Un almuerzo entre amigos, recuerdos y sueños.

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Llevaba tiempo planeándolo, dándole vueltas a la idea. Un lunes se levanto decidido; ¡Este sábado será el almuerzo con todos mis amigos!

Cuando a Jose, se le metía algo entre ceja y ceja, no paraba hasta lograrlo. Envío mensajes de texto y por Whatsapp, emails, hizo llamadas telefónicas. Se comunico con amigos en Paris, Barcelona, New Jersey, Hialeah, Canadá, Bruselas, Suecia y un montón de países y ciudades más. Armó un arroz con mango de anjá, pero estaba resuelto, esta reunión de amigos en el patio de la casa de Alfredo y The little Jose, seria histórica.

A todos los amigos les dijo bien claro que cada uno tendría que llevar un plato especial, algo que le gustara y que estuviera vinculado a su vida, a sus recuerdos. Todos pasaron la semana en los preparativos, algunos sacando pasajes y haciendo reservaciones en hoteles, mientras pensaban en que plato llevar a la reunión, otros buscando ingredientes, alistándose para el esperado almuerzo.

Jose, llamo a su mamá en La Habana para pedirle consejo.
– Haz un picadillo con pasitas, aceitunas y papitas picadas en cuadritos fritas, de postre un flan con mi receta personal, recuerda no agregarle azúcar, con la de la leche condensada basta.
– Gracias mami, un besote, te llamo el domingo para contarte del almuerzo.

Hiram, no se preocupo mucho, compró 4 paquetes de chuletas de puerco en Publix. No quiso complicarse, después se decidió por hacer un potaje de garbanzos de esos que él hacia imitando la sazón de Concha, la mamá de Jose. Recordó la primera vez que lo probó y le supo a gloria.

María de Jesús, preparo una ensalada sueca idéntica a esa que hizo el día de su cumpleaños en el 2011, cuando conoció a Jose e Hiram y juntos comenzaron a “cocinar” su primera presentación ante el público de Miami.

Higinio, pidió la ayuda de su mamá, juntos hicieron una fuente enorme con croquetas idénticas a las que hacia María Elena en La Habana, cuando él y su hermano eran niños. Esas croquetas sirvieron, en su momento, para mucho más que servirlas en la mesa. Hacerlas juntos los hizo revivir esos años en que, enfrentaron dificultades y las vencieron.

Así todos pasaron la semana ocupados en los preparativos, muchos guardaban celosamente el secreto sobre el plato que llevarían; no querían competencia, querían deslumbrar a los demás cuando mostraran su plato.

Llego la tarde del sábado. Jose, fue el primero en llegar a casa de Alfredo y Little Jose, fue directo al patio. Una mesa enorme ocupaba casi toda el área, coloco su fuente con el picadillo que su mamá le habia enseñado a cocinar sobre la mesa y guardo su flan en el refrigerador, lo sacaría a la hora de los postres. De uno en uno, en grupos de 2 o de 3 fueron llegando todos. No faltó nadie.

Lourdes trajo una cazuela enorme con un delicioso arroz con pollo, al destaparlo, un fuerte olor a barrio habanero, a comida del domingo en familia, inundo el patio. Todos se quedaron en silencio, disfrutando ese olor que los transportaba a La Habana y a otros tiempos. Montse, vino directo del aeropuerto, traía una tina de helado de mandarina y una cazuela con fabada, sabia que era uno de los platos obligados que Jose pedía a su mamá en sus viajes a La Habana, lo coloco sobre la mesa, lo destapo.
– Pruébalo Jose, dime si te recuerda algo.
– Parece que lo hizo mami, ¿Como lo lograste?
– La llame, ella me dijo como hacerlo, quería sorprenderte.
Se dieron un abrazo largo e intenso, un abrazo que se debían hacia años, esperado y necesario, imprescindible.

