Yo, soy de Buenavista y tu?

Quincallas, puestos de viandas, boticas, carnicerías, bodegas, pequeñas panaderías, cafeterías, cines, lugares que al unirse e interactuar entre si, conforman y caracterizan a un barrio habanero.

Los barrios de la habana, mezcla rara de pueblos de campo y gran ciudad, tienen características muy propias. Cada barrio habanero, es único, irrepetible. Partes del gran mural de la ciudad, cada uno suma su color, su toque peculiar. Si quitamos uno, La Habana estaría incompleta, la unión de todos, enriquece y hace la ciudad.

Buenavista, Luyano, Pogolotti, Cayo Hueso, cada barrio aporta algo a la ciudad, la conforma y redondea. Piezas únicas de un rompecabezas que se arma y rearma día a día, fichas de un juego de domino interminable.

Un barrio habanero, es como una gran familia. Todos se conocen, se saludan al pasar. Muchos jugaron, estudiaron juntos, tuvieron el primer amor en el barrio, nuestra primera aventura. En nuestros barrios despertamos a la vida. Cuando regresamos, los vecinos nos saludan con cariño. Juntos recordamos anécdotas, unas buenas, otras malas, pero todas, parte importante de nuestras vidas. El pasado nos conforma, vive en nosotros; somos hoy, el resultado de ayer, su consecuencia.

Para muchos, La Habana es el barrio donde crecieron, esas calles que anduvieron con o sin zapatos. Ese lugar exacto de la ciudad donde por vez primera tuvimos sentido de pertenencia. Recuerdo un amigo que en nuestra primera conversación, me dijo orgulloso: yo, soy de Pogolotti! No hacia falta decir más. Otros, me dicen; ella no sabe que yo soy de Luyano! o deja que me acuerde que yo nací en La Lisa! Así somos, no importa si vivimos en Miami, Madrid o Paris, seguimos perteneciendo, con orgullo, a ese pedacito de La Habana donde nacimos.

Muchos, aunque hoy compramos en grandes tiendas, no olvidamos la quincalla del barrio, esa tienda pequeñita con una o dos empleadas, desabastecida y pobre, pero nuestra. Visitamos hoy farmacias de lujos, pero allá, en un rinconcito del recuerdo, aún vive la botica del barrio, a pesar de escaseces y ausencias. Hace años, no escucho; habrá llegado el café a la bodega? O voy a buscar el pan antes que cierren. Ya no veo películas viejas en cines de barrio. Allá en nuestros recuerdos, afincados en nuestra memoria, esas voces y lugares siguen vivos. Nuestros barrios, viven en nosotros, con la misma intensidad que un día vivimos en ellos.

El exilio, la distancia, nos va cambiando. Hoy no somos los mismos, hemos cambiado, cambiaremos aún mas, es inevitable. Algo no cambiara jamás, nuestro amor por nuestro barrio, La Habana, por Cuba. Mi sobrino-hijo, siempre me dice: no te siento, como una visita, cada vez que vienes, es como si nunca te hubieras ido. Tiene razón, nunca me fui del todo, algo mío quedo para siempre en el barrio, junto a mis seres queridos. Un beso de mi madre, una brisa habanera y se despierta, vuelvo a ser el de antes, el de siempre!  Me quito el pull over Armani, el jeans y los zapatos de marca, busco un short viejo y unas chancletas de mi hijo, me siento en el portal; el tiempo detenido reinicia su marcha, todo vuelve a ser igual.

Viviremos en grandes ciudades, viviendo a todo tren la modernidad y el desarrollo, pero siempre, con orgullo, recordaremos nuestro barrio. Gritando a quien quiera o no escucharnos, yo soy de Pogolotti, Buenavista o Luyano, soy de mi barrio!

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