Inventario de recuerdos y esperanzas.

Baul, fotografia tomada de Google.
Ordenando recuerdos, objetos, pertenencias, decidí escoger lo mejor de cada uno, lo imprescindible, lo que baste para recordar lo que he vivido y planear lo que aún me queda por vivir. Guardarlos en un baúl viejo y hermoso, donde pueda repasarlos a mi antojo. Jugar entre ellos, en días grises y sacarlos a pasear en días de sol. Darles brillo y uso, una y mil veces, reciclarlos cada instante de mi vida.

Entre todas las sonrisas, la de un niño, solo ellos saben estrenarlas, anunciar en ellas el mañana. En la sonrisa de un niño, vive el futuro y alienta la esperanza. Guardare las sonrisas de mi infancia.
De todas las lagrimas, las mías, cada una me dio una lección, me hizo crecer. A ella debo cicatrices, crecimientos. Las recuerdo todas, las guardo y repaso en días de alegrías. Como ensayo y rebusco las sonrisas en días de tristezas y agonías.

Solo un par de manos de entre muchas, guardaré en el baúl de mis recuerdos. Manos viejas y gastadas por los años, pero magas, prodigiosas, dulces, tiernas. Capaces de crear sonrisas, de inventarlas. Las pondré bien lejos de mis lagrimas, en extremos opuestos, si las rozan, las borrarían todas para siempre; las manos de mi madre, exactas y precisas, jugando, acariciando eternamente mis recuerdos y mi vida.

De los besos, guardare un puñado, uno no basta. Mezclados entre recuerdos, sonrisas, lágrimas, compartirán espacio los besos de mi madre, un par de besos de amor y un beso que aún no he dado. Que estrenare un día de estos, una mañana o madrugada, cuando el amor encuentre el camino de regreso.

Entre todos los viajes, el de regreso, las partidas desgarran y destrozan, prefiero un eterno viaje de regreso. Entre todos los regresos, el primero, el del enorme susto del reencuentro. La alegría de correr a brazos que me esperan y a besos que estallan a mi encuentro. Un miedo enorme de morirme en ese encuentro, de no aguantar tanta dicha, tanta alegría y explotar en mil pedazos en mi regreso. En el centro del baúl, mi primer viaje de regreso, revivirlo apuntala mi esperanza y reestrena alegrías, primaveras.

De entre todos los mares, ¡El Caribe! entre todas las islas, ¡La mía! De las ciudades, ¡La Habana! Siempre La Habana, a pesar de huecos, basureros y derrumbes, a pesar de consignas y carteles, de marchas y repudios. Una ciudad que basta nombrarla y se sienten olas, abrazos y recuerdos. Siempre La Habana, guardada en mi baúl, entre sonrisas, lagrimas, regresos.

Así, ordenados en mi baúl, recuerdos, pertenencias importantes, lo mejor que he encontrado en este mundo, podré sacarlos uno a uno, en el momento preciso de mi vida. Toda cabe y se conserva en mi baúl que aunque pequeño, guarda vidas, memorias y futuro. Conservado y cuidado en el centro de mi pecho, latiendo 100 veces por minuto, para disimular su encubierta labor de almacenar mis valores y recuerdos.

Fotografia tomada de Google.

Una amiga diferente!

En mi infancia, por parte de mi padre, recibí una educación muy rígida. Pretendió inculcarnos que el mundo era blanco o negro, sin términos medios. La vida, se encargo de enseñarme, que vivimos en un mundo de matices. Nada ni nadie es enteramente blanco, tampoco nada, ni nadie es enteramente negro.

Hace años, conocí a una persona, que de lejos, sin tratarla, sin saber por que, algo me hacia rechazarla. Tal vez su manera explosiva, su cantarle las cuarentas y hasta las ochentas a cualquiera. Su hablar, que resumía tonos y frases del “ambiente” habanero, me ponían, sin darme cuenta, un freno al acercarme a ella.

El tiempo, siempre se encarga de mostrarnos la verdad de todo, el lado oculto de la vida, de las personas. Sin proponérnoslo, poco a poco, esta persona y yo, terminamos siendo amigos; grandes amigos!

Hemos conversado de todo, me ha contado su vida, no me he espantado, al contrario, cada día, la quiero mas. A pesar de trabajar duro y coquetear en algún momento con lo” ilícito”, siempre ha encontrado tiempo para conversar con su hija, aconsejarla. Su hija es hoy su amiga y juntas enfrentan y vencen duras pruebas.

Cuando su madre agonizaba, pudo llegar a tiempo para despedirse, me cuenta que perderla, fue quedarse sin protección, como si un velo que la envolvía, se hubiera roto para siempre. Ahora ella, es el velo que cubre a su hija.

Esta amiga diferente, cada vez que puede, me trae una tarjeta de teléfono; llama a tu mama, me dice, se que eso la hará feliz. Su regalo de navidad, fue media hora hablando con mami. Sabía que nada podría hacernos más feliz a ambos.

Antes de mi último viaje a Cuba, pase por su casa, me ofrecí a llevarle unas medicinas a su tío. En un momento de descuido, me puso un dinero en el bolsillo; para tu mama, para que lo gaste en lo que quiera ella. Abría gavetas y estantes, buscando algo más que mandarle a mami, me fui de su casa, con paquetes de café, medicinas y un montón de cosas.