Samuel llego, puso sobre la mesa una fuente con jamón ibérico y corrió a bajar el piano eléctrico del auto, después del almuerzo cantaría algunas canciones junto a otros invitados y los acompañaría al piano. María de Jesús e Hiram, llegaron juntos, colocaron sus platos sobre la mesa y se pusieron a conversar con Samuel, planificando la sobremesa musical.

Margarita llego agitando pulseras y riendo a carcajadas, destapo su cazuela de caldo gallego antes de ponerla en la mesa.
– Huelan esto, me quedo especial.
Todos se deleitaron en ese olor, se extasiaron en recuerdos e historias convocadas a su influjo. Jose, viajo en el tiempo en alas de ese olor, recordó cuando su mamá lo hacia allá en La Habana, se lo daba a probar y él solo decía; ¡Exquisito!

Sobre la mesa había una variedad de platos capaz de satisfacer al gusto más exigente. En el patio una mezcla de olores revivían infancias y hogares, nostalgias y alegrías. Magda llego con las primitas recién estrenadas, cada una traía algo, pastas, papas rellenas, mermelada de guayaba, ella cargaba orgullosa y nostálgica una fuente con frituras de malanga. Jose, no pudo resistirse y cogio una.
– En mi primer almuerzo en La Habana, cada vez que voy, mami me hace frituras de malanga, este sabor me trae la alegría del encuentro, de sus besos, vuelvo a sentir la felicidad de ese momento. Sus lágrimas cayeron sobre la fritura de malanga dándole un gusto especial, un toque mágico.

Daniela y Mirka llegaron juntas, ambas traían una cazuela enorme con tamal en cazuela, pesaba tanto que tuvieron que pedir ayuda para ponerla en la mesa.

– Jose dale ayúdanos, para algo tiene que servirte hacer pesas todos los días.
Entre Jose y Javier levantaron la enorme cazuela, mientras Luis, hacia espacio en la mesa para ella.

Bárbara, llego con su hijo, orgullosa y feliz, traían una fuente inmensa de spaghetti, idénticos a esos que vendían en la esquina de Tejas cuando estudiaba en la secundaria. Puso la bandeja en la mesa, abrazo a Jose.
– Créeme que volví a ser adolescente mientras los hacia, cuando los pruebe, sentiré la risa y las voces de mis amigos de esos tiempos, volveré a andar por la esquina de Tejas.

Jorge, se apareció con una fuente enorme de frijoles negros y un montón de flautas de pan cubano recién horneado. Coloco todo sobre la mesa, abrazo a sus amigos.
– Que trabajo me costo decidirme, no sabia que hacer, toda la comida cubana me recuerda a nuestra islita, saben que yo extraño a Cuba y ustedes ¡también!

Miriam, se apareció con unas judías fritas, Jose se extasío mirándolas.
– Si supieras, mami acostumbraba a hacerlas, hija de españoles, crecimos comiendo fabadas, muñetas, garbanzos fritos y caldos gallegos, ¡Cuantos recuerdos! Gracias, se ve muy rica.

Gino, contradictorio y ocurrente, trajo una fuente de tostones. Gabriela, Carlitos y Henry, se pusieron de acuerdo y llevaron arepas y hayacas. En un intento de traerse su Venezuela a Miami y compartirla con nosotros. Iliana, trajo una cazuela con moros y una fuente con fricase de guanajo, tal y como su abuela lo hacia. Mirta se apareció con una cazuela de arroz blanco y una fuente con huevos fritos.
– No traje el picadillo porque sabía que tú ibas a hacerlo, hoy voy a darme banquete. Como saques un batido de proteínas, ¡Te mato!
Todos rieron, seguros que esa tarde nadie calcularía calorías y todos olvidarían las dietas.

La Fornés, llego con Robertico y Colina, traía una fuente con colas de langosta.
– Cada vez que me he presentado en The Place, es el plato que me han ofrecido, me recuerda mi reencuentro con mi público fiel, mis amigos, los aplausos de Miami.

Higinio, llego con su mamá, Albert, su hija y María Antonieta, todos lo ayudaron a freír la barbaridad de croquetas que habían preparado.

