¡Sigo aqui! Un concierto entre amigos.

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Sigo aquí, un nombre sugerente para un concierto, una declaración de principios y propósitos; una decisión. Samuel Calzado sigue aquí en el panorama cultural de la ciudad, abriéndose camino, afincándose, ganando público, aplausos y amigos.

Desde antes de iniciar el concierto, sé que será una noche especial. Un montón de amigos reales y virtuales se entremezclan, me saludan. Algunos me felicitan por mi cumpleaños, otros llegan, como Maritza y me dicen.
-Habanero, al fin te conozco, nos abrazamos como viejos amigos y hablamos de nosotros, del concierto, de La Habana. Les confieso, esto de amigos virtuales convirtiéndose en reales, lo disfruto casi como una travesura de muchachos.

El concierto comienza con un video de sus actuaciones en España, se escucha la voz de una locutora que dice; una de las voces cubanas más cálidas que hemos escuchado y Samuel, sale a escena.

Dedica una canción a su mama, pensó tenerla esta noche presente, pero una visa denegada lo impidió. La magia de la canción vence prohibiciones y negativas, la hace presente esta noche. Junto a nosotros aplaude emocionada la canción que le dedica; “yo sin tu amor, ¡no se vivir!” Se enjuga una lágrima y regresa a La Habana, a esperar el próximo reencuentro.

Nos cuenta que en un duro invierno en España, en una de esas noches que hablar con seres queridos es la única vía para calentar el alma, llamó a su mamá. Le conto que el invierno era duro y estaba muy solo. Su mamá, resumiendo el sentir de tantas madres cubanas, le dijo; tú no estás solo mi hijo, tú estás lejos. Nosotros, como tantos, como él, nunca estaremos solos, ¡solo lejos!

Interpreta, “Se fue” y recuerdo mi escrito; ¡Nos fuimos! Pienso cuantos se conmueven y revuelven nostalgias con la letra de la canción. “¡Mire usted como he tenido que echarle de menos! Se fue sin abrigar despedidas y la palabra volver ya se esfumo, cual si fuera esta canción.”

Canta a Pablito y el público aplaude al cantante y al autor. Yolanda se sienta con nosotros a la mesa, disfruta la canción, antes de partir en una alfombra tricolor al lugar donde el tiempo se detuvo esperando regresos y reencuentros.

Como siempre, su mejor momento, el que lo eleva y lo hace único e irrepetible, cuando descarga al piano. Lo escucho, miro y admiro e insisto en un concierto acústico, a piano y guitarra, ¡a descarga pura!

Canta, de las Diego, se me eriza la piel y como siempre logra erizarnos el alma y recuerdos. Recuerdo a mi amiga María Luisa, cada encuentro nuestro desborda cubanìa y cariño. Convertimos sitios nocturnos en calles o barrios habaneros y hablamos de Cuba, con amor. Erizándonos siempre, por ese amor que compartimos por nuestra Isla.

Eddy Santana invitado de lujo, regala canciones en derroche de voz. Cuanto talento cubano, disperso por el mundo, esperando un llamado desde el Cobre, para cantar, en la mejor y compartida nota, ¡la canción del regreso! Canta, “Se me antoja” y entre antojos, recuerdos y añoranzas, me dan ganas de noches habaneros, en un centro nocturno. Escuchándolos sin exilios, ni partidas, sin adioses y ¡vuelvo pronto!

Como regalo de cumpleaños, inesperado y nostálgico; Eddy y Samuel me regalan dos canciones; Pensamiento y Longina. Escuchándolas, recorro mi isla, ando por mi Habana, llego hasta mi casa, allá en Playa y abrazo a mami sentada en su eterno sillón. Yo, junto a ellos digo; “anda pensamiento mío, ¡dile que yo la venero!” Descargan. Como solo los grandes pueden y saben. Convierten The Place en un lugar habanero, con victrolas, recuerdos y talento. Ente ellos me parece adivinar a la Lupe y a Freddy haciendo de las suyas.

