Un hombre auténtico.

Vino al mundo, una mañana de abril, burlándose de la astrología, no nació bajo el signo de Aries. Una extraña conjución de astros, lo marcó para siempre; nació bajo el signo de la autenticidad.

Ser un niño auténtico, es fácil, todos lo son. Desconocen reglas, máscaras, dicen lo que piensan, reconocen a los buenos, de una sola mirada. Los niños, sueltan la verdad, burlándose de modales y comportamientos. Lo difícil, es crecer y seguir siendo auténtico, negarse a aceptar reglas, a usar máscaras, a inventarse personajes.

El hombre auténtico, nació en una islita del Caribe, entre olas y palmeras. Recibió una esmerada educación por parte de sus padres, era culto, elegante, muy bien parecido. Conocía todas las reglas, aunque no las cumplía ciegamente, disfrutaba romperlas, ser espontáneo. Era capaz de sentarse a comer con la Reina Isabel y disfrutar después un buen café cubano, con Juana Bacallao. Aplaudía a rabiar los 32 fouettés del Lago de los cisnes y despues se iba a bailar casino, hasta caer rendido del cansancio.

Cuando tenía ganas de reír, reía a carcajadas, si sentía ganas de llorar, lloraba, gritaba! Cuando sentía la necesidad de cantarle las cuarenta a cualquiera, lo hacia. Siempre era él, transparente, sin mascaras, auténtico! Nunca uso una mascara, para decir un te quiero, o un te odio. Nunca se invento personajes; le bastaba con ser él, seguro y confiado en si mismo. Sin escoger preguntas, ni respuestas, él!

Ser auténtico en tiempos difíciles, hace ganar muchas veces enemigos. Realmente, para un hombre auténtico, todos los tiempos son difíciles. La gente, se inventa personajes, gusta de usar máscaras, aprenden a fingir en vez de aprender a amar.

Nuestro hombre auténtico, a pesar de ser popular, tenía cada vez, más enemigos. Muchos se estremecían al verlo. Cuando él, los miraba a los ojos, se sentían desnudos. Su mirada, traspasaba los ojos de las personas, llegaba al alma, al sitio exacto, donde no pueden usarse mascaras ni inventarse personajes. Se sentían incómodos frente a este hombre que les arrancaba la mascara, con solo una mirada.

Cuando el hombre auténtico, hablaba, los falsos personajes que la gente se inventaba, huían espantados. Su voz, provocaba estampidas de falsedades y máscaras.

Una tarde, el hombre auténtico, asistió a una asamblea. Había sido muy bien preparada, una visita muy importante, obligaba a usar mascaras, desempolvar personajes inventados, el hombre autentico, pidió la palabra. El presidente de la asamblea, hizo un gesto negativo al que llevaba el micrófono a los que pedían la palabra. El hombre autentico, pidió la palabra, una y otra vez. Haciendo gala de su autenticidad, se puso de pie y comenzó a hablar, no necesitaba micrófonos, ni permisos. Un ruido estrepitoso se escuchó, mientras el hombre autentico hablaba; máscaras caían al suelo, se hacían añicos, junto con las máscaras, reglas impuestas se rompían. Al influjo de sus palabras, personajes inventados, huyeron espantados. El presidente de la asamblea, se sintió desnudo, intento, inútilmente, cubrir su desnudez con el discurso que traía preparado para la clausura de la asamblea. Convocados por la autenticidad de; al pan, pan y al vino, vino! Todos empezaron a llamar a las cosas por sus nombres. Hombres y mujeres, se ponían de pie, se reconocían a si mismos, se abrazaban en un orgasmo de autenticidad y transparencia.

No era la primera vez que una asamblea, marcaba, para siempre, la vida de un hombre. Nuestro hombre auténtico, tuvo que emigrar, se estableció en un país cercano a su islita. Triunfó, acumuló riquezas y fama, a pesar de enemigos e hipócritas. Nuestro hombre, supo desafiar falsedades, romper esquemas, no se cansaba de abrir y ofrecer su corazón en respuestas a preguntas, en homenaje a la vida, a la autenticidad.

Pasaron los años, muchos, el hombre de nuestra historia, permanecía soltero. Ser auténtico, puede ser una dificultad para encontrar pareja, no cualquiera se atreve a compartir su vida con alguien que disfruta el misterio de la vida, sin reglas, ni ataduras. Un día, compartiendo en casa de unos amigos, escucho a una mujer decir; he hecho, siempre lo que he querido, he vivido la vida intensamente, a mi manera! Se volvió, se miraron, ambos se vieron el alma y los recuerdos. Desde ese día, decidieron compartir la vida, no les importaba pasar los 80s, se amaron intensamente, auténticos y felices, hasta el fin de los días.

