La Habana y el mar.

La Habana, es una ciudad tendida al mar. No le basto una bahía o una costa, decidió estar recostada al mar. Se agencio donde descansar, especie de cojín o almohada y le llamo malecón. Las olas la bañan y refrescan. El mar y La Habana, se mezclan, se confunden tierra y mar intercambiando límites y sueños.

Los habaneros, amamos el mar, pertenecemos a él, tanto como pertenecemos a la tierra. Necesitamos la brisa del mar, una buena ola rompiendo cerca, nos alegra el día. Tengo un amigo que me dice siempre que el mar cambia mi estado de ánimo. No importa si tuve una semana difícil, ni el stress acumulado, basta una ola y aparece la sonrisa. Es el mismo mar que rompe contra el malecón, olas que van y vienen, con mensajes de amor de la ciudad a sus hijos. Olas que llevan de regreso un no te olvido gigante y un beso eterno.

Hay ciudades sin mar, incompletas. Para nosotros, mar y ciudad, van unidas. Tuve la suerte, de tener el mar casi al doblar la esquina, al alcance de la mano. Iba caminando a tomar el sol y darme un baño de mar en la costa, un par de tenis viejos, una toalla y casi estaba listo para el encuentro habitual. A veces, iba solo a sentarme frente al mar, saberlo cerca, alejaba preocupaciones, ensanchaba el pecho.

El mar esta presente en La Habana de un modo especial, no es un complemento o un marco, es parte activa e importante de una ciudad que empieza en el Almendares y no termina en la costa, que tal vez sigue más allá y se convierte en ola. A veces, el mar ha querido llegar mas adentro de la ciudad, salta el malecón, desconoce barreras y visita viejos conocidos. Llega allí, inesperadamente y entre sustos y risas, sus amigos lo reciben. Al mar se han lanzado muchos tras un sueño, algunos lo alcanzaron, otros quedaron en el mar . El, los guarda para siempre.

Mi madre, habanera de pura cepa, ama al mar entrañablemente. Cuando éramos niños, nos llevaba a ver a su viejo amigo. Juntos pasábamos días maravillosos, mi madre, el mar y nosotros. Siempre que regreso a La Habana, dedico al menos un día a visitar al mar, no voy solo nunca, llevo a mi madre. Ella acumula carcajadas durante todo el año, luego las despilfarra feliz durante mi visita. Sus mejores risas, son siempre en el mar, reímos los dos como niños. El mar, nos agradece la visita y nos regala sus mejores olas.

El mar, me recuerda mi ciudad y mi madre, a ambas las baña, refresca y alegra, ambas lo aman, no serian las mismas sin él. Yo, tampoco seria el mismo sin él. Nosotros, seriamos otros, sin el malecón y las olas rompiendo, sin la bahía, sin el mar tragándose al Almendares. Sin esa brisa, seriamos otra ciudad diferente. Por suerte, mar y Habana, están unidos para siempre, como una ola gigantesca que salta muros y fronteras ,que nos inunda el alma. Que un dia, recogera a todos sus hijos y los llevara de vuelta, segura de su fuerza y de su amor, indetenible!