Invita a Danay, dándole la oportunidad que su público la conozca. Ayudar, dar una mano, compartir público y escenario, nos hace aplaudir al ser humano, al amigo.

En fiesta de cubanìa invoca malecón y canciones. Pone a los presentes a bailar, presumiendo de ser el ” el negro más cumbanchero”. De donde son los cantantes, estalla en la noche miamense y un coro gigante le responde ¡son de Cuba! Ay mamá que son de La Habana, aunque canten en Miami.

Alguien le grita, estas suelto y sin vacunar y apunto una frase más para mi próximo escrito sobre las frases cubanas.

Al final, nos recuerda a todos que; ¡valió la pena! Entre notas musicales, aplausos, esfuerzos y lejanías, ¡¡todo valió la pena!! Porque como dice la letra de la canción que cierra su concierto; ¡porque era necesario!

Termina el concierto, nos despedimos entre abrazos y fotos. Confiados que Samuel y su arte seguirán aquí, abriéndose caminos, ganando público, asegurándose un lugar en la geografía cultural de Miami.

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Un concierto de Navidad.

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Un concierto de Navidad, siempre promete emociones, nostalgias, alguna lágrima y arte del bueno. Las canciones relativas a la fecha no pueden faltar, de la voz de Samuel Calzado y de los recuerdos, vienen varias. Noche de paz trae a escena infancias y recuerdos, nos advierte antes de cantarla que tal vez no pueda terminarla; ya son 22 navidades separado de su familia, sin escuchar esta canción en la voz de su madre. No se si su madre en la distancia le apuntó la letra y la nota exacta. Termina la canción emocionado y feliz, por unos minutos compartió fiestas y canciones allá en un rinconcito de nuestra Habana, es la magia de la música, su embrujo.

Nos regala boleros, sin dudas se propuso invitar a todas las emociones a su concierto. Se sienta al piano, siempre, su mejor momento, donde alcanza la excelencia. Me gustaría un concierto acústico de Samuel; él, su piano, su voz, algún invitado. Que la descarga fuera la conductora de la noche, que complaciera peticiones, sin la altura de un escenario alejándolo de nosotros. Sin dudas un concierto así seria su mejor concierto.

Samuel, como muchos, es un luchador incansable, no se da por vencido. Poco a poco se propone nuevos retos, suma público y admiradores. Imponerse y triunfar en una ciudad como Miami, no es fácil, lo sabe. Cuenta con buenas armas en esta lucha; su voz, su piano y su insistir, su no darse por vencido. Sabe que todo no esta perdido y viene a ofrecer su voz, su corazón, una y otra vez, incansable.

Me presenta como su critico, exagera, solo soy un admirador mas, un amigo que comparte públicamente sus emociones. Hace 3 años cuando comencé mi blog, no me imagine comentando conciertos, describiendo espectáculos. Ya son varios los escritos dedicados a nuestros artistas, Rosita, Maria Antonieta, Ivette, Mirtha, Annia. Hace años, cuando realizaba mis prácticas de laboratorio en la Universidad, jamás me hubiera imaginado comentando conciertos, opinando de política o escribiendo cuentos. La astróloga de La Habana se equivocó en sus predicciones.

Hoy, en la mañana en mi eterna lucha entre el gimnasio y mis escritos, ganaron mis escritos. Me levante temprano para ir al gimnasio, revise las notas que tome durante el concierto de Samuel y aquí estoy, tomando café y terminando de compartir mis vivencias de un concierto de Navidad.

Como invitado irrumpe en escena Yunier Díaz en su personaje de Osana. No lo había visto antes, no podía imaginar que el muchacho serio y hasta tímido que conocí en conciertos y fiestas, fuera capaz de hacer tantas cosas en un escenario y hasta se atreviera a decirme públicamente que si yo “me daba patadas en los dientes”. La actuación de Yunier, su humor y vitalidad dan variedad al concierto, lo enriquecen. En una Navidad a “lo cubano” el humor y la risa no pueden faltar.

