¡Ábreme la puerta que Jack el destripador está en La Habana!

En la ciudad de contrastes, desigualdades y esperanzas en pausa, la tarde languidece. La cercanía del toque de queda hace a muchos apurar el paso, la ciudad se prepara para una noche más. Nena, se pone el tapabocas, cruza la acera y toca a la puerta de Micaela, como si en ello le fuera la vida o le fuera la muerte.

– Por tu vida, mi santa abre pronto que estoy a punto de un soponcio. Estamos entripaos o destripaos, decrépitas o medio muertas, pero créeme; esto está color de hormiga.

– Cálmate mujer que me asustas, ¿Qué pasa ahora? Entra y siéntate que te traigo un vaso de agua.

-Y un diazepam, si te quedan. Ya no sé si esto es una película de terror, el Apocalipsis ese que anunciaban en la biblia o los extraterrestres que se han decidido a exterminarnos.

– Ponte pa’ tu número y déjate de aspavientos mujer, ¿ Qué coño pasa ahora?

-Ya no sé si Jack el destripador está en La Habana o si los zombies le han comido el cerebro a las pobres gallinas.

– Ven acá Nena ¿Qué tú estas fumando? Yo creo que a ti lo que hay que darte un electroshock. Reacciona mujer.

-Micaela, tú no sabes na’, tú estas en el pueblo y no ves las casas. Tripas y más tripas, kilómetros de tripas están listas para ser repartidas a la población.

– ¿Tripas? ¿Y quien coño se comió la carne de tanta tripa? ¿ Cómo es eso de la tripa? Hace mucho tiempo que la carne esta perdía, vaya que a no ser que te muerdas la lengua para no gritar 4 cosas, no masticas nada. Y aparte del entripamiento anunciado, ¿qué es eso de las gallinas zombies que me dijiste?

– No sé mi santa porque el gordo ese que estaba hablando en la mesa redonda parece que le patina el coco, a lo mejor es el colesterol que lo debe tener por las nubes, pero yo lo oí hablar de unas gallinas decrépitas.

– ¿Gallinas decrépitas? Ay chica no estaría hablando de nosotras y pensarán exterminarnos. Por tu madre ahora la asustá soy yo.

– No chica, que estaban hablando de cosas que van a hacer para alimentar al pueblo.

– Alimentar al pueblo, si, cada vez que cagan cambian de idea. Lo mismo nos quieren poner a comer avestruces y cocodrilos, que nos empujan la masa cárnica y el picadillo de soya o el cerelac y cuanto invento se les ocurre. ¿Hasta cuando el cuento? Tía Tata , esta bueno ya. Lo que tienen que hacer es dejar que la gente resuelva, el tipo ese del queso, yo le hubiera dicho: un por ciento pa’ ti y otro pal gobierno y vamos a ver si el queso alcanza a tanta demanda, pero no coño que molesta que el tipo haga lo que los responsables de la “alimentación” no pueden o no quieren hacer y prefieren meterlo preso y decomisar el queso. Ahora se aparecen con las tripas de mierda esas como si uno fuera un animal y tuviera que empujarse cuanta mierda se les ocurre. No carajo que somos seres humanos y una se cansa, se nos acaba la vida entre promesas incumplidas y consignas rotas y esas tripas de mierda para lo único que sirven es para que se ahorque más de uno por incapaz, inepto y mentiroso.

– Callate mujer, habla bajito que nos vas a buscar una salación a las dos.

– No Nena, hay que hablar bien alto, hay que gritar, que hablar bajito no ha resuelto nada y ya no aguantamos más . Aquí el incapaz y el comemierda oportunista están que dan al cuello y lo único que hacen es vivir bien y cuidar el puesto. Que alguien dijo una vez que esta era la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes y no de los humildes para los dirigentes vive bien y oportunistas que sólo les preocupa llenarse la panza y que el pueblo se joda.

– Es verdad Micaela, tienes razón, una a veces entre el miedo y el intento de poner algo en la mesa, se olvida de las promesas y las consignas que se han hecho viejas y polvo. Esto es una pesadilla y ya es hora de despertar, que no tenemos otra vida de reserva para consolarnos de tanta mierda y tanta pena.

