Dos hermanos.

hermanos fotografia tomada de google
Eran hermanos, de padre y madre, casi gemelos, sus mapas genéticos eran casi idénticos. Ambos nacieron en Maternidad Obrera con solo un año de diferencia. Fueron amamantados por los pechos de su madre, una mujer que quedo viuda muy joven, cuando su hijo mayor tenía solo 3 años. Asistieron a la misma escuela. Sus vidas parecían coincidir. Muchos aseguraban que Luisito y Manolito, serian siempre inseparables, de esos hermanos que nada ni nadie puede separar, solo la muerte.

Fueron niños pobres, en uno de esos barrios habaneros donde todas las casas y las familias se parecen; la pobreza, a veces, elimina diferencias. Su madre, con mucho sacrificio, logro terminar los estudios de técnico medio, eso le garantizo un aumento de sueldo, no mucho, pero cuando se tiene muy poco, todo es relativo; lo poco puede ser mucho y se agradece.

Su madre fue madre y padre para ellos, nunca volvió a casarse. El recuerdo de su primer esposo y su dedicación por sus dos hijos, no le dejaban tiempo para romances. Era una mujer hermosa, se arreglaba, pero solo por sus hijos, para agradarles. Hizo oídos sordos a piropos y propuestas, su mundo eran sus dos hijos, esos niños que ella se empeñaba en vestir iguales, como si fueran gemelos.

Como en todas las historias, paso el tiempo. Luisito y Manolito crecieron, los años, los sueños y aspiraciones los fueron separando poco a poco, haciéndolos diferentes. Luis, siempre fue muy estudioso, se gradúo de ingeniero mecánico. Era un tipo sencillo, soñaba con una buena mujer que le diera hijos y amor, mucho amor. Una mujer que cuando su madre estuviera viejita y no pudiera valerse, lo ayudara a cuidarla, con parte de ese amor que los uniría. Luis, quería una mujer que se pareciera a su madre, linda, buena, decente y sencilla. Era feliz con su trabajo, no le importaba pasar el día con las ropas sucias arreglando cualquier maquinaria. Si algo se rompía, era el primero en tratar de arreglarlo, su trabajo era su pasión.

Manuel, dejos los estudios universitarios en el primer año. Un amigo le propuso irse a trabajar en turismo. Si era hábil, podría hacer dinero y disfrutar de un Standard de vida elevado. Quería ser un tipo importante, tener mucho dinero. Se imaginaba viviendo en una buena casa y teniendo dos o tres amantes, era un tipo mujeriego, tal vez demasiado. Cuando llevaba un año en el nuevo trabajo, se compro un apartamento en una zona más céntrica de La Habana, se mudo solo.

Luis y Manuel, apenas se veían, solo algún que otro domingo cuando almorzaban en casa junto a su madre. Un día, mientras servia el potaje, su mama les dijo:
– Después de almuerzo, tenemos que hablar, es algo serio que puede cambiar nuestra vida para siempre.

Termino el almuerzo, mientras saboreaban el café, su mama se sentó frente a ellos y les dijo.
– ¿Recuerdan a su tío Francisco, el hermano mayor de su papá? Hace años vive en Miami, le ha ido bien, me llamo hace unos días. Si ustedes aceptan, nos manda a buscar a los 3. Nunca pensé en irme, pero por ustedes lo haría. La fabrica de Luisito esta a punto de cerrar y tu Manuel, hace dos meses que te despidieron del trabajo y estas pendiente de un juicio por el faltante que encontraron en el almacén del hotel. No quiero una respuesta ahora, piénsenlo bien y después me dicen.
– No tengo nada que pensar mamá, ¡nos vamos! Es tremenda oportunidad y no podemos dejarla escapar. Dijo Manuel entusiasmado con la idea.
– Tengo que pensarlo mamá, las cosas andan mal en el país y nunca he sido comecandela, pero eso de irme y vivir en un país extraño, hay que pensarlo muy bien.
– No hay apuro mi hijo dijo su mamá, mirándolo a los ojos. Solo recuerden, nos vamos los tres juntos o nos quedamos los tres, ese fue el acuerdo con Francisco.

