran.

Canta “Préstame tu color” y una bandera orgullosa se los regala, segura que sabrá cuidarlos y lucirlos con orgullo. Su voz abrirá ventanas y puertas, derrumbara paredes, hará milagros.

Fabio, artífice de este concierto, enamorado, como muchos, de Ivette y su voz, le trae un ramo de flores. Después de escucharla, tenía que traerla, como un regalo a este pueblo, nos dice. Agradecemos su regalo que esperamos se repita, aún sin concluirse, ya tenemos ganas de más.

Termina el concierto, Ivette sigue cantando en mi corazón. Escribo escuchando su disco, revivo emociones y nostalgias. Se me antoja que nuestro país, este país nuestro, agradece junto a nosotros canciones y voz, casi le escucho decirle al oído, gracias Ivette, ¡Por prestarme tu voz!

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Juanito, el muchacho que llevaba el baile en la sangre.

Los guaracheros de regla, fotografia tomada de Google.
Su mamá no dejo de bailar mientras duro el embarazo. Los dolores del parto le comenzaron justo en una rueda de casino, en una fiesta en Centro Habana. Fue casi un milagro que no naciera al ritmo de la Aragón y los Van Van. Esto lo marco para siempre, casi decidió su futuro, su vida; nació llevando el baile en la sangre.

Desde que era un bebé recién nacido se movía al ritmo de la música. Su mamá gustaba de escuchar música mientras lo amamantaba. Se reía sintiéndolo moverse rítmicamente, como si bailara en sus brazos. Cuentan que sus primeros pasos, fueron pasos de baile; bailo, antes de caminar.

Cuando lo llevaban a cumpleaños y fiestas, con dos o tres añitos, todos se sorprendían viéndolo bailar. Hasta círculos le hacían y siempre terminaban aplaudiéndolo.

En la escuela, perteneció a grupos de danza, siempre fue el solista. Lo bailaba todo, desde Chachachá, casino, rumbas, guaguancó, hasta bailes folclóricos, nada bailable le era ajeno. Cada vez que empezaban a bailar, todos exclamaban; ¡Este muchacho lleva el baile en la sangre!

Una noche, mientras se preparaba para ir a una fiesta, su mamá lo llamo.
-Ven Juanito, siéntate, quiero hablar contigo.
-¿Pasa algo malo? No me digas que llamaste a tía y abuela esta malita.
-No mi hijo, no son malas noticias, más bien son buenas, quiero discutirlas contigo. Mamá ya es ciudadana americana, va a reclamarnos. Tu padre y yo decidimos que era lo mejor para todos. Este año terminas el preuniversitario, mi hermana me dijo que ella se ocupaba de pagarte los estudios, es tu futuro, una oportunidad que no podemos perder. Hasta ahora tu padre ha podido resolver en el trabajo, pero todo se está complicando y tal vez lo boten o lo metan preso. Nos vamos Juanito, en unos meses estaremos en Miami.
-Estoy de acuerdo, es mas siempre quise irme, reunirme con abuela, mi tía y mis primos. En la escuela siempre me han mirado mal, dicen que prefiero irme a bailar que ir a un trabajo voluntario y que mejor me aprendo un pasillo de baile que una consigna. Dile a abuela que cuanto antes, mejor.

Juanito y sus padres llegaron a Miami una tarde de abril. Abril es un mes especial para los inicios, por eso lo escogieron para su salida de Cuba. Cuando terminaron los trámites de rigor, a la salida de Aduana, los esperaba toda la familia. Sus primos decidieron recibirlo con “La vida es un carnaval” de Celia Cruz. Juanito salió bailando, todos le abrieron paso y el salón de espera estalló en aplausos. Algunos hasta pensaron que estaban grabando para algún programa de televisión.

En el viaje hasta la casa de la familia, todo lo deslumbro, las palmas, el sol, el cielo. Cuando sus primos le preguntaron cómo se sentía, respondió riendo.
-Es como estar en La Habana y con ustedes, siento que el tiempo no ha pasado. Si nos encontramos un bache pensaría que el viaje es mentira, dijo entre risas.