– Aquí o se ponen pa’ las cosas y to’ el mundo tira parejo o el cambio está a la vuelta del camino. Estamos cansaos Nena, cansaos de promesas y discursos que no llenan la barriga, ni el alma. Las tripas esas que se las metan por el culo, yo quiero la carne, comer, no quiero lujos en mi mesa, pero quiero que cada uno tenga en la mesa un plato digno de comida. Y que no me hablen del bloqueo que ya me la tiene pelá con ese cuento, que se pongan pa’ las cosas o cedan el paso a los que puedan resolver.

– Coño Micaela que bien tú hablas, yo creo que se te ha montao el espíritu de Mariana Grajales.

– El espíritu de nuestros mambises, de nuestros héroes y mártires , se nos tienen que montar a todos, cojones, para que perdamos el miedo a reclamar derechos y cambios y hacer realidad esa patria prometida, “con todos y para el bien de todos” y no solo para el bien de algunos. Ven vamos pa’ la cocina que voy a colar un poco de café.

El sol se pone en la Habana de todos, mientras un rayo de esperanza ilumina a hombres y pueblos, se miran como quien despierta y cierran filas por un sueño.

Fotografía tomada del grupo de Facebook, Fotos de La Habana.

El que tiene dólares resuelve y el que no, que se joda.

Nena escucha, sin abrir sus ojos, el televisor encendido con la mesa redonda donde hablan de nuevas tiendas, dolares, tarjetas plásticas y abundancia de mercancías. Nena no quiere abrir sus ojos, piensa que así, todo será como un mal sueño, lo que nunca sucedió. Hace un recuento de su vida, prefiere refugiarse en el pasado, cuando aún tenía esperanzas, cuando tenía una venda en sus ojos y creía en promesas y consignas.

Nena recuerda cuando tenía 10 años en el 65 y su tía con sus primas se fueron para el norte “revuelto y brutal”. Su padre le prohibió ir a verlas y despedirse de ellas, son traidores, le repitio una y mil veces. Nunca más supo de ellas hasta el 79, aquello de la comunidad fue el acabose, pero ella y su madre estaban felices, volver a ver a su tía y a sus primas, parecía un regalo de Navidad adelantado. Por un milagro de “arriba ” ya no eran traidoras, venían, reyes magos de nuevo tipo, cargadas de regalos y de historias. Así supo de la vida al Norte, de trabajos y logros.

Nena recordó escuelas al campo, trabajos voluntarios, guardias, domingos de la defensa, reuniones, las viejas consignas se le atragantaban; le faltaba el aire y no era por el coronavirus.

Se negaba a abrir los ojos, a aceptar una realidad que le recordaba aquel cuento del hombre que amaneció convertido en cucaracha y que su profesora de Literatura nunca supo darle una interpretación creíble. Sonó el timbre de la puerta y Nena no tuvo más remedio que abrir los ojos e ir a abrir la puerta. Del otro lado Asunción le gritaba: ábreme rapido mi santa que me voy a caer muerta redonda aquí en el portal.

Nena se levanta, arregla los girasoles que están en un bucaro sobre la mesita y abre la puerta, Asunción se le abraza y le dice entre sollozos: dime que esto no es verdad, dime que lo de las tiendas y los dolares es mentira .

Nena respira hondo, traga en seco y le dice: es cierto Asunción, es cierto, ahora lo bueno habrá que pagarlo en dólares y usar una tarjeta plástica.

Asunción se deja caer en un sillón se zafa el moño y deja caer su pelo canoso sobre sus hombres y su rostro.

– ¿De dónde cojones saco yo dólares para que Manolo pueda comer carne y se le quite la anemia? ¿ De qué valen las medallas y los diplomas que tenemos en la casa? Tú tienes a tu tía y a tus primas que siempre te han ayudado, pero yo no tengo a nadie Nena. Sabes mi orgullo siempre fue tener a toda mi familia de este lado, que mis tres hijos estaban comingo, pasábamos trabajo, pero juntos todos, nada de llamadas los domingos y visitas por el día de las madres. Te voy a decir algo que nadie sabe, en el 94 mi hijo mayor quiso irse en una balsa, es ingeniero, pero estaba cansao de pasar trabajos y que el sueldo no le alcanzara, yo lo convencí que se quedará. No quería verme como la vieja Cacha que tiene a todos sus hijos del otro lado y aunque no le falta nada y ellos vienen a verla dos veces al año, no se le quita la tristeza de sus ojos y se le aprieta el pecho cuando habla de su hijo Joseito y lo acaricia en la distancia; yo no quería que me pasará a mi. Logré convencerlo y se quedó, hoy es jefe de producción en una fábrica destartalada, pero al menos la familia esta unida.

