Una noche contigo.

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Cansado de la lluvia, del frío, del calor, del ruido y del silencio de la gente, me refugio en tu pecho.
¡Que bien se esta justo entre tu corazón y tu pulmón derecho!
Disfruto tus latidos, tu aliento. Me duermo recostado a tu esternón, me excita tu respiración agitada.
Vacilo entre hacerte el amor o seguir acurrucado en tu pecho. ¡Se esta tan bien aquí!
El sol me sorprende abrazado a tu corazón, mi cabeza descansa justo en la aurícula derecha.
Me estiro, te despierto con un beso, te asustas, llevas tus manos al pecho, me acaricias sin saberlo, salto de ti en un suspiro.
Recostado a tu lado sonrío, tus ojos sorprendidos hacen mil preguntas, te beso lenta y apasionadamente. Hacemos el amor.
Te sorprendes de mi experiencia, de cuanto se sobre ti.
Basto una noche en tu pecho para saberte de memoria, descubrir tus misterios, tus respuestas.

Fotografia tomada de Google.

Detras de la Fachada, en los 90s.

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Hace días me ronda la idea de cómo hubiera sido un programa de “Detrás de la fachada” con nuestra Consuelito Vidal y Cepero Brito en pleno periodo especial. Me imagino diálogos y situaciones y me río solo. Antes de decirles, miren para allá, quiero y debo, hacer una aclaración necesaria.

Primero un poco de historia sobre Detrás de la fachada que encontré en EcuRed.

Detrás de la fachada. Fue un programa humorístico de la Televisión Cubana realizado desde finales de la década de 1950 hasta 1987 que contó con las actuaciones de destacados artistas.
Creación
El programa fue iniciado en 1957 con transmisión semanal.
Argumento
El programa como tal se desarrollaba en un edificio de apartamentos, con distintas parejas donde se satirizaba el acontecer diario. El programa fue creado y escrito en los inicios por Marcos Behemaras y dirigido por José Antonio Caìñas Sierra, luego lo escribieron Arturo Liendo y Carballido Rey.

La figura central era José Antonio Cepero Brito, con la conducción y contrafigura de Mimì Cal, siendo sustituida posteriormente por Eloisa Alvarez Guedes, terminando en ese rol, Consuelito Vidal, quien comentaba y narraba situaciones que eran desarrolladas por los actores, al mismo tiempo que permanecía invisible para ellos.
Cepero Brito servía de contrafigura y Consuelito hacía los chistes. La acogida del público fue determinante en los cambios introducidos en el espacio luego de la entrada de Consuelito. Los elevados ratings mantuvieron el programa al aire por casi treinta años.

Hasta aquí la historia del programa.

Después de este poco de historia, quiero aclarar que no es mi intención poner en boca de los personajes y mucho menos de Consuelito Vidal, quien mas que una gran artista, es alguien muy cercano, querido y admirado por todos los que disfrutamos de su arte y simpatía, palabras que no pronuncio y mucho menos faltar el respeto a su memoria. Al contrario, quede este intento imaginativo mío, como un homenaje a Nuestra Consuelito, cubana 100%, ejemplo de artista con mayúsculas, mujer sencilla, de pueblo que supo colarse en nuestros hogares y en nuestros corazones, y quedar ahí, para siempre, vencedora del tiempo y de la muerte. Como ella dijo en una ocasión, se gano algo mas importante que la fama, el reconocimiento y la popularidad y es que la gente de su país, donde quiera que este, la quiera por siempre.

Si alguien desde “arriba”, hubiera dado carta abierta para poner en un programa de televisión, los comentarios y chistes del barrio, centros de trabajo, las guaguas y las escuelas, muchos de los cuales se decían en teatros y otro tipo de presentaciones, Detrás de la fachada en los 90s, hubiera sido algo así.

– Flaca hoy casi llegas tarde.
– Ay Cepero mejor no toques esa tecla, ni se como pude llegar, tengo el carro roto y ni esperanzas que me lo arreglen. Después de 3 horas esperando el camello y media hora comprimida entre la gente, casi tengo mas ganas de regresar a la casa que de hacer el programa. Cepero, por Dios, estos no son los zapatos con que yo salí de la casa, me quedan comodísimos, ¡los míos me apretaban! Pobre mujer que se fue con los míos
– Bueno con esos zapatos cómodos vas a poder hacer mejor el programa, dale que ya salimos al aire.

Muy buenas noches, aquí estamos en otro ¡Detrás de la fachada con Consuelito Vidal!

– Cepero, ¿Tú has probado la masa carnica? Yo, no me atrevo, me parece más bien el nombre de una de esas películas de terror que ponen el sábado por la noche que el nombre de algo que se pueda comer.
– Si, la he probado, ¿Te acuerdas el miércoles pasado que no pude venir y Almirante tuvo que sustituirme?
– Claro que me acuerdo.
– Bueno ese día almorcé masa carnica, lo demás, ya lo sabes.
– Pues en el programa de hoy visitaremos algunas casas habaneras a la hora de la comida. Te juro que ni muerta probare esos inventos, yo solo voy de visita, pero por si acaso, traje un pomo de Novatropin en la cartera. Mujer precavida vale por dos. Mira para allá Cepero.

En la casa de Bernabé y Monga, es la hora del almuerzo.
– Monga apúrate, no me mates de hambre, atiéndeme que por algo me case contigo por las 3 cosas; por lo civil, por la iglesia y por imbécil que fui. Hoy estoy que me fajo conmigo mismo. Tengo un hambre que me como un buey, bueno como están las cosas creo que me comeré un gato, miaaauuuuu!
– Aquí esta la comida Bernabé y no protestes.
– Monga ¿Qué cosa es esto?
– Arroz que hice con fideos picaditos y frituras de masa carnica.
– Monga, tú me quieres envenenar después de 30 años. Yo no me como eso ni obligao, porque no me da mi irrevericonsultuviri gana, prefiero comerme un pan con aceite.
– (Consuelito) Así se habla, no aflojes Bernabé, no te empujes eso por tu madre.
– Bernabé, ¿De que pan tu hablas? El que te tocaba te lo comiste en el desayuno y el aceite hace dos meses que no viene a la bodega.
– Pues me muero de hambre, un hombre que se respete no se come esa gandofía.
– Pues te morirás de hambre, y por la noche toca picadillo de soya, así que ya sabes. Hasta la semana que viene no llega el Zorro.
– ¿El Zorro? Yo creo que tú lo que tienes en el cerebro es la masa carnica esa ¿De qué estas hablando Monga?
– De los huevos chico, que son como el Zorro, vienen, te salvan y se van.
– Aparte de vieja, chistosa. Me voy pa’ la calle que en esta casa no se respeta a un hombre de verdad, no me aguanten. Estoy que me busco una salación con cualquiera.
– (Consuelito) Y yo también me voy que esto se esta poniendo color de hormiga y las frituras esas están de apaga y vámonos.

– Consuelo, ¿a que olía el almuerzo de Bernabé?
– Ni olía hijo, si Bernabé se come eso, se le acaba la guapería en el barrio.
– Me imagino que se te quitaron las ganas de seguir visitando a la gente a la hora de la comida.
– Chico ¿Tú no tienes un libreto? No te hagas, me voy para casa de Manolo y Cuca, mira para allá.

