No sé si eres Mujer, Madre o Patria.

Entre ella y yo, hay un montón de palabras por decir, que tal vez nunca se pronuncien. Viven suspiros, lágrimas retenidas, caricias que no fueron, momentos no vividos, de esos que murieron sin ser, que abortamos.

Razones que nos unen y separan, que van tirando, de un lado y otro, que nos destrozan; implacables anclas del pasado que marchitan presentes y futuros.

Tú, siempre tan lejos, yo acá, timido y solitario. Inventandome palabras que alivien tu ausencia, imaginandote en cada esquina de una ciudad que no logra ser mía. Tú, allá, sintiendome en cada paso, en cada brisa, esperándome 365 veces cada año, agotando lágrimas, esperanzas y memorias.

Esas ganas inmensas de tenernos, sin norte o sur, sin consignas, ni discursos, sin decretos, ni reglas; libres.

Uno se cansa de locos gritando por bocinas, jodiendonos la vida y los sueños.

Es difícil evocarte una noche de domingo, saber que no estás al alcance de besos y de versos. Coño, que no escapas de recuerdos y ganas y te sientas junto a mí, aunque sólo sea un dichoso minuto del día. No soy el mago del cuento, ni aparece el genio para concederme un único y gigante, necesario deseo.

Entre tú y yo, el mar, distancias, olas, dolores, penas y sueños postergados, más allá de la cordura, más allá de la esperanza.

Tú, refugiada entre sueños, con el rostro mojado de llorar por todos y el alma seca de parir esperanzas. Que no alcanzan las leyes para tantos pies andando tus caminos.

Este buscarte, inventarte, imaginarte cada instante, en cansancio de verbos y palabras.

En madrugadas que te sueño, florecen girasoles entre mis brazos y mi cama se torna azul, blanca y roja y ondea al viento de esperanzas.

Sabes que a veces se nos rompe la esperanza y el llanto es grito, alarido. La certeza que siempre nos tendremos nos salva de morir; late el futuro.

Es domingo y llueve en el exilio, como llueven en tu alma las promesas, unas tras otra, sin llegar a ser, rompiéndose en el asfalto.

Pensar en ti es mi oficio preferido y lo ejerzo una y otra vez, de mil formas diferentes.

Sabes, se me confunden sentimientos y razones, no sé si eres mujer, madre o patria. Te siento aquí en mi pecho y allá, en la distancia. Saber que existes y esperas, basta a mis alas.

Fotografía tomada de Google.

Mamá me hizo la maleta.

Le dije una tarde que me iba, que entre amigos y ganas,  mi partida era cierta, cercana, inminente. No enjugo lágrimas, no me pidió quedarme junto a ella.

Cuentame de nuevo,como será todo, repitio varias veces. Yo te preparo la maleta mi hijo, solo yo podría.

Mamá paso días  doblando memorias, perfumando instantes, acariciando infancias. 

No falta nada mi hijo,ya tengo listo todo. Para  el frío de Europa puse mi mejor abrazo, con el bastará para abrigar tu cuerpo. Se que en las noches sentirás nostalgias, echaras de menos tierras, personas y palabras, al lado del abrazo hay un cartucho enorme con besos de colores, ellos harán el milagro de sostenerte lejos, te aliviarán las penas, endulzarán tus noches. Tambien puse una bolsita de regaños suaves, cuando las fuerzas fallan un buen regaño ayuda.

Mamá no olvido un detalle, hasta musas y amigos acomodó entre vidas.

Créeme  no fue fácil hacerte la maleta, decía, en un susurro. Sonriendo me dijo, hay una bolsa enorme, repleta de te quieros, pequeños, grandes, enormes. Cuando tengas problemas, cuando choques con muros, un par de ellos bastan para ir adelante, para no detenerte, úsalos  sin miedo. 

Hay un paquete inmenso con palabras de aliento, de amor y de consuelo, hay un ¡Te espero! enorme que asegura regresos, que te traerá  de  vuelta.

Me llevó  hasta el cuarto, me mostró la maleta.

-¿Mamá  y ese bultico rojo en el centro de todo?

-Mi corazón,  mi niño. Solo así  podrás irte, llevándolo contigo. Traemelo de vuelta, cada vez que regreses

-Mamá sin corazón no puedes, morirás cuando parta.