Durante su concierto, Samuel rinde homenaje a Bola de Nieve, Memé Solís. Alguien le pide una canción de Moncho, no recuerda bien la letra y Lourdes Libertad se la apunta en gestos desde el público. Samuel, la invita al escenario, comparten canciones y afectos. Hacen un dúo y después la acompaña al piano, un extra de la noche que no estaba en el programa.

El concierto termina, buen regalo de Navidad que se agradece que se convirtió en un arma mas para apuntalar la alegría y vencer la nostalgia que cargamos los emigrantes en estas fechas. Fiestas en que nos inventamos la alegría y la sonrisa seguro que tendremos navidades por venir y disfrutar sin exilios, ¡Como un milagro!

Ivette, la voz de La Habana.

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Finalmente, Ivette en concierto. No dude nunca de su éxito, sabia que su voz seria capaz de ganarse al público de Miami. Que contaba con buenas armas, muchas; en la primera canción, ya el publico estaba a sus pies, aclamándola, haciéndola suya.

Había visto sus videos en Youtube, escuchado, una y otra vez su disco, que me regalaron en un viaje a La Habana. Videos y discos, son solo un reflejo de lo que esta mujer, es capaz de hacer en un escenario. Ivette Cepeda, es de esas cantantes que hay que escuchar en vivo, no necesita tecnología, su voz, limpia y clara, potente, desborda cualquier estudio de grabación que no alcanza a atraparla.

Salio vestida de blanco, cubanísima y sencilla, como quien dice en el gesto; “yo vengo a ofrecer mi corazón”. Su ofrecimiento no es solo gestual, se abre el pecho en su voz, su corazón queda con nosotros. Nos lo entrega poco a poco en éxtasis, en cada nota, en cada canción, el publico, lo recibe y disfruta, lo hace suyo; latimos juntos al ritmo de su música y su encanto.

No se en que instante se logró la extraña y peculiar simbiosis entre ruidos y voz, olas rompiendo y notas musicales; Ivette, es sin dudas, la voz de La Habana. La escuchamos cantar y andamos con ella por esas calles conocidas, lejanas y presentes. Escuchamos pregones, gritos entre vecinos, llegamos a sentir el olor del café recién colado, nos subimos con ella a una guagua y andamos la ciudad, la Isla, en un recorrido sin final, guiados por su voz y su arte.

Disfrutaba de ella y pensaba en cuantas seudo estrellas, fabricadas en estudios de grabación, andan por el mundo, luciendo poses de divas y jugando a engañar y torturar nuestros oídos. Más de una de ellas, debió asistir al concierto de anoche. Que enorme placer hubiera sido llegar hasta ellas y decirles al oído; ves, ¡Esto es cantar!

Quedaron canciones por dar, su repertorio es amplio. Ivette, intentaba despedirse del publico, los gritos de ¡Bravo, otra, otra! La obligaban a regalar canciones. Nos acercamos al escenario, en un intento de retenerla para siempre, de no dejarla ir, de hacerla aún mas nuestra.

Estoy seguro que Ivette, confundió escenarios y públicos, entre aplausos y bravos. Como nosotros confundimos ciudades y recuerdos al influjo de su voz. Tal vez pensaría que cantaba en un teatro de La Habana, acostumbrada a hacer y seducir. Se que se lleva en su alma la certeza que los cubanos, no importa donde estemos, somos los mismos, los de siempre. Basta un detalle, una canción, un gesto y se olvidan exilios y tristezas, escaseces y penas; renace la alegría, la esperanza.