Pasaron los días, los dos hermanos volvieron a reunirse en el almuerzo del domingo. Al terminar, el primero en hablar fue Luis.
– Ustedes saben que esta idea de irme no me convence mucho. Preferiría quedarme, si la fábrica cierra, buscar otro trabajo, esto no me gusta mucho, pero es mi país y confío en que un día las cosas mejoren. También se que tu mamá, no soportarías si meten preso a Manuel y quiero evitarte ese disgusto, verte sufrir me destrozaría, ¡nos vamos! Llama al tío Pancho y arregla todo.

Una noche una lancha rápida los recogió en el sitio exacto donde les indico el tío. El viaje fue rápido. Después de los trámites de rigor, el tío Francisco los recogió. Se saludaron entre abrazos y besos. Subieron al auto del tío.
– Estarán en la casa de huéspedes por un tiempo, hasta que puedan independizarse. Mientras tanto, no tienen que preocuparse por nada, yo me ocuparé de todo.

Al día siguiente el tío, los llevo a comprarse algunas ropas. Luis, eligió para él ropas sencillas, solo lo necesario, ayudo a su madre a elegir sus ropas y zapatos, quería verla hermosa. Manuel, solo se fijo en las ropas de marca, hasta le pidió al tío unos zapatos Ferragamos.

A los pocos días Luis hablo con su tío.
– Quiero empezar a trabajar pronto tío, soy ingeniero mecánico, podría trabajar en cualquier factoría. Ayúdame en eso, quiero rentar un apartamentico y llevarme a mamá conmigo, ya has hecho bastante por nosotros.
– Para mi, es un gusto tenerlo aquí, pero se que es solo temporal, mañana salimos a ver a un amigo mío que tiene dos o tres factorías, en alguna hará falta un buen mecánico.

Luis, empezó a trabajar. Enseguida se gano la confianza del dueño que término dándole cada día más responsabilidades. Al mes, le subió el sueldo, no era mucho, pero para un recién llegado era bastante.

A los dos meses, Luis converso con su madre y su hermano.
– Tengo un dinero ahorrado y ya vi un apartamento para rentar. Podemos mudarnos los tres juntos, si tú quieres irte con nosotros Manolo.
– No, no he pensado en irme por ahora y cuando lo haga, me mudare solo. Cuando tenga un dinero reunido comprare un buen apartamento en una buena zona, múdense ustedes, yo me quedo.

Su madre miro muy seria a Manuel, sus ojos estaban húmedos cuando le dijo.
– Como has cambiado hijo, a veces ni te reconozco. Quédate aquí, yo me voy con Luisito, ya Francisco ha hecho bastante por nosotros y no quiero abusar. Cuando quieras nos mudamos Luisi. Dijo con lágrimas en los ojos.

El nuevo apartamento era sencillo, pero cómodo. Tenia dos cuartos y un pequeño balcón. El tío Francisco, les regalo unos muebles y los ayudo en la mudada. La primera noche Luis y su mamá durmieron juntos. Amanecieron abrazados, ella se levanto, hizo café y se lo llevo a la cama.
– Ahora si empezaremos una nueva vida mi hijo. Se que poco a poco iremos mejorando. Sabes anoche durmiendo contigo, recordé cuando eran niños y se metían en mi cama cuando tenían pesadillas. Solo faltaba tu hermano, pero decidió coger otro rumbo, le pido a Dios que lo guíe y lo mantenga por el buen camino.
Se abrazaron, Luis termino sentándola en sus piernas y besándola.

A Luis, cada vez le iba mejor en el trabajo, el dueño, le dio otro aumento.
– Serás el manager general, siempre he estado al frente de todos mis negocios, pero por vez primera encontré a alguien honrado y capaz, se que puedo confiar en ti, no me defraudaras, lo se.

