Escribir desde La Habana!

En la habitación que fue mi cuarto durante muchos años, que será siempre, “mi cuarto”,  con  las ventanas abiertas de par en par, disfruto del olor del patio mezclado con el del sofrito de mami. El sol, dibuja figuras sobre la sabana y las paredes del cuarto. Recostado en la que será siempre mi cama, pienso en la magia de escribir desde La Habana, podré ahora que he retomado el oficio de escribir, hacer escritos sobre mi ciudad, estando en ella? Sin necesidad de evocarla,  al alcance de la mano y de mis pasos, presente!

Escribir, desde la ciudad que ha inspirado la mayoría de mis escritos, escribir desde el sur, no desde el norte, desde el centro del amor y de mi historia, tiene un encanto que me obliga a hacerlo, a dejarme llevar por las musas. Es como una fiesta de mis palabras e ideas, una fiesta que La Habana, convoca, invita recuerdos y hechos por suceder. Hasta mi ciudad llega el aliento de mi musa transoceánica, de los amigos que no me dejarían abandonar el oficio de escribir.

La Habana, no es hoy un recuerdo, no tengo que evocarla. No tengo que adivinarla en la distancia; estoy en ella, material y emocionalmente. Mi ciudad, entra por las ventanas, se sienta en mi cama. Me dice; vamos para el portal, desde allí, te será más fácil, escuchando pregones y el ruido de la gente. Entre plantas, mirando la gente pasar, me guiña un ojo, se sienta en uno de los sillones de la terraza, me dice; es distinto desde acá, verdad?

Este será mi primer escrito desde La Habana, con una brisa con olor a mar, mitigando el calor de mayo. Mientras escribo, el sonido de la ciudad, se mezcla con ruidos de cazuelas. Mami, trajinando, preparándome el primer almuerzo de este viaje. La Habana, va hasta la cocina, abraza a mami, ambas se miran emocionadas. Mami quiere decir algo, mi ciudad, le pone un dedo en los labios, le dice; no digas nada, hoy lo tenemos con nosotros, hoy, no existe el pasado, ni el mañana, disfrutemos el presente. Ambas enjugan una lagrima, mami, destapa una cazuela, le da a probar un poco de su potaje. La Habana, sonríe; delicioso, le va a encantar.
Almorzamos todos juntos, saboreamos la comida. La acostumbrada sobremesa, se extiende al portal, donde saboreamos un café. La Habana, se despide luego del café; no me voy, quedan en mí, nos disfrutamos, solo los dejo unos minutos a solas, tienen que disfrutarse mutuamente. Tendrán que contarse historias que yo, ya se.
Mami, me mira, sonríe, me pregunta; que haces con el Black Berry? No vamos a conversar? Escribiendo mami, escribiendo, desde La Habana! Le respondo sin dejar de dar forma a este, mi primer escrito desde La Habana

En su rostro, se dibuja una sonrisa diferente, su mirada me envuelve. Sonríe, disfruta, después de muchos años, vuelve a verme escribir. Tiene algo de magia esto de escribir desde La Habana, con mami, sentada frente a mí, disfrutando ser testigo del acto de escribir, desde La Habana!