Podría intentar describirles el concierto, la voz de Ivette, su adueñarse del escenario y de nosotros, seria inútil; el milagro, la magia, no pueden describirse. A muchos, les queda pendiente un concierto de Ivette, por suerte, yo lo disfrute en cada instante, en cada nota. Mientras la escuchaba, escribí en mi mente, párrafos sobre ella, mucho mejores que estos que hoy escribo. La escucho cantar, intento repetir la magia del concierto, poder rehacer lo que anoche venia a mi mente. Me falta la presencia de Ivette, ese influjo mágico capaz de desatar emociones y palabras.

Cuando la escuché cantar, mientras disfrutaba de sus versiones de números antológicos, pensé en Elena y Moraima. Ivette, hacia el milagro de revivirlas, de llenar espacios y ausencias. Las imagine, emocionadas, abrazadas, con lagrimas en los ojos, escuchándola, seguras que el relevo estaba seguro y exacto, preciso y puntual.

Ivette, termino su concierto, regalándonos canciones extras, dejo para el final una, que el estribillo convoca a la unión, a hacer caminos, a andar, seguros que el mañana, se construye entre todos; “Juntar todos los sentimientos y hacer mas bello el camino” ¡Gracias Ivette!

Maria Antonieta.

No, no se asusten en este escrito no hay revolución francesa, reinas encanecidas, ni cabezas cortadas.

El lunes pasado, mi amigo- hermano, me llamo; José, el sábado presentamos a María Antonieta en The Place, tenemos que correr con la propaganda, apenas hay tiempo. Lograron llevarla a dos programas de televisión. Yo, sobre la marcha, hasta aprendí a hacer carteles y videos con tracks y fotos y subirlos a youtube. Donde hay cubanos, no hay imposibles!

Mientras apoyaba desde mi pagina de Facebook y entre amigos, la presentación de María Antonieta, recordé la primera vez que la vi en un teatro. La presentó Consuelito Vidal, sus palabras fueron mas o menos estas; una bellísima mujer que va a triunfar y será algún día, una de las figuras mas importantes de la canción cubana. Profecía o conjuro, sus palabras se cumplieron, se cumplen en cada interpretación que nos regala.

Un amigo la llamó, la palma real de la música cubana. Aunque la admiraba, desde sus inicios en Cuba, pensé exageraba. La comparación con una palma real, me pareció infeliz. Llego la noche de su concierto, María Antonieta, salio a escena; bella y deslumbrante, enérgica y talentosa. Una palma real en pleno huracán se adueño de todos.

Sus versiones de números clásicos, revivieron a  grandes ya ausentes. Convocadas por su voz, reencarnaron en sus interpretaciones. Su espectáculo, no fue unipersonal. Muchas cantantes, cobraron vida en su voz y sus gestos, compartieron junto a ella el escenario, conquistando corazones y aplausos.

En esta ocasión, The Place, no solo abrió un portal a La Habana. Se abrió un portal enorme a recuerdos y nostalgias, años de arte e historia, evocados por la voz y carisma de esta mujer se hicieron presentes, desataron memorias, lágrimas, abrazos! Martha estrada, Leonora Rego, se vistieron de palmeras y en voz ajena, pero hermana y cubana, se hicieron presente.

Da gracias a Dios, por estar entre nosotros, entre amigos y cómplices, entre cubanos. Recuerda a Oshun, no escapa a nuestro folklore.

Cuba, no nos deja irnos del todo, se inventa ataduras y misterios. Envía palmeras que cantan y seducen. Nos  hace trampas, confundimos lugares y momentos. No se si al terminar el concierto, iré allá a mi casa en Playa, en la Habana, donde mami, en su sillón, espera que llegue para irse a dormir o iré a mi apartamento en Hialeah, donde dormiré solo, entre recuerdos y sueños. La voz y el embrujo de esta mujer es un puente, hace magia, olvido el sitio exacto donde estoy, recordando siempre quien soy, de donde vengo y hacia donde voy.