Joaquín, se bajo del taxi todo sudado y agitado.
– Termine una conferencia y cogi el avión directo para Miami, solo tuve tiempo de pasar por “El palacio de los jugos” y comprar unos tamales. Ya se que jamás son como los de Cuba, pero todos dicen que son los que mas se les parecen.

Guille, Gabriel, Deiss, Charisse, Alfredo, Radel, Esperanza, Ariel, Tania, Bris, todos fueron llegando y colocando sus platos especiales sobre la mesa. Todos aportaron su plato y sus recuerdos a esa reunión de amigos.

Kleber, llevo carne e’ puerco preparada por él y su mamá. Haciendo gala del titulo que Jose le había dado, de ser el más cubano de todos los ecuatorianos conocidos.

Jose, saludo a todos, a muchos los conocía solo por la magia de la Internet. Allí estaban Tony, Fregny, Zenaida, Lissete y un montón más de amigos, ninguno falto a la cita.

Antes de comenzar el esperado almuerzo, todos se tomaron las manos alrededor de la mesa, disfrutaron esas mezclas de olores que los hermanaba en el pasado y aseguraba el futuro. Sobre la mesa, había fuentes con moros, cazuelas de potajes, negros, colorados, garbanzos, judías, carnes de todos tipo, cocinadas de casi todas la maneras posibles, arroz blanco, amarillo, frito, ensaladas, tamales, chicharrones de puerco, croquetas, papas rellenas, mariquitas, un montón de postres, desde torrejas hasta buñuelos. El enorme patio de la casa resulto pequeño de pronto, al influjo de olores y sabores, madres, abuelas, tías y hermanas ausentes, se hicieron presentes, fue una fiesta de recuerdos y sueños. Por unos minutos vivimos sin ausencias, sin partidas ni lejanías. Todos quisieron compartir ese almuerzo especial que más que una fiesta del paladar, se convertía en un torbellino de recuerdos, una celebración de momentos especiales, una fiesta de sentimientos que multiplicaba la alegría y la vida.

Comenzaron a comer entre lágrimas y sonrisas, abrazos y besos. Sonreían a la vida, olvidaron problemas, cuentas por pagar, asuntos pendientes. Compartir entre amigos y recuerdos, con ausentes y presentes, tener a lo mejor de nosotros al alcance de la mano y disfrutarlo entre hermanos, hace crecer la felicidad, ensancha pechos y adelanta mañanas con arco iris y carcajadas resonando estrepitosamente en el Caribe, multiplicadas en cada rincón de nuestra Islita.

Sin dudas ninguno olvidaría este almuerzo especial entre amigos, recuerdos y sueños. Un almuerzo así, alimenta mas el alma que el cuerpo, todos lo sabían. Mientras disfrutaban de las canciones de los artistas presentes, acordaron repetir la reunión cada año, seguros que alguna vez, el almuerzo seria en La Habana, tal vez en la Plaza Vieja, con banderas al aire y palomas volando. Todos sabían que ese almuerzo, llegaría, seguro y necesario.

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Olas.

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Esas olas que rompen contra el muro,
Que salpican la ciudad y nuestras almas.
Esas olas que saludan mi regreso, se vistieron de adiós,
En mi partida, intentaron seguirme, aún me buscan.

Esas olas que llevan y traen suspiros y sonrisas,
Carcajadas y gritos, que cuentan los días del regreso.
Esas olas y yo tenemos una historia, salpicada de gotas y de lágrimas.

Esas olas, borraran un día las distancias,
Saltaran más de un muro gigantesco,
Lavaran la ciudad de angustias, penas, adioses sin regreso.
Esas olas, se llevaran para siempre la tristeza.

Esas olas, nos bautizan de esperanza, mientras juntos,
Esperamos fundirnos sin distancias.