– Es mi magia de irme contigo  y dejarte conmigo para siempre. Es un conjuro difícil,  que sólo una  madre sabe, compartir corazones, cuidarte en la distancia.

Con mi maleta al pecho he andado en el exilio, apurando te quieros, besos y palabras. Cuando hay luna y hay frío,  cuando hay penas y angustias, rebusco en mi maleta. Sonrisas escondidas, olores de mamá. Manos que acarician me levantan al cielo, me salvan de las penas, me lanzan al futuro, sostienen mi existencia. Mamá no olvido nada.

Fe de erratas de un cubano en el exilio. 

No sé  la causa, pero  a veces, cuando intento escribir, se me confunden las palabras. Trato de corregirme en una interminable fe de erratas.  Cuando quiero escribir olvido, salta una ola gigantesca, se me corre la tinta y escribo, amor intenso, del bueno. Las palabras no significan lo mismo, del otro lado de las olas.

Quiero escribir, deshojo tulipanes lentamente y un ramo de girasoles, destroza mis palabras, casi me golpea el rostro;  reclama espacio y recuerdos. Asi, hablando de Jazz,  las letras se rebelan, dibujan tumbadoras;  termino escribiendo, Rumba, guaracha y son.

Pretendo vestir personajes a la moda con camisas Armani, Prada; mis letras dibujan guayaberas, a un muchacho descalzo y sin camisa, andando, bajo la lluvia, los caminos de su infancia.

Brindemos con champagne querida y un trago de ron revuelve las palabras, el aguardiente de caña rehace las palabras. Pretendo contar la historia de dos que juegan cartas y el ruido del dominó confunde mis palabras, ¡Caballero me pegué! Y mi historia huele a caña, tabaco y ron.

Y el hombre se vistio de verde en el día  de San Patrick,  un amarillo intenso cubre el papel, cambia el color de la tinta. Cambia imágenes y aparece Cachita  en mis historias

Sirvió el té, ¿esta bien de azúcar? ¿crema?. Un fuerte olor a cafe inunda el cuarto, borra palabras y allá  en el norte, una pálida joven,  se toma un buen café cubano y su rostro cambia de color, sonríe. 

Sus amigos pasaron a recogerlo en su Mercedes y mis letras dibujan empujones,  me quedo en la que viene, caminen que hay gente afuera. Comparto sudores, soy uno mas corriendo a coger la guagua. 

Quiero hablar del exilio, de ese dolor de estar lejos de historias y comienzos, termino hablando de mi patria, de esa Cuba que nos lleva atados en las palmeras. No hay dolor en mis palabras, no hay pena. En mis palabras estallan recuerdos y futuros y abrazo emocionado mi bandera, presiento, esa patria, “con todos y para el bien de todos”.
Fotografía de una obra del pintor cubano residente en Miami, José Chiu 

Mi angel y yo.

angel

Un ángel duerme en mi memoria.
Arregla sueños, compone historias.
Sana dolores. Abriga inviernos y soledades.
Un ángel duerme en mi pecho, asegura latidos y alientos, vida
Un ángel duende que con un beso disuelve nubes y tempestades.
Un ángel habita en mis pensamientos, los acomoda, pule e impulsa.
Me obliga a hacer y a ser; me conforma.
Sabe cómo llevarme a andar caminos.
Guía mi vida, historias, pasos.
Ángel travieso, revolotea entre futuros, muestra el pasado, no quiere olvidos, vive en presente.
Me dice vamos y yo le sigo, le dejo hacer.
No tengo opciones
Un ángel vive en mi vida, la colorea, ilumina, la embellece.
Cuando una lagrima brota, la deja correr.
Un beso detiene su curso, la hace rocío. Con una basta, susurra a mi oído.
Dibuja sonrisas, inventa esperanzas.
Ángel exacto, cuida la ciudad y al hombre, sostiene columnas y hombros.
Me inventa suertes y alegrías.
Un ángel vive aquí en mi alma, no sabe de idas, ni de regresos; existe, esta.
Ángel insomne, amante, mío.
Un ángel vive entre mis brazos, habita en besos, duerme en palabras.
Me llama hijo.

Cuba en nuestras almas, ¿Huella, cicatriz o herida?

