Samuel Calzado, a su manera.

Anoche, a petición de Samuel, asistí a su concierto en Miami Kfe, un nuevo sitio en Miami al que visité por vez primera. El lugar debe trabajar en la ambientación, en hacerlo mas acogedor. Falta algo que atrape al público y lo haga suyo para siempre, ese “duende” que nos obliga a hacer nuestro un lugar; falta calor y magia. Se agradece su existencia y esfuerzo en la presentación y apoyo a los artistas cubanos en Miami.

Sentado distante del escenario, casi en el parqueo como le dije a un amigo bromeando y luchando contra el ruido de las conversaciones de un público que debe aprender a respetar al artista que se entrega en el escenario, luché por no perderme un detalle del concierto.

La presentación de Samuel tuvo momentos sobresalientes, de esos que uno recuerda al día siguiente, con especial placer. Como siempre, sus mejores momentos fueron al piano. Samuel, aunque se resista a aceptarlo, es un piano man y debe explotar más esa arista de su talento. Su interpretación de Habáname, fue un regalo extra, un traerme a mi ciudad que con bata cubana y girasoles, me acompañó unos minutos. También hubo otros momentos que disfruté y mucho, como su interpretación de Quédate como nunca de amaury perez VIDAl. Si me preguntaran cual fue su mejor interpretación de la noche, esa que basta para justificar aplausos y asistencias, respondería sin dudar; Para vivir de Pablo Milanes, a capella y a petición de otra, otra, por el público presente. Un Samuel sencillo, todo voz y talento, sin artificios que no necesita, supo ganarse el aplauso y darnos un extra que agradecimos y disfrutamos.

En mis memorias queda el Samuel que, a su manera, nos dijo un día, ¡Sigo aqui!, ofreciendo mi arte, con mi piano y mi voz y aqui seguirá, estoy seguro. Con su piano al hombro, regalando sentimientos, entregándose, con la certeza que el arte se adorna por si mismo, sin pedir brillos prestados, un Samuel natural que aplaudiremos una y otra vez.

Fotografía tomada de la página de Facebook de Samuel Calzado,

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La Habana, una ciudad erótica.

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A la memoria y presencia de Jorge Borges que una noche me sugirió este título.

Una noche, a la salida de “Hoy como ayer”, uno de los más populares y prestigiosos sitios nocturnos de Miami, conversaba con un amigo. Ambos amantes confesos e incorregibles de la Habana, terminamos, como es de suponer, conversando sobre nuestra ciudad. Recuerdo que en un momento de la conversación me dijo; La Habana es una ciudad erótica. Lo mire y le dije; que buen título para un escrito. Le debía a Nuestra Habana y a mi amigo este escrito, sé que en esta ocasión no lo leerá desde su celular, también sé que de un modo u otro llegara a él y aunque no lo comente dirá; ya era hora, hace más de un año que me lo prometió.

La Habana es una ciudad ardiente, no solo por el sol que le calienta “hasta los principios”, es ardiente por su gente, su modo de ser, su andar, gestos y esencia. Los que estamos lejos de nuestra ciudad extrañamos su erotismo, su intercambio de miradas, su intención y provocación.

En esto del erotismo de la Habana, quiero aclarar que no me refiero a la venta de sexo, eso es otro asunto y lo he tratado, de un modo u otro, en diferentes escritos. El erotismo de La Habana está en el gesto, la mirada, la intención de los que la andan y habitan. Ese como estar siempre dispuesto y con ganas y demostrarlo sin prejuicios ni tabúes. Recuerdo la hija de un amigo que llego a New York y le decía a su padre; ¡Aquí no hay gente sexy! Y que me perdonen los neoyorquinos, no vayan a darme un acto de repudio cibernético. También recuerdo a gente deslumbrada con las bailarinas de Tropicana y sus comentarios por su sensualidad innata, más allá del baile y la coreografía.

La Habana es coqueta por excelencia, provocativa, erótica. Súbase a una guagua llena en la hora pico y compruebe que más allá de cansancios, frustraciones y limitaciones, siempre hay alguien dispuesto al erotismo y su encanto. Un roce, una mirada, dos manos que coinciden al aguantarse y se olvida el empuja-empuja, el calor y las escaseces, así somos y seremos siempre.

Visite lugares donde la “molotera” haga de las suyas y lo comprobara, no podrá escapar al erotismo de la ciudad. En una discoteca, a la salida de un cine, mientras avanzamos entre la gente el erotismo hace de las suyas levantando los ánimos y algo más.

El erotismo de nuestra ciudad no es la búsqueda de consumar el acto sexual, no me refiero a “ligar” o buscar a quien llevarse a la cama. El erotismo habanero está en la intención, el goce de provocar y ser provocado, de soltar piropos y recibirlos. Ese disfrute de saber que se gusta, que se provocan ganas, sin siquiera intentarlo de casi ir diciendo por la calle; “si me pides el pescao te lo doy”.

Tal vez la Habana vive un romance oculto con Eros y todos somos frutos de ese amor. Tal vez a Cachita se le fue la mano con la miel de abeja y la canela. Ignoro la causa exacta, si son las olas del Mar Caribe, la Giraldilla apuntando al deseo o el resultado de mezclas de razas y culturas, pero ahí está el resultado; un erotismo que estalla en cada barrio, en cada cuadra. Erotismo, intención, esencia y aliento, que a más de uno obliga a decir, ¡Si cocinas como caminas, me como hasta la raspa! ¡Y que nos quiten lo bailao!