Interpreta Cavaste una tumba, interrumpida por aplausos y gritos de bravo, la aplaudimos de pie. Créanme, por un instante me pareció ver a Leonora Rego, tomándole la mano, ayudándola a recrear la canción. Termina de hacerla, Leonora Rego, la deja sola en el escenario, disfrutando de aplausos. Tras bambalinas las grandes disfrutan su concierto, la dejan recrear sus canciones, le apuntan la letra, le inspiran el gesto y la explosión, la dejan hacer a su antojo, seguras de su éxito.

Del público, le piden una noche de copas; no la tengo montada, responde, le gritan; a capella! Su voz termina convirtiendo la noche en locura de arte y sentimientos.

La aplaudimos de pie, no la dejamos ir. Promete un próximo concierto con orquesta y bailarines. Se despide con, El mundo y el mundo presente, se rinde, sin ofrecer resistencia, a su voz y belleza!

Finaliza  el concierto, termino mis notas. Llego a casa y a pesar de la hora, voy dando forma a este escrito, evocando una noche que recordare por mucho tiempo. No fue una noche loca o de copas, fue una noche habanera, que vivimos en Miami, al influjo de la magia y la voz de una palmera.

Entre dos fuegos.

En ocasiones, una persona, se encuentra, entre dos fuegos. Entre esos dos fuegos, muchas manos amigas se tienden, protegen de disparos de bandos diferentes. Bandos enemigos, unidos a pesar suyo, disparando a un supuesto enemigo común.

Existen figuras cimeras, personas comunes, seres humanos con ideas y convicciones propias, capaces de decir lo que piensan, sin temor a represalias. Siempre recuerdo los versos de Marti; Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz se queda solo.
No siempre el que lleva luz, se queda solo, se alejan los falsos, los que temen a la luz, aquellos, que se sienten mejor, entre las sombras. Se suman, los que agradecen la sinceridad, la honestidad. Muchos, respetamos y admiramos a aquel, que aunque no piense exactamente como nosotros, es consecuente con sus ideas. Todos, no podemos pensar igual. Hace años, aprendimos que la unidad y lucha de contrarios, ayuda al desarrollo. El mundo, seria muy aburrido, si todos pensáramos igual.

Pablito, nos brindo sus canciones y sus declaraciones en Miami. Muchos, lo recibimos con los brazos abiertos. Fue como el reencuentro con un viejo amigo. Un amigo, que aunque no pensamos igual, nos ha regalado sus canciones, durante toda una vida. Un amigo, sin miedo a decir lo que piensa, honesto y consecuente. Alrededor de él y su concierto, sus declaraciones, surgieron polémicas, discusiones. Han pasado los días, Pablito, esta ahora, entre dos fuegos.

Un grupo de aquí, se opuso a su concierto, quería que dijera más de lo que dijo, querían poner en su boca, sus propias palabras. Cada persona dice, lo que piensa, no lo que piensan otros, pretender que alguien diga exactamente lo que queremos, es absurdo. A veces, sin darnos cuentas, se nos sale el dictador que algunos llevamos dentro y queremos imponer nuestra voluntad a ultranza. El concierto paso, la reacción de algunas personalidades y de algunas figuras oscuras de allá, no se hizo esperar. Pablito, no se incinero, ellos si pretenden incinerarlo. No citare nombres, hay hasta un articulo de un triste personaje, que intente varias veces leer y no pude, mi estomago se resistía y no tenia a mano ningún digestivo que me ayudara a digerir tanta basura.

El concierto, es un hecho, su realización; un logro mayor, un puente a la comprensión, que no podrán destruir extremistas de aquí, ni de allá. Las sombras, por más que se empeñen, no pueden ocultar la luz.

Estar entre dos fuegos, debe ser incomodo, pero por mas que apuntan de un lado y del otro, no logran dar en el blanco. Muchos de ambos lados, levantan manos y voces, desvían y detienen disparos, los devuelven. El apoyo de muchos reconforta, cuando un “amigo” se aleja, es porque nunca lo fue. Si el miedo a que el fuego incinerador lo queme, aleja a alguien, lo quiero bien lejos, así se evitan puñaladas por la espalda, traiciones.