Queridos Reyes Magos…

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Tal vez ya no tengo edad para escribir cartas a  los Reyes Magos, de todos modos la escribiré. Llevo años deseando volver a sentarme, escribir mi carta y esperar ansioso por el 6 de enero. Creo que nunca es tarde para dar rienda suelta al niño que llevamos dentro. Se acerca la Navidad y aunque acá, al norte, todos piden a Santa Claus, yo prefiero pedirle a los Reyes Magos, a los nuestros. Santa, tan gordito, acostumbrado a viajar en trineo, se perdería por esas calles de La Habana. Tal vez hasta le diera miedo entrar a un solar, no sabría el regalo exacto que mi gente allá necesita, ni siquiera el que mi gente del lado de acá necesita. Cuando Jesús nació, Santa, no andaba por esos lugares, creo que ni se entero, cuando el 6 de enero, ellos llegaron a ofrecerle regalos. Seguro descansaba, con el colesterol por las nubes, dispuesto a dormir otros largos 12 meses. Por eso, como hace años, pido a nuestros queridos Reyes Magos.

Para mi, no pido mucho, con tener mas tiempo con mi madre, hacerla feliz y tener salud, me conformo. Lo demás, publicar mi libro, seguir escribiendo, hacer amigos, trabajar, depende de mí. Me vendría bien una ayudita, pero no quiero agobiarlos pidiendo mucho; mi madre y salud, con eso tengo.

Para mis amigos, más tiempo juntos, acercarnos aún más. Que sus sueños se realicen, al menos los mas importantes, pero no todos;  tener sueños por realizar, los mantendrá vivos y jóvenes por siempre.

Pido, con toda la fe del mundo, alegrías y sonrisas para el nuevo año. Que el próximo año, sea abundante en estruendosas carcajadas y escaso en lagrimas. Que mis amigos pasen el año sonriendo y mis enemigos, si los tengo, que sonrían también, tal vez ellos son los que mas necesiten sonreír.

Para los seres humanos en general, pido cordura y esperanzas, justicia. Que los hombres aprendan a amarse, antes que una voz tronante se los recuerde. Que la humanidad cree y no destruya, que el bien venza al mal y que triunfando, asegure el futuro y la vida.

Para los niños, donde quiera que estén, no pido juguetes, de un modo u otro los tendrán. Pido padres que sepan educarlos, madres ejemplares que los protejan y formen. La familia, es la célula fundamental de la sociedad, sobre los hombros de los padres, descansa el futuro de la humanidad. Tener buenos padres es el mejor regalo que pueden tener los niños y los hombres.

Es hora de que los camellos se acerquen a mi Islita. Allá, también los necesitan y mucho. Que cada hogar cubano, mantenga viva la esperanza y las ganas, que no desmayen. Que no dejemos nunca de ser y siendo, no perdamos la sonrisa, aunque el dolor sea fuerte y la lágrima asome. Que al vaciar sus sacos, una y otra vez sobre nuestra patria, sean generosos con la luz y los sueños. Que un 6 de enero especial, nos espere ahí, al alcance de la mano, desbordado de arco iris, girasoles y puentes, con nubes de sinsontes cantando nuestro himno y mariposas tricolores, volando libres, sin freno, seguras de si y del mañana. Un día de reyes así, seria el mejor regalo. Mi Habana, nuestra Habana, no necesita más.

Estos regalos, no puede traerlos Santa, ocupado en comprar en tiendas caras y ordenando el último modelo de juguete. Santa, vive allá, al polo norte, no entiende de islitas y de pueblos, no nos conoce. Ustedes si, mis queridos reyes magos, ustedes si saben de partos y luces, de estrellas y Mesías, por eso les escribo. No olviden nada, sean generosos, hagan horas voluntarias este año. Dejen sus camellos en lugar seguro y recorran mi Isla a pie, entren a cada casa, siéntense a cada mesa, conózcannos aún mejor. Darán regalos y recibirán también; el cubano, es generoso. Probaran, cientos, miles de veces, café recién colado que aunque mezclado, se los brindaran de corazón. Compartirán almuerzos y comidas, donde comen 2, comen 3, aunque sean los Reyes Magos. No tendremos mucho, pero lo compartimos con amor y alegría. Entenderán por qué reímos, cuando debiéramos llorar y por qué remamos, cuando debiéramos arar y luchar. Terminaran enriquecidos, me agradecerán mi carta, andarán felices mi Isla y mi ciudad. Se que aunque no pedí juguetes, repartirán muñequitas de trapo, chivichanas y trompos, nuestros niños jugaran felices. No olviden dejar un girasol gigante en El Cobre y un ramo de flores moradas en El Rincón. Llévenle a mi bandera la palma más alta que encuentren, que ondee libre, feliz en las alturas, reafirmando que muertos y vivos estamos dispuestos a levantar los brazos y luchar por ella.