Juanito pronto se adaptó a la nueva vida. Lo llevaron a matricular inglés en el College, a pesar de haber terminado la escuela de idiomas en La Habana, debía perfeccionarlo para poder estudiar una carrera.

Todos los fines de semana después de estudiar y hacer tareas, se iba a bailar. En todas las discotecas de Miami lo conocían, apenas empezaba a bailar, le hacían coro. En el College las muchachas lo invitaban a fiestas, todas querían lucirse con él.

Un día, alguien le hablo de una profesora de ballet muy famosa. Una tarde tocó a la puerta de su academia de Ballet. Charin en persona le abrió la puesta. Él le hablo de su pasión por el baile.
-Quisiera aprender algo de ballet, he visto algunos de sus videos, son apasionantes.
Ella sonrió y accedió a darle algunas clases. De su mano entro al mundo de los saltos, los fouettes, las pirouettes y Grand jetes. No pensaba dedicarse al ballet, pero disfrutaba su magia y encanto.

Un domingo, mientras almorzaban, le dijo a sus padres.
-En el verano, en las vacaciones, quiero ir a La Habana. Tengo amigos allá, me gustaría andar por el barrio, visitarlos. Hacer un par de cosas que se me quedaron pendientes.
-Como quieras, respondió su padre, nosotros nos encargaremos de todo.

Juanito contacto por teléfono y por email a algunos de sus amigos en La Habana, quería asegurarse de poder realizar todos sus planes. Coordino hasta el último detalle. Llego a La Habana un día antes que empezaron los carnavales, lo esperaban unos amigos en el aeropuerto.
– No perdamos tiempo, directo para Regla, les dijo al subirse al auto.
Fueron a ver al director de la comparsa, Los guaracheros de Regla. Mientras Juanito hablaba, el tipo negaba con la cabeza.
-Es una locura, no te sabes los pasos, nunca has bailado en una comparsa, no hay tiempo para hacerte la ropa. No podrás inaugurar el carnaval mañana bailando con nosotros.
-Mira la ropa ya está lista, mis amigos se encargaron de todo. Déjame incorporarme a los ensayos, si en media hora no lo hago bien, tú ganas, si lo hago bien, gano yo.
– Está bien, pero estoy seguro que será imposible que puedas hacerlo. Te dejare intentarlo para que te convenzas.
Juanito ocupo el lugar que le indico el director. A los 10 minutos de estar bailando, ya se sabía la coreografía. Cuando terminaron, el director los llamo a todos.
-Este muchacho se ha ganado bailar con nosotros mañana. Creo que todos estarán de acuerdo que debe estar en la primera línea de bailadores, abriendo la comparsa.
Todos asintieron. La noche siguiente, Juanito fue feliz luciendo su traje multicolor y arrollando por todo Malecón entre los aplausos del pueblo habanero, que lo premiaba en cada movimiento.

Regreso a Miami, le conto a sus padres la historia, su mamá, entre risas, le dijo.
-Creo que ya no te queda nada por bailar. Ni yo en mis buenos tiempos me hubiera atrevido a bailar con los Guaracheros de Regla. Nadie puede negar que llevas el baile en la sangre.

Al día siguiente, Juanito se despertó con un fuerte dolor abdominal en el lado derecho. Sus padres lo llevaron corriendo para el hospital más cercano. Es apendicitis, hay que operar de urgencia, dijo el doctor.

Prepararon todo, cuando el cirujano hizo la primera incisión y brotó la sangre sucedió algo sorprendente, inimaginable. Los glóbulos rojos, las plaquetas y los glóbulos blancos, al ritmo de Los Van Van, La Aragón y Tchaikovsky, inundaron el salón de operaciones, ofreciendo un espectáculo único, irrepetible. El personal médico atónito y extasiado, por vez primera en su vida, opero con música y cuerpo de baile incluido. Desde una rumba de cajón hasta un Pas de deux del Lago, nada falto en ese alarde y demostración de lo que es; llevar el baile en la sangre.