Nena le trae un vaso de agua, las palabras se le traban en un intento de consolar a su amiga.

– Ay vieja, nada fue como nos lo prometieron, las consignas se volvieron viejas e inservibles, la esperanza se nos volvió agria y el azúcar amarga. Tanto hablar de la igualdad y hoy somos diferentes, tanto que espanta. Tú y yo hemos vivido mucho, tal vez demasiado, ya estamos retiradas, pero aún estamos fuertes, para algunos seremos una viejas de mierda, pero vamos a salir de esta como sea, Dios aprieta pero no ahoga, aunque a veces parezca que si y una crea que ya no aguanta más. Yo no quería creerlo, pero sabes qué, no me va a destruir.

La puerta de la sala está abierta , Cacha, cargando sus 90 años toca a la puerta y entra, se arregla la mascarilla y pregunta.

– ¿ Qué pasó aquí? Y esas caras de velorio.

– Asunción que se ha tomado muy a pecho lo de las tiendas en dólares y las tarjetas plásticas, hasta un vaso de agua tuve que darle. A mi me golpeó duro la noticia, pero hay que apretar el culo y darle a los pedales, no hay de otra. No quiero que mi hijo vea que me doy por vencida, quiero darle una esperanza de que no todo está perdido, si me ve destruida, no sé que rumbo tomaría.

– A mi ya nada me coge de sorpresa, la vida da tantas vueltas que a veces termina volviendo al punto de partida. Hace tiempo que se acabaron las historias bonitas y sólo quedan las de horror y misterio. Mis hijos viven todos en Miami, muchos pensaron que yo no iba a soportar la salida del país de Joseito, pero ustedes no saben que yo fui la que le dio el empujón para que se fuera. Una tarde le miré a los ojos y le dije: mi hijo, yo no quiero morirme sabiendo que te dejo de este lado, cuando cierre mis ojos quiero saberte haciendo tu sueño realidad y así se decidió aquella tarde de abril que se fue, su vuelvo pronto quedó flotando en la sala, esperándolo, multiplicándose en cada regreso, en cada llamada por teléfono. Él está lejos, pero soy feliz de saberlo bien, aquí no tenía futuro, desde su intento de salida del país cuando el Mariel, le cerraron todas las puertas y nunca mas pudo ejercer su carrera. Ahora anda nuevos caminos y yo desde aquí, iluminó la ruta de su vida.

– Ay Cacha que lindo tú hablas, pareces más poeta que tu hijo.

– Son cosas que le salen a una del alma, no se vive tanto por gusto. Y ustedes, levanten ese ánimo, nadie se va a morir de hambre aquí. Muy negras que nos la vimos en el período especial y aquí estamos y asi vamos a seguir. Que hace tiempo sabemos que la felicidad no nos la dan gobiernos , ni decretos, esa la luchamos nosotros. Dicen que vivimos momentos difíciles y yo hace más de 60 años que sólo recuerdo momentos difíciles. Que no somos iguales y que esto está de sálvese quien pueda, lo sabemos, pero también sabemos que nosotras podemos. Las madres de ustedes y yo pasamos mucho, tanto que recordarlo duele en la memoria y en el pecho y nunca nos dimos por vencidas. Si ahora nos ponen la comida en dolares y con tarjeticas plásticas, pues ya resolveremos. Aquí lo que hay que estar vivos y no renunciar a soñar y a luchar, que la vida es del carajo y lamentándonos, sólo logramos llantos y angustias. Oye Asunción pasa luego por la casa para darte unos bistecs de puerco y una jamonada pa’ Manolo, Joseito no sé como se las arregla, pero no deja de mandarme algo siempre. Vayan las dos más tarde por la casa y así les cuelo un poco de café, todavía me quedan dos paquetes de Bustelo. Vamos cambien esas caras, no dejemos que la esperanza muera, no dejemos que nos aplasten con decretos y medidas absurdas. A nosotras no hay virus, presidentes, ni partidos que nos puedan joder la vida. Levanten ese ánimo, unidas, todo es posible.