Luis, llego feliz a su casa, se sorprendió de ver a su madre llorando y triste.
– ¿Que pasa mamá, alguna mala noticia de Cuba?
– No mi hijo, hoy me llamo Francisco. Le dijo a Manolito que tenia que mudarse, dice que esta seguro que anda en negocios turbios, se compro un carro caro y sigue sin trabajar. Dice que no puede arriesgarse a seguir teniéndolo en su casa, que si tiene dinero para un carro así, que se mude solo. Le da pena con nosotros, pero no puede verse envuelto en nada sucio, tiene un nombre y prestigio que cuidar. Llame a tu hermano al celular, pero no me respondió la llamada.
– Tranquila mamá, yo lo voy a llamar y pedirle que venga el domingo a almorzar con nosotros, como hacíamos en Cuba.

Luis, llamo a su hermano, conversaron un rato, su madre intento escuchar algo pero no pudo, solo alcanzo a oír el final; entonces el domingo pasas por acá y almorzamos juntos.

El domingo, a la hora del almuerzo, llego Manuel, vestía ropas de marca y tenia puesto un reloj carísimo. Su madre lo recibió con un beso y un gran abrazo. Mientras lo abrazaba, su rostro de espalda a todos, reflejaba angustia y dolor. Las madres siempre lo adivinan y presienten todo.

Mientras tomaban el café, Manuel le pregunto.
– ¿Donde estas viviendo? Sabes que para acá puedes venir cuando quieras. Mamá estaría feliz de tenerte aquí, no tenemos lujos, pero nada nos falta.
– No gracias, estoy viviendo con unos amigos hasta que cierre la compra de un apartamento en la playa, creo que será pronto.
La madre, interrumpió la conversación entre los hermanos.
-¡Comprando un apartamento en la playa! Con qué dinero mi hijo, si no tienes trabajo, por Dios no me asustes, tú no estarás metido en algún negocio sucio. Mira que esto no es Cuba, ni hay otro tío que nos mande una lancha.
– Tranquila mamá, son negocios limpios, este país es para la gente como yo, gente hábil, inteligente, sin miedo. En un par de años estaré muy bien, súper bien, ya veras.

Manuel se despidió, Luis insistió en acompañarlo hasta el auto, allí, lejos de la madre, donde nadie podía escucharlos le dijo.
– A mi no me engañas, tu andas en algo sucio y bien sucio, nadie se compra un apartamento en la playa y un BMW, al año escaso de estar aquí. Lo que hagas con tu vida, es asunto tuyo, pero si haces sufrir a mamá, te mato coño, ¡te lo juro!

Manuel, subió al auto sin responder, nunca más se vieron, ni siquiera hablaron por teléfono.

Manuel, solo llamaba a su madre una vez al mes, para saber como estaba, no la visito más. Se olvido de su familia. A pesar de estar metido hasta el cuello en negocios sucios, tuvo suerte, hizo dinero y mucho, nunca tuvo problemas. Sin saberlo él, las oraciones de su madre a la Caridad del Cobre, lo protegían. Compro casas, propiedades, invirtió en negocios, hasta termino metido en la política.

Un día, Manuel conoció a una muchacha cubana, recién llegada. Isis era linda, como un sol. Cuando llegaba a un lugar todos la miraban. Se deslumbro con ella y se decidió a conquistarla. Iba todos los días a almorzar al restaurante donde trabajaba de camarera para verla, le dejaba siempre muy buenas propinas y le decía piropos. Un día le dio su tarjeta personal, escribió por detrás, llámame.

Isis, lo llamo y salio algunas veces con él. No llegaron a nada serio, era de las que no se vendían, el mundo que Manuel le ofrecía, no era para ella.

La vida a veces juega con nosotros, es como un carrusel o una montaña rusa. Una tarde de domingo, Luis llevo a su mamá a almorzar al restaurante donde trabajaba Isis, la muchacha que había deslumbrado a Manuel y a otros más. Luis, se quedo mirándola, cuando ella se acerco a la mesa y pregunto.
– ¿Que quieren?
Luis, solo dijo.
– Lo que tú quieras.
Se rieron como bobos, así pasaron el tiempo que duro el almuerzo, mirándose y riéndose. A Isis, le gusto ese hombre varonil y atractivo que cuidaba de su mamá como si fuera su novia. A veces durante el almuerzo, le tomaba la mano y le daba un beso, eso la conmovió. Isis había perdido a su madre un mes antes de salir de Cuba. Antes de irse, Isis y Luis, intercambiaron números de teléfonos, pasaron la semana hablando. Quedaron en salir el viernes en la noche.