No se si pido mucho o poco, si los he agobiado con mi lista. Aún me queda mucho por pedir, ustedes lo adivinan. No escatimen este año, abran sus sacos gigantescos y vacíenlos sin pena en un amanecer “con todos y para el bien de todos”.

Un hombre auténtico.

Vino al mundo, una mañana de abril, burlándose de la astrología, no nació bajo el signo de Aries. Una extraña conjución de astros, lo marcó para siempre; nació bajo el signo de la autenticidad.

Ser un niño auténtico, es fácil, todos lo son. Desconocen reglas, máscaras, dicen lo que piensan, reconocen a los buenos, de una sola mirada. Los niños, sueltan la verdad, burlándose de modales y comportamientos. Lo difícil, es crecer y seguir siendo auténtico, negarse a aceptar reglas, a usar máscaras, a inventarse personajes.

El hombre auténtico, nació en una islita del Caribe, entre olas y palmeras. Recibió una esmerada educación por parte de sus padres, era culto, elegante, muy bien parecido. Conocía todas las reglas, aunque no las cumplía ciegamente, disfrutaba romperlas, ser espontáneo. Era capaz de sentarse a comer con la Reina Isabel y disfrutar después un buen café cubano, con Juana Bacallao. Aplaudía a rabiar los 32 fouettés del Lago de los cisnes y despues se iba a bailar casino, hasta caer rendido del cansancio.

Cuando tenía ganas de reír, reía a carcajadas, si sentía ganas de llorar, lloraba, gritaba! Cuando sentía la necesidad de cantarle las cuarenta a cualquiera, lo hacia. Siempre era él, transparente, sin mascaras, auténtico! Nunca uso una mascara, para decir un te quiero, o un te odio. Nunca se invento personajes; le bastaba con ser él, seguro y confiado en si mismo. Sin escoger preguntas, ni respuestas, él!

Ser auténtico en tiempos difíciles, hace ganar muchas veces enemigos. Realmente, para un hombre auténtico, todos los tiempos son difíciles. La gente, se inventa personajes, gusta de usar máscaras, aprenden a fingir en vez de aprender a amar.

Nuestro hombre auténtico, a pesar de ser popular, tenía cada vez, más enemigos. Muchos se estremecían al verlo. Cuando él, los miraba a los ojos, se sentían desnudos. Su mirada, traspasaba los ojos de las personas, llegaba al alma, al sitio exacto, donde no pueden usarse mascaras ni inventarse personajes. Se sentían incómodos frente a este hombre que les arrancaba la mascara, con solo una mirada.

Cuando el hombre auténtico, hablaba, los falsos personajes que la gente se inventaba, huían espantados. Su voz, provocaba estampidas de falsedades y máscaras.

Una tarde, el hombre auténtico, asistió a una asamblea. Había sido muy bien preparada, una visita muy importante, obligaba a usar mascaras, desempolvar personajes inventados, el hombre autentico, pidió la palabra. El presidente de la asamblea, hizo un gesto negativo al que llevaba el micrófono a los que pedían la palabra. El hombre autentico, pidió la palabra, una y otra vez. Haciendo gala de su autenticidad, se puso de pie y comenzó a hablar, no necesitaba micrófonos, ni permisos. Un ruido estrepitoso se escuchó, mientras el hombre autentico hablaba; máscaras caían al suelo, se hacían añicos, junto con las máscaras, reglas impuestas se rompían. Al influjo de sus palabras, personajes inventados, huyeron espantados. El presidente de la asamblea, se sintió desnudo, intento, inútilmente, cubrir su desnudez con el discurso que traía preparado para la clausura de la asamblea. Convocados por la autenticidad de; al pan, pan y al vino, vino! Todos empezaron a llamar a las cosas por sus nombres. Hombres y mujeres, se ponían de pie, se reconocían a si mismos, se abrazaban en un orgasmo de autenticidad y transparencia.