Un gracias Concha, gracias, iluminó la tarde, mientras los girasoles de la sala apuntaban al futuro, buscando, ansiosos, esa patria “con todos y para el bien de todos”.

Fotografía tomada de Google.

Ayudar a nuestros hermanos en Cuba.

La Habana ha sido golpeada y duro, la realidad es mas dura que las imágenes que hemos visto.

Tengamos en cuenta que la zona afectada por el tornado, incluye los barrios más pobres de La Habana; esa cara oculta que no se muestra al turista, ni al mundo. El hospital evacuado no fue el de CentroHabana o el del CIMEQ, fue Hijas de Galicia, las casa derrumbadas no son los edificios del Vedado o las casas de Playa. La gente con más necesidad es la que necesita nuestra ayuda, negarla, nos condena por inhumanos y crueles, por olvidar a nuestros hermanos.

Hay, sin dudas, muchas formas de ayudar, desde buscar amigos en la zona y enviarles dinero para que lo repartan entre los más necesitados, hasta viajar a La Habana y llevarles lo más necesario, ir de puerta en puerta, dando una mano y aliento.

Hay muchos que dudan si las donaciones llegarán a los más necesitados, que tienen reservas de dar su dinero a extraños. Usemos las redes sociales y enviemos pan y aliento a nuestros hermanos en desgracia de forma directa, hay muchas vías para hacerlo.

¿Quien no tiene un amigo que vive en Guanabacoa, Regla, Santos Suárez o Luyano? Usemos a esos amigos como el puente para nuestra ayuda, podemos enviar dinero o facturas de comida y que ellos lo repartan entre los más necesitados. Otra opción es viajar a La Habana, visitarlos y darle a la gente algo; si todos lo hacemos, ese algo, puede llegar a ser mucho, no lo duden.

Estas serían vías directas, de hermano a hermano, de corazón a corazón.

No usemos más el gastado pretexto que sería ayudar al Gobierno de Cuba, son nuestros hermanos los que están en desgracia, nos necesitan; ayudarlos se impone.

Pidamos todos que se levante los impuestos a la comida y artículos de primera necesidad en Cuba, que la aduana cubana flexibilice sus reglas y viabilice la ayuda a nuestros hermanos. Esto haría más fácil la ayuda necesaria.

Podemos hacer y mucho. Basta de discursos y politiquería barata que no dan pan, ni techos a necesitados. Demostremos nuestra fuerza y poder de convocatoria. Estamos dispersos por el mundo, pero somos cubanos y el cubano siempre da una mano y hasta dos al necesitado. Allá hay familias que comparten techo y pan escaso con los afectados. Nosotros, los que nunca seremos excubanos, los bien nacidos en Cuba, tenemos la oportunidad de demostrar al mundo nuestra fuerza y solidaridad. Cuba es una, dispersa, pero unida, #todossomosCuba.

Qué la historia no nos condene por negar ayuda, que nuestros hermanos no piensen que los olvidamos, que podamos llevar siempre, con orgullo , en la frente, la estrella que ilumina y mata.

#yosiayudoaCuba

Fotografías tomadas de Facebook, compartidas por amigos.

Todos somos La Habana.

Hoy todos somos La Habana, aunque sólo a nosotros nos duela e importe.

La Habana, amanecio golpeada, herida. A años de abandono y desidia del Gobierno, se suma la furia de un tornado que destruyó todo a su paso. El tornado de anoche dejo más dolor en los hogares que todos los huracanes de los últimos años. Tomó desprevenidos a vecinos y amigos, que espantados vieron sus propiedades destruidas. Muchos tiene familiares afectados, más de 170 heridos, también hay muertos, el hospital materno infantil, Hijas de Galicia tuvo que ser evacuado.

La Habana se estremece de dolor, las oraciones no bastan para ayudarla, las consignas aburren y los discursos no interesan a nadie ya. Actuar, dar una mano a nuestros hermanos, gritar con el pecho lleno de orgullo y amor, ¡Yo soy La Habana! Se impone en este momento de dolor.