Isis y Luis, parecían hechos el uno para el otro, a los pocos días de estar saliendo, Luis, le propuso matrimonio.
– Se que es muy pronto, pero también se que eres la mujer que llevo una vida buscando, esperando por ti. Quiero que seas la madre de mis hijos, que nos muramos juntos un día, muy viejitos, mientras nos besamos.

Isis, acepto, Luis era el hombre que siempre soñó, hasta imaginaba que su madre desde el cielo, lo había traído hasta ella.

Luis, le dio la noticia a su mamá que la recibió feliz, sabía que ganaría una hija y que su hijo seria muy feliz.

Isis, dejo el restaurante, comenzó a estudiar Ingles y a trabajar part-time en una de las factorías del mismo dueño de la que administraba Luis.

Cuando faltaba un mes para la boda, fueron los tres a almorzar en el restaurante donde se habían conocido. Luis llevaba del brazo a su madre y a su novia, se sentaron a la mesa, ordenaron. Mientras almorzaban, Manuel llego acompañado de una rubia despampanante con un escote que solo ocultaba lo imprescindible. Todos, aunque por razones diferentes se sorprendieron.
– ¡Que casualidad mi hijo y que bueno que te veo! Ven dame un beso, creo que los dos lo necesitamos.
Manuel, estaba pálido, beso a su madre. Luis le presento a Isis, su futura esposa, nadie se dio cuenta que Manuel contraía el ceño y se mordía los labios. Su, mucho gusto, fue forzado, casi inaudible. Se sentó en otra mesa, con la mujer que le acompañaba y que no se atrevió a presentar.

Cuando Isis se levanto para ir al baño, Manuel fue tras ella y lejos de las miradas de su madre y su hermano le pregunto.
-¿Por qué lo elegiste a él y no a mi, que puse el mundo a tus pies? ¿Por que?
– Primero, no sabia que era tu hermano, lo supe hoy y me sorprendí tanto como tú y sabes por que lo preferí a él, porque en este mundo Manuel, el dinero no lo es todo, la gente vale por quien es y no por lo que tiene.

Después de la boda se mudaron los tres para la casita de 3 cuartos que Luis había comprado con sus ahorros. Cuando nació el primer hijo, le pusieron Francisco. Cuando nació la niña, le pusieron Esperanza, como su abuela.

Fotografia tomada de Google.

El hombre que olvido su patria.

Ola tomado de Yo extraño a Cuba y tu.
Nació en un barrio habanero, uno de los tantos que aunque parecidos entre si, son todos diferentes. Asistió a una escuela primaria cercana a su casa. Los niños se burlaban de él, por el color azul intenso de sus ojos, sus labios rojos, de un rojo parecido a la sangre y su piel extremadamente blanca; muchos le decían el tricolor.

Carlos, al crecer, siguió siendo blanco de burlas, no solo por el color de sus ojos, labios y piel. Su amaneramiento, su afición al ballet y a vestir extremadamente a la moda, no encajaban en el entorno que le rodeaban.

Cuando estaba en el 2do año de la carrera, un día lo citaron a una reunión.
– Pensamos, dijo muy serio el que presidía la asamblea, que tu conducta y maneras no encajan dentro de un colectivo como el nuestro, es mas creemos que eres un mal ejemplo.

Carlos, quiso hablar, pero no lo dejaron, su suerte había sido decidida antes de efectuarse la asamblea. Fue expulsado de la Universidad. Sus sueños de ser medico, se esfumaron. Con mucho sacrificio logro graduarse de enfermero años mas tarde, algo es algo, pensó Carlos, al menos del lobo, un pelo.