No era la primera vez que una asamblea, marcaba, para siempre, la vida de un hombre. Nuestro hombre auténtico, tuvo que emigrar, se estableció en un país cercano a su islita. Triunfó, acumuló riquezas y fama, a pesar de enemigos e hipócritas. Nuestro hombre, supo desafiar falsedades, romper esquemas, no se cansaba de abrir y ofrecer su corazón en respuestas a preguntas, en homenaje a la vida, a la autenticidad.

Pasaron los años, muchos, el hombre de nuestra historia, permanecía soltero. Ser auténtico, puede ser una dificultad para encontrar pareja, no cualquiera se atreve a compartir su vida con alguien que disfruta el misterio de la vida, sin reglas, ni ataduras. Un día, compartiendo en casa de unos amigos, escucho a una mujer decir; he hecho, siempre lo que he querido, he vivido la vida intensamente, a mi manera! Se volvió, se miraron, ambos se vieron el alma y los recuerdos. Desde ese día, decidieron compartir la vida, no les importaba pasar los 80s, se amaron intensamente, auténticos y felices, hasta el fin de los días.

¡Abril!

Por muchas razones, difíciles de enumerar, amo especialmente al mes de abril. Nací a fines de marzo, Abril, fue mi primer mes de vida, casi podría decir que nací para recibirlo y disfrutarlo. Abril, guarda mis primeras lágrimas y sonrisas.

Un mes de Abril, perdido en el tiempo y los recuerdos, amé por vez primera; mi primer y gran amor. Por paradojas de la vida, un año después, Abril, fue el último mes que pasamos juntos. Años después, muchos, nos reencontramos en un septiembre, nada fue igual. Necesitaba la magia de abril haciendo de las suyas.

Pase años, muchos, intentando emigrar, sólo intentos, un ancla imposible de ver, me mantenía en el mismo lugar, viviendo otras vidas, intentando otros oficios y amores. Tal vez esperando un abril que rompiera el conjuro y desatara mis alas. Salí de Cuba, rumbo a Europa y lo desconocido, un 1ro de abril. Mi primer mes de exiliado, de vivir en otras tierras, fue Abril. Montones de sueños y proyectos, de alegrías y lagrimas, de llamadas a Cuba, con nudos en la garganta, matizaron y marcaron, para siempre, ese mes de Abril, tan especial.

Siempre  que llega Abril, espero su regalo, no se su medida, ni su color, se que algo me traerá. Una aventura, un amor, un viaje, una flor, un sueño. Este año, como muchos anteriores, Abril, me trae los preparativos de mi viaje a La Habana, por el día de las Madres. Abril, se adelanta, se viste de flores, para prepararme el camino a los brazos de mi madre. Abril, hace latir más aprisa mi corazón y mis sueños.

Anoche, sin planearlo, al influjo de la magia de mi mes favorito, nos reunimos de nuevo, después de meses sin compartir juntos, un grupo de amigos. Entre ellos, dos amigos especiales, de esos que ni queremos, ni podremos sacar nunca de nuestras vidas. Esperamos juntos el mes de Abril. Justo a las 12 de la noche, mientras saboreábamos helados, burlándonos de dietas y calorías, mire el reloj; ya son las 12! Exclamé sorprendido, juntos, dimos la bienvenida a Abril, reímos, como hacia tiempo no lo hacíamos. Nos burlamos de nosotros mismos, nos reímos de los años, del futuro, de lo humano y lo divino.