Todos sabemos de escaseces y miserias, de la ciudad donde lo perdido, se vuelve irrecuperable. De guardar todo y no botar nada para cuando haga falta; se imaginan el dolor y espanto de amanecer sin nada, de perderlo todo.

Hagamos el intento de que la historia no nos condene por indiferentes y desmemoriados que no quede por nosotros. Unámonos en la intención y acción de ayudar a nuestros hermanos. Que allá donde se estan comiendo un cable, sepan que no están solos, que cuentan con nosotros.

En estos días he leído críticas y burlas, por parte de cubanos exiliados, al pueblo cubano, comparándolo con el de Venezuela, pidiendoles que hagan lo que ellos no tuvieron bolas de hacer, cuando vivían allá . Burlándose, como si de pronto olvidaran represiones y realidades. Quisiera verlos, con la misma fuerza dando una mano a nuestros hermanos, demostrando en el gesto y la acción que seguimos siendo cubanos donde quiera que estemos.

Si el gobierno de Cuba impide nuestra ayuda, sobre ellos quedará el negarla, no sobre nosotros ofrecerla.

Hoy cumple años Martí, el más grande pensador cubano de todos los tiempos, el que abogó y soñó con esa ” patria, con todos y para el bien de todos”. El mejor homenaje que podemos brindarle es la unidad, ofrecer nuestra ayuda, demostrar que el dolor de ellos es nuestro. Que los que nos fuimos, llevamos en el alma un puñao de tierra colorá donde germina y crece cada día el amor por nuestra patria; amor que sabe distinguir entre patria y gobierno y tiende una mano al hermano en desgracia.

A mi me duele La Habana, estoy seguro que a muchos también.

¡El bendito día del regreso!

Había una vez, asi empiezan muchos cuentos, un pueblito pequeño, en el centro de un lago enorme. Vivían tranquilos, rodeados de agua por todas partes. Aunque querían cambiar algunas cosas, eran casi felices. Un buen día o un mal día, un grupo se apoderó de la oficina del gobernador del pueblo, empezaron a dictar decretos, prohibiciones abundantes, las consignas llenaban muros, casi amenazaban ahogar al pueblo; hacer lo que el agua del lago no había podido nunca.

La vida cambio en el pueblito del centro del lago. De pronto, construir, mejorar el pueblito dejó de ser importante para sus habitantes. Estaban agobiados de consignas y discursos, promesas y escaseces, prohibiciones e imposiciones, sólo les importaba escapar a una mejor vida; huir del pueblo se hizo obsecion y acción.

Inventaron mil formas de escapar, tantas que llenarían libros enormes describirlas. Muchos, la mayoría, cruzaron las aguas del lago enorme con lo que pudieron. Balsas construidas por ellos, botes viejos, camiones transformados en lanchas, todo servía si los llevaba al otro lado de las aguas del lago enorme.

Las familias se dividieron, las madres quedaron esperando regresos y soñando con vuelvos prontos, los hijos dormían besando las fotos de sus madres. Sólo el amor los salvó de morir del dolor de ausencias. Fue una época de lagrimas abundantes y pechos apretados; de mirar al cielo y pedir milagros

Los habitantes del pueblito que lograron escapar, fueron a los pueblos cercanos, allí comenzaron una nueva vida. El pueblo mas cercano a la orilla del lago enorme fue el que recibió la mayor parte de los habitantes del pueblito del centro del lago enorme. Ese pueblo mejoró y creció al empuje de los habitantes, se hizo rico y prospero. Desde allí le enviaban comida y dinero a los que se habían quedado en el pueblo del centro del lago enorme; en un intento de paliar escaseces y miserias.

Un día, siempre hay un buen día esperando en el camino, llegaron noticias que los que habían tomado la oficina del gobernador habían desaparecido sin dejar rastros. En el pueblo borraban consignas y quemaban discursos y prohibiciones. Un viento de esperanza levantaba olas en el lago enorme, salpicando futuros y sueños.

Los habitantes del pueblito, dispersos por el mundo, decidieron regresar, aportar su fuerza y esfuerzo en la reconstrucción del pueblito en el centro del lago enorme.