Carlitos, era un tipo fatal, justo al mes de estar trabajando en el principal hospital de la ciudad, un domingo en la tarde, decidió ir al teatro. Bailaba su bailarina favorita el rol principal del Lago de los cisnes. Nunca pudo ver la función, cerca del teatro lo paro la policía, lo montaron en un camión. Junto a él, otros más que esa tarde no verían fouettes y vaquitas, solo maltratos, fotos y expedientes de peligrosidad.

Lo expulsaron del hospital al saber de su detención y procesamiento por peligrosidad. Meses después comenzó a trabajar en el policlínico del barrio, gracias a una amiga de su mamá que lo ayudo. El día antes de empezar a trabajar su mamá le dijo.
– Mi hijo no te vistas muy extravagante para trabajar, a mi, no me importa, pero Elena me lo pidió como condición para resolverte este trabajo, por favor.
– ¡Ay mamá este país de mierda que me tocó! Con un mundo tan grande y tener que venir a nacer justamente aquí.
– No es el país mi hijo, son los que lo gobiernan, el país no tiene culpa de nada.
– Es el país mamá, cuanto diera por ser francés, español, americano, hasta haitiano, cualquier cosa menos cubano.

Su mamá lo miro a los ojos sorprendida.
– Mi hijo ya no tienes los ojos azules, tus ojos son incoloros.

Carlos, se miro al espejo asustado, sus ojos, antes de un azul intenso, eran ahora incoloros. Como si algún poder superior hubiera borrado el color de su mirada. Decidió usar lentes oscuros, para que nadie notara sus ojos sin color.

Un día, la ciudad despertó con gritos; ¡que se vayan, que se vaya la escoria! Carlitos, no entendía muy bien lo que estaba pasando. Una amiga le contó que había cientos de botes en el Mariel y en algunos lugares, la gente como ellos, hacia cola para irse.

Irme, salir de este país de mierda, olvidarme que un día nací aquí, eso es lo que debí haber hecho hace mucho tiempo. Mi lugar no esta aquí, cualquier lugar es bueno para mi, menos este rincón horrible donde me toco nacer, pensaba Carlos, mientras hacia la cola para apuntarse entre los que se iban. Le toco su turno, le hicieron pasaporte, todo.

– Mañana a las 5 de la mañana aquí, van directo para el Mariel, hay un barco grande y tenemos que llenarlo con gente como ustedes, dijo el oficial que dirigía al grupo.

Llego muy contento a su casa, no podía llevarse nada para el viaje, solo quería despedirse de su mamá, no sabia cuando la volvería a ver, ella siempre lo había apoyado y comprendido.
– Mamá, mamá, mañana me voy, al fin seré un hombre libre.
– Tu eres un hombre libre mi hijo, incomprendido, maltratado por las circunstancias, pero eres libre. Ser libre es una condición que nadie puede arrebatarte. ¿Que quieres decir con eso de que serás un hombre libre?
– Me voy mamá, me voy del país mañana, me largo de esta mierda. Cuando logre sacarte a ti de aquí, me olvidare hasta de su nombre.
– No hables así, esta es tu patria, un hombre sin patria, no es nada, es como el polvo, se lo lleva el viento. Has pasado malos ratos aquí, pero no por culpa de tu patria, no la culpes a ella, mi hijo.

Cuando Carlos fue a darle el beso de despedida a su madre, ella se sorprendió.
– Mi hijo, tus labios no tienen color, así no puedes irte, se pensaran allá, que estas enfermo.
Fue al cuarto y regreso con un creyón de labios.
– Toma, píntate esos labios sin color y esconde el creyón, que no se den cuenta que lo llevas, lo vas a necesitar.

Esa noche, Carlos no durmió, fue de los primeros en subirse al camión que los llevaría hasta el puerto del Mariel. Cuando estaban en el barco camaronero alguien dijo.
– Aguántense bien, somos muchos, por suerte la travesía será corta, tenemos buen tiempo.