Identidad-Arian-García-

Sergio, con sus 80 años a cuestas, parquea su auto, se baja, camina hacia la cafetería. Tomarse todas las tardes su café cubano en esa esquina, es todo un ritual. Guayabera impecable, la bandera cubana, pequeñita, reluciente, imprescindible, prendida en el bolsillo de la izquierda. El olor del café, las muchachas que lo preparan, las fotos de Cuba en las paredes, lo transportan a esa Habana de los 50s, donde transcurrió su juventud, donde quedaron sus sueños, sus recuerdos y sus ansias. Se acerca al mostrador, pide su café. Junto a él, Yohandry, un joven cubano de 29 años saborea su café mientras mira con deseo el cuerpo de Yeni, la muchacha que esta limpiando el mostrador. Se voltea, ve a Sergio, nota la bandera cubana en su guayabera blanca y sonríe.

– Cubano, ¿verdad? ¿Qué tiempo llevas en Miami?
– Si, cubano. Llevo aquí toda una vida, desde finales del 59. Aquí me casé, vì nacer a mi hijo, aquí he vivido y soñado con mi patria.
– ¡Tanto tiempo! Ya ni debes acordarte de Cuba, eres más gringo que cubano.
– Cuba no se olvida. Cuba no es una banderita en el auto o en la guayabera; Cuba es una gran bandera, prendida en el alma, para siempre. Es como una cicatriz en el alma, una herida abierta o una huella imborrable.

Yohandry lo miro, sonrío, se abrió la camisa. Ahí sobre su pecho, justo en el lado izquierdo, una banderita cubana ondeaba al ritmo de los latidos de su corazón.

– Me quisieron joder los recuerdos y el alma. Cuando estaba a punto de graduarme de periodismo, escribí un ensayo crítico sobre la necesidad de la libertad de prensa en Cuba. Al día siguiente me notificaron que había sido expulsado de la Universidad. De aquel discurso largo del rector, solo recuerdo que la gente como yo, no era digna de ejercer la profesión de periodista. Quise hablar, argumentar, no me dejaron. Creí volverme loco, sentí que mi vida se derrumbaba. Cuando llevaba una semana tirado en la cama, sin ganas, ni fuerzas para nada, la vieja entró una tarde a mi cuarto, se sentó en mi cama. Mirándome a los ojos me dijo.
“Mira mi hijo, la vida es dura, es hermosa, pero dura. Uno, sin querer, sin proponérselo, a veces tiene que vivir muchas vidas. En cada una de ellas debe imponerse triunfar, no dejar que lo destruyan, que lo amarguen. No pierdas la sonrisa, ni las ganas mi hijo, no dejes de luchar. Que este golpe de ahora, deje en ti una huella, unas ganas enormes de hacer y de triunfar. Que no te quemen el resentimiento, ni el odio. No puedes estudiar periodismo en la Universidad de La Habana, pues lo estudias en otra. Tu padre ya puso tu reclamación, yo lo autorice, quiero que triunfes mi hijo, que seas feliz, aunque para lograrlo tengamos que estar un tiempo separados. Mañana mismo empiezas a estudiar ingles y cambia esa cara, la vida es siempre un mañana. Demuéstrales a esos que te condenaron que tú tienes razón, que la libertad de prensa existe y que tú la vas a practicar“.
Así estudie ingles mientras esperaba la salida. Ya llevo aquí 3 años, en un mes me gradúo de periodista y empezare a trabajar en un periódico local. He colaborado con varios periódicos importantes. Estoy viviendo otra vida diferente de la que pensé vivir, pero la disfruto. Este tatuaje me lo hice al año de estar aquí, no para que me recordara a Cuba, fue como un intento de visualizar la huella de Cuba en mi alma, si te fijas al lado de la banderita dice Luisa, es el nombre de mi madre.
– Cuba no se olvida, es como la madre mayor, esta siempre ahí, en nosotros, una huella tremenda, una cicatriz que duele.

Mientras hablaban, Tony llego a la cafetería, pidió su café y una empanada de pollo. Alcanzo a escuchar el final de la conversación.