Consuelito, aparece con una vela en la mano.
– Yo me meto en cada rollo, como no se me ocurrió chequear el horario de apagones antes de venir a casa de Manolo. Te lo dije Cepero que miraras si no tocaba apagón. Me imagino que esta gente ya comió, antes de que se fuera la luz.
Manolo, esta en la puerta del apartamento.
– Cuca apúrate que después se llena la azotea.
– Espérame Manolo que estoy metiendo la cazuela con los chicharos en la jaba, ¿Ya cogiste los platos, las cucharas y el pomo de agua?
– Ya cogì todo Cuca, apúrate que ahorita se te enfrían los chicharos y no hay quien se los empuje.
– (Consuelito) Esto me lo vas a pagar Cepero, te dije bien que chequearas si tocaba o no apagón aquí. Por tu madre, estoy que no veo nada, si se me apaga la vela me rompo un hueso de un tropezón y esto parece que es pa’ largo
– Manolo, no olvides dejarle la nota a la niña en la puerta que estamos en la azotea hasta las 4 de la mañana que viene la luz.
-(Consuelito) ¡Hasta las 4 de la mañana! ¿Tú oíste eso Cepero?
– Ya la deje Cuca, vamos que desde el pan del desayuno no tengo nada en la barriga.
– No protestes, te hubieras tomado el cerelac que te prepare por la mañana.
– (Consuelito) ¿Cerelac? Eso es mas bien tiza disuelta en agua, si quieres enviudar trata algo mas directo, pero no me hagas sufrir a este hombre, tú eres una desconsiderada Cuca. Yo también me voy a coger un poco de fresco en la azotea que por lo que veo, este apagón, pica y se extiende.
Consuelito sube la escalera.
– Carballido chico, tú no pudiste mandar esta gente pa’ la acera, ¡Tenìas que encaramarme en la azotea!
Consuelito llega a la azotea
– Todo el edificio esta aquí, apenas veo nada, déjame buscar un lugarcito donde acomodarme.
Se sienta, justo al lado de Bernabé, que habla solo.
– Tengo un hambre que le meto mano a lo que sea, se vuelve para Consuelito, tu estas fuera de peligro, por flaca, a ti lo que voy a darte es un beso.
La abraza y le da un beso. Consuelito se zafa y lo empuja.
– Y te beso porque me da la gana y si me dices algo, te beso otra vez, pa’ que sepas.
– Que va el otro beso se lo espantas a Monga, yo me voy, aunque me destarre por la escalera.

– Viste eso Cepero, reunión de vecinos en la azotea hasta las 4 de la mañana.
– Y con beso de Bernabé incluido, eso no estaba en el libreto. Oye esas mujeres van a matar a esos pobres hombres con esos inventos.
– Espérate un momento Cepero, yo me burlé y me reí, pero esas mujeres lo que se merecen es una medalla, vamos a estar claros. Inventar que poner en la mesa todos los días, no es fácil dímelo a mi. Mejor despide ya el programa que estamos pasados de tiempo.
– Consuelo, antes de despedirnos quería preguntarte algo, el otro día que fuimos a ensayar el programa a tu casa que olor mas rico salía de la cocina, ¿Que estabas cocinando?
– Ay Cepero por tu madre no me eches pa’lante delante de la gente. Que van a terminar el próximo domingo haciendo una cola frente a mi casa con un plato en la mano, no me desgracies la vida compadre y no te hagas que aquí el que mas y el que menos siempre consigue algo por ahí, como sea.
– Pues yo como lo que dan por la libreta.
– ¡A mi misma que te conozco! ¡Tendrás la cara dura! Mira chico, mejor despide el programa anda. Con estos zapatos tan cómodos creo que me voy ir caminando y me ahorro el empuja, empuja de la guagua.
Y eso es todo por hoy amigos, los esperamos, cualquier día de estos, en otro ¡Detrás de la Fachada!
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Dos hermanos.

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Eran hermanos, de padre y madre, casi gemelos, sus mapas genéticos eran casi idénticos. Ambos nacieron en Maternidad Obrera con solo un año de diferencia. Fueron amamantados por los pechos de su madre, una mujer que quedo viuda muy joven, cuando su hijo mayor tenía solo 3 años. Asistieron a la misma escuela. Sus vidas parecían coincidir. Muchos aseguraban que Luisito y Manolito, serian siempre inseparables, de esos hermanos que nada ni nadie puede separar, solo la muerte.

Fueron niños pobres, en uno de esos barrios habaneros donde todas las casas y las familias se parecen; la pobreza, a veces, elimina diferencias. Su madre, con mucho sacrificio, logro terminar los estudios de técnico medio, eso le garantizo un aumento de sueldo, no mucho, pero cuando se tiene muy poco, todo es relativo; lo poco puede ser mucho y se agradece.

Su madre fue madre y padre para ellos, nunca volvió a casarse. El recuerdo de su primer esposo y su dedicación por sus dos hijos, no le dejaban tiempo para romances. Era una mujer hermosa, se arreglaba, pero solo por sus hijos, para agradarles. Hizo oídos sordos a piropos y propuestas, su mundo eran sus dos hijos, esos niños que ella se empeñaba en vestir iguales, como si fueran gemelos.

Como en todas las historias, paso el tiempo. Luisito y Manolito crecieron, los años, los sueños y aspiraciones los fueron separando poco a poco, haciéndolos diferentes. Luis, siempre fue muy estudioso, se gradúo de ingeniero mecánico. Era un tipo sencillo, soñaba con una buena mujer que le diera hijos y amor, mucho amor. Una mujer que cuando su madre estuviera viejita y no pudiera valerse, lo ayudara a cuidarla, con parte de ese amor que los uniría. Luis, quería una mujer que se pareciera a su madre, linda, buena, decente y sencilla. Era feliz con su trabajo, no le importaba pasar el día con las ropas sucias arreglando cualquier maquinaria. Si algo se rompía, era el primero en tratar de arreglarlo, su trabajo era su pasión.

Manuel, dejos los estudios universitarios en el primer año. Un amigo le propuso irse a trabajar en turismo. Si era hábil, podría hacer dinero y disfrutar de un Standard de vida elevado. Quería ser un tipo importante, tener mucho dinero. Se imaginaba viviendo en una buena casa y teniendo dos o tres amantes, era un tipo mujeriego, tal vez demasiado. Cuando llevaba un año en el nuevo trabajo, se compro un apartamento en una zona más céntrica de La Habana, se mudo solo.

Luis y Manuel, apenas se veían, solo algún que otro domingo cuando almorzaban en casa junto a su madre. Un día, mientras servia el potaje, su mama les dijo:
– Después de almuerzo, tenemos que hablar, es algo serio que puede cambiar nuestra vida para siempre.

Termino el almuerzo, mientras saboreaban el café, su mama se sentó frente a ellos y les dijo.
– ¿Recuerdan a su tío Francisco, el hermano mayor de su papá? Hace años vive en Miami, le ha ido bien, me llamo hace unos días. Si ustedes aceptan, nos manda a buscar a los 3. Nunca pensé en irme, pero por ustedes lo haría. La fabrica de Luisito esta a punto de cerrar y tu Manuel, hace dos meses que te despidieron del trabajo y estas pendiente de un juicio por el faltante que encontraron en el almacén del hotel. No quiero una respuesta ahora, piénsenlo bien y después me dicen.
– No tengo nada que pensar mamá, ¡nos vamos! Es tremenda oportunidad y no podemos dejarla escapar. Dijo Manuel entusiasmado con la idea.
– Tengo que pensarlo mamá, las cosas andan mal en el país y nunca he sido comecandela, pero eso de irme y vivir en un país extraño, hay que pensarlo muy bien.
– No hay apuro mi hijo dijo su mamá, mirándolo a los ojos. Solo recuerden, nos vamos los tres juntos o nos quedamos los tres, ese fue el acuerdo con Francisco.

Pasaron los días, los dos hermanos volvieron a reunirse en el almuerzo del domingo. Al terminar, el primero en hablar fue Luis.
– Ustedes saben que esta idea de irme no me convence mucho. Preferiría quedarme, si la fábrica cierra, buscar otro trabajo, esto no me gusta mucho, pero es mi país y confío en que un día las cosas mejoren. También se que tu mamá, no soportarías si meten preso a Manuel y quiero evitarte ese disgusto, verte sufrir me destrozaría, ¡nos vamos! Llama al tío Pancho y arregla todo.

Una noche una lancha rápida los recogió en el sitio exacto donde les indico el tío. El viaje fue rápido. Después de los trámites de rigor, el tío Francisco los recogió. Se saludaron entre abrazos y besos. Subieron al auto del tío.
– Estarán en la casa de huéspedes por un tiempo, hasta que puedan independizarse. Mientras tanto, no tienen que preocuparse por nada, yo me ocuparé de todo.

Al día siguiente el tío, los llevo a comprarse algunas ropas. Luis, eligió para él ropas sencillas, solo lo necesario, ayudo a su madre a elegir sus ropas y zapatos, quería verla hermosa. Manuel, solo se fijo en las ropas de marca, hasta le pidió al tío unos zapatos Ferragamos.