Cuando el barco zarpo, muchos miraron a la costa que se alejaba. Todos querían irse, comenzar una nueva vida, pero les dolía dejar a sus familias, a su tierra. La patria, es algo más que un montón de tierra y recuerdos. Solo Carlos, estaba de espaldas a la costa, no le interesaba mirar por última vez a la isla perderse en el horizonte, miraba hacia adelante, a la nueva vida. Se sorprendió cuando un desconocido le dijo.
– Compadre, ¡que color de piel mas rara tienes!
– Soy muy blanco, pero tampoco es para tanto.
– ¿Muy blanco? Yo diría que eres color cenizo o verdoso, ni se, es un color muy raro.

Carlos se miro las manos, el desconocido tenía razón, su piel no era blanca como antes. Sin saber como, sin poder explicarlo, Carlitos, había dejado de ser el tricolor. No mas azul, ni rojo, ni blanco haciéndolo sobresalir, se sintió extraño, raro. Pensó, buenos esos tres colores nunca me ayudaron, al contrario, en mi nueva vida me ira mejor sin ellos.

Después de pasar un tiempo viviendo en el lugar donde los internaron, una prima segunda de su mamá, fue a buscarlo. Al finalizar los tramites de rigor, se subieron al auto, su parienta hablaba sin parar.
– Tu mamá y yo siempre nos llevamos muy bien, hace días supe que estabas aquí, tuve que esperar hoy que es mi día libre en el trabajo para poder ir a buscarte. Estarás conmigo unos días, hasta que encuentres trabajo y te independices. Todos pasamos por esto, la llegada es siempre dura, uno extraña la familia, el barrio, las calles, hasta las palmas nos hacen falta.
– Yo solo extraño a mamá, solo la recuerdo a ella, nada más.
Su parienta lo miro sorprendida y dejo de hablar, el resto del viaje lo hicieron en silencio.

Como siempre se hace en estos casos, lo llevó a comprarse ropa.
– Vamos a comprar una ropa bien seria, mañana tienes una entrevista de empleo en un hospital y debes causar una buena impresión. Entraron a una tienda enorme. Su parienta fue quien selecciono la ropa.
– Pruébate estas, son las apropiadas para una entrevista de empleo, debes causar buena impresión si quieres que te den ese trabajo.
Se probó las ropas, no le gustaba esa camisa de mangas largas y esos colores tan serios, mucho menos la corbata que se le antojaba ridícula. No dijo nada, entro al probador, salio con las ropas en la mano.
– Si me quedan bien, dijo Carlos, con desgano.

Por fin llego el momento de la entrevista de empleo. Carlos, llego bien vestido y tratando de aparentar una seriedad y aplomo que no tenia, pero su parienta le había repetido un montón de veces; tienes que causar buena impresión. Le entregaron una planilla.
– Llene la planilla y espere a que lo llamemos.

Carlos, se sentó y comenzó a llenar los espacios en blanco. Lo llamaron, entrego su planilla o aplicación, como decía el hombre que lo atendió en la recepción.
El hombre que lo recibió en su despacho, sin levantar la vista del papel, le dijo.
– Falta poner su lugar de nacimiento, dejo en blanco ese espacio.
Carlos se quedo pensativo y respondió.
No se, olvidado.

El hombre levanto la vista del papel, se sorprendió, frente a él no estaba el hombre que buscaba empleo en el hospital, había solo un montón de polvo, un gran montón de polvo gris frente a su buró. Intentó apretar un botón para llamar a seguridad, antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió empujada por un viento fuerte que disperso el polvo por la ciudad, rumbo al sur.

Fotografia tomada de, Yo extraño a Cuba! y tu?

Un padre en el recuerdo y la distancia.

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Nació en un barrio habanero, en una casita humilde y limpia. Su mamá, trabajo muy duro para criarla bien. Fue de esas mujeres que se bastan solas para ser el hombre y la mujer de la casa.

Bertica, adoraba a su mama, también amaba al padre que nunca conoció. Pasaba horas frente a la foto de su papá, imaginando como hubiera sido compartir su vida con él. Su mamá, le había contado, un montón de veces, que era el mejor hombre del mundo. Un fatal accidente cuando Bertica tenía días de nacida, terminó con su vida. Cada vez que hablaban de él, su mamá siempre terminaba la conversación diciéndole.
– Estaría muy orgulloso de ti, lo se.