Recuerdo una ocasión que estábamos conversando y me dice; cuando estuve presa en Cuba, me voltee y le dije; presidiaria también! Nos reímos durante unos minutos. Mi amiga, se las sabe todas, es una “camajana”, en el mejor sentido de la palabra.

Sin dudas, es una amiga “diferente”, pero no porque roce lo ilícito o por su hablar “callejero”, Tampoco, por su carácter explosivo, capaz de mandar para la “p.…”,  a cualquiera. Es diferente, porque tiene un corazón enorme que no le cabe en el pecho. Un corazón de oro, que se da a todos desinteresadamente. Se lo dije a su tío, cuando lo conocí en Cuba, se le humedecieron los ojos; no sabes lo que significa para mí, que me digas eso, susurró.

Mi amiga, me demostró que hay seres especiales, que son capaces de rondar lo prohibido y elevarse sobre si mismos, sublimarse, en actos de amor infinito. Tener una amiga “diferente” me honra, me estimula a ser mejor. Ella sabe que siempre podrá contar conmigo. Si un día, se le acaba la cordura, le daré un poco de la mía, no tengo mucha, pero si la suficiente para compartirla con una amiga, no la abandonare nunca. En un año, mi amiga será completamente feliz habrá pasado una prueba difícil que le ha puesto la vida, sabe que no esta sola, le sobran hombros para apoyarse. Entre ellos, los míos.

Se que leerá este escrito, un día la amenacé con hacerlo; no te atrevas!  Fue su respuesta. Se también que llorara, es muy sensible, extraña mezcla de sentimientos y pasiones, un ser excepcional; mi amiga diferente!

¡Corazon Cubano!

Un corazón que no se rompió al abandonar nuestra isla, que nos permite ser ciudadanos del mundo y llevar, para siempre, a Cuba en el alma. Un corazón, que no tiene de 60 a 100 pulsaciones por minuto, que puede parecer que se para y luego desbocarse, querer salirse del pecho. Un corazón, donde cabe todo, la pena, la dicha, la angustia, la paz, la tristeza y la alegría; ¡un Corazón cubano! Que dice adios, vuelve pronto, te espero, que se estruja de dolor y se disfraza con sorisas, en espera de tiempos mejores.

Alguna razón especial, algún hechizo mágico o decisión divina, decidieron darnos un corazón sui generis. Un corazón, capaz de soportar la pena de dejar la patria, para siempre y la fuerza para inventársela donde quiera que llega. Un corazón echao pa’lante, sin miedo a nada.

Nosotros, los cubanos, no tenemos un corazoncito, tenemos un corazón gigante que no nos cabe en el pecho, que se inventa islas y malecones. Un corazón, que no acepta derrotas, que no se da nunca por vencido. Se echo un día al mar, no lo pensó dos veces, se hizo ciudadano del mundo, sin olvidar sus raíces. En él, caben La Habana y Madrid, Santiago de Cuba y Miami, Paris y Trinidad. Aprendió a hablar ingles y sigue diciendo, ¡Qué bola, acere! Habla francés y suelta, ¡Compadre, usted esta loco! Salpica La Cibeles con olas del Malecón, derrite hielos en Copenhagen. Se inventa palmeras y ceibas, tocororos y colibrìes, entre hielos y en desiertos.

Un corazón cubano, soporta penas gigantes, sin romperse, late al ritmo de palmas al vientos y olas saltando el malecón. Llora y ríe, sin límites, sin pausas. Capaz de guardar la tristeza y la pena más inmensa, deja siempre espacio a la alegría, no pierde la ternura. No late en pulsaciones regulares, explota, estalla, se desborda.

Llevamos una tumbadora en el pecho y nuestras penas y alegrías se encargan de tocarla. Nuestra vida, con otro corazón, seria diferente, hubiéramos muerto un montón de veces en el intento. Estaría cansado de vaciarse soñando, seco de tanto llorar, arrugado de tanto reír. Cansado, usado, viejo, casi inservible.

Un corazón cubano, es eternamente joven. Sabe que si no puede andar, baila sentado y hace mover los hombros, cuando no puede correr, camina lento, pero no se detiene nunca, sabe que siempre hay un mañana y sale a su encuentro, a conquistarlo.

Nuestro corazón, no conoce de rejas, ni prohibiciones, se sabe libre. Se mece al ritmo de palmeras, se desata indetenible en las alas de un colibrí. Convierte el vinagre en miel, sabe de milagros y hechicerías, de remedios y soluciones. Se  las sabe todas y si no, las inventa. No se da nunca por vencido, borro, para siempre la palabra imposible. Lleva años inventándose colores en otras banderas. Late desde el centro de  un solar y en lo alto de una loma, en una nube  y en un rayo de sol. LLega hasta el Rincón y va al Cobre, le pide al viejo Lazaro y a Cachita, se los lleva con él.

Corazón cubano, que busca hijos dispersos por el mundo, los convoca a la unión, a derribar muros. No conoce de infartos, mucho menos de paros. No acepta, ni necesita operaciones  a corazón abierto, lleva anos, abriéndose a nosotros, al mundo. Sabe que un día, en un latido poderoso e inmenso, hará el milagro. Mientras tanto, no nos falla, sigue ahí, modesto y exagerado, en medio del pecho, cocinando el mañana, ¡Latiendo a ritmo de futuro y esperanzas!

Fotografia tomada de Google.