Regresar del regreso!

Regresar del regreso es, tal vez, el mas difícil de todos los regresos. Uno cuenta los días, las horas que faltan para que se nos acabe el tiempo del regreso. Queremos como la Massiel, un reloj de 30 horas o la semana de Manzanero, con más de 7 días. Mientras dura, disfrutamos los días al máximo, nuestro regreso, me recuerda aquel anuncio de mi infancia, “tiene vida limitada”. Me sorprendo siempre por todo lo que hago en tan pocos días; la intensidad, puede vencer al tiempo. Cuando regresamos, los días son nuestros aliados, se extienden y valen por meses y las semanas por años.

Una noche antes de regresar del regreso, me llamo la mamá de un amigo su pregunta fue; ¿estas triste? ¿Triste?  En un segundo repase los días vividos, me sitúe en tiempo y espacio, mi respuesta no tardo; triste, no ¡feliz! Inmensamente feliz por poder regresar dos veces al año a los brazos de mi madre, a recorrer las calles de mi Habana, a andarlas del brazo de mi madre. Feliz, por dibujar sonrisas en el rostro de mis seres queridos.

Cada vez que regreso a Cuba, a  mi madre, mi corazón se desborda de felicidad. Cuando el capitán dice; en unos minutos aterrizaremos en La Habana, miro por la ventana, me parece sentir el olor de las palmas dándome la bienvenida, el perfume de mi madre acariciarme. Cada regreso es un regalo de Dios, una bendición, un motivo mas para dar gracias mirando al cielo más azul y hermoso del mundo.

Los vecinos y amigos me dicen; Concha, sólo sale cuando tú vienes. A veces, cuando creo que he exagerado un poco en las salidas en un día, le pregunto; ¿estas cansada? Ella sonríe, me dice que no, sigue de mi brazo, incansable en salidas que duran más de 8 horas con almuerzo y cena incluidas.

No, cuando el regreso termina, no me invade la tristeza, siento esa extraña sensación que tenemos todos cuando algo que disfrutamos termina. Cuando consumo los últimos minutos del regreso, no estoy triste, llevo conmigo la alegría compartida y multiplicada de mi madre. Llevo  en mis zapatos el polvo de las calles habaneras, en mi cámara cientos de fotos y en el alma, una fiesta sin final.

Regresar del regreso, volver a Miami, es llegar a casa. Regresar a donde decidí vivir, a la ciudad donde hago realidad muchos de mis sueños, donde invento y recreo nuevos sueños. Regreso del regreso, sin angustias ni tristezas, feliz y agradecido. Miami me recibe, abriéndome los brazos. Mis amigos, la Caridad del Cobre, desde su ermita, San Lázaro desde su rincón, me dan la bienvenida.

Desciendo del avión con una sonrisa de felicidad, en mis oídos aún siento, las sentiré por siempre, las palabras de mi madre al darnos el breve beso de despedida, he sido muy feliz, muy, muy feliz estos días. No, no regreso del regreso triste, vuelvo feliz y renovado, ¡llegue a casa!

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