A los pocos días Luis hablo con su tío.
– Quiero empezar a trabajar pronto tío, soy ingeniero mecánico, podría trabajar en cualquier factoría. Ayúdame en eso, quiero rentar un apartamentico y llevarme a mamá conmigo, ya has hecho bastante por nosotros.
– Para mi, es un gusto tenerlo aquí, pero se que es solo temporal, mañana salimos a ver a un amigo mío que tiene dos o tres factorías, en alguna hará falta un buen mecánico.

Luis, empezó a trabajar. Enseguida se gano la confianza del dueño que término dándole cada día más responsabilidades. Al mes, le subió el sueldo, no era mucho, pero para un recién llegado era bastante.

A los dos meses, Luis converso con su madre y su hermano.
– Tengo un dinero ahorrado y ya vi un apartamento para rentar. Podemos mudarnos los tres juntos, si tú quieres irte con nosotros Manolo.
– No, no he pensado en irme por ahora y cuando lo haga, me mudare solo. Cuando tenga un dinero reunido comprare un buen apartamento en una buena zona, múdense ustedes, yo me quedo.

Su madre miro muy seria a Manuel, sus ojos estaban húmedos cuando le dijo.
– Como has cambiado hijo, a veces ni te reconozco. Quédate aquí, yo me voy con Luisito, ya Francisco ha hecho bastante por nosotros y no quiero abusar. Cuando quieras nos mudamos Luisi. Dijo con lágrimas en los ojos.

El nuevo apartamento era sencillo, pero cómodo. Tenia dos cuartos y un pequeño balcón. El tío Francisco, les regalo unos muebles y los ayudo en la mudada. La primera noche Luis y su mamá durmieron juntos. Amanecieron abrazados, ella se levanto, hizo café y se lo llevo a la cama.
– Ahora si empezaremos una nueva vida mi hijo. Se que poco a poco iremos mejorando. Sabes anoche durmiendo contigo, recordé cuando eran niños y se metían en mi cama cuando tenían pesadillas. Solo faltaba tu hermano, pero decidió coger otro rumbo, le pido a Dios que lo guíe y lo mantenga por el buen camino.
Se abrazaron, Luis termino sentándola en sus piernas y besándola.

A Luis, cada vez le iba mejor en el trabajo, el dueño, le dio otro aumento.
– Serás el manager general, siempre he estado al frente de todos mis negocios, pero por vez primera encontré a alguien honrado y capaz, se que puedo confiar en ti, no me defraudaras, lo se.

Luis, llego feliz a su casa, se sorprendió de ver a su madre llorando y triste.
– ¿Que pasa mamá, alguna mala noticia de Cuba?
– No mi hijo, hoy me llamo Francisco. Le dijo a Manolito que tenia que mudarse, dice que esta seguro que anda en negocios turbios, se compro un carro caro y sigue sin trabajar. Dice que no puede arriesgarse a seguir teniéndolo en su casa, que si tiene dinero para un carro así, que se mude solo. Le da pena con nosotros, pero no puede verse envuelto en nada sucio, tiene un nombre y prestigio que cuidar. Llame a tu hermano al celular, pero no me respondió la llamada.
– Tranquila mamá, yo lo voy a llamar y pedirle que venga el domingo a almorzar con nosotros, como hacíamos en Cuba.

Luis, llamo a su hermano, conversaron un rato, su madre intento escuchar algo pero no pudo, solo alcanzo a oír el final; entonces el domingo pasas por acá y almorzamos juntos.

El domingo, a la hora del almuerzo, llego Manuel, vestía ropas de marca y tenia puesto un reloj carísimo. Su madre lo recibió con un beso y un gran abrazo. Mientras lo abrazaba, su rostro de espalda a todos, reflejaba angustia y dolor. Las madres siempre lo adivinan y presienten todo.

Mientras tomaban el café, Manuel le pregunto.
– ¿Donde estas viviendo? Sabes que para acá puedes venir cuando quieras. Mamá estaría feliz de tenerte aquí, no tenemos lujos, pero nada nos falta.
– No gracias, estoy viviendo con unos amigos hasta que cierre la compra de un apartamento en la playa, creo que será pronto.
La madre, interrumpió la conversación entre los hermanos.
-¡Comprando un apartamento en la playa! Con qué dinero mi hijo, si no tienes trabajo, por Dios no me asustes, tú no estarás metido en algún negocio sucio. Mira que esto no es Cuba, ni hay otro tío que nos mande una lancha.
– Tranquila mamá, son negocios limpios, este país es para la gente como yo, gente hábil, inteligente, sin miedo. En un par de años estaré muy bien, súper bien, ya veras.

Manuel se despidió, Luis insistió en acompañarlo hasta el auto, allí, lejos de la madre, donde nadie podía escucharlos le dijo.
– A mi no me engañas, tu andas en algo sucio y bien sucio, nadie se compra un apartamento en la playa y un BMW, al año escaso de estar aquí. Lo que hagas con tu vida, es asunto tuyo, pero si haces sufrir a mamá, te mato coño, ¡te lo juro!

Manuel, subió al auto sin responder, nunca más se vieron, ni siquiera hablaron por teléfono.

Manuel, solo llamaba a su madre una vez al mes, para saber como estaba, no la visito más. Se olvido de su familia. A pesar de estar metido hasta el cuello en negocios sucios, tuvo suerte, hizo dinero y mucho, nunca tuvo problemas. Sin saberlo él, las oraciones de su madre a la Caridad del Cobre, lo protegían. Compro casas, propiedades, invirtió en negocios, hasta termino metido en la política.

Un día, Manuel conoció a una muchacha cubana, recién llegada. Isis era linda, como un sol. Cuando llegaba a un lugar todos la miraban. Se deslumbro con ella y se decidió a conquistarla. Iba todos los días a almorzar al restaurante donde trabajaba de camarera para verla, le dejaba siempre muy buenas propinas y le decía piropos. Un día le dio su tarjeta personal, escribió por detrás, llámame.

Isis, lo llamo y salio algunas veces con él. No llegaron a nada serio, era de las que no se vendían, el mundo que Manuel le ofrecía, no era para ella.

La vida a veces juega con nosotros, es como un carrusel o una montaña rusa. Una tarde de domingo, Luis llevo a su mamá a almorzar al restaurante donde trabajaba Isis, la muchacha que había deslumbrado a Manuel y a otros más. Luis, se quedo mirándola, cuando ella se acerco a la mesa y pregunto.
– ¿Que quieren?
Luis, solo dijo.
– Lo que tú quieras.
Se rieron como bobos, así pasaron el tiempo que duro el almuerzo, mirándose y riéndose. A Isis, le gusto ese hombre varonil y atractivo que cuidaba de su mamá como si fuera su novia. A veces durante el almuerzo, le tomaba la mano y le daba un beso, eso la conmovió. Isis había perdido a su madre un mes antes de salir de Cuba. Antes de irse, Isis y Luis, intercambiaron números de teléfonos, pasaron la semana hablando. Quedaron en salir el viernes en la noche.

Isis y Luis, parecían hechos el uno para el otro, a los pocos días de estar saliendo, Luis, le propuso matrimonio.
– Se que es muy pronto, pero también se que eres la mujer que llevo una vida buscando, esperando por ti. Quiero que seas la madre de mis hijos, que nos muramos juntos un día, muy viejitos, mientras nos besamos.

Isis, acepto, Luis era el hombre que siempre soñó, hasta imaginaba que su madre desde el cielo, lo había traído hasta ella.

Luis, le dio la noticia a su mamá que la recibió feliz, sabía que ganaría una hija y que su hijo seria muy feliz.

Isis, dejo el restaurante, comenzó a estudiar Ingles y a trabajar part-time en una de las factorías del mismo dueño de la que administraba Luis.

Cuando faltaba un mes para la boda, fueron los tres a almorzar en el restaurante donde se habían conocido. Luis llevaba del brazo a su madre y a su novia, se sentaron a la mesa, ordenaron. Mientras almorzaban, Manuel llego acompañado de una rubia despampanante con un escote que solo ocultaba lo imprescindible. Todos, aunque por razones diferentes se sorprendieron.
– ¡Que casualidad mi hijo y que bueno que te veo! Ven dame un beso, creo que los dos lo necesitamos.
Manuel, estaba pálido, beso a su madre. Luis le presento a Isis, su futura esposa, nadie se dio cuenta que Manuel contraía el ceño y se mordía los labios. Su, mucho gusto, fue forzado, casi inaudible. Se sentó en otra mesa, con la mujer que le acompañaba y que no se atrevió a presentar.

