La sazón de la nostalgia.

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La nostalgia tiene a veces sabor. Quien no ha dicho o escuchado decir alguna vez; carne de puerco como la de Cuba, ninguna.

Recuerdo en los primeros días de mi llegada a Miami, durante una de esas visitas obligadas que todos hacemos en esos días. La dueña de la casa comentaba; que rica la malta de pipa, nunca más he vuelto a tomar una como esa. Pase un buen rato explicándole que la malta de pipa, era aguá, que lo que la hacia inolvidable era la sed que tenia y la cola que hizo para tomársela. Le expliqué una y mil veces que cualquier malta de las que venden aquí era mejor, ella no entendía, seguía evocando aquel sabor delicioso de la malta de pipa. Ahora que podía escoger que tipo y marca de malta tomar, suspiraba desconsolada por la aguá y nostálgica  que tomaba, sudada y feliz, en su barrio en esos rincones perdidos del recuerdo, donde siempre terminamos encontrándonos.

Estos frijoles negros están ricos, pero como los que hacían en Cuba; jamás, quien de nosotros no ha dicho esto, un montón de veces. El exilio, es  el mejor sazonador que existe, da un sabor especial a cada comida que recordamos, el punto exacto en la memoria. Al evocarla, la nostalgia nos tiende sus trampas. Los sabores, en el recuerdo, se magnifican, tienen otra dimensión. Nuestra isla, puede ser  una sazón también, aporta lo suyo a cada plato. Somos capaces de escribir un poema al boniatillo o al arroz con leche, una oda a los tamales y a la carne de puerco. Por ahí hay muchos que saborean en el recuerdo, el chicharo que maldecíamos en nuestra Isla cada día al almorzar en el comedor obrero,  los oigo exclamar; chicharos, ¡que rico!

Muchas veces, la mayoría, lo que hace especial al sabor, es evocar el momento, el lugar y las gentes con las que compartimos esa comida; es la sazón de la nostalgia. Al final, la mejor comida es la compartida con nuestros seres queridos. No importa si era medio pollo entre 6 y tocábamos a cucharoncito de pollo deshuesado por persona. Abundancia, no es siempre sinónimo de felicidad, ni escasez, significa desdicha, aunque a veces, se confundan en el recuerdo.

Recuerdo una vez que un amigo nos invito a almorzar potaje de garbanzos. Sirvió la mesa, cuando lo probé, lo mire y le dije; sabes que me recuerda este sabor ¿Verdad? Solo asintió, el también recordaba el potaje de mami, el mismo que a mas de 90 millas, se hacia presente, sin proponérselo. Extraña mezcla de condimentos que lograba parecerse a la sazón perfecta, allá en La Habana. Basta un sabor y aparecen recuerdos, bastan recuerdos y evocamos sabores, sazones.

Desde La Habana, desde nuestra Isla, la nostalgia sabe el punto preciso para lograr la sazón perfecta; esa que nos hace creer que tenemos a mama al lado, que el tiempo no ha pasado. Ese punto que nos vuelve a reunir a todos junto a la mesa.

Incorporamos nuevos sabores, nuevas sazones. Seguimos guardando en el rincón exacto de la memoria, el sabor de nuestros platos, magnificados y asegurados para siempre con la sazón de la nostalgia.

El 31 de diciembre pasado, un amigo no cubano, nos invito a esperar el año en su casa. Nos ofreció una cena típica de su país, nada de moros, ni yuca hervida con mojo, ni puerco asado a lo cubano. Nos miramos cuando sirvieron la cena, a ese fin de año, le faltaba un toque cubano, algo que nos uniera más a nuestra islita. Sus intenciones fueron buenas, pero necesitamos la sazón de la nostalgia para recibir el nuevo año; felices de estar aquí y seguros y orgullosos de venir de allá. Nosotros aunque siempre extrañemos la carne de puerco de allá y los tamales nuestros, en cada celebración, nos los inventamos, traemos a nuestra isla a nuestra mesa, sin ella, estamos incompletos, como perdidos.

