¡Un beso!

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Un beso bastaría, para borrar ausencias, para hacer el milagro de saber que estoy vivo, que no me invento excusas, que no esquivo al amor. Solo uno, no necesito mas, no importa lo que dure, solo cuenta que suceda, que estalle entre los labios. No importa quien lo inicie, ni como se termine.

Un beso, puede ser una necesidad, una urgencia; un beso o me muero, me marchito. Gritar en medio de la noche; un beso, mi reino por un beso. Mientras exista un beso, mientras lo espere, el mundo no termina.

Un beso, solo uno, después volvería a la diaria rutina de evitarme amantes, de decir que estar solo también tiene sus encantos. Solo un beso podría salvar la noche, con un enorme arco iris, entre estrellas y sueños. Un beso, tal y como lo sueño y girasoles siguiendo la luna por el cielo.

Un beso con sinsontes y mariposas, no quiero cualquier beso. Necesito un beso en Abril o mejor aún, en Mayo. Un beso en primavera, con florecer de almas y palmeras, con olas salpicando,

Estrenando pasiones y te quieros. Un beso con sabor a no te olvido, con perfume de estas aquí y me toco en el pecho y se me desboca el corazón imaginándolo, casi sintiéndolo.

Es casi medianoche y esta urgencia de un beso, no se apaga, no es mi culpa, fue una foto quien me  recordó que los besos existen. De beso en beso, de recuerdo en recuerdo, se desbordo esta urgencia por un beso esta noche.

 

 

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Luciernagas y serpientes.

Hace años, leí la fabula de la luciérnaga y la serpiente. La serpiente perseguía encarnizadamente a la luciérnaga, día y noche, hasta que esta agotada, exhausta, le dice; ¿Por qué me persigues? No estoy en tu cadena alimentaria, no te hago daño, no veo el por qué de este ensañamiento comigo. La serpiente, la miro, con todo el odio del mundo en sus ojos y le respondió; porque no soporto verte brillar!

Así andamos por el mundo, entre serpientes y luciérnagas. Soy de los que piensan que la envidia, es uno de los sentimientos negativos que mas daño hace a quien lo alberga, lo destruye lentamente, le impide disfrutar lo bueno que la vida le dio.

Yo, como muchos, prefiero ser luciérnaga que serpiente, solo que, la vida me enseño a no huir ante el acoso de serpientes. Las enfrento y las aplasto, las decapito con una sonrisa o las enveneno con una fina y dulce ironía que las hace retorcerse de dolor y rabia.

Soy de los que se alegran por el triunfo de cualquier ser humano, cualquier pequeña alegría de alguien cercano, se multiplica en mi. Si alguien brilla y se destaca, aplaudo con todas mis fuerzas. Ayudo a todo el que pueda, a brillar en todo su esplendor, la luz ajena, no me lastima, me reconforta, estimula y alegra. Ayudar a multiplicar la luz de alguien, me mejora como ser humano.

Lamentablemente en Cuba, en La Habana, acá en Miami, donde quiera, existen personas que la luz ajena, les molesta, les irrita. Son capaces de criticarte por no darte por vencido. Viven entre complejos, frustraciones y amarguras. A todos, alguna que otra vez, nos ha perseguido alguna serpientita envidiosa y mal intencionada. Desgraciadamente abundan, hijas de la frustración y la envidia en unión incestuosa. Amargadas y venenosas, se les escapa la vida entre complejos  e inseguridades.

Una vez leí que el mejor signo de haber nacido bajo buena estrella, era haber nacido sin envidia. Estos seres que les molesta la luz ajena, son capaces de criticarlo todo, nada venenoso les es ajeno. Cualquier cosa que haga otra persona, cualquier luz ajena, les irrita los ojos y el alma. Todos, de una forma u otra, los hemos sufrido alguna vez, por suerte, muchos somos ya inmunes a su veneno, sus dientes, se rompen al intentar mordernos. En ocasiones, se mueven en círculos cercanos a nosotros y vuelven al ataque una y otra vez. Con el tiempo uno aprende que el número de ataques es directamente proporcional a la luz, a los éxitos.

Si alguien te dice mal intencionadamente; ya se te están viendo los años, puedes estar seguro, que ese día luces mejor que nunca, si te dicen en una mueca; esa ropa es demasiado juvenil para ti, úsala mas seguido, de todas, es una de las que más resalta tu figura y elegancia. Los amigos, los que de verdad nos aprecian y quieren, para criticarnos, buscan el momento oportuno y lo dicen con tacto, a ellos, no les molesta cuando brillamos, nos aplauden y estimulan.

Al final, siento una profunda pena por esas serpientes que se molestan y sufren cuando alguien brilla. Su propio veneno, se vuelve contra ellas, les impide disfrutar la vida. Nunca me he preocupado por ellas, bastaría un gesto para destruirlas, escucharlas, me hace recordar que aún brillo.

Hoy, una señora de 80 años o más, en el momento de subir al avión, se acerco al mostrador, pidió ayuda, veía muy mal y tenia miedo ir sola. Le ofrecí mi brazo, la acompañe hasta el asiento, me pidio un beso y me beso en la mejilla, me bendijo; que Dios, te proteja, que nadie te haga daño. ¡Como temer a serpientes, con mi madre pidiendo por mí desde La Habana y ángeles bendiciéndome a diario! Si, realmente prefiero ser luciérnaga, en tiempo de oscuridades, aportar un rayito de luz, proporciona una satisfacción interior extraordinaria.