Lourdes, entre amigos y canciones.

El sábado pasado asistí al concierto de Lourdes Libertad en Real Café . Un amigo periodista, había leído mi último comentario sobre su presentación en El Divino, y me pidió le avisara para conocerla y disfrutarla. Al llegar al lugar le dimos 5 estrellas, pequeño, acogedor, bien ambientado; sitio perfecto para hacer a públicos y cantantes complices en noches de entregas y arte.

Lourdes, apareció entre el público, sencilla y segura, dispuesta a entregarse plena y feliz; a ser dueña de la noche.

Nos regala éxitos conocidos que se reestrenan en su voz e intento. Saluda a amigos, ofrece sus canciones como quien brinda una tacita de café a sus visitas; segura de la aceptacion y del disfrute.

Emigrar es sin dudas duro, por eso siempre aplaudo a quien se afinca en nuevas tierras, sin perder esencias ni raices, a quienes hacen de la cubania escudo y defensa, estandarte y alarde. Lourdes Libertad es un ejemplo y entre canciones, anécdotas y chistes, regala arte, talento y cubania.

No le había escuchado la cancion de Lourdes Torres, “Para ser alguien” y la letra se me antoja declaración de principios, “Nada me asusta, nada me espanta… batalladora rebelde a veces, según criterio de quien no entiende es mi derecho ser como quiero. Qué cada cual escoja el camino…”. Como reafirmación que este es el suyo, entre canciones y amigos.

Regala su version de New York, New York y gana aplausos y bravos. Alguien le grita y Mexico y canta a capella una ranchera de su madre, en alarde de afinación y voz.

Señora de la escena, lo lleva en su mapa genético, nos regala, “Como cualquiera”, su agudo en “Me he mantenido fiel a mi misma, de nada tengo que arrepentirme” estremece la noche de Miami.

El concierto llega al final y a pedido de amigos, cierra con “Que hablen” de las hermanas Diego. Sin dudas su versión da un nuevo aire a la canción que se me antoja la burla del cisne a todos esos que hablan pendientes de vidas ajenas.

Nos despedimos, no sin antes decirle al oído, nos vemos en Alfaros’s el 11 de de febrero. ¿Se embullan?

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Annia, a su fuerza y manera.

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No se que extraña coincidencia, me trae la voz y presencia de Annia, otra vez, cuando tengo ideas dándome vueltas, luchando por hacerse historias. Mi primer escrito sobre ella, nació luchando con varios cuentos que querían nacer y este repite intentos y luchas entre ideas. Siempre que la escucho, recuerdo a mi amigo Oscar, que hacia colas interminables, para conseguir buenos asientos en sus conciertos. El la adoraba y seguía en todos sus conciertos.

Hace año y medio, converse con Annia, le prometí asistir a un concierto suyo. Fue en diciembre del 2013. Anoche, por fin, cumplí mi promesa. Seria un concierto “difícil”, tendría que luchar contra recuerdos de otros conciertos en el Mella, el Nacional, el teatro inmenso de La Habana, con gala del Guzmán incluida.

Abre el concierto con “A mi manera”, en reafirmación total que, seguirá así, hasta el final, a su manera. Conversa con el publico, explica que la noche será un recorrido por sus éxitos, que utilizara los arreglos originales con los que los dio a conocer. Así poco a poco, Annia nos va llevando en un recorrido por sus canciones. Un recorrido musical que escapa a su intento y voluntad, que nos lleva a visitar teatros y barrios de nostalgias, a casi cada rincón de nuestra isla. Cada espacio de nuestra geografía, donde Annia llevo su voz y sus canciones, donde aún se le escucha en el recuerdo fiel.

Alfaro’s, se hace pequeño para tanta voz que estremece paredes y recuerdos, que vence el tiempo y obstáculos. El micrófono, se le vuelve inútil, innecesario y se le esconde ante cada agudo potente. Recuerdo una vez que le dijeron que ella no tenía cuerdas vocales, que tenia ¡sogas vocales! Esas “sogas vocales” listas para desandar viejas canciones y estrenar nuevas, no saben de derrotas, ni lejanías. Siguen cantando con la misma fuerza y empeño que en La Habana, hace mas de 20 años, no saben de exilios, años ni penas.

Canta, “Comienzo y final de una verde mañana” de Pablito y el amanecer se adelanta de un modo diferente. Como si sentados en el muro del Malecón, asistiéramos al diario milagro de la salida del sol en La Habana.

Termina su concierto, Annia se retira entre los gritos de, otra, otra. Deja en el aire las ganas de mas, obligándonos a reservar para un próximo encuentro.