¿Cómo regresaremos al pueblito?

Fue la pregunta que recorrió los pueblos donde vivían los que habían escapado del pueblito en el centro del lago enorme.

¡Por el aire! Que los vientos de esperanza nos lleven de vuelta al hogar.

Comenzaron a construir globos multicolores enormes. Los pueblos se llenaron de globos azules, blancos y rojos. Todos se subieron a los enormes globos multicolores era una fiesta de alegrías y esperanzas; los hombres nunca olvidan su origen y a él vuelven en ondas de esperanza.

Los enormes globos multicolores cubrieron el cielo del lago, en una fiesta del alma y de sentimientos al vuelo.

En el pueblito del centro del lago enorme, las madres abrieron balcones y subieron a azoteas; una espera de años llegaba a su fin. En las calles la gente se abrazaba y lloraba de alegría. Regresar se hizo la palabra del día y venció, para siempre, al verbo escapar. Partir fue un verbo que nunca más dolió.

Allá en el pueblito del centro de lago enorme, poco a poco, comenzó a construirse un pueblito, “con todos y para el bien de todos “.

Fotografía de una obra de Feliz Gonzalez Sanchez , El regreso.

https://www.lapereza.net/product-page/un-habanero-que-emigr%C3%B3-con-el-siglo

Con Martí en el corazón y en los brazos.

Pedrito nacio en Nuevitas, un pueblito al norte de Camaguey. Siempre fue un niño muy despierto, con ansias de saberlo todo y con un corazon enorme donde cabía todo el amor del mundo. Pedrito es de esos niños que lo preguntan todo, parecía tener tatuado en la frente; quiero saberlo todo.

Su abuela Margarita , fue maestra muchos años, una mujer profundamente martiana. Enseñó a leer a Pedrito con libros de Marti, le enseñó a entenderlo y a amarlo.

Pedrito hizo suya la frase del apostol, “ser cultos es el único modo de ser libres” y él estaba decidido a ser un hombre libre; en el sentido exacto de la palabra libertad. A los 5 años ya se había leído Ismaelillo, La Edad de oro y hasta los versos sencillos de Marti.

En todos los actos públicos en su escuela, Pedrito leía algo del Apóstol. Muchos se asombraban de los conocimientos de ese niño de 1er grado, capaz de recitar versos y citar frases de Martí.

En las noches de apagón en su pueblo, se sentaba al lado de su abuela Margarita y le pedía le contará historias de Martí . Su abuela le contaba de como organizó la guerra de independencia, de su amor por la patria, por su hijo, de su sacrificio por la libertad de Cuba.

Una vez su papá le trajo de regalo las obras completas de Martí. Le costó trabajo conseguirlas en La Habana, pero sabía que para su hijo ese era el mejor regalo posible. Pedrito las guardó como un tesoro junto a una foto del Apóstol.

Un mes de septiembre, todos corrían por el pueblo, cerraron la escuela y la tienda que vendía en cuc que estaban una al lado de la otro, compartiendo una pared. Viene el huracán, va a arrasar con todo, es un monstruo, gritaban todos por el pueblo. Aseguraron las casas, se encerraron. Margarita se arrodilló frente a la imagen de la Caridad del Cobre, juró no levantarse hasta que el ciclón pasara y todos estuvieran sanos y salvos.

Afuera el viento rugía con fuerza, como una fiera dispuesto a devorarlo todo. Todo el pueblo quedó sin electricidad, las casas destruidas, los arboles por el suelo; la destrucción era casi total

Cuando el viento comenzó a disminuir y el huracán se alejaba, Margarita dio las gracias a la Caridad del Cobre y se levantó del suelo con ayuda de Pedrito, se asomó a la ventana.

-La escuela y la tienda estan destruidas, el viento las derribo. Gritó Margarita.

Pedrito abrió la puerta de la casa y cruzó la calle, nadie pudo detenerlo, ni siquiera el viento que aún soplaba con fuerza. Corrió directo en dirección a la escuela y a la tienda. Algunos, desafiando los vientos buscaban entre los escombros conservas y refrescos de la tienda; Pedrito comenzo a remover los escombros de la escuela, entre ellos estaba el busto de Martí . Lo tomó en sus manos, lo limpio un poco, lo apretó contra su pecho protegiéndolo de vientos y lluvias y regresó a su casa.