Cuando Isis se levanto para ir al baño, Manuel fue tras ella y lejos de las miradas de su madre y su hermano le pregunto.
-¿Por qué lo elegiste a él y no a mi, que puse el mundo a tus pies? ¿Por que?
– Primero, no sabia que era tu hermano, lo supe hoy y me sorprendí tanto como tú y sabes por que lo preferí a él, porque en este mundo Manuel, el dinero no lo es todo, la gente vale por quien es y no por lo que tiene.

Después de la boda se mudaron los tres para la casita de 3 cuartos que Luis había comprado con sus ahorros. Cuando nació el primer hijo, le pusieron Francisco. Cuando nació la niña, le pusieron Esperanza, como su abuela.

Fotografia tomada de Google.

Una promesa.

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Preparó su viaje a Cuba, sin avisar a nadie, lo mantuvo en secreto, hasta el último momento. No quería escuchar otra vez la historia; para qué vas a ir, si solo tienes allá primas y tías. También quería sorprender a sus primas, ver sus caras cuando la tuvieran frente a frente, sorprenderse a si misma, en ese encuentro con su infancia y afectos. Les dijo adiós una mañana de abril hacia años, mas de 30, sin saber como, ni por qué. Mientras estaba en el avión, en el viaje mas corto y mas largo de su vida, revivió aquellos días en que, como muchos, se fue del país llevada por sus padres.

Su mamá, una semana antes le dijo; ya no vas mas a la escuela, nos vamos del país en pocos días. Se alegro por eso de no tener escuela, pero no entendía muy bien que era irse del país, hasta pensó que era un juego que sus padres se inventaban. A los 6 años de edad, todo parece un juego, a veces. Solo se puso triste cuando su papá le dijo que sus primas no iban. Una historia larga de la que solo entendió que ella se iba y sus primas se quedaban.

Esa mañana, sus padres la despertaron temprano. Su mamá la ayudo a ponerse su mejor bata, le peinó su pelo y lo recogió en un rabo de mula; es mejor así para el viaje, le dijo. La miro y le dio un beso enorme, prolongado, el último beso en Cuba. Como si su patria, en los labios de su madre, le diera su adiós, un beso intenso, largo e inolvidable.

Recordaba los rostros de sus primas al despedirse, sus caras tristes. Ana, dejo para el final a Elenita, su prima preferida, eran como hermanas, se adoraban. Le dio un abrazo, mientras le decía al oído; no llores, volveré, ¡lo prometo! Elena, la miro a los ojos y le dijo.
– ¿Lo juras?
Ana, asintió.
– ¡Lo juro!

Más de 30 años, no sabía si su prima la reconocería. Se sentía culpable por tanta demora en cumplir su promesa. No era su culpa, todo tiene un tiempo exacto en la vida y este era el momento de su regreso, de cumplir promesas de saldar deudas, de sacarse angustias y nostalgias del pecho.

Salio del aeropuerto, tomó un taxi. Llevaba la dirección bien apuntada.

– Lléveme hasta aquí, parquee frente a la casa, por favor.

Esos 20 minutos hasta su barrio de la niñez y sus recuerdos, le parecieron horas. Como si el tiempo se vengara de ella por su demora en cumplir la promesa. Se bajo del auto, pago al taxista, puso su maleta en el suelo, miro a su calle, los árboles, el sol. Se soltó el rabo de mula, dejo su pelo libre, se sintió así. Suspiro, tomó su maleta. De pronto sintió que la abrazaban fuerte, unos brazos se aferraban a ella, hasta casi no dejarla respirar.

– Ana, Anita, estas aquí, mas de 30 años esperándote, no puedo creerlo, sabia que vendrías, te reconocí enseguida.

Rompieron a llorar, lloraban de tristeza, lloraban por todos estos años sin verse, por los juegos perdidos, por las sonrisas y penas que no pudieron compartir. Lloraban de dicha por estar juntas, las lágrimas borraban el tiempo sin verse, desaparecían la distancia, a pesar de tener casi 40 años, eran dos niñas en medio de la calle abrazándose y mezclando sus lagrimas. Tocándose, gritándose en el gesto; estas aquí, ¡¡Existes!!

Entraron a la casa abrazadas. Elena gritaba.

– Mamá, mamá, mira a quien encontré frente a la casa.

Un Ave María Purísima, Santa Bárbara bendita, retumbaron en la casa, mientras la mamá de Elena dejaba caer la cazuela con el potaje al suelo y corría a abrazar a Ana. Se abrazaron las tres riendo y llorando. Ana, comprendió que la familia, no se rompe con separaciones ni mar por medio. No importan años ni distancias. Siempre temió que su prima no la reconociera, temía la hubieran olvidado, que no recordara su promesa. A su lado Elena, sonreía y entre lágrimas le decía.

– Sabia que vendrías cualquier día, lo sabía. Cada vez que un taxi pasaba por la cuadra, salía a mirar si eres tu, regresando, me parece mentira tenerte aquí.

Volvieron a abrazarse, lloraron juntas por la separación, por la alegría del encuentro, por no olvidarse nunca.

Llego el día de la partida de Ana, Elena, la acompaño hasta el aeropuerto. Se abrazaron fuerte, como intentando retenerse.

– Vuelvo pronto, traeré a mi hijo quiero que conozca a sus primos que juegue con ellos, que al juntarse, ganen el tiempo que tú y yo perdimos.
– ¿Lo juras?
– ¡Lo juro!

¡Al sur, me esperan!

Paseando por La Habana.

Allá al sur, inquietas y felices, me esperan dos mujeres, dos amores, intercambian miradas, cómplices y pícaras. Compartirme las une, me las funde, se hacen una en amores y recuerdos. Mi amor se multiplica y se engrandece, se hace eterno entre sus brazos y memorias.

Desde el norte, sueño en estar con ellas, alisto maletas y recuerdos, calmo nervios e inquietudes. Vivir lejos de ellas ha sido duro, lo sabemos, pero ha valido la pena, lo agradecen mis sueños y mis letras, mis amigos y mi musa, hasta ellas mismas. Amar en la distancia desgarra el alma y nos curte en el viento del dolor, termina haciéndonos crecer, nos mejoramos.

No se cual de las dos fue la primera en saber de mi llegada y salio corriendo gritando a toda voz; ¡Ya viene pronto! El eco de su grito estremeció ruinas y arrugas, recuerdos e ilusiones. Ambas se maquillan la tristeza, se dibujan sonrisas y alegrías, saben que amo la belleza. Se perfuman de futuro, están de fiesta.

Desde aquí, adivino sus suspiros, sus juegos, su intercambio de colores y de luces. Una me llegara en un instante, será la primera en recibirme, me tomara de la mano y de los sueños, cuidara de mi, por todo el tiempo. Sin celos, me llevara hasta la otra y contemplara orgullosa nuestro abrazo, nuestros besos. Sabe que mi amor es suficiente para tenerlas a ambas en el centro del pecho y la memoria.

Cada mañana, cuentan los días que faltan para vernos. Una sentada en el portal, mientras se mece en su viejo sillón y en sus recuerdos, revive momentos compartidos. Sonríe desde lo hondo de su alma, feliz y plena. Ensaya abrazos, besos y sonrisas. La otra, dueña del sitio exacto donde comienzan mi historia y mis amores, alista plazas, balcones, calles y personajes que me esperan. Sabe que iré a su encuentro, una y otra vez, me regala historias y reencuentros. Se saben el aliento de mi historia y comparten felices lugares y memorias.

Mi Habana, mi madre, ambas se me confunden en la distancia. Caminare por mi ciudad, con mi madre del brazo, andaremos esas calles repletas de historias y esperanzas, nos sentaremos en sus bancos. Nos burlaremos de epidemias y muertes anunciadas, seguro que estar juntos; derrota la muerte y pesadillas. Inventaremos sueños, hablaremos de próximos encuentros. Mi ciudad soplara en mis oídos nuevos temas. Me guiara del brazo de mi madre por esos sitios que anduve hace ya mucho. Me asombrare en cada esquina, estrenaremos carcajadas, vidas, ilusiones. Abrazaremos fantasmas y recuerdos.