Bertica hubiera sido feliz de abrazar a su padre, besarlo, disfrutarlo. Soñaba con ese hombre bueno, con ese padre perfecto que la muerte le arrebato, lo imaginaba llegando del trabajo y ella corriendo a besarlo. Si al menos tuviera un beso para recordar, pensaba Bertica.

Cuando Berta, cumplió 15 anos, su madre la sentó en su sillón, de pie frente a ella, como quien se exorciza, le contó una historia. Antes de comenzar le dijo.
– No quiero que me interrumpas, deja todas las preguntas para el final.
– Mama, me asustas, prometo no interrumpirte.
– Conocí a tu padre muy joven, tuvimos solo un año de relación. No murió en un accidente, esta vivo, en Miami. Nos amamos desde que nos vimos, hay algo, mucho que no sabes. Nunca nos casamos, él estaba casado. Cuando pensó en separarse de su mujer, les llego la salida del país, los padres de ella, los reclamaron. Si se separaba, perdía la oportunidad de irse. Prometió que en cuanto pudiera me mandaría a buscar. Unos días antes de irse, supe que estaba embarazada, no le dije nada, preferí dejarlo así. Decidí tenerte y créeme, fue la mejor decisión de mi vida. Pensé decírselo cuando estuviera en Miami, cuando me dijera que me fuera con él. Nunca más supe de él, nunca más hasta hace unos días que recibí una carta suya.

Mientras su mamá hablaba, Bertica lloraba y se tapaba la boca con las manos, conteniendo las preguntas, sujetando las palabras que querían escapárseles.
– Ese ha sido mi secreto todos estos años, preferí decirte que había muerto, para no decirte que se había olvidado de nosotros. Es cierto que es un buen hombre, no guardo ningún mal recuerdo de él, solo su olvido. Ahora que supe de él, no puedo seguir con mi mentira, tal vez cualquier día entre por esa puerta y quiero que sepas todo por mi, perdóname por mentirte mi hijita, perdóname, quise darte un buen recuerdo de tu padre.
Bertica, abrazo a su madre llorando.
– No mama, no hay nada que perdonar, eres la mejor del mundo.

Se abrazaron tan fuerte que parecían una, tal y como habían sido desde el día que Bertica nació.

Bertica, supo de su padre, intercambiaban cartas, fotos, él le mandaba algún dinero y regalos con amigos. Nunca hablaron por teléfono, ninguno de los dos tuvo el valor de hacer la primera llamada.

Conoció un muchacho en la escuela, se enamoraron, decidieron casarse. Antes de hacer ningún arreglo acordaron hablar con la mama de Bertica. El novio le dijo, déjame a mí hablar con ella.

Bertica, miro a su mama a los ojos y le dijo.
– Mami, Luisito quiere hablar contigo.
– Y por que tanta seriedad y protocolo, no me asusten.
– Bertica y yo, vamos a casarnos, usted sabe que mi papá me reclamó hace un año y queremos hacerlo antes que me llegue la salida. Cuando este allá, veré como sacarlas a las dos lo antes posible. No queremos dejarla sola aquí, Bertica, estará junto a usted hasta que llegue el momento de reunirnos los tres.
– No mi hijo, dijo Carmen, ustedes se van los dos juntos o no hay boda. Ya hace años escuche algo parecido y no quiero correr riesgos, yo puedo esperar, se que los dos juntos, jamás se olvidaran de mi.

Carmen, se seco las lágrimas con la blusa, abrazo a su hija y a Alfredo, segura que este amor, no correría la misma suerte que el suyo.

Bertica y Alfredo se casaron, una boda sencilla, aunque el padre les mando dinero, prefirieron guardarlo y dejárselo a Carmen. Llegó el día de la partida, un día siempre contradictorio en la vida de todos los que emigran. Mezcla extraña de alegría y tristeza, de valentía y temor. Carmen, prefirió no ir al aeropuerto.
– Despedirnos aquí será mejor, no tendría fuerzas para regresar sola, además, seria como si fueran a regresar pronto. No ver el avión partir, me hará más fácil engañar los sentimientos. Estoy segura que esta separación no durara mucho, lo se.