Abril, nos volvió a reunir, para recibirlo entre carcajadas, felices y seguros que viviremos muchos abriles y nuevos sueños. No olvidare nunca que he sido feliz, especialmente en Abril.

Las casas en la playa!

Hace días, unos amigos me invitaron a pasar el fin de semana en un hotel en Miami Beach. Habían reservado un apartamento, que incluía dos cuartos, sala comedor, balcón y cocina. Allá fuimos cargados, en aras de ahorrar y pasarla bien. Mientras disfrutaba de las comodidades, recordé las famosas casas en la Playa de La Habana.

Que habanero que se respete, no cargo con bultos y paquetes, a pasar una semana o solo un par de días, en una casa en la playa. Muchos, crecimos, sin conocer hoteles. Nos conformábamos con aquellas casas en la playa, medio en ruinas. Nada podía detenernos para pasar unos días diferentes, ni la falta de agua, ni dormir en el suelo. Nuestras casas en la playa, parecían más bien, edificios multifamiliares, solares de verano.

A las casas en la playa, llevábamos de todo. Era una mudada en jabas y guaguas. Preveíamos cualquier carencia y cargábamos con todo lo necesario. Pobres ventiladores plásticos, que hicieron una y otra vez el viaje a las playas, única opción para dormir tranquilo, sin el acoso de los mosquitos. Recuerdo una ocasión que compre un repelente y me embadurne en él, huyéndoles a los mosquitos. Estrenaba unas chancletas azules, mis pies terminaron azules y mis flamantes chancletas, de supuesta marca, casi disueltas por el repelente. Se imaginan, el efecto de esa sustancia química sobre la piel?

Las casas en la playa, eran mucho más que disfrutar del sol y el mar, más que compartir entre amigos y familiares. Eran una fiesta, nos olvidábamos de todo, nos íbamos para la playa! En tiempo de escaseces y privaciones, nos la arreglábamos para encontrar qué cocinar. Hacíamos una gran comida al día, cada uno aportaba algo de su inventiva y al final, saboreábamos satisfechos el resultado. En muchas ocasiones, una gigantesca ensalada fría, ayudaba cuando el hambre apretaba.

Muchas parejas que carecían de privacidad y condiciones, aprovechaban las casas en la playa, como lunas de miel improvisadas. Nosotros, los cubanos, curamos stress y angustias con amor. Aprendimos a sustituir tilos y meprobamatos con abundancia de sexo. Ansiolítico perfecto, nuestro amor en los tiempos de crisis.

Para una parte de la población, ir a una casa en la playa, era abrir una ventana a Las Vegas. Shows y producciones incluidas. Decididos a soñar, no teníamos limites, nunca lo hemos tenido. Más allá de prohibiciones y represiones, aprendimos a vivir el día a día, a nuestra forma y manera. Aunque a veces, en pleno show, alguien tocara autoritariamente a la puerta y pelucas y vestidos, desaparecieran, como por arte de magia.

Desde la comodidad del hotel en Miami Beach, evoque las casas en las playas. Nuevos y valiosos amigos ocupan el lugar de otros lejanos u olvidados. A pesar de todo el confort y sin ser masoquista, un pedacito de mi, echaba de menos aquellas locuras y aventuras que significaban, una casa en la playa en La Habana.

Una casa en la playa, ha sido, como una islita, dentro de la isla mayor rodeada de playas. Dentro, dábamos rienda suelta a sueños y alegrias. Escondíamos u olvidábamos, penas, frustraciones y tristezas. Cada casa en la playa, se convertía en una explosión de risas, una fiesta, un baile, aunque una mañana, sonara la campana anunciando el final y dejáramos, en el apuro, alguna cazuela vieja olvidada. El representante del “plan”, llegaba, como la madrastra inflexible, dispuesto a contar, uno por uno, todos los utensilios incluidos en el inventario.

Cerrábamos la puerta de la casa, guardábamos sueños y carcajadas, en mochilas y jabas. Nos íbamos sin mirar para atrás, conscientes siempre, que el mañana, llegara puntual, estrenando sentimientos, colores y sueños.