¡Sentirse cubano!

No basta haber nacido en Cuba, para ser cubano, hay que sentirse cubano. Ser cubano, va mas allá de jugar domino en una esquina habanera, tomarse una botella de ron entre amigos, jugar a la pelota o bailar casino. Sentirse cubano, es mucho mas que eso, no hay que ser un “asere”, para ser cubano, aunque muchos “aseres” son 100 por ciento cubanos. Sentirse cubano, es tener una mezcla rara y única de sentimientos en el alma y razas en la piel. Se relaciona con nudos en la garganta al escuchar nuestro himno, con enrizamientos en la piel al ver palmeras al viento, con lágrimas de emoción cuando hablamos de nuestra isla. Ser cubano, es decir, CUBA y sentir palomas volando, sinsontes cantando, escuchar olas rompiendo en el Malecón, desatar arco iris.

Lamentablemente, hay cubanos a los que sólo los une a nuestra Isla, una partida de nacimiento, son capaces de sumarse a conversaciones, donde se habla mal de la Perla de Caribe. Por suerte, son minoría, toman ron, juegan domino, bailan casino y hasta juegan a la pelota, pero su patria pudo ser cualquiera, nacieron en Cuba, por accidente. Carecen de ese cordón umbilical que siempre nos unirá a la tierra más hermosa.

Hay quienes dudan que Cuba, un día, como ave fénix, renacerá de si misma, volverá a ocupar el lugar que por derecho y vocación, le corresponde; la Perla del Caribe, la llave del golfo, será un brillante resplandeciente y luminoso que abrirá todas las puertas, sin forzarlas, se rendirán a su encanto. Un amigo, me decía ayer; si los primeros cubanos que llegaron a Miami, convirtieron un pueblo en una gran ciudad, que no podrá hacer todo un pueblo unido! Coincido con él, no dudo del futuro de Cuba, de nuestro explosivo renacer. A veces, lo que mas trabajo cuesta, se disfruta mas haciéndolo. Todos aportaremos algo y granito a granito, encenderemos la luz que iluminara el Caribe y el mundo, con nuevos y multicolores resplandores.

Sentirse cubano es un orgullo infinito de serlo, un gritarlo una y otra vez, saboreando cada palabra, cada letra de ser cubano. Sentirse cubano, es hablar de nuestra islita y sentir los ojos humedecerse, es llorar con lagrimas rojas, azules y blancas. Sentirse cubano, es tener un corazón inmenso en el pecho, que late a ritmo de palmeras al viento, es llevar, para siempre, en la piel y en el alma, el calor de nuestro sol, es una unión de sones, guarapo y café que nos bautiza y marca para siempre, al nacer.

Si, me siento cubano, aunque no juegue pelota, apenas tome ron y solo sepa “botar gordas” jugando al domino. Cuba, vive en mí, con la misma fuerza e intensidad que yo vivo en ella. Se puede ser ciudadano del mundo, amar y adoptar otros países como nuestros y seguir amando, con todo, a nuestra islita.

Nuestra isla, es tan inmensa, tan segura de si, que nos deja amar otras tierras, sabe que su lugar esta seguro. Juramos antes otras banderas, pero en nuestro corazón, ondea, por siempre, la bandera de la estrella solitaria.

Siempre recuerdo mi primer viaje a Cuba, esperando el avión, uno de los pasajeros decía; he ido a Cuba, más de veinte veces, cada vez que el avión sobrevuela la isla, que veo mi tierra, no puedo contener las lágrimas. Sentirse cubano, es llevar a Cuba, con orgullo y amor, en el alma, donde quiera que estemos.

Ser cubano, es tener siempre a Cuba, bien hondo, sufrirla. Nacimos de ella, se nos metió en la piel y en el alma, tenemos alegrías y penas comunes. Un cubano, no puede ser feliz del todo, si sabe que su islita sufre. No basta llevar una bandera cubana en el auto o vestir de guayabera en días especiales. No es suficiente escribir Cuba, cuando preguntan país de nacimiento, es decir con auténtico orgullo; si volviera a nacer, quisiera nacer cubano otra vez! Como decimos muchos; si no fuera cubano, pagaría por serlo!