Bertica y Alfredo, llegaron a Miami, después de los trámites en el aeropuerto y los sustos. Los recibió el padre de Alfredo, entre besos y abrazos.
– Estas igualito mi hijo, 10 años separados y al fin juntos. Escogiste bien que linda es Bertica, se ve una buena mujer, ven dame un beso tu también.
Abrazados los 3 hicieron el viaje hasta la casa. Cuando llegaron, Bertica, pidió llamar a su mama.
– Aunque sea dos minutos, quiero que sepa que llegue bien.
– El tiempo y las veces que quieras, yo también fui recién llegado un día y se lo que esas llamadas necesarias ayudan siempre, sobretodo los primeros días.

Pasaron los días, poco a poco se acostumbraban a la nueva vida. Siempre se extraña, los amigos, la cuadra, el olor del barrio, hasta los malos ratos se extrañan a veces, así somos. Cuando del otro lado se deja a una madre que supo asumir los roles de madre y padre, un afecto tan gigante no se extraña, se grita por el en cada instante, se reviven besos y abrazos, apuntalando la alegría, para que no nos deje. Recordamos todo, lo revivimos, asegurando la vida y el futuro. Así hacia Bertica cada día, cada instante. Sabía que su madre vendría pronto, entre ella y Alfredo, lo lograrían.

Con los sentimientos encontrados de los primeros días, Berta, había olvidado que le faltaba un encuentro. Ni siquiera había llamado a su padre; el tampoco lo había hecho, ambos temían a ese encuentro y lo aplazaban.

Una mañana, después del desayuno, Alfredo le dijo.
– Arréglate bien, tu padre nos espera a las 11, he hablado varias veces con él y ya es hora que se encuentren; jugar al avestruz, no resuelve nada.
Bertica, trago en seco, lo miro.
– Tienes razón, no puedo seguir posponiéndolo.

En la recepción, Alfredo le dijo a la muchacha.
– Dígale al Sr. Fernández que su hija esta aquí.
Un, que pasen enseguida, estremeció a Berta. Ese ascensor parecía no llegar nunca al 5to piso, pensaba Bertica.

Se abrió la puerta del ascensor, el hombre que solo conocía de fotos, que creció admirando y echándole de menos estaba frente a ella. Abrieron los brazos, dejaron a la sangre y a las ansias hablar por unos minutos.
– Vengan para mi oficina, tenemos mucho que hablar.
Se sentaron los tres en el sofá de la oficina, tomándole las manos le dijo a su hija.
– No pretendo justificarme, pero escúchame. Cuando llegue, desesperado por traer a tu madre pronto, escuche malos consejos, me metí en negocios sucios y termine en la cárcel, 5 años. Cuando salí, estaba como loco, no sabia que hacer. La que era mi mujer, se había separado de mi, no tenia donde ir ni a quien acudir. Por suerte había guardado bien un dinero, lo recogí y me fui para New York, allí empecé de cero. Con el dinero que llevaba y la ayuda de un buen amigo, me fui abriendo camino. Cuando logré alguna estabilidad, mandé alguien a Cuba a saber de tu madre. Cuando supe que tenía una hija, pensé que me había traicionado, que me había olvidado. Después supe que esa hija era mía y fue cuando me comunique con ella, desde ese día he soñado con este momento. No te digo perdóname, solo compréndeme.
Bertica, lo beso.
– Tranquilo papa, te comprendo.
– Se que tu madre se quedo allá y que la quieres traer, si no se oponen tú y ella, yo me encargo de todo, como madre de mi hija, todo será mas fácil. No creo que ella me perdone, pero hacer algo por ella, me hará dormir mejor. Algo más que necesites hija, dímelo sin pena.
– Solo una cosa papa; mañana, cuando salgas del trabajo, ¿Podrías ir directo hasta mi casa? ¡Me gustaría tanto recibirte con un beso!