Aunque digamos mil veces que la carne de puerco de allá, era mejor, la de acá, no nos puede faltar en cada celebración. La saboreamos, evocamos las veces que la compartimos en familia, en cumpleaños y comidas especiales, la nostalgia le da su punto exacto y trae recuerdos, nos transporta. Nos comemos dos o tres tamales y seguimos diciendo; jamás como los tamales de Cuba. No importa donde estemos, ni los años de exilio; ¡Comida como la de Cuba, no hay otra! Recordamos el potaje de mama, los tamales de abuela, el congri de la vecina, la sazón de la nostalgia hace de las suyas, la dejamos hacer. Una sazón, puede ser un medio de transporte en el tiempo y el espacio.

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Un monumento al puerco!

En mi ultimo viaje a La Habana, escuche la canción del grupo Buena Fe, “El puerco, mamífero nacional“. Me reí muchísimo, mientras reía, pensaba que estaban en lo cierto. Si algún día, se deciden a reconocer meritos; el puerco, será declarado mamífero nacional, no tengo dudas.

En que comida especial, reunión de amigos o familiares no esta presente el puerco? Quedo en Cuba, fiel a los que decidieron o no tuvieron otra opción que quedarse. Vino con los que decidimos partir, divide su vida y ejercicio, entre dos orillas. Sirve de sustento a unos, a otros de alimento nostálgico y necesario.

Junto al arroz, los frijoles negros y la yuca, integra el selecto grupo de alimentos que años de escaseces, no pudieron desaparecer. Asiste puntual y necesario a nochebuenas, fin de años y cumpleaños. Sabe que sin él, cualquier reunión de cubanos esta incompleta. Cuando todo falta, él, nos tira un cabo de sobrevivencia.

En tiempos difíciles, cuando neuropatías y anemias reinaban por La Habana y toda Cuba, asumió la difícil tarea de paliar hambrunas. Acudió, sacrificándose y ofrecido.

Aún ahora, cuando regreso a casa, mami, en su comida de bienvenida, tiene que incluir un buen bistec de puerco. Tributo o gesto de reconocimiento, no puede faltar a mi regreso.

Los años y el exilio, le obligaron a asumir nuevas funciones, aprendió idiomas e incorporo días festivos. No falta a thanksgivings o pool parties, cubanizo feriados de otros países, ganó seguidores y admiradores. Tengo un amigo ecuatoriano, que cuando me invita a fiestas y le digo que no estoy  seguro de poder ir, que tratare, me aclara: habrá carne de puerco y hasta me envía fotos  ese día, para tentarme. Sabe que un buen cubano, nunca desprecia una invitación a saborear carne de puerco.

Puerco salvavidas nacional, cuando las vacas desaparecieron, El permaneció, venció enfermedades, prohibiciones. Se repetía incansable, yo puedo, yo puedo. Se negó a ser plato exclusivo del turismo. Si el perro, es el mejor amigo del hombre, el puerco es, el mejor amigo del cubano. Los cubanos, nos burlamos del colesterol, cuando el asunto es sobrevivir y llevar algo a la mesa, no importan ácidos grasos, ni triglicéridos.

Cuando estudie zoología, la profesora, no pudo explicar muy bien su hábitat. Hoy, un libro de esa materia que se respete, tendrá que decir; vive en campos, balcones, apartamentos y hasta en bañaderas.

Cuando llegue el momento de hacerle un monumento, cada provincia, le hará uno, La Habana, lo pondrá en el malecón, en un lugar bien visible, recordatorio de tiempos difíciles. Tal vez no necesitemos hacerle un monumento, en cada estomago sobreviviente, gracias a él, estará su mejor monumento, en cada niño satisfecho, en cada sonrisa digestiva. En las mesas cubanas, existe, desde ya, un monumento de agradecimiento al puerco. Si quieren firmas para declararlo mamífero nacional, será un nuevo censo de población y viviendas, que incluirá, por vez primera, a muchos cubanos por el mundo.