En algunos momentos, escribiré apuntes, retendré con palabras cada instante. Cada viaje a La Habana, a los brazos de mi madre, es una fiesta, un paréntesis que abre y cierra la alegría. Saberse amadas, las protege de todo, las sostiene. El amor es una columna, un brazo fuerte, un aliento de vida en la distancia.

Norte o sur, ayer, mañana, aquí o allá, cuando de amar se trata, no pone limites, ni frenos. Seguiremos ellas y yo, sosteniéndonos, amándonos, no importa donde estemos, ni el momento.

¡Adios!

Adios, fotofrafia tomada de Google.

Te digo adiós, agito una mano, con la otra, seco una inoportuna lagrima.
Te digo adiós y estrujo tu ultimo mensaje y escribo un enorme ¡No te vayas! En la pared del alma.

Me tatúo en el pecho tu nombre y lo borro con lágrimas, con fuego.
Te digo adiós y no lo escuchas, sigues aferrándote a recuerdos a besos que no existen, que borraste para siempre con tus miedos.
Te digo adiós, mi corazón grita un; no te vayas. Mis torpes manos, no saben de soltarte y te sujetan, aún en el momento de partir.

Te grito adiós y arranco la venda de los sueños,

mientras corre la sangre incontenible, de este perderte para siempre, de un vete ya, aléjate, no vuelvas.

Te digo adiós en mil idiomas y no entiendes que es definitivo.
Se acabaron juegos, oportunidades, mentiras, plazos, inventarme un mundo que no existe.

Levanto un muro enorme, cierro rejas, te dejo afuera para siempre,

te digo adiós y me invento un mañana, en que no estas.

 

Fotografia tomada de Google.

Amor y costumbre.

fotografia tomada de GGogle

Quiero enamorarme; una pasión que me trastorne el alma y los sentidos, que me renueve y estremezca. Caminar entre las nubes, incontenible y vivo, mientras el amor hace de las suyas y me transforma.
No quiero acostumbrarme a ver un mismo rostro cada día, sin reflejarme en el brillo de sus ojos. A decir, solo con los labios, te quieros. A apurar un beso sin deseos. A abrazar sin ganas y sin fuerzas, casi por oficio.
Quiero hacer el amor con desenfreno, sin horario.
Quiero estrenarme de orgasmos y te quieros. Un amor que me confunda los horarios, que me desborde los sueños y los anhelos.
Tener, para siempre, a alguien atado al centro del deseo y la lujuria.
No quiero decir; me duele la cabeza. Volverme al otro lado, mientras digo; hoy tuve un día duro en el trabajo.

Quiero levantar, sobre mis hombros y los suyos, un hogar, donde el amor y el deseo, siempre habiten; plenos y felices, buscandose como locos má allá de la razon y el beneficio.
No quiero una casa enorme, fría, donde me pierda buscando unos brazos que me estrechen o un cuerpo que me encienda.
Tener a alguien al lado, por costumbre, es un suicidio lento del amor, una mentira.
Es como decidir morirse en vida, ser una momia de amores trasnochados. Una parálisis del amor y los sentidos, un coma absurdo, un ya no soy.

Quiero un amor que me de alas, que me lleve, volando al infinito, que vuele junto a mi y si me canso, me preste sus alas por un rato.
Un remolino de besos y de abrazos, entre suspiros y bocas sin aliento.
No quiero un peso, duro y frío, manteniéndome en tierra todo el tiempo.

No quiero reglas, por qués y conveniencias, que no se ajustan, cuando de amor se trata.
Porque al final, si de costumbre hablo, me acostumbro a mi mismo y me tolero. Me miro solitario y libre en el espejo, mientras te espero amor, a las sombras de la dicha y el deseo.

Fotografia tomadas de Google.

¡Traeme La Habana y a mi madre!

Nadie sabia exactamente, como había salido de Cuba, ni siquiera el día de su llegada a Miami; apareció un buen día en la ciudad. A pesar del auto, regalo de un tío, gustaba de caminarla, en un intento de hacerla suya, de descubrir misterios. No, esta no era una ciudad para caminar, se dio cuenta muy pronto y decidió hacerla suya de otro modo; triunfando. Poco a poco fue conquistando el éxito, haciéndose parte imprescindible de  negocios e inversiones. Sin proponérselo, casi como un don, muchos lo miraban como ejemplo de emprendedor, de cubano luchador y tenaz en sus empeños. El éxito le sonreía o mejor aun; él sonreía al éxito, lo seducía y lo ganaba, se le entregaba como una amante, sin fuerzas para resistirse a sus mañas. Era popular, mas de lo que le gustaría, ser un tipo sencillo, de barrio, a veces no combina muy bien con tanta popularidad.

Nunca regreso a Cuba, no volvió a recorrer esas calles de la Habana. Cuando hablaba de su ciudad, sus ojos se humedecían y su voz adquiría un tono especial. En el fondo, a pesar del carro lujoso, de sus propiedades, de su triunfo, seguía siendo aquel muchachito que andaba las calles habaneras, persiguiendo el amor y sus sueños. El, como muchos, había cambiado solo en apariencia, por dentro era el mismo. Su tesoro mejor guardado eran sus recuerdos. A solas en su habitación, cerraba los ojos, viajaba en el tiempo y el espacio. Se veía entrando a su casita allá en su barrio y abrazando a su madre, sentándose junto a ella y hablando del día, como hacían siempre al llegar de la Universidad. Recordaba aquel día que se gradúo; recibió su diploma, fue hasta donde estaba su madre, se arrodillo ante ella y se lo entrego. Se besaron entre lagrimas, casi paralizan la ceremonia, todos olvidaron por un instante lo que sucedía para mirarlos solo a ellos. Por más que había intentado traer a su madre, siempre sus intentos se estrellaban contra prohibiciones y tramites, papeleos y absurdos.

Los que lo conocían y sabían cuanto añoraba a su ciudad  y a su madre, le preguntaban siempre por qué no regresaba.

– Vuelve a ella, aunque solo sea un par de días, le dijo un amigo.

– No puedo, quisiera, pero no puedo. Dios, sabe cuanto deseo poder volver, aunque fuera solo un instante. Una caminata, un abrazo y me regreso.

No explicaba las causas, muchos se imaginaban que se jugaba la vida en ese regreso y no insistían. Su respuesta, no dejaba margen a más preguntas.

No bastaban sus éxitos, estar rodeados de amigos. Su ciudad, la nostalgia por ella, eran un vacío que nada lograba llenar. Hasta comenzó a escribir sobre La Habana y su madre, en un intento de traérselas, de inventárselas en el recuerdo. No enseñaba a nadie sus escritos; eran solo para él, un desahogo de su alma y añoranzas. Inventaba historias de amantes que nunca tuvo, vivía aventuras en esas calles perdidas en el recuerdo y en la historia. Creaba y recreaba personajes y sitios, intentaba traer a su ciudad que como amante esquiva le hacia guiños antes de desaparecer ante él, cuando casi creía tenerla al alcance de la mano.

Un día, una amiga en su página de Facebook escribió; ¡Esta noche, me duele La Habana! Termino de leer la frase  y se llevo las manos al pecho, como si un infarto súbito fuera a terminar con su vida; su ciudad le dolía cada día, cada instante, con un dolor constante y cortante que le traspasaba el alma y los recuerdos. La Habana, dolía a muchos en la distancia, pero su dolor tenia una intensidad y un desgarramiento terrible para él. Sin ella, estaba incompleto, impar, perdido, se la inventaba en cada esquina, en cada recuerdo; constante fantasma que jugaba a los escondites, en esas calles perdidas en la memoria. Una ciudad en la distancia, puede ser como una amante, reclamando sus derechos, llamándonos. Si allì vive nuestra madre, la ciudad puede convertirse en el centro de la vida y los recuerdos.

En su intento de reinventarsela, busco entre conocidos pintores, uno que fuera capaz de pintarla, tal y como la soñaba, en las paredes de su casa. Creyó haber encontrado al mejor, lo contrato. El pintor, empezó su obra con entusiasmo. El hombre que extrañaba a La Habana, le hablaba de su ciudad, de sus recuerdos. El pintor iba creando lo que creía interpretar de sus historias. No conocía  esa ciudad de la que le hablaba. Cuando termino la primera pared, se la mostró orgulloso. Víctor la miro con tristeza y decepción.