Su mamá comenzó a pelearle.

-Me vas a matar del corazón, Pedrito, casi me muero del susto cuando te vi entre los escombros de la escuela.

-Dejalo mujer, él sabe lo que hacía.

Pedrito los miró y les dijo.

– Perdonenme si los asusté, pero no podía dejar que el viento se llevara a Martí. Sería como si se llevara el futuro de Cuba y yo quiero un día, con Martí en los brazos y en el corazón, ayudar a construir esa patria “con todos y para el bien de todos”. No podía permitir que el huracán se lo llevara, perdonenme.

Margarita lo abrazó emocionada, le acarició el pelo y le susurro al oído; sabes, Martí esta orgulloso de ti, no murió en Dos ríos, vive en niños como tú; en el futuro de la patria.

Fotografía de Yander Zamora, tomada de Internet, un buen amigo me la envío

Cuca y Mimì, dos hermanas diferentemente iguales.

Dos hermanas , fotografia tomada de google
Cuca y Mimí, siempre fueron dos hermanas muy unidas. Su infancia fue feliz, muy feliz. Vivian en una casa muy linda con palmeras en el patio y girasoles y mariposas en el jardín. Crecieron, siempre orgullosas de su casa y su familia.

Un buen día se mudó una familia nueva a su acera, justo en la casa vecina. Todo empezó a cambiar en ese lado de la calle. Ponían el radio a todo volumen con discursos interminables. Se pasaban el día hablando mal de los vecinos de la acera de enfrente, criticándolos y culpándolos por todo. Los vecinos de siempre, empezaron a hablar bajo, no querían buscarse problemas con esos vecinos nuevos que dictaban reglas y decretos de conducta. Algunos decidieron mudarse para la acera de enfrente, les molestaban prohibiciones y regulaciones. Acostumbrados a hablar claro y sin miedo, no querían hablar bajo para evitarse problemas.

Una mañana Mimí le dijo a su hermana Cuca, siéntate, tenemos que hablar.
-Sabes que siempre me ha gustado vivir aquí, tú y yo hemos sido más que hermanas, lo hemos compartido todo, lo bueno y lo malo. No tolero más a esos vecinos nuevos, se han adueñado de la acera, apenas podemos salir a dar un paseo. He decidido mudarme a la acera de enfrente.
-Yo me quedo, alguien tiene que cuidar de mamá y de la casa. Vete, yo me quedo, este es mi lugar.
De nada valieron las insistencias de Mimí, Cuca, se mantuvo firme en su decisión.

Pasaron los años, muchos. Entre las dos aceras la comunicación era poca, casi nula. Alguna llamada por teléfono, algún paquetico que Mimí lograba enviar para ayudar a su familia, nada más.

Una tarde, sin previo aviso, sin decretos, ni folletos aclaratorios, se permitió la visita a los vecinos de la acera de enfrente. A esos que habían decidido mudarse al otro lado de la calle.

