¡Barbara!

Desde niño, siempre escuche el dicho, “solo se acuerda de Santa Bárbara, cuando truena”. También escuche muchas veces decir, “ay Santa Bárbara, bendita, ayúdame” Fui creciendo, anduve caminos, hice amigos, conocí el “Folklore”. Mis amigos, saben que no practico ninguna religión, hablo con Dios, directamente, sin intermediarios. Visito iglesias, me arrodillo, pido y oro, por mí, por mi madre por mis amigos, converso con Dios y con sus amigos, con los más cercanos a El. Un día, como muchos, me encontré frente a la imagen de Santa Bárbara.

Muchos cubanos son devotos de Santa Bárbara, realmente en nuestro delicioso ajiaco religioso, no creo que exista santo alguno a quien alguna vez, no le hayamos pedido algo. Sin dudas, Santa Bárbara, esta entre los mas conocidos. Se le han dedicado canciones, nuestra Celina González, hacia una versión especial de ¡Que viva Chango!

Siempre me llamó la atención, ese extraño sincretismo o simbiosis, entre Santa Bárbara, mujer armada de una espada y el guerrero Changó, dios supremo de  la virilidad. La historia de la mujer que después fue conocida como Santa Bárbara, es triste. Chango, jugador, mujeriego, enredado en luchas por mujeres, solo tiene en común con ella, la espada, una ocasión que se disfrazo de mujer para escapar de sus enemigos y los rayos. No se  que tormenta o que rayo, los unió para siempre. Así quedaron por siempre, fundidos en uno, Santa Bárbara  y Changó.

Tengo amigos, que celebran el 4 de diciembre de forma especial, son hijos de Changó. He asistido a sus fiestas, he compartido junto a ellos ceremonias, no comparto su religión, si su amistad. Me honran invitándome a celebraciones y ceremonias,. Al final, todos los caminos conducen a Dios; los andamos juntos.

En  mi primera visita al Rincón, hace ya muchos años, me arrodille frente a la imagen de Santa Bárbara y pedí con todo la fe del mundo. Alguien, me dijo una vez, que era hijo de Changó, tal vez por mi forma de ser, mi carácter. Un día leí los atributos de sus hijos  y me reí, en muchas cosas pensé que estaban hablando de  mi. Cada vez que regreso al Rincón, me arrodillo frente a ella, doy gracias. Mi madre, me acompaña, suma su fe a la mía. Siempre digo que Dios, esta en todas partes, pero por alguna extraña circunstancia, su  presencia, la siento, aún con más fuerza, en la humilde  y sencilla iglesia del Rincón.

En mi última visita a La Habana, me sorprendió encontrarme  una imagen de Santa Bárbara en la calle Obispo, en plena calle. Rodeada de ofrendas, atraía la atención de todos, como si hubiera decidido sumarse al río humano que recorre esa calle, ser una mas entre su pueblo. Dejar altares y tronos, salir sencilla, sin lujos, casi en silencio, de incognito, a compartir con todos.

Este 4 de diciembre, muchos harán fiestas, otros lo celebraran en silencio, encenderán una vela, harán una oración. Muchos cubanos, miraran al cielo, pedirán en silencio, seguros que entre truenos y relámpagos de esperanza, son escuchados; no perdemos la fé, ni la esperanza.

 

 

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