– No esa no es mi Habana, exclamo triste y desilusionado.

Le pago al pintor y mando a pintar la pared de azul, así al menos le parecería mirar al cielo de su ciudad. Hay ciudades que no pueden atraparse en pinturas y escritos, por mas que se intente; pensó Víctor, mientras miraba la pared, recién pintada de azul.

Una vez estuvo muy enfermo con fiebre muy alta, tuvo alucinaciones; su ciudad alucinante, se aparecía una y otra vez en su habitación del hospital. Traía sus fantasmas que jugaban traviesos en su cuarto. Cuando se recupero, volvió a intentarlo todo por visitarla. Esas visiones que tuvo, se le aparecían noche tras noches, extendiéndole los brazos, invitándolo a amar. Hizo gestiones, compró pasaportes falsos, pensó en hacer el viaje desde Europa. Le contó sus planes a su mejor amiga, ella lo miro a los ojos.

– Estas loco, sabes que te juegas la vida, ni tu madre ni tu ciudad, quieren verte entre rejas o muerto.

Víctor, bajo los ojos y lloró en silencio, un llanto contenido por años, lagrimas con sabor a mar y rocío, sollozos con ruido de palmas al aire y olas golpeando contra el malecón. Un llanto por recuerdo y raíces, incontenible y necesario.

– Tienes razón, toda la razón del mundo, respondió.

Días después, Nora, su  mejor amiga fue a visitarlo, se sentaron juntos a conversar. Hablaron de mil cosas, hasta que ella se decidió y le dijo.

– Te tengo noticias, buenas noticias; hay un pájaro extraño, vive en las montanas de  África, si sabes entrenarlo bien, pronto tendrás la solución a tu problema.

– No pretenderás que el pájaro me lleve hasta La Habana, me atrevo a todo, pero eso es imposible.

-Tranquilo Víctor, el sabrá como ayudarte, depende de ti saber que hacer con él. No te preocupes por nada, aunque estamos en agosto, este pájaro será mi regalo por Navidad, mañana debes recibirlo. Es una mascota especial, ha ayudado a muchos como tú

Víctor, se despertó temprano, estaba ansioso. Paso la noche soñando con un pájaro enorme que lo cogía con el pico por el cuello y cuando estaba sobre La Habana, lo dejaba caer. Despertaba sudando y gritando, su miedo a las alturas, convertía este sueno, en una terrible pesadilla. Temprano tocaron a la puerta, en el portal, una caja enorme, firmo los papeles, entró la caja a la casa y llamo a su amiga.

– La caja es enorme ¿Qué clase de pájaro me has regalado, no será un cóndor?

Su  amiga río.

– Tranquilo, abre la caja y déjalo hacer, es muy inteligente.

Víctor, abrió la caja, un pájaro casi de su tamaño, con un pico enorme, lo miro fijo  a los ojos, como intentado adivinarle el alma y los recuerdos.

Los días pasaron, Víctor y el enorme pájaro, se hicieron amigos, muy buenos amigos. Cuando escribía, el pájaro con el pico apoyado en su hombro miraba detenidamente a la pantalla de la computadora, como si entendiera, tal parecía que podía leer. Si Víctor, se entretenía mirando fotos de La Habana, el pájaro se sentaba a su lado y las miraba, a veces una llamaba su atención y la apuntaba, con su pico.  Cuando Víctor se emocionaba y se le humedecían los ojos, creía adivinar lágrimas en los ojos del singular pájaro. Su nuevo amigo no hablaba, solo le faltaba eso para ser perfecto.

Una noche, Víctor, sintió un dolor terrible, se llevo las manos al pecho y cayo al suelo, parecía muerto. El pájaro fue a la cocina, casi trajo a rastras a la criada que llamo a amigos, ambulancias y doctores.

– Llévenlo a su cuarto, dijo su medico personal.

– No sobrevivirá si lo movemos de aquí, su estado es muy delicado.

Alguien pretendió impedir que el enorme pájaro entrara al cuarto. La mejor amiga de Víctor, la misma que se lo había regalado, fue tajante.

– Déjenlo entrar, tal vez de todos, a él es a quien mas necesita.

El pájaro, se quedo a su lado, junto a la cama donde yacía Víctor, debatiéndose entre la vida y la muerte, entre recuerdos y realidades. De pronto, Víctor abrió los ojos, miro fijo al pájaro y en un susurro que tenia la fuerza de un grito, la intensidad de un alarido, le dijo.

¡Tráeme La Habana y a mi madre, por favor!

Nora, su eterna y fiel amiga, abrió de un golpe el enorme ventanal del cuarto, el pájaro miro a Víctor y emprendió vuelo al sur.

Pasaron dos días, Víctor, seguía grave, debatiéndose entre la vida y la muerte, según los médicos, solo un milagro podría salvarlo. Por órdenes expresas de Nora, las ventanas del cuarto permanecían abiertas día y noche, en espera de algo que solo ella sabia. Una tarde, cuando el sol comenzaba a esconderse, se escucho un fuerte aleteo, el enorme pájaro irrumpió en el cuarto, trayendo en su pico algo extraño que no lograban saber que era. Víctor se incorporo, miro al pájaro que sacudió su pico con fuerza llenando el cuarto de olas rompiendo contra el muro de todos, lloviznas de mayo, girasoles, vendedores ambulantes, grillos y palmeras. Volvió a sacudir su pico y ante médicos y amigos asombrados pedazos de La Habana aparecieron en el cuarto, calles, muros, casas. El pájaro dio una última sacudida a su pico y apareció una viejita de pelo blanco, hermosa a pesar de los años, traída de la distancia y el recuerdo, sin permisos ni papeleos.

-¡Mama! Grito Víctor, estremeciendo las paredes y a los presentes. Se levanto de la cama arrancándose sueros y aparatos.

Se abrazaron salpicados por las olas que rompían contra las paredes del cuarto, se besaron entre mieles, girasoles y humo de tabaco. Su madre y su ciudad hacían el milagro de salvarlo.

Desde un rincón el pájaro y Nora los miraban con lágrimas en los ojos. Habían planeado juntos hasta el ultimo detalle desde hacia tiempo. Los milagros, llevan a veces el nombre de nuestros mejores amigos y afectos.

Fotografia de una pintura de Fuentes Ferrin, destacado pintor cubano que reside en Houston

Esperanza, una historia de amor.

Se amaron antes de verse, ambos se presentían desde siempre, desde el inicio de los tiempos. El, un profesional, coqueteando con sus 40s, ella una mujer de negocios en la plenitud de sus 20 años. Ambos habaneros, cansados de caminar esas calles buscándose uno al otro. Los dos decidieron emigrar, tal vez cansados de esa búsqueda y de otras más. Ahora vivían en Miami, una ciudad, donde encontrarse inesperadamente con alguien, a veces resulta difícil. La Habana se encargó de juntarlos, se encontraron frente a frente, una vez que coincidieron en un viaje a su ciudad, una tarde de abril, en plena primavera. Sus ojos se cruzaron a la salida de aduana, ambos adivinaron que estaban destinados el uno para el otro, que su búsqueda, había terminado. Se olvidaron de la familia que los esperaba, del equipaje y del mundo. Ella osada y atrevida, se lo comió con los ojos, mientras le deslizaba su tarjeta en el bolsillo de la camisa. Regreso en 5 días, escribió por detrás.

Al sexto día, él, la llamo, solo le dijo; ¡soy yo! Conversaron como si se conocieran de toda la vida, durante 45 minutos no existieron preocupaciones; el mundo se redujo a ellos dos. Se despidieron con la promesa de tomarse un café juntos a la salida del trabajo. Cuando se vieron, 6 horas después, no se dieron la mano, no se dijeron hola. Corrieron a su encuentro y se besaron en la boca, como dos viejos amantes que se reencuentran, después de toda una vida separados.
A veces, el amor llega a destiempo, tanto lo buscamos, que al final aparece; solo que no llega en el momento justo. Por esas travesuras del destino, cuando se encontraron, él estaba casado. Un matrimonio de tiempo, que hacia años había perdido su intensidad, pero que el afecto y la costumbre, aún mantenían. El no solo estaba casado, un mal orgánico, lo apremiaba a someterse a una urgente operación, que el posponía, una y otra vez, en espera que su madre llegara y estuviera junto a él. No se atrevía a mirar a la muerte a la cara, sin apretar fuerte la mano de su vieja, una mujer especial que supo hacerlo un hombre y enseñarlo a amar. Su viaje a La Habana, fue para hacer gestiones y poder traerla cuanto antes.