Sentirse cubano, garantiza el futuro, la unión de todos en el futuro de la patria. Arrancamos uno a uno los pétalos de un gigantesco girasol, preguntándonos cada vez; libres o libres? No hay otra opción, Cuba, lo sabe, confía en nosotros y en el futuro. Nos sentimos cubanos, convertimos la lágrima en sonrisa, con la certeza que todo, no esta perdido. Mientras Cuba, viva en cada uno de nosotros, el arco iris del mañana, desde nuestro corazones, poco a poco, anuncia un amanecer multicolor.

Anoche, mientras terminaba este escrito, un amigo poeta publicaba el poema, ¡Te extraño Cuba! Casualidades o coincidencias de sentimientos en almas de inmigrantes? Les dejo el link a su poema, para que puedan disfrutarlo.

http://tonycanterosuarez.wordpress.com/2012/03/29/te-extrano-cuba/

Fotografia tomada de Google.

¡¡¡SOY CUBANO!!!

Para Cuba que sufre, la primera palabra… José Marti.

¿Por qué siempre Cuba? ¿Se puede ser ciudadano del mundo y seguir pensando constantemente en Cuba? ¿Es la cubania un pretexto, una palabra o fuego en el corazón? Cuantas preguntas, cuantas respuestas, aunque basta una sola, porque Cuba lo necesita o porque soy cubano y llevo a Cuba en el alma.

Conozco una persona que llego a Miami en el primer grupo de inmigrantes cubanos, llegó, creció y triunfo. Recuerdo una vez que conversábamos sobre Cuba y me decía: cierro los ojos y siento hasta el olor de mi tierra, soy guajiro, aunque lleve 50 años viviendo en una ciudad y sea un alto ejecutivo de una importante compañía. Nací en el campo cubano y no podré olvidarlo nunca.

Tengo un amigo especial que mis lectores conocen, mi amigo del exilio. Cada conversación con él, es un viaje a La Habana de los 50s. Cada viaje termina cuando las lagrimas le impiden continuar hablando, me pide perdón, nos abrazamos. Son más de 50 años sin pisar Cuba, sin andar por las calles de La Habana, su amor por su tierra, aumenta cada día. Cuba no se olvida, esta presente en cada uno de nosotros que la recordamos y exhibimos con orgullo.

Un día, conversando con un americano, me decía que nosotros somos el pueblo que grita su nacionalidad con más orgullo. Saboreamos decir, ¡soy cubano! con un deleite especial. Sin chovinismo, porque este conlleva el desprecio de lo ajeno y esto no se ajusta nosotros. Amamos a los países y a las ciudades que nos acogieron. Supimos vencer barreras de idiomas y culturales, nos integramos, pero en esa integración, no nos desprendimos de Cuba, al contrario. Cuba, fue escudo y fuerza para seguir adelante y triunfar. Nuestro amor por Cuba, es la fuerza que nos impulsa adelante, que nos distingue y alienta.

No importa el país donde estemos, en el norte o en el sur, Cuba, sigue presente y latente en nuestros corazones, cada día con mas fuerza. Nos alimentamos de ese amor por Cuba. Es como un compromiso con la patria, nos fuimos, pero para triunfar y no olvidarla nunca.

Almorzamos hoy en un restaurante ciento por ciento americano y la próxima semana, volvemos al arroz y los frijoles negros. Leemos a Sinclair Lewis y a Ernest Hemingway, pero seguimos guardando bajo la almohada a Marti, a Dulce María y a muchos más. Disfrutamos con la Streisand, Madonna y hasta con Lady Gaga, pero seguimos escuchando a Celia, al Benny y bailando casino.

Somos cubanos que es algo mas que jugar a la pelota, pegarse en el domino, tomarse una fría, aunque este caliente o decir en tono de broma, el último, que apague el morro. Ser cubano, es una mezcla rara y única, somos ciudadanos del mundo, pero llevamos en la frente, con orgullo, la estrella solitaria, la llevaremos por siempre. Aprendemos nuevos idiomas, pero seguimos alzando la voz al hablar y gesticulando. Tomamos coca-cola, pero no olvidamos el guarapo.

Ser cubano, hablar de Cuba, no es una matraquilla o letanía para consolarnos. Es un orgullo infinito, un amor sin final, por nuestra tierra. Ser cubanos, es llevar nuestra bandera en el alma, seguros que un día la pondremos mas alta que las palmas. Si un día perdemos ese amor, ese constante hablar de Cuba y evocarla, perderíamos raíces y cimientos, razones y porqués, por eso reafirmamos con orgullo, ¡Soy cubano!

Fotografia inicial tomada de Google, la del cierre, cortesia de Michel Blázquez, pintor cubano.