– Perdonen que me meta, pero me gusto esa frase de que Cuba era como la madre mayor. Yo también soy cubano. Vine cuando el Mariel, no vine, me mandaron. Vivía con mi abuelita, ella me crío y yo cuidaba entonces de ella, estaba ya viejita. Una noche que fui a Coppelia a ver a unos amigos, la policía nos agarro y nos mandaron para el Mariel, por escorias. Mi abuelita murió con mis cartas y una foto mía entre sus manos, yo hubiera dado todo lo que tengo, la peluquería, mi casa, los autos, el apartamento en la playa, ¡Todo! Por estar con ella en ese instante, pero no me dejaban entrar a Cuba. Ahora me dejan, pero soy yo quien no quiero ir. Cuba es como una herida que no se cierra del todo, que se queda a mitad de camino entre ser cicatriz o huella. Amo a Cuba, solo yo sé cuanto.

Enseño su cadena, de la que colgaba una banderita cubana montada en oro, la beso.
– Era de mi abuelita, una vecina me la trajo cuando mi abuela murió. Para mi Cuba y mi abuela son lo mismo, por eso lloro por las dos. Mis lagrimas mantienen húmeda la huella de Cuba y alivian la herida que tengo en el alma por ella.

Manolo, llevaba tiempo escuchándolos. Tomaba su café y movía la cabeza en gestos de negación. De pronto se volteo y les dijo.
– ¿Cuba? ¿Qué es Cuba? Yo prefiero olvidarla, sacarla de mi cabeza. Mi patria es la casa que tengo en Kendal, mi auto, esta es mi patria, desde hace 20 años. Mi madre esta allá, no quiere venir, le he dicho que yo no pienso ir, ni por un día y que no mandare un centavo porque después se lo embolsilla el gobierno, así de clarito.

Sergio se le encaro indignado, el rostro rojo y las manos agitándose en el aire.

– Yo vine mucho antes que tú, no tengo casa propia, ¿Sabes por que? Porque siempre estuve dispuesto a regresar, a hacer libre mi patria, siempre me sentí como ave de paso. La única herencia que le dejo a mi hijo, es su carrera. Me pase la vida dando dinero para la libertad de Cuba y ayudando a todos los que llegaban. Para hablar de la patria hay que tener la boca y el alma muy limpias. La patria no es el lugar donde uno se llena la barriga o vive bien, la patria son tus raíces, tu vida, tu futuro, es la primera vez de un montón de cosas y eso no se olvida nunca, aunque recordar, a veces duela. Tú eres un aprovechado, uno de esos que si hubiera podido vivir bien en Cuba, le importaría un carajo lo que pasara allá. Yo me fui de Cuba, para salvar mi vida, no para llenarme la panza y vivir bien como tú.

Yeni, interrumpió su labor, el trapo en su mano dejo de limpiar el mostrador y casi choca con la cara de Manolo.

– Cálmese Sergito que le va a dar algo. Manolo da pena oírte hablar. Así que tu vieja pasando mas trabajo que un forro e’ catre en Cuba y tú dándotelas de van van aquí. Ponte pa’ tu numero, que cuando la vieja se muera no quiero que vengas aquí llorando. A mi madre no le falta nada, que mucho trabajo que paso de chiquitita. Mi abuelo era preso político, de los plantaos. Mi abuela le llevaba la jaba cada vez que había visita y mucha hambre que pasamos y mucha miseria que había en mi casa. Cuando mi abuelo salio, quiso venir pa’ Miami. Mi abuela le dijo, vete si quieres, aquí terminamos, yo no voy a dejar a mi viejita. Mi abuelito se le abrazo llorando, le dijo que no la abandonaría nunca. ¿Te imaginas la vida de mi madre? No, eso es mucho pa’ ti. Cada vez que cobro, separo su dinerito y se lo mando, cuando tenga la residencia, voy a verla. Ahora es ella quien no quiere dejar a mi abuelita sola y yo lo veo bien. Cuba es mi madre, es mi abuelita, es mi abuelo muerto, mi infancia y las lagrimas de una pila e’ gente que no voy a olvidar nunca. Manolo compadre, tú lo que eres es tremendo vive bien y tremendo comemierda.

Manolo paga, se va en su auto. No quiere seguir escuchando a esa gente. Desde el auto les grita.
– Si tanto les gusta Cuba, se hubieran quedado allá, partía e’ comemierdas.

Sergio hace un gesto bien cubano y alcanza a gritarle.
-¡Viva Cuba libre!

Yohandry mira a Yeni, sonríe, la acaricia con la mirada.

– Saben, el problema es que nosotros, los cubanos, somos del carajo y Cuba, Cuba es como la madre, algo muy nuestro, muy profundo. Por la madre somos capaces de todo.

Sergio lo mira orgulloso, le pone la mano en el hombro.

– Mi hijo es que la patria, no es un gobierno, ni un partido, no podemos cargarla con culpas ajenas. Yo he sufrido a Cuba y por Cuba, durante muchos años. Allá deje mi juventud, mi primer amor. Me traje a mi madre, a mis amigos, a mi hermano, pero los recuerdos se quedaron. Sabes, no quiero morirme sin reencontrarme con ellos y rendirles cuenta, sin volver a andar por mi Habana, aunque sea solo por un día. No soy un viejo amargado, doy gracias por mi vida, por la mujer que conocí aquí y que hace 40 años me acompaña y que junto a mí, aprendió a amar a Cuba, tanto como yo. Cuba puede ser como una huella enorme, imborrable, puede ser una cicatriz o una herida abierta, pero uno tiene que imponerse vivir y luchar por esa Cuba, no olvidarla. Recordarla con amor, sin resentimiento, con una sonrisa, ella nos espera. Solo amándola podremos un día convertirla en esa “patria con todos y para el bien de todos”.

Sergio, Yohandry, Yeni y Tony, se fundieron en un abrazo. Cuatro cubanos diferentes, muy unidos en el amor por Cuba, como cuatro banderas al viento o cuatro palmas esperando el mañana.

Fotografia de la obra Identidad de Arìan Garcìa.

Entre el norte y el sur de mis memorias.

abrazando amami
Al norte de recuerdos, infancias, ganas y futuros, preparo regresos, viajes, reencuentros. Ensayo alegrías, guardo besos, abrazos, almaceno caricias, halagos, miradas y ternuras. Miro al sur de nostalgias, ensancho el pecho, se agiganta mi corazón en el intento.

Desde el barrio, mi casa se ilumina. Mi brújula apunta a una sonrisa enorme, allá en el sur, en el comienzo de mi vida y de mi historia. Mi estrella polar es un barrio habanero, la mirada de mi madre, su suspiro, su decir; ya vuelve pronto, su eterna espera.

Subo al palo mayor de mis amores y un grito anuncia mi destino, mi llegada. Mis ojos gritan, ¡CUBA! Mis sentimientos aplauden, preparan desembarcos, la conquista de fantasmas, amaneceres.

Juego a convertir una semana en vida, a ganarle la batalla a la distancia, a vencer al tiempo. Cronos sonríe, me deja hacer, es tu era dorada, me susurra. Reino entre afectos y te quieros, retengo entre mis manos la esperanza. Acaricio la vida, mis recuerdos, desando los caminos, deshago maleficios y conjuros.

Siembro en el jardín, un montón de ilusiones, sueños, palabras nuevas. Alimento la alegría del mañana. Aro campos, aseguro cosechas de esperanzas, de hermanos abrazados, de arcoíris estallando en cada esquina.

Invento un modo de decir, vuelvo pronto, no me voy del todo, regreso en cada gota de roció, en cada aguacero de verano, me voy y me quedo, para siempre.

Regreso al norte, feliz, seguro de mi destino, de mis dos vidas, mis dos almas compartidas, entre el norte y el sur de mis afectos, mis memorias.

Hablando en clave, pa’ despistar.

telefonos publicos en cuba

Allá en Cuba, todos nos sentíamos perseguidos y vigilados, la paranoia era colectiva, total. Para decir algo que podía traernos problemas, mirábamos alrededor y hablamos bajito, bien bajito. Ni hablar de las conversaciones telefónicas, vivíamos convencidos que todas las llamadas eran grabadas, analizadas y reportadas. Terminamos desarrollando un sistema de claves, que a veces, ni nosotros mismos, lográbamos descifrarlo.

Recuerdo en los años en que el dólar estaba penalizado y conseguir, jeans, pull-over, champú u cualquier otra cosa procedente del mercado negro, se hacía difícil y hasta arriesgado. Una vez, le resolví a una amiga, por medio de otra amistad, un jeans, pitusa, como le decíamos nosotros. Al mes mi amiga me llama y me dice.
– ¿La amiga tuya no tendrá medicinas para un poco más arriba?
– No sé, tendría que preguntarle.
– Pregúntale si tiene para lo de más arriba, una medicina que lo deje brillante y suave, ¿Me entiendes?
– Si claro que te entiendo, le respondí, y él que está oyendo la conversación, también te entendió clarito, clarito.
Terminamos muertos de risa, sin poder hablar por unos minutos.

En otra ocasión, me llamo un amigo, enamoradizo él.
– Conocí a una muchacha preciosa, ¡Como me gusta!
– Me alegro y ¿De veras es linda?
– Es preciosa, es calva y tiene barba.
– ¡Calva y con barba y es linda! Debe trabajar en el circo seguro.
Aún hoy recuerdo el ataque de risa, tuvimos que colgar, la risa no nos dejaba hablar.

Así nos pasábamos, tratando que si alguien escuchaba las conversaciones, no supieran de que hablábamos. Me cuenta un amigo que al salir de Cuba, en los 80s, dejo una buena suma de dinero, en moneda nacional, al cuidado de un amigo. Al llegar a Miami, cada vez que alguien quería mandarle dinero a un familiar, llamaba a su amigo.
– Te acuerdas de fulano de tal.
– No, no recuerdo.
– Si muchacho el que se mudó a 5 cuadras de la casa.
El número de cuadras equivalía a cuantos cientos de pesos debería entregar y así la gente se mudaba a 5, 10, 15 o 20 cuadras de su casa. Por suerte en este negocio, nadie dijo lo que no debía nunca.

Y ni hablar de cuando se trata de la venta de carne de res, ahí si que somos los mejores inventado,  tratando de disimular.  Desde pullovitos rojos,  de los que le gustan  a la niña, hasta flores rojas y del otro lado de la linea respondían;  ay si que mañana es el cumpleañosde mi hermana y le encantan las flores rojas, traeme un buen ramo o separame unos cuantos de esos pullovitos rojos, a la niña les encanta ponérselos,  son lindisimos. Creativos, imaginativos que somos.

También recuerdo cuando después de largos años de espera, tuve la oportunidad de salir de Cuba. Un amigo que vivía en Miami, llamo a la casa.
– Dile a fulano que le estoy gestionando la beca para estudiar en el extranjero.
– Averíguame si hay matrícula para uno más. Yo tengo quien me pague los estudios.
Ahora me rio, pero cuantos apuros pasamos tratando de hablar en clave y lograr que nos entendieran.
Recuerdo que ya a punto de nuestra salida, que era un par de días después de mi cumpleaños, nos enteramos que en Madrid la temperatura bajaba y hacia un frio horrible. Mis amigos me llamaban.
– Por fin el cake del cumpleaños lo pican el sábado.
– Sí, pero por lo que veo va a ser un cake helado, de madre.

A muchos, no se nos ha quitado la manía, ni el delirio de persecución. En cualquier ocasión se nos sale el miedo a los vigilantes y disfrazamos lo que decimos.

En eso de disfrazar y buscar claves, recuerdo cuando el juicio y posterior fusilamiento del general Ochoa. En muchas paradas de guaguas en La Habana, aparecieron señales, que todos entendíamos. Un ocho, seguido de una a, no dejaba lugar a dudas, 8-A.

Así entre claves, mensajes casi cifrados y diálogos que solo nosotros entendemos, perdemos paranoia y delirio de persecución. Aprendemos a hablar alto, a no esconder lo que pensamos, a reclamar derechos, a gritar, a pleno pulmón, el reclamo por “esa patria con todos y para el bien de todos”.

Fotografia tomada de Google.

Una limosna.

hombre pidiendo limosna fotografia tomada de Google.
Ricardo siempre fue un hombre que se consideraba a sí mismo, un tipo buena gente. Era de esas personas que le gustaba compartir con los demás. En Cuba, logro tener buena posición y siempre ayudaba a su familia, le daba una mano a todo el que la necesitara.

Un buen día, como muchos, dejo todo y se lanzó al mar, quería probar suerte del otro lado. Sus primeros años fueron duros, pero poco a poco se fue encaminando, monto su propio negocio y triunfo. Triunfar en Miami, no es fácil, pero Ricardo era un hombre luchador, inteligente y que sabía abrirse caminos.

Ricardo, ayudaba a su familia y amigos en Cuba. Cada vez que iba alguien conocido, les mandaba dinero y regalos. Una vez una prima le escribió una carta que guardaba orgulloso; “gracias a ti, la niña pudo tener los 15 que soñó y que yo siempre quise darle, todo lo que le mandaste le quedo perfecto y con el dinero hicimos la fiesta, eres un ángel para todos nosotros”.

Conoció una buena mujer, se casaron. Vivieron un romance intenso. Cuando su esposa tenía 3 meses de embarazo, un terrible accidente se llevó su vida, su futuro y sus sueños. Dejo de ir a la iglesia. Miraba al cielo y decía; no merezco este dolor, eres injusto. Se endureció, la vida es así, con sus golpes nos va moldeando, haciéndonos más duros, más fuertes. Siguió creyendo en Dios, a su manera.

Se dedicó con más fuerza, pero sin ilusión, a su trabajo, su negocio creció, mientras su alma se sentía vacía, hueca.

Ricardo, siguió ayudando a su familia y amigos en Cuba, pero con menos frecuencia. Ni siquiera ayudar a los demás lograba hacerlo feliz, darle la satisfacción interior que sentía antes.

Una tarde, fue a visitar a unos amigos que vivían en la Pequeña Habana. Parqueo el carro y se le acercó un hombre en sus 40s.
-Por favor, ¿podría darme algo para completar el pasaje para el bus?
Ricardo lo miro despectivamente, mientras pensaba, este hombre seguro está pidiendo para comprar drogas o alguna bebida. Es muy fácil pedir limosna en vez de ponerse a trabajar. Le respondió.
-No tengo un centavo conmigo, fíjese que estoy esperando a ver si aparece alguien que me dé para pagar el parqueo.
El hombre lo miro, busco en su bolsillo.
-Mire yo solo tengo 50 centavos, no me alcanza para pagar el bus, pero a usted si le alcanza para pagar el parqueo.
Ricardo sintió como si le hubieran dado una bofetada en el rostro, bajo la cabeza avergonzado. Mientras sacaba su billetera.
-Estaba bromeando hombre, mire tome estos cien dólares, cómprese unas ropas buenas y busque un buen trabajo, Dios lo ayudara.
El hombre lo miro sorprendido y mientras le agradecía, le dijo mirándole a los ojos.
-Dios es grande. Voy a una entrevista de empleo y pensaba que con esta pinta no me aceptarían, pasare a comprarme unas ropas, me vestiré en la tienda e iré directo a la entrevista. Gracias señor, gente como usted le devuelven la Fé a cualquiera.

Ricardo se recostó a su auto y lloro. Lloraba por su fe que volvía, por la vergüenza de haber sido duro y dejar que el dolor cambiara su vida. Cuando se reunió con sus amigos, uno de ellos le dijo.
-Coño Ricardo que buena cara tienes, ¿Hiciste alguna picardía?

La anécdota de la limosna es real, yo solo invente una historia para poder contarla.

Fotografia tomada de Google.

Cuca y Mimì, dos hermanas diferentemente iguales.

Dos hermanas , fotografia tomada de google
Cuca y Mimí, siempre fueron dos hermanas muy unidas. Su infancia fue feliz, muy feliz. Vivian en una casa muy linda con palmeras en el patio y girasoles y mariposas en el jardín. Crecieron, siempre orgullosas de su casa y su familia.

Un buen día se mudó una familia nueva a su acera, justo en la casa vecina. Todo empezó a cambiar en ese lado de la calle. Ponían el radio a todo volumen con discursos interminables. Se pasaban el día hablando mal de los vecinos de la acera de enfrente, criticándolos y culpándolos por todo. Los vecinos de siempre, empezaron a hablar bajo, no querían buscarse problemas con esos vecinos nuevos que dictaban reglas y decretos de conducta. Algunos decidieron mudarse para la acera de enfrente, les molestaban prohibiciones y regulaciones. Acostumbrados a hablar claro y sin miedo, no querían hablar bajo para evitarse problemas.

Una mañana Mimí le dijo a su hermana Cuca, siéntate, tenemos que hablar.
-Sabes que siempre me ha gustado vivir aquí, tú y yo hemos sido más que hermanas, lo hemos compartido todo, lo bueno y lo malo. No tolero más a esos vecinos nuevos, se han adueñado de la acera, apenas podemos salir a dar un paseo. He decidido mudarme a la acera de enfrente.
-Yo me quedo, alguien tiene que cuidar de mamá y de la casa. Vete, yo me quedo, este es mi lugar.
De nada valieron las insistencias de Mimí, Cuca, se mantuvo firme en su decisión.

Pasaron los años, muchos. Entre las dos aceras la comunicación era poca, casi nula. Alguna llamada por teléfono, algún paquetico que Mimí lograba enviar para ayudar a su familia, nada más.

Una tarde, sin previo aviso, sin decretos, ni folletos aclaratorios, se permitió la visita a los vecinos de la acera de enfrente. A esos que habían decidido mudarse al otro lado de la calle.

Mimí llego a su casa, la sorprendió el jardín abandonado, solo dos girasoles y una mariposa casi marchitos, como recuerdo de tiempos mejores. La fachada de la casa sin pintar. Tocó a la puerta.
-Entra la puerta está abierta, llevo días esperándote, tal vez años.
Mimí empujo la puerta, los muebles viejos, las paredes agrietadas y el techo amenazando desplomarse la estremecieron. Sintió angustia, se le oprimió el pecho. Se sorprendió al ver a su hermana Cuca, sentada en una silla de ruedas. Corrió a abrazarla, un abrazo largo, entre lágrimas y recuerdos.
-Mi hermana ¿Qué te paso? Tú tan linda y vital siempre y ahora en este estado, en esta casa, casi en ruinas.
– Hemos pasado mucho, pero sigo viva y eso es lo importante. A pesar de esta silla de ruedas, de estas arrugas, de esta casa ruinosa, soy la misma Cuca de siempre. Ni años, ni penas han podido vencerme.
-Debiste haberte ido conmigo, tus hijos tendrían un mejor futuro. Tú estarías mejor. Te recuerdo tan linda y sonriente, no soporto verte así.
-Todos no podíamos irnos Mimí, alguien tenía que quedarse a cuidar la casa, a mantener viva la esperanza. Una casa vacía se muere, los que nos quedamos la ayudamos a mantenerse viva.
-Esto no es vida Cuca, yo si he vivido, he viajado por barrios diferentes. Mis hijos fueran a buenas escuelas, tienen buenos trabajos. Puedo decir lo que quiera, hasta hablar mal de los vecinos en voz alta, sin que me pasa nada.
-Todo es vida Mimí, la mía ha sido dura, pero no me quejo. Mis hijos se esforzaron y pudieron estudiar, son hombres de bien y eso es lo que importa. Tú puedes hablar mal de tus vecinos sin que te pase nada, a tus vecinos tampoco les pasa nada porque tú hables mal de ellos. A veces con hablar, no se resuelven los problemas. Voy a hacer café.
-Déjame a mí.
-No mi hermana, aún en esta silla de ruedas me basto para colar mi café y para muchas cosas más.
Cuca, fue hasta la cocina, el olor del café recién colado inundo la casa. Regreso con una bandeja con dos tazas sobre sus piernas.
-Como en los viejos tiempos Mimí, el mejor café del mundo, mamá me enseño a colarlo.
-Delicioso, me trae muchos recuerdos. Cuando mamá murió quise venir, pero sabes que no nos dejaban cruzar la calle.
-Yo le cerré los ojos. Murió con una foto de cuando éramos niñas en sus manos. Sus últimas palabras fueron; la familia volverá a reunirse, vendrán tiempos mejores.
-Ay mi hermana ¡Cuanto has pasado! Estas tan acabada, tan viejita. Esta casa en cualquier momento se viene abajo y te aplasta.
-Esta casa y yo, seguiremos juntas hasta que Dios quiera. No pienses que estoy acabada, que mi vida término. En esta acera aún quedan sueños y esperanzas, ganas de hacer. Que no te engañen las ruinas o mis arrugas, hay Cuca para rato.
-Mi hermana, la vida está del otro lado de la calle, en la acera de enfrente. De este lado ya no queda nada, solo recuerdos, ruinas.
-La vida esta donde estemos, una casa no se salva abandonándola. Tú sigues siendo mi hermana aunque vivas en la acera de enfrente. Tenemos que unirnos para salvar la casa Mimí, yo sola no puedo. ¡Es hora de unirnos y salvar la casa!
-Que más quisiera mi hermana. Ver esta casa con flores en el jardín y las palmeras al viento en el patio, pero ