¡Annia! A su manera.

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Tengo varios escritos comenzados, pensé terminar un par de ellos este fin de semana. Tendrán que esperar unos días, un fin de semana un poco “movidito”, la presencia e interpretación de una cantante cubana en una fiesta de Navidad, me hicieron cambiar mis planes.

De un modo u otro, le debía un escrito. Era mi cantante favorita en La Habana, asistí a todos sus conciertos. Les confieso que nunca hice “colas” para comprar las entradas, la amistad con uno de sus más fíeles seguidores, me garantizaba siempre un buen lugar en los teatros. La primera vez que asistí a un concierto suyo fue en el Mella, La Habana se estremecía con el RM de Roberto Morales. Alguien me comentó del espectáculo, me dijo; Annia canta “A mi manera” y en la parte final se aleja el micrófono, ¡Que voz! Les confieso que lo vi varias veces, Annia seducía al publico habanero en complicidad con Consuelito Vidal, en un binomio inolvidable.

Asistí a muchos de sus conciertos, en el teatro inmenso de la Habana, el Nacional, el Mella. Annia repletaba los teatros y sus entradas se vendían como pan caliente, pero pan del bueno, no del de la cuota. Recuerdo una noche en la sala Covarrubias del teatro Nacional, que hasta un apagón habanero quiso escuchar a Annia y lo logró. En lo mejor del concierto, se hizo presente, se fue la luz, como decimos nosotros. Creo que Annia se dijo; bueno si el apagón vino a escucharme, va a escucharme y dicho y hecho. El concierto lo continúo cantando a capella y un público enardecido y feliz con esta cantante que iba más allá de la técnica y las dificultades.

En los conciertos de Annia, descubrí a María Antonieta. Nos impacto a todos por su presencia, belleza y talento, después el tiempo y la geografía terminarían uniéndonos en amistad y admiración.

Cuando estaba en plena efervescencia y popularidad, en un viaje al extranjero, decidió asentarse en Miami. Annia se quedo, repetía su público consternado, ella, como otras, dejo un vacío, un espacio que aún continua esperándola, reclamándola.

En Miami, no he asistido a sus conciertos, hasta ahora. Les confieso que temía a este reencuentro con su voz y los años, prefería recordarla luminosa y triunfante en La Habana. Cuidaba esos recuerdos, los recuerdos, son un tesoro muy valioso. Anoche en una fiesta de Navidad en casa de unos amigos, Annia canto dos canciones. Embellecida por amigos, adornada por el amor de amigos y publico, comenzó a cantar, “A mi manera” le hice algunas fotos. Poco a poco Annia subía el tono, volvía a alejar el micrófono en los agudos, derrochando voz y arte. Deje de hacer fotos, me recosté a un muro y me deje llevar por su voz que como la flauta mágica del cuento, me llevo en el tiempo y la geografía. El publico aplaudía y yo suspiraba por amigos y ciudades ausentes, por La Habana que se pierde de disfrutar esta voz por absurdos y decretos.

En el segundo número Annia invita o “arrastra a la fuerza“, a Samuel Calzado y a María Antonieta a cantar junto a ella. ¿Que voy a hacer sin ti? Adquiere un matiz diferente en este trío de lujo, de voces cubanas decididas a no darse por vencidas, a ser escuchadas.

Saludo a Annia, le prometo un escrito que le debo hace años, desde que retomé el oficio de escribir. Me invita a su concierto el próximo 28 de diciembre en Alfaro’s, prometo ir, seguro que su voz hará el milagro de despedir el año, entre recuerdos y sueños.

Recuerdo a mi amigo, el que me resolvía las entradas para los conciertos de Annia. Anoche hubiera sido feliz escuchándola sabiéndola en plenas condiciones vocales, vital y espontánea, con la fuerza de siempre. Sus cuerdas vocales no creen en exilios ni en años, en tumbas de artistas, ni retiros. El junto a mi, hubiera aplaudido anoche, enjugado una lagrima de emoción y nostalgia. Juntos hubiéramos recordados conciertos y teatros al influjo de una manera que vence el tiempo y la distancia, la de Annia.
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Maria Antonieta.