Fotografia de Los guaracheros de Regla, tomada de Google.

¡Estos quince de Florita, se tienen que celebrar!

Luis Carbonell, el acuarelista
Florita, entra en la casa llorando y gritando.
-Mamá, mamá, hay que suspender la fiesta de mis quince, sin él, nada será igual.
-Mira mi hijita, si alguien dijo que “los quince de Florita se tienen que celebrar” fue él. Celebrártelos, es el mejor homenaje que podemos rendirle. Si hasta hablo con la Aragón y van a venir a tocar, todo lo dejo planeao. La Fornés, te va a prestar el vestido para el vals, el mismito se lo pidió y hasta tu turno pa’l dentista te consiguió. No mi hijita, tus quince van. Serán como un arcoíris en La Habana, ¡una acuarela!
Mi hijita “¿y tu abuela donde esta?” debe estar arreglándose esas pasas pa’ lucir regia en tu fiesta. Cuando sepa la noticia va a llorar y va a gritar ellos eran muy amigos. El fue quien le consiguió que ella bailara en la comparsa Las Bolleras. De joven estaba loca por ser “comparsera” y el movió cielo y tierra hasta que la complació y dicen que había que verla arrollando por Prado; la vieja era tremenda de joven. A su madre le dio un ataque, pero no pudo evitarlo, termino aplaudiéndola a rabiar y esperándola bailando; eso lo llevamos todos en la sangre.
-Mamá, voy a casa de “la negra Fuló”.
-Si mi hijita, dile que después paso por allá y que no se olvide de la fiesta, tenemos que estar todos, así lo haremos feliz.

Florita llega a casa de la negra Fuló, la puerta está abierta, entra sin tocar, en un sillón con las pasas revueltas y luciendo un “Refajo marañón”, Fuló, llora sin consuelo.
-Se me fue mi negrito, se me fue, dijo entre sollozos cuando vio a Florita, “Se me murió mi negrito, Dios lo tenía dispuesto, ya lo tendrá colocao, como angelito del cielo”.
-Si Fuló, es duro, pero palante, pa mí, “el negrito esta dormio”, la gente como él, nunca se muere del todo. Muchos estamos “en trance”, pero creo que hay que recordarlo con rumba y alegres, no con llantos, mi mamá me lo dijo. No faltes a mis quince que de todas maneras, se van a celebrar.
-Tienes razón Florita, avísale a “la negra Asunción” ello lo quería mucho, debe estar desconsolá.
-Si les avisare a todos, no faltara nadie. Hasta Cristina ira, aunque dicen que sigue con “la alergia, esa alergia que camina”, espero que siga los consejos de Narinacea y este bien pa’ la fiesta.

Florita llega a su casa, su mamá se mece en el sillón con la mirada perdida en los recuerdos.
-Florita tengo “el problema resuelto”; “Madeimoselle Mercé”, la bailadora de bembé, la que se hace la francesa, llamo para decirme que el buffet va por ella. Dice que es lo menos que puede hacer. Me aclaro bien que no quiere a nadie vestido de negro ni con lloriqueos, muchos colores y risas, como le gustaba a él.
-Mamá, voy a llamar a Mariana.
Florita coge el teléfono, marca el número, habla bajito con su amiga Mariana. Su madre trata de escuchar algo, solo alcanza a oír el final de la conversación.
-“Espabílate Mariana que te me vas a quedar”.

Llego el día de los quince de Florita y nadie falto a la fiesta. Hasta la Habana llego, con su bata de colores, su pelo al viento y un ramo de girasoles y mariposas en las manos. Cuentan los que allá estaban que después del vals, un negro saco un cajón y en cuanto el cajón sonó, todos salieron bailando, esa “rumba de cajón”. Iban por el Malecón, priquitipu, priquitipu, pu, pu y al frente de la rumba, del brazo de la hermosa Habana, iba él, con su camisa de vuelos, diciendo a gritos, ¡Hasta siempre!
luis carbonel

Fotografias cortesia de Marvin Jui-Pérez