Mientras de un lado y de otro disparan, no me preocupo, se que Pablito, se decidió hace tiempo, por la luz y grito, sin miedo; Dame el yugo, OH mi madre, de manera
Que puesto en él de pie, luzca en mi frente
Mejor la estrella que ilumina y mata.

Mientras algunos se alejan, mientras recibe críticas y es centro de un fuego cruzado, el autor de Yolanda, se siente tranquilo, en paz consigo mismo. Cantó a su público del exilio, recibió el reconocimiento de figuras cimeras, al final, las cumbres, terminan encontrándose. Se saco, para siempre, del pecho, las palabras que hacia tiempo quería decir, al final, el mundo lo escucho y lo admiro aún más. Unos, le damos un fuerte abrazo, otros “un sobrio apretón de manos“, ambos bastan para ignorar ese fuego cruzado, de quienes terminan, disparándose a si mismos. Pablito, escucha los perros ladrar, sabe que cabalga seguro.

Me parece que estoy en La Habana!

En ocasiones hay lugares que son como portales que se abren a Cuba, desde aquí, desde Miami, desde cualquier lugar del mundo. No a una Cuba nostálgica y melancólica, a la Cuba del futuro, la Cuba de “todos y para el bien de todos”. 

El sábado pasado, asistí al concierto de un grupo que apenas conocía, “Moneda dura”, algunos videos, me sirvieron de muestra del trabajo de ese grupo. La curiosidad y el vínculo a organizadores del concierto, me decidieron a asistir. 

Una vez más, la magia del arte, borro distancias, tiempos. Mientras Nassiry, cantaba y encantaba a los presentes, yo, recostado al bar, (no alcance asiento) deje volar mi imaginación. Soñé despierto, comprendí que el arte, de manos del amor, puede hacer el milagro, muchos milagros. 

Imagine conciertos en La Habana de homenaje a Celia, a Olga. Soñé con teatros habaneros inmensos, desbordados con conciertos de Annia, Mirtha y Maggie. A muchos mas, actuando en espacios abiertos. Recordé un video que vi recientemente, Haila, cantaba, “Amigas” en la Habana, mientras en una pantalla, en el teatro, se proyectaban imágenes de figuras femeninas de nuestra cultura, cuando apareció la imagen de Celia Cruz, el publico la ovaciono. Se que Celia, desde el cielo, lloro emocionada, al ver que, a pesar de ausencias y prohibiciones, su pueblo, no la olvida. También imagine a Pablito, cantando de nuevo en un American Airlines Arena, repleto, sin aplanadoras rompiendo discos, sin extremistas, gritando insultos a los asistentes al concierto. 

Durante el concierto de Moneda dura en The Place of Miami, Nassiry, dijo varias veces, “me parece que estoy en La Habana”. El no era el único, muchos creíamos estar en La Habana. Nuestra ciudad es así, aprovecha cualquier oportunidad y se nos cuela, se burla de mapas y geografías y se desata libre en las ciudades donde viven sus hijos. También Miami, tiene su magia y cuando cada uno de nosotros visita la Habana, se lleva un poco de esta ciudad y lo deja allí. Sueño con un concierto en La Habana, donde muchos digan entre lagrimas, “no se si estoy en La Habana o en Miami”. Sueño con abrazos entre hermanos, con puentes, con fronteras y prohibiciones rotas. 

No se si en un próximo concierto en La Habana, Nassiry, emocionado diga, “me parece que estoy en Miami”, si se que algo de esta ciudad, de nosotros, se ira, para siempre con él. Se que así, poco a poco trayendo y llevando de acá y de allá, construiremos puentes, romperemos barreras y absurdos. 

Cada vez que un portal, aquí o allá, se abre, para que fluya el amor entre hermanos, ya nada ni nadie puede volver a cerrarlo. Se que a algunos, de aquí y de allá, molestan los puentes, lástima, que como dice la canción de Moneda dura, “Mala leche”; la grasa en el cerebro, no se opera!

Un concierto despues, nos tomamos un cafe?

Hace una semana, cuando algunos dudaban si el concierto se daría o no, cuando Miami se dividía a favor o en contra. Cuando aún parecía incierto, escribí, “Un concierto”, mi modesta opinión al respecto.

Los días pasaron, Pablito llegó a Estados Unidos, fue entrevistado en Washington. Sus declaraciones, sorprendieron a muchos, otros las esperábamos, seguros y confiados, las presentíamos. Escribí, “Creo, sé, que Pablito tiene un mensaje, para nosotros y para el mundo, dejémosle hablar y cantar.” Pablito, habló y cantó, no defraudo a los que confiamos en el.

Es cierto que muchos deseábamos al American Airlines Arena, desbordado de publico, asistieron 3 500 personas, algunos dicen que alrededor de 5000, un número muy por debajo de la capacidad del lugar. No se auto engañen los que estaban en contra del concierto, muchas personas no asistieron, simple y llanamente por problemas económicos, en tiempos de crisis, no todos pueden disponer de un dinero extra para asistir a un concierto, por mucho que admiren al autor de Yolanda.

Como dato curioso, quiero decirles que los asistentes, superaron en mil a la capacidad de Miami Dade County Auditorium, o sea, de haber sido en ese teatro el concierto, 1000 personas se hubieran quedado afuera con las ganas de escuchar y aplaudir a Pablito.

Alguien se tomó el trabajo de contar a las personas protestando afuera? No tengo ese dato, solo ví afuera, a un grupo no muy numeroso de personas y créanme, no se cobraba por participar.

El mayor éxito del concierto, es su realización, tenerlo del lado de los recuerdos y no de los imposibles. Todos los asistentes de pie, coreando sus canciones, un regalo a Pablito del exilio que no lo rechaza, que le tiende la mano, aunque como dijo alguien, sea “un sobrio apretón de manos”

Los tiempos cambian y si queremos ser parte de los nuevos tiempos, tenemos que cambiar a su ritmo, no quedarnos atrás. Estamos consumiendo el año once del tercer milenio, vivamos y pensamos como corresponde a los nuevos tiempos. No es tiempo de aplanadoras, es tiempo de puentes, de amor y no de odios. Tenemos la opción de cambiar o convertirnos en fósiles, nosotros decidimos! 

Recién iniciamos la semana posterior al concierto, sigue en pie mi invitación a compartir un café con los que asistieron al concierto y con los que protestaron. Solo pido despojarse de odios antes de tomarnos juntos el café, dialoguemos como hermanos, preocupados y ocupados por y en el futuro de la patria.

El mismo día que publiqué, Un concierto, un amigo, de visita en mi casa desde mi computadora, leyó mi artículo. Mi amigo, estaba, esta, en contra del concierto, pero esa no era, no es razón suficiente para terminar nuestra amistad, seria absurdo. Mientras leia, se volvió hacia mi, me miro y me dijo, “te estas arriesgando”. Si no puedo decir lo que pienso, me vuelvo a Cuba, si decir lo que pienso, mi verdad, es un riesgo, créanme, lo disfruto intensamente.

En estos días leí muchas veces sobre dignidad, respeto y decoro, muchos usaron y abusaron de estas palabras. Por esa dignidad, ese decoro y ese respeto que merecemos todos, se impone el dialogo, nadie tiene la verdad absoluta, compartamos entre todos la gran verdad de Cuba, dejando a un lado odios e intereses personales. “Callen hombres, cuando hablan pueblos”.

Quedémonos, para siempre, con lo mejor de ser cubanos, con una Cuba, “con todos y para el bien de todos”.

Los espero con una tacita de café y una sonrisa.