A Esperanza, no le importaron los años de diferencia, ni el matrimonio, ni la salud precaria, amaba sin preguntas, sin esperas. Cada día con Manuel, equivalía a una vida y la vivía intensamente, hasta el último segundo. Sabia que el amor puede hacer milagros, no se daba por vencida. Hacia años, desde aquella tarde en que se subió sola a un bote, aprendió que la vida pone pruebas difíciles, pero que todas, todas, pueden vencerse. Borró, para siempre, la palabra imposible de su lista. Se bastaba sola para mover montanas, saltar abismos, construir un mundo.
Manuel, estaba deslumbrado con esta ilusión. El amor de Esperanza, lo hacia sentirse joven, en sus brazos olvidaba sus problemas de salud, las discusiones, todo desaparecía al influjo del encanto de esta muchacha que ni aún en los momentos mas difíciles, dejaba de sonreír. Mirarse en los ojos azules de ella, era como asomarse al cielo, escucharla reír, su mejor medicina. Su alegría, era solo un eco de la risa de ella. Cuando hacían el amor, era el único momento que olvidaba sus problemas de salud, la vitalidad de Esperanza, lo contagiaba y volvía a tener 20 años, a estar sano, a comenzar de nuevo el camino.

Un día, la esposa de Manuel, se entero de la relación con Esperanza. No discutió, no hizo una escena de celos, ella no lo amaba. La ausencia de hijos, la rutina, habían ido matando el amor que un día se juraron, para toda la vida. No lo amaba, pero se llevaban bien y gracias a él, disfrutaba de una buena situación económica. Mirándose en el espejo, Aleida se dijo a si misma.

-No, no haré una escena de celos, fingiré que no se nada, él, no se atreverá a dejarme, la Esperanza esa, será diez años mas joven que yo y mas linda, pero yo soy su mujer y seguiremos juntos. Nunca lo tendrá del todo.

Sonrío con malicia y se alisto para una guerra larga, donde se adivinaba como vencedera. Tantos años sin amor, le habían hecho olvidar su fuerza. Esa tarde, comenzó a gestarse la derrota de Aleida. Subestimar a un enemigo, es fatal en las guerras.

La salud de Manuel, se deterioraba por días, su madre atrapada entre papeleos y absurdos, no acababa de llegar. Una tarde, después de hacer el amor, Manuel, casi se muere en los brazos de Esperanza. Ella, en su desesperación lo abrazaba, tratando de trasmitirle su vida, sabia que mientras lo abrazara, nada malo podría ocurrir. Cuando se recupero, sin dejar de abrazarlo, le dijo:

-Así no puedes seguir, no te das cuenta que te mueres coño y yo contigo. Déjame estar a tu lado en la operación, se que si tomo tu mano mientras dure, nada malo podrá pasarte. Mañana vamos juntos a ver el medico y fijamos la fecha de la operación. No puedes seguir esperando que llegue tu madre, si quieres volver a verla, no puedes posponer más la operación.

Manuel, la miro entre lágrimas, casi sin fuerzas le dijo.

-Como tú quieras, solo te pido algo; si me muero, no te mueras conmigo, quiero seguir viviendo en el azul de tus ojos, en tu risa.

Esperanza lo miro, sonrío y acariciándole el pelo, solo susurró.

-Como tú quieras mi vida, todo será como tú quieras, lo prometo.

Esperanza, se encargo de coordinar todo. El doctor, reviso la historia clínica, le hizo algunas preguntas, cuando comenzó a hablar se dirigió a Esperanza, adivinaba que solo con su ayuda podría operarlo cuanto antes.

-Hay que operar enseguida, nos estamos arriesgando a lo peor. Cada día cuenta, si se demora más de un mes en operarse, tal vez sea demasiado tarde.

Esperanza, mirando a Manuel, le respondió.

-Cuanto antes doctor, usted ponga el día, yo me encargo de todo y de traerlo a él, aunque sea a la fuerza. Solo pondremos una condición; yo estaré a su lado durante la operación.

Mario, el medico, saco un pañuelo y fingió que limpiaba sus espejuelos, una manifestación de amor siempre conmueve y emociona, aunque se este acostumbrado a lidiar con la muerte todos los días. Los miro y con calma les dijo.

-Legalmente otra persona tiene ese derecho, si insiste, no podré negarme.

Manuel, miro fijo al doctor.

-Yo me encargo de eso, a mi lado estará Esperanza o no hay operación.

Esperanza, apretó fuerte su mano, mientras el azul de sus ojos tenía destellos dorados.

Al salir del hospital, Manuel le dijo.

– Cuando salga del trabajo, paso a recogerte en mi auto, hoy, necesito dormir contigo.

Esperanza lo miro a los ojos, no hizo preguntas, trato inútilmente que él no notara el temblor de su cuerpo en el abrazo de despedida.

Antes de salir del trabajo, llamo a Aleida, fue breve.

-Esta noche, no puedo ir a dormir, no te preocupes, estaré bien.

Aleida solo dijo un acido, OK. Esto no estaba en sus planes, su rostro se contrajo. Se miro en el espejo, sintió el paso del tiempo en su piel, se vio vieja de pronto, como si de golpe hubiera envejecido diez años.

Manuel, recogió a Esperanza. Hicieron todo el viaje tomados de la mano, querían aprovechar hasta el ultimo segundo de ese tiempo juntos, hacerlo perfecto.

Esa noche, se acostaron desnudos, no hicieron el amor, el amor los hizo. Durmieron abrazados, sus labios estuvieron unidos toda la noche. Las sabanas amanecieron húmedas, Esperanza, aferrada a Manuel, tuvo repetidos orgasmos mientras dormía. Se despertaron temprano, desayunaron rápido, mientras se miraban como dos adolescentes enamorados. Manuel, la dejo en su trabajo, se despidieron con un beso, que amenazó con no tener final.

Cuando Manuel regresó a su casa, en la tarde, Aleida, no hizo preguntas. Pensaba que ignorando lo que había ocurrido, seria como si nunca hubiera pasado. Se consideraba muy astuta, no se daba cuenta que sus días al lado de Manuel, estaban contados, Esperanza, ganaba cada día mas terreno, Manuel no podría ya vivir, sin mirarse en sus ojos, sin escuchar su risa, sin tenerla a su lado.

Se acercaba el día fijado para la operación. Mario, previéndolo todo, se reunió con Manuel, le explico los riesgos que corrían, la posibilidad de una hemorragia.

-Tendremos que tener sangre de reserva, hice algunas pruebas y Esperanza puede ser la donante, de más esta decirte que aceptó con gusto.

-¿Doctor, puedo morir? Pregunto Manuel con miedo en los ojos, sin Esperanza a su lado, se sentía débil, desprotegido.

-Si, pero mis años de experiencia están a nuestro favor, varias veces, en Santiago de Cuba, con menos recursos, hice esta operación y nunca perdí a un paciente. Ahora, tengo más experiencia. Créeme, haré lo imposible por salvarte, hace años en Cuba, vi morir al amor de mi vida, fui impotente para salvarle. En cierto modo esta es mi revancha con la muerte. Te salvaré Manuel y un día, iré a tu boda con Esperanza. De tanto lidiar con la muerte y salvar vidas, uno termina adivinando el futuro de los pacientes.

La noche antes de la operación, Manuel, solo en la habitación del hospital, llamo a su madre, no quería preocuparla, pero necesitaba oír su voz, para saber que todo estaría bien.

– ¿Mami, como estas? Te quiero mucho, mucho. Dijo Manuel, mientras trataba de lucir tranquilo.

-Orando por ti mi hijito, mañana te operas y he pasado días, hablando con Dios, se que todo saldrá bien, aunque no pueda estar a tu lado.

-Pero mama, ¿como lo sabes? No quería preocuparte.

-Esperanza, me llamo y me lo dijo, parece una buena muchacha esa amiga tuya. Me explico que prefería que yo lo supiera para que estuviera pensando en ti y enviándote toda mi energía. Hace dos días regrese de El Cobre, tuve una larga conversación allá arriba.

