¡Cumpleaños¡

¡Cumplir años! Para muchos, un día que prefieren obviar, ni recordar. El almanaque les recuerda que los años pasan, para ellos, la vida es como una flor, perdiendo pétalos, se angustian por cada pétalo perdido, dejan de disfrutar el olor y aroma de los que les quedan.

Tengo un amigo que cada vez que nos vemos me regala halagos y piropos, siempre me dice; estar a tu lado, es un privilegio, termina sonrojándome. Ambos compartimos un amor ilimitado por una flor, una Rosita, que vale un ramo. Mi amigo, cumpleaños hoy, lo llame para felicitarlo, estaba feliz, radiante. El, como yo, se burla del almanaque, se niega a envejecer. Recibe los años con una sonrisa gigantesca, los esquiva con la capa de la alegría y el optimismo. Torero de penas y angustias, sabe como desafiarlas, vencerlas.

Soy de los que les gusta celebrar cumpleaños con ganas y sonrisas, el mío, el de mi madre y el de amigos. Cada nuevo año, me alegra, miro y repaso lo vivido, me propongo nuevas metas, nuevos sueños son la mejor crema anti-envejecimiento conocida; elimina arrugas del rostro y del alma.

Hace años, una amiga, cumplía años, sufría una crisis depresiva, se sentía vieja, al final del camino. Fui a su casa, con un regalo y una postal, “Las obras de arte, aumentan su valor con el tiempo, los buenos vinos, mejoran con el tiempo, las estrellas, llevan millones de años en el cielo y siguen brillando, burlándose de años ¿y tu preocupada por unos pocos  años? Mi amiga río, saco una botella de vino, brindamos por la vida, por los años que nos traen experiencia y madurez. De los años, lo malo es no cumplirlos o cumplirlos con angustia y tristeza.

El próximo año, haré un viaje especial a La Habana, en febrero, mami cumplirá 85 años. Un día le dije, ¡Tenemos que ir pensando en la fiesta cuando cumplas 100! Me respondió con una sonrisa que la ilumino, que borro años, distancias y penas, que me convirtió de nuevo en niño, nos abrazamos riendo, seguros que el amor, hace milagros.

Cumplir años, es sin dudas una fiesta de la vida, de la alegría y los sueños. Cada cumpleaños, nos convertimos en la Ceiba legendaria y los amigos, los amores y los sueños, dan vueltas alrededor nuestro, nos conceden deseos. La vida es, una fiesta sin final, no importa si un día hay que soplar entre varios, para lograr apagar las velas, cada una, nos aporto algo, nos enriqueció.

Febrero y marzo, me traen un montón de cumpleaños; de mi madre, hermanas, amigos y también el mío. Desde La Habana y Miami, se cruzan besos y te quieros, fiestas sin final, abrazos. Sin dudas, cumplir años, nos da un brillo especial en la sonrisa, con la certeza que llegamos y seguimos, entre flores, sonrisas y luchas, en la batalla diaria de la vida.

Envejecer.

Una vez, conversando en el gimnasio, con un muchacho, de pronto, comenzó a  criticar a las personas que pasaban de cierta edad e insistían en visitarlo. Para él el gimnasio, era un imperio de muchachos jóvenes, con pieles tersas y brillantes. Me reí, le dije mi edad (no se embullen que no voy a decirla), se sorprendió y trato de arreglar lo que había dicho, mientras yo,  reía a mis anchas. Termine aclarándola que cualquier edad es buena para querer estar en forma, tonificar los músculos o solo pasar un buen rato en el gimnasio. También cualquier edad es mala para decir; no puedo, ya estoy viejo, para darse por vencido, tirar la toalla.
Para los que no renunciamos a los sueños y cada día amanecemos con montones de proyectos por realizar; envejecer, es un trabajo pendiente, una tarea que no tenemos apuro en comenzar. Mientras quede algo por hacer, la vamos relegando, posponiendo. No hay apuro en ser viejos. Hoy, le decía a una amiga; no esta en mis planes para los próximos 50 años

A veces, converso con amigos, recordamos figuras del arte que fueron importantes y populares en nuestra juventud, algunas, ya han partido, otras, retiradas, ya no forman parte del quehacer artístico diario. Nos sirven de indicador que vivimos otros tiempos. El avance tecnológico, a veces, nos deja como atontados, o lo asimilamos o nos quedamos definitivamente atrás. Nos damos cuenta que los años pasan. Como diría Pablito, el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos. Yo, le hice un arreglo a  la letra; el tiempo pasa, alguna gente se va poniendo vieja. Otros, entre los que me incluyo, tenemos conciencia de que ya no tenemos 20 años, pero no somos culpables de sentirnos como si los tuviéramos, los invito a sumarse a este grupo.

Soy de los que creen que envejecer, es una opción, en parte una decisión personal. Conozco personas muy jóvenes, que decidieron ser viejos, sin arrugas o canas, optaron por renunciar a sueños, vegetar, ver la vida pasar como, espectadores. Renunciaron a papeles protagónicos y solo, algunas veces, aplauden, cuando algo logra motivarlos mucho. Desde el balcón de la vejez prematura, ven la vida transcurrir, suspiran, y hasta sufren achaques en su voluntario vestirse de vejez.

Hace años, conversando con una amiga mucho mayor que yo, le dije que; todas las personas, nacen con una luz. A algunos se les apaga a los 20 años a otros mas tarde, algunos poco la conservan hasta el final de sus vidas. Esa luz, es el reflejo de nuestro yo interior, del no renunciar a los sueños, de pensar en el mañana con optimismo y fuerza, del no darnos por vencidos.

Hay personas que son y serán eternamente jóvenes, nos dirán un día adiós, con una sonrisa y un gesto de juventud eterna. Vencen años y problemas, siguen en la lucha por la vida. No tienen edad, solo sueños!

En ocasiones, he ayudado a personas de más de 80 años, me dicen que malo es llegar a los 85! Siempre les respondo, malo? Bueno, el que no llego, es porque se quedo en el camino! Terminan riendo conmigo, dándome la razón y felices de pasar los 80s.

Si, no tengo dudas, somos tan jóvenes como nuestros sueños, nuestras ansias de conquistar el futuro, tan viejos, como querer darnos por vencidos o detenernos, para siempre, en los fracasos. Lamentarnos, auto compadecernos, no ayudara a vencer años y problemas; nos hará envejecer, sin importar la edad que tengamos. Ensayemos la mejor de las sonrisas, inventémonos un sueño, decidamos, para siempre, ser jóvenes, sin importar años, arrugas, ni canas. Como dice la canción “joven ha de ser, quien lo quiera ser”. Si lo dudan, pregúntenle a La Habana!