Mimí llego a su casa, la sorprendió el jardín abandonado, solo dos girasoles y una mariposa casi marchitos, como recuerdo de tiempos mejores. La fachada de la casa sin pintar. Tocó a la puerta.
-Entra la puerta está abierta, llevo días esperándote, tal vez años.
Mimí empujo la puerta, los muebles viejos, las paredes agrietadas y el techo amenazando desplomarse la estremecieron. Sintió angustia, se le oprimió el pecho. Se sorprendió al ver a su hermana Cuca, sentada en una silla de ruedas. Corrió a abrazarla, un abrazo largo, entre lágrimas y recuerdos.
-Mi hermana ¿Qué te paso? Tú tan linda y vital siempre y ahora en este estado, en esta casa, casi en ruinas.
– Hemos pasado mucho, pero sigo viva y eso es lo importante. A pesar de esta silla de ruedas, de estas arrugas, de esta casa ruinosa, soy la misma Cuca de siempre. Ni años, ni penas han podido vencerme.
-Debiste haberte ido conmigo, tus hijos tendrían un mejor futuro. Tú estarías mejor. Te recuerdo tan linda y sonriente, no soporto verte así.
-Todos no podíamos irnos Mimí, alguien tenía que quedarse a cuidar la casa, a mantener viva la esperanza. Una casa vacía se muere, los que nos quedamos la ayudamos a mantenerse viva.
-Esto no es vida Cuca, yo si he vivido, he viajado por barrios diferentes. Mis hijos fueran a buenas escuelas, tienen buenos trabajos. Puedo decir lo que quiera, hasta hablar mal de los vecinos en voz alta, sin que me pasa nada.
-Todo es vida Mimí, la mía ha sido dura, pero no me quejo. Mis hijos se esforzaron y pudieron estudiar, son hombres de bien y eso es lo que importa. Tú puedes hablar mal de tus vecinos sin que te pase nada, a tus vecinos tampoco les pasa nada porque tú hables mal de ellos. A veces con hablar, no se resuelven los problemas. Voy a hacer café.
-Déjame a mí.
-No mi hermana, aún en esta silla de ruedas me basto para colar mi café y para muchas cosas más.
Cuca, fue hasta la cocina, el olor del café recién colado inundo la casa. Regreso con una bandeja con dos tazas sobre sus piernas.
-Como en los viejos tiempos Mimí, el mejor café del mundo, mamá me enseño a colarlo.
-Delicioso, me trae muchos recuerdos. Cuando mamá murió quise venir, pero sabes que no nos dejaban cruzar la calle.
-Yo le cerré los ojos. Murió con una foto de cuando éramos niñas en sus manos. Sus últimas palabras fueron; la familia volverá a reunirse, vendrán tiempos mejores.
-Ay mi hermana ¡Cuanto has pasado! Estas tan acabada, tan viejita. Esta casa en cualquier momento se viene abajo y te aplasta.
-Esta casa y yo, seguiremos juntas hasta que Dios quiera. No pienses que estoy acabada, que mi vida término. En esta acera aún quedan sueños y esperanzas, ganas de hacer. Que no te engañen las ruinas o mis arrugas, hay Cuca para rato.
-Mi hermana, la vida está del otro lado de la calle, en la acera de enfrente. De este lado ya no queda nada, solo recuerdos, ruinas.
-La vida esta donde estemos, una casa no se salva abandonándola. Tú sigues siendo mi hermana aunque vivas en la acera de enfrente. Tenemos que unirnos para salvar la casa Mimí, yo sola no puedo. ¡Es hora de unirnos y salvar la casa!
-Que más quisiera mi hermana. Ver esta casa con flores en el jardín y las palmeras al viento en el patio, pero ya todo está perdido, no hay nada que hacer. Tú en esa silla de ruedas, la casa casi en ruinas, el jardín destrozado, abandonado.
-No te dejes engañar por las apariencias. Las cosas no son lo que parecen, te equivocas. En esas gavetas, hay semillas de girasoles y mariposas para sembrar en el jardín. Las palmas del patio están medio secas, pero con un poco de agua y dedicación, volverán a ser las de antes.
-Y tu mi hermanita, tú, ¿Qué podrás hacer en esa silla de ruedas?
-Vuelves a equivocarte. Estoy en esta silla, casi detenida, pero en cualquier momento me paro y vuelvo a caminar, a echar a andar la vida.
-Mi hermanita, admítelo, tu tiempo pasó. Nada volverá a ser como antes.
Cuca miro a Mimí con fuego en los ojos, el mismo fuego de hace muchos años. Se puso de pie de golpe, le dio un empujón a la silla de ruedas que se estrelló contra la pared.
-Vamos mi hermana, dame la mano, empecemos juntas a arreglar la casa. Es tiempo de unirnos, de hacer juntos, sin reprocharnos nada, sin idas, ni regresos aplazados, sin sueños rotos. Cuca y Mimí harán el milagro que la esperanza vuelva a florecer en esta acera. Ayúdame a ponerme el vestido azul, rojo y blanco de mamá.

Se abrazaron, un abrazo con olor a futuro y a sueños. Un abrazo de uniones. Sin calles separando a las dos aceras. Un abrazo como Dios manda, “con todos y para el bien de todos”.

Fotografia tomada de Google. Blog Adictamente. http://adictamente.blogspot.com/2013_10_05_archive.html