-Mama, eres un ángel, saberte pendiente, me da fuerzas extras, me obliga a vencerlo todo, dijo Manuel, mientras hacia un esfuerzo para no llorar.

Se despidieron con miles de besos. Manuel, en sueños, sintió el abrazo y los besos de su vieja.

Mario, antes de dormirse, pensó en Manuel y en Esperanza, confiaba que todo saldría bien, aunque sabia los riesgos con que se enfrentaría. Había vencido varias veces a la muerte, le debía al amor esta victoria. Miró la foto de su esposa en la mesa de noche y se durmió soñando con el amor.

Llego el día de la operación, Esperanza, entró al salón, mientras Aleida la miraba con todo el odio del mundo. Recordaba las palabras de Manuel una semana antes.

-Me decidí a operarme, una amiga me convenció, ella estará presente en la operación, tenemos el mismo grupo sanguíneo y en caso de una emergencia, podrá donar la sangre. Manuel, bajo la vista, no le gustaba mentir y sabía que si la miraba a los ojos, sabría toda la verdad.

-Solo bajo esta condición, acepte operarme sin que mamá estuviera a mi lado.

Pensó en oponerse, pero sabía que seria inútil, Manuel era testarudo, muy difícil de convencer. Mientras lo llevaban al salón de operaciones, recordó todos estos años juntos. Fueron felices al principio, muy felices, después vino la rutina. No recordaba en que momento exacto murió el amor. Siempre se llevaron bien, no discutían, pero los años, los fueron convirtiendo en una especie de amigos, que en ocasiones se usaban para saciar urgencias sexuales. A pesar de todo, no estaba segura de haber sido derrotada; la costumbre, es a veces una fuerza poderosa, ella lo sabía por experiencia propia.

En el salón, Mario daba las órdenes necesarias. Manuel, estaba ya bajo los efectos de la anestesia, Esperanza, apretando fuerte su mano, decidida a transmitirle su fuerza, a darle su vida si fuera necesario. Mario, comenzó la operación, Esperanza, sin fuerzas para mirar, apretaba con fuerza la mano de Manuel y miraba su rostro. Llevaban mas de una hora operando, toda iba bien aparentemente. De pronto, se escuchó la voz de Mario.

-Urgente otra transfusión, esta perdiendo mucha sangre.

La hemorragia que tanto temía, se había desatado, sabia que si no actuaba rápido, podía perder a Manuel. Consumieron el penúltimo litro de sangre. En el momento de colocar el último litro de reserva, nadie supo explicar cómo ni por qué, se escapo de las manos de la enfermera y se rompió en pedazos contra el piso. Esperanza, pálida, miro al doctor. Mario dio órdenes de proceder a realizar una transfusión directa de Esperanza a Manuel, era la única solución, por suerte, la había realizado antes, durante su servicio social, allá en las montañas de Oriente.

Esperanza, se negó a soltar la mano de Manuel y así sujeta a él, le fue dando gota a gota, parte de su vida, de su fuerza. Mario, termino la operación. Había salvado a Manuel. Esperanza, agotada y débil, seguía sosteniendo su mano, sujetándolo a la vida. Llevaron a Manuel para cuidados intensivos, mientras Esperanza, fue obligada a guardar reposo, hasta que se recuperara.

Mario, nunca supo si fue su experiencia, la sangre de Esperanza o el amor quien hizo el milagro; Manuel se recuperaba por días, volvía a ser el de antes, todos se asombraban de su pronta recuperación; el amor y las ganas de vivir, completaban el milagro. Llego el día de abandonar el hospital, Manuel se extraño que Esperanza no hubiera ido a estar con él, a acompañarlo hasta el auto.

-Debe estar afuera, esperándome en el auto, pensó mientras recogía sus cosas.

Manuel, salio del hospital, acompañado por Mario, afuera, en su auto, lo esperaba Aleida, que salio a su encuentro. La detuvo con un gesto. Su mano extendida, solo dejaba espacio para un frío apretón de manos.

-No Aleida, te agradezco que vinieras, tus cuidados, tu preocupación, pero sabes que ya no nos amamos. Seamos amigos, ya que no pudimos seguir siendo amantes, no me guardes rencor. Tú, tampoco me amas, no tendría sentido continuar juntos por costumbre, tienes derecho a rehacer tu vida, a volver a amar, no te preocupes por nada, seguiré cuidando de ti. Puedes quedarte con la casa, será mi primer regalo de amistad para ti.

Aleida, entendió el mensaje de Manuel, tendió su mano, se despidieron como amigos. Lo conocía demasiado bien para intentar nada después de sus palabras.

Manuel vio partir a Aleida. Justo en el instante que iba llamar a Esperanza, su auto llegó. Junto a ella, una persona que le resulto familiar, pero que no distinguía bien desde lejos. Esperanza se bajo, abrió la otra puerta del auto, Manuel, asombrado y emocionado, vio a su vieja, creyó que era una ilusión, dudo que fuera realmente ella. Esperanza corrió a él gritándole.

-Tuve que recogerla en el aeropuerto, quería darte la sorpresa, soborné y moleste a un millón de gente, pero aquí la tienes, contigo para siempre, con nosotros.

Se abrazaron los tres entre lágrimas. Al besar a su madre, Manuel sintió el olor de su infancia, de su casa, de la calles de su ciudad, como si La Habana en su madre, quisiera ser parte de este, su comienzo de una nueva vida. Mario, que sabía el secreto de Esperanza, los miraba desde la puerta del hospital. Si entre todos, le habían ganado la batalla a la muerte, el amor hacia el milagro de una nueva vida.

El amor lograba convertir una historia real en un cuento rosa que yo, solo adorné con palabras.

Fotografía tomada de Google

Mi vida.

Mientras viva, que he decidido será por mucho tiempo,
para placer de amigos y disgusto de enemigos, todos tenemos alguno, armaré sueños día a día.
Mientras viva, lo haré a toda prisa, sin detenerme en el ayer, sin olvidarlo.
Construiré mañanas e historias. Inventaré amigos y arco iris,
ambos dan color a mi vida, la embellecen, me gustan las cosas coloridas.

Mientras viva, entre letras y prisas,
guardare el calor del último beso de mi madre y el ansia indetenible por el próximo.
Detendré el tiempo en sus abrazos. Mis sueños,  llevan todos su nombre y su perfume.

Mientras viva, no aceptaré falsos amigos, aduladores,
no quiero abrazos con cuchillos escondidos, odio besos de Judas, dobles caras.
Me alejaré de hipócritas y mediocres, que sin fuerzas, ni valor, intentan nublar vidas.
Mientras viva, que repito, será por siglos, seguiré amando al mar,
acostumbrándome a la eternidad, cuando disuelto, fundidos él y yo, regrese una y otra vez a mis raíces.

Mientras viva, lo haré sin mentiras, ni artilugios, sencilla y plenamente, seguro del mañana y de mis fuerzas.
Fabricaré abrazos y te quieros que repartiré, generoso y feliz entre los buenos.
Mirare siempre a los ojos mientras hablo, gustaré de gentes transparentes, hermosas de alma y de ideas.
Recordaré a musas especiales, que soplaron el polvo de mis alas, un día de noviembre.

Mientras viva, diré lo que pienso sin temores, dialogaré con todos, tendré oídos sordos a ladridos.
Olvidaré ofensas y rencores, como olvido a los que un día, sin querer, sin dejar huellas, cruzaron mi camino.
Defenderé libertades, causas justas, ayudaré a todos, daré siempre una mano, abierta y limpia, ¡sincera!

Mientras viva, andaré mis ciudades favoritas. Mantendré anclada en La Habana, mi alma y mi memoria.
Seré siempre yo, mejorado, renovándome, sin renunciar a principios, guardando intacta, la voluntad del primer día.
Mientras viva, sonreiré a la vida, cuidaré de mi alma y de mi cuerpo, ambos andarán por este mundo un largo trecho.

Mientras viva, que repito, será por mucho tiempo, estrenaré sonrisas cada día, amaré intensamente, disfrutando cada beso, cada orgasmo.
Haré travesuras de muchacho, aunque sume siglos a mi espalda.

Mientras viva, llevaré a Cuba, en el alma y en mis ojos, renovando día a día su recuerdo, tomándome el café de la esperanza!