Vuelvo a recordar a mi amigo Oscar, que la adoraba, que hubiera sido feliz escuchándola con la fuerza de siempre. Tal vez volvamos a encontrarnos en esas calles sin rumbo del exilio y pueda contarle de su cantante, decirle que su voz, aún espera su próximo y gran concierto.

Fotografia cortesia de Roly Perez.

Desde La Habana, ¡Ivette!

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Un breve mensaje a Ivette Cepeda por las redes sociales, su gentileza en responderme, aseguraban mi asistencia a uno de sus conciertos en La Habana. Llegar a mi ciudad, estallar en besos y abrazos junto a mi madre, terminar el día en un concierto íntimo, habanero y cubanísimo, era la mejor bienvenida que La Habana podía darme, su as de triunfo que sacaba de la manga con un guiño.

Supe de Ivette, viviendo en Miami, no recuerdo exactamente como, ni en que instante descubrí su voz, me deje atrapar por ella. Desde ese momento comencé a seguir su carrera en ascenso, a perseguir sus discos y videos, a disfrutarla en cada canción, en cada nota. Tuve la oportunidad de asistir a su primer concierto en Miami. Al escucharla en vivo, la llamé, la voz de La Habana. Deleitándome con su voz y sus interpretaciones, era como si mi ciudad, en extraña y mágica conjunción, hubiera decidido hacerse escuchar por ella, hacer suyas sus cuerdas vocales, convertir en notas, acordes y agudos, cada barrio habanero cada una de nuestras calles y esquinas.

En su primer concierto en Miami, a muchos nos pareció estar en La Habana; su voz hacia el milagro de borrar exilios y lejanías. El grupo de amigos que coincidimos en el teatro, nos dejamos llevar por su voz y hasta alguna que otra ola nos salpico, bautizándonos de cubanìa y buen arte.

Asistir a un concierto de Ivette en La Habana, tenia para mi una magia especial, un encanto único. Por vez primera, después de 13 años, escucharía a una cantante cubana, en vivo, en mi ciudad. En la memoria y en el corazón lleve conciertos de Elena, de muchas más que disfrute muchas veces en esos amados y nuestros teatros del recuerdo. El lugar era perfecto para este reencuentro con Ivette y mi ciudad; el bar del Hotel Telégrafo, construido a partir de las ruinas originales, invitaba a desatar emociones y nostalgias, sueños y suspiros.

Un montón de veces, en Miami, escuchando a nuestras cantantes, me ha parecido estar en La Habana y salgo de teatros y centros nocturnos, desorientado, buscando calles de mi Habana, perdido en el recuerdo, borracho de noches habaneras y paseos por el Malecón. Escuchar a Ivette, el primer día de mi llegada a La Habana, me recordaba a Miami, su primer concierto. Me parecía ver a Memé Solís, de pie aplaudiéndola, dándose con el puño en la frente, como quien se dice en buen cubano; ¿Qué coño es esto? A mis amigos de pie, aplaudiéndola. El bar del Hotel telégrafo se me antojó un teatro y por un minuto temí que mi viaje a La Habana, no fuera real y al salir terminara la magia y todo fuera solo un sueño. Por suerte aún tenía por delante una semana en mi ciudad. Mi Habana, me daba la bienvenida en la voz de Ivette augurándome un viaje especial; 7 días de encantamientos y conjuros, de felicidades multiplicadas y recuerdos para atesorar.

La selección del repertorio de Ivette, es inteligente y de buen gusto. Incluye números antológicos de nuestra canción, de esos imprescindibles que todo cantante cubano que quiera trascender, debe incluir y recrear. Dedica un espacio a Sabina, declara su admiración por él y su deseo de conocerlo en su próxima visita a La Habana. Estoy seguro que alguien lo invitara a uno de sus conciertos. Joaquín Sabina, se sentara a escucharla y después de la primera canción estará de pie, aplaudiéndola. Al final de su concierto, le dará las gracias por hacer suyas sus canciones, se abrazaran y algún día le enviara una canción para que la estrene, lo se, lo presiento; la admiración será mutua.

Aunque se que ya lo había leído, le entrego a Ivette mi escrito sobre su primer concierto en Miami, constancia que ese instante y tampoco este son un sueño, una trampa de nostalgias y recuerdos. Me agradece con un beso mi gesto, le digo al oído, te extrañamos, regreso en septiembre, me susurra ¡Te esperamos!

Sabe que los cubanos del lado de acá, la amamos y esperamos, con un amor a primera escucha y la certeza que en septiembre, su voz y su arte adornaran otra vez esta ciudad, con un color que pintara vidas y almas a su influjo y magia.
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