Una noche contigo.

corazon
Cansado de la lluvia, del frío, del calor, del ruido y del silencio de la gente, me refugio en tu pecho.
¡Que bien se esta justo entre tu corazón y tu pulmón derecho!
Disfruto tus latidos, tu aliento. Me duermo recostado a tu esternón, me excita tu respiración agitada.
Vacilo entre hacerte el amor o seguir acurrucado en tu pecho. ¡Se esta tan bien aquí!
El sol me sorprende abrazado a tu corazón, mi cabeza descansa justo en la aurícula derecha.
Me estiro, te despierto con un beso, te asustas, llevas tus manos al pecho, me acaricias sin saberlo, salto de ti en un suspiro.
Recostado a tu lado sonrío, tus ojos sorprendidos hacen mil preguntas, te beso lenta y apasionadamente. Hacemos el amor.
Te sorprendes de mi experiencia, de cuanto se sobre ti.
Basto una noche en tu pecho para saberte de memoria, descubrir tus misterios, tus respuestas.

Fotografia tomada de Google.

Inventario de recuerdos y esperanzas.

Baul, fotografia tomada de Google.
Ordenando recuerdos, objetos, pertenencias, decidí escoger lo mejor de cada uno, lo imprescindible, lo que baste para recordar lo que he vivido y planear lo que aún me queda por vivir. Guardarlos en un baúl viejo y hermoso, donde pueda repasarlos a mi antojo. Jugar entre ellos, en días grises y sacarlos a pasear en días de sol. Darles brillo y uso, una y mil veces, reciclarlos cada instante de mi vida.

Entre todas las sonrisas, la de un niño, solo ellos saben estrenarlas, anunciar en ellas el mañana. En la sonrisa de un niño, vive el futuro y alienta la esperanza. Guardare las sonrisas de mi infancia.
De todas las lagrimas, las mías, cada una me dio una lección, me hizo crecer. A ella debo cicatrices, crecimientos. Las recuerdo todas, las guardo y repaso en días de alegrías. Como ensayo y rebusco las sonrisas en días de tristezas y agonías.

Solo un par de manos de entre muchas, guardaré en el baúl de mis recuerdos. Manos viejas y gastadas por los años, pero magas, prodigiosas, dulces, tiernas. Capaces de crear sonrisas, de inventarlas. Las pondré bien lejos de mis lagrimas, en extremos opuestos, si las rozan, las borrarían todas para siempre; las manos de mi madre, exactas y precisas, jugando, acariciando eternamente mis recuerdos y mi vida.

De los besos, guardare un puñado, uno no basta. Mezclados entre recuerdos, sonrisas, lágrimas, compartirán espacio los besos de mi madre, un par de besos de amor y un beso que aún no he dado. Que estrenare un día de estos, una mañana o madrugada, cuando el amor encuentre el camino de regreso.

Entre todos los viajes, el de regreso, las partidas desgarran y destrozan, prefiero un eterno viaje de regreso. Entre todos los regresos, el primero, el del enorme susto del reencuentro. La alegría de correr a brazos que me esperan y a besos que estallan a mi encuentro. Un miedo enorme de morirme en ese encuentro, de no aguantar tanta dicha, tanta alegría y explotar en mil pedazos en mi regreso. En el centro del baúl, mi primer viaje de regreso, revivirlo apuntala mi esperanza y reestrena alegrías, primaveras.

De entre todos los mares, ¡El Caribe! entre todas las islas, ¡La mía! De las ciudades, ¡La Habana! Siempre La Habana, a pesar de huecos, basureros y derrumbes, a pesar de consignas y carteles, de marchas y repudios. Una ciudad que basta nombrarla y se sienten olas, abrazos y recuerdos. Siempre La Habana, guardada en mi baúl, entre sonrisas, lagrimas, regresos.

Así, ordenados en mi baúl, recuerdos, pertenencias importantes, lo mejor que he encontrado en este mundo, podré sacarlos uno a uno, en el momento preciso de mi vida. Toda cabe y se conserva en mi baúl que aunque pequeño, guarda vidas, memorias y futuro. Conservado y cuidado en el centro de mi pecho, latiendo 100 veces por minuto, para disimular su encubierta labor de almacenar mis valores y recuerdos.

Fotografia tomada de Google.