No, no se asusten en este escrito no hay revolución francesa, reinas encanecidas, ni cabezas cortadas.

El lunes pasado, mi amigo- hermano, me llamo; José, el sábado presentamos a María Antonieta en The Place, tenemos que correr con la propaganda, apenas hay tiempo. Lograron llevarla a dos programas de televisión. Yo, sobre la marcha, hasta aprendí a hacer carteles y videos con tracks y fotos y subirlos a youtube. Donde hay cubanos, no hay imposibles!

Mientras apoyaba desde mi pagina de Facebook y entre amigos, la presentación de María Antonieta, recordé la primera vez que la vi en un teatro. La presentó Consuelito Vidal, sus palabras fueron mas o menos estas; una bellísima mujer que va a triunfar y será algún día, una de las figuras mas importantes de la canción cubana. Profecía o conjuro, sus palabras se cumplieron, se cumplen en cada interpretación que nos regala.

Un amigo la llamó, la palma real de la música cubana. Aunque la admiraba, desde sus inicios en Cuba, pensé exageraba. La comparación con una palma real, me pareció infeliz. Llego la noche de su concierto, María Antonieta, salio a escena; bella y deslumbrante, enérgica y talentosa. Una palma real en pleno huracán se adueño de todos.

Sus versiones de números clásicos, revivieron a  grandes ya ausentes. Convocadas por su voz, reencarnaron en sus interpretaciones. Su espectáculo, no fue unipersonal. Muchas cantantes, cobraron vida en su voz y sus gestos, compartieron junto a ella el escenario, conquistando corazones y aplausos.

En esta ocasión, The Place, no solo abrió un portal a La Habana. Se abrió un portal enorme a recuerdos y nostalgias, años de arte e historia, evocados por la voz y carisma de esta mujer se hicieron presentes, desataron memorias, lágrimas, abrazos! Martha estrada, Leonora Rego, se vistieron de palmeras y en voz ajena, pero hermana y cubana, se hicieron presente.

Da gracias a Dios, por estar entre nosotros, entre amigos y cómplices, entre cubanos. Recuerda a Oshun, no escapa a nuestro folklore.

Cuba, no nos deja irnos del todo, se inventa ataduras y misterios. Envía palmeras que cantan y seducen. Nos  hace trampas, confundimos lugares y momentos. No se si al terminar el concierto, iré allá a mi casa en Playa, en la Habana, donde mami, en su sillón, espera que llegue para irse a dormir o iré a mi apartamento en Hialeah, donde dormiré solo, entre recuerdos y sueños. La voz y el embrujo de esta mujer es un puente, hace magia, olvido el sitio exacto donde estoy, recordando siempre quien soy, de donde vengo y hacia donde voy.

Interpreta Cavaste una tumba, interrumpida por aplausos y gritos de bravo, la aplaudimos de pie. Créanme, por un instante me pareció ver a Leonora Rego, tomándole la mano, ayudándola a recrear la canción. Termina de hacerla, Leonora Rego, la deja sola en el escenario, disfrutando de aplausos. Tras bambalinas las grandes disfrutan su concierto, la dejan recrear sus canciones, le apuntan la letra, le inspiran el gesto y la explosión, la dejan hacer a su antojo, seguras de su éxito.

Del público, le piden una noche de copas; no la tengo montada, responde, le gritan; a capella! Su voz termina convirtiendo la noche en locura de arte y sentimientos.

La aplaudimos de pie, no la dejamos ir. Promete un próximo concierto con orquesta y bailarines. Se despide con, El mundo y el mundo presente, se rinde, sin ofrecer resistencia, a su voz y belleza!

Finaliza  el concierto, termino mis notas. Llego a casa y a pesar de la hora, voy dando forma a este escrito, evocando una noche que recordare por mucho tiempo. No fue una noche loca o de copas, fue una noche habanera, que vivimos en Miami, al influjo de la magia y la voz de una palmera.