¡¡¿Exagerados nosotros, los mejores?!!

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Los habaneros, los cubanos, somos exagerados por naturaleza lo hemos sido siempre. Hicimos de Coppelia, la heladería mas grande del mundo, no conocíamos otra, ni falta que nos hacia. Imaginamos a nuestra famosa y visitada heladería, reinando sobre todas las demás y lo decretamos así. No nos basta con decir las cosas, las decretamos, le ponemos cuño oficial y que nadie se atreva a llevarnos la contraria; somos los que mas sabemos. El cubano en general es así, exageradotes que somos.

Si hablamos de pelota, no nos limitamos a dar una opinión. Si nos dejan dirigir un equipo de pelota, cualquiera, lo llevamos al campeonato mundial y venimos con la medalla de oro. Los directores de industriales, son unos aprendices, unos niños de teta, comparados con cualquiera de los que asisten día a día a la peña del parque Central.

Sabemos más de ballet que Alicia Alonso. Charin, no da 32 fouettés, son como 64, es una bárbara y somos capaces de jurar que tocaba el techo del Lorca cuando hacia su vaquita de cortina a cortina, en sus antológicos Lagos.

Argentina, perdió el mundial, porque no tenían un cubano asesorándolos. Si se hubieran dejado guiar por nosotros, hubieran ganado la última copa. Estos argentinos, no se dan cuenta que somos los mejores, no aprenden.

De política, ni hablar, ¡Tenemos tanto que enseñarle a las Naciones Unidas! Bueno en general a todos los presidentes de la Union Europea y hasta al hijo de Putin. No dudo que alguno asegure que si lo dejan dirigirle a cualquier candidato presidencial, la campaña electoral, sale reelecto seguro. Si nos hubieran dado carta blanca, hubiéramos capturado a Osama Bin Laden a la semana siguiente del 9/11. No nos andamos con paños calientes, por las barbas lo sacábamos del escondite, nos la sabemos todas. Si nos dejan hablar en la ONU, se acaban las guerras, el hambre en el mundo, el calentamiento global y la madre de los tomates.

La cubana, no es bonita, es la mujer más linda del mundo. Yo, personalmente, creo que aquí, nos quedamos cortos, ¡Es la más bonita del sistema solar! ¡La más sensual de la galaxia!

Salimos de Cuba y nos trajimos nuestra forma de ser, por acá en Miami, veo anuncios de restaurantes cubanos, “el mejor arroz con pollo del sur de la Florida”, “el mejor café cubano”. Seguimos recordando con nostalgia los mejores frijoles negros del mundo de la Bodeguita del Medio, el mejor daiquiri del Floridita. Yo, afirmo hasta el cansancio, que mi mama, es la mejor cocinera que existe, su comida exquisita, supera la del mejor restaurante conocido y por conocer.

¡Que bueno me esta quedando esto, es lo mejor que se ha escrito sobre lo exagerados que somos los cubanos!

Sólo en algo no exageramos, somos medidos y exactos, cuando decimos con orgullo; Cuba es la tierra más hermosa que existe. Cuando queremos expresar nuestro amor por La Habana, por Cuba, nos faltan adjetivos, no alcanzan las palabras. No podemos exagerar ese amor inmenso que nos hace llevar por siempre nuestra bandera, orgullosamente, en la frente. Entre nosotros, exagerar nuestro amor por Cuba, seria el colmo de la exageracion.

La Rampa!

                     

La Rampa, es en si una ciudad en miniatura, no le falta nada, mas bien le sobra, se desborda, por tener, lo tiene todo, Coppelia, la esquina del Yara, el Habana Libre, termina en el Malecón y la recorre un montón de gente que a diario camina rampa arriba, rampa abajo, hasta una obra de teatro le dedicaron.

La Rampa ha vivido momentos de esplendor, de tristezas, de penas y alegrías, lo ha visto todo y aún le falta mucho por ver. Cada día, cada noche, cada instante, asiste a su propio espectáculo. Este pedacito de la ciudad, viene siendo el ombligo de la Habana y aunque muchos, un día, cortamos el cordon umbilical, seguimos unidos a ella por algo mas fuerte, nuestras memorias y vivencias, nuestro andarla una y otra vez aunque estemos lejos.

Yo, la conoci de muy niño, mi padre tenía un puesto muy alto en un ministerio, en 23, cerca del malecon, a veces me llevaba allá y sus secretarias, dulces y guataconas, se fajaban por llevarme a merendar y dar un paseo por 23. Desde esos días lejanos de mi infancia, la Rampa y yo, nos hicimos amigos, firmamos, para siempre, un pacto secreto de amistad, cada vez que regreso a mi ciudad paso a saludarla, aunque sólo sea unos minutos, muchas veces en el recuerdo, vuelvo a andar por ella, visito Coppelia, me recuesto un par de horas en sus rejas, revivo algunas de las mejores aventuras que compartimos, termino sentandome en el Malecon, desde allí la contemplo y salpicado de mar, reafirmo una vez más, los lazos que nos unen.

A veces, en mis caminatas por La Habana, me ha parecido oír al Prado, a Galiano, a Neptuno, a San Rafael y otras calles famosas conversar entre ellas y quejarse de esta muchachita que les ha robado público, al final, terminan perdonandola, es tan joven y hermosa!

La Rampa, es como un paseo de carnaval interminable, una fiesta de 15 inconclusa, o una de las famosas fiestas de 10 pesos que florecieron en los 90s y se negó a que la cerraran. Lugar de encuentros y desencuentros, de miradas intensas y grupos reunidos. Cuando no teníamos nada que hacer ni adonde ir, ella nos acogía y entretenía hasta altas horas de la noche, contaba con las mejores armas, tomábamos helado en Coppelia,nos reuníamos a la sombra del Yara, nos sentábamos en cualquiera de sus esquinas, algunas con nombres peculiares, allí ganamos batallas al aburrimiento, conocimos amigos y amantes, soñamos!

La Rampa es el Disneylandia de los habaneros, nuestro parque de diversiones o nuestro zoológico, tenía y tiene cada personajes! o mejor aún, La Rampa es nuestro equivalente de Las Vegas, jugábamos a todo y nos jugábamos todo, aunque no tuvieramos un centavo en el bolsillo y los shows, únicos, irrepetibles y gratis. 

Muchos caminábamos por ella sin saber que pisábamos sobre obras de artistas que adornaban sus aceras, estabamos tan entretenidos buscando contacto visual con alguien, que casi nunca miramos para abajo, mas de uno dio un buen tropezon y cayó en unos brazos deseados.

La Rampa, es y sera siempre nuestro eterno carnaval y nosotros la comparsa incansable que cambia de ropa, color y coreografía, pero sigue ahí, incansable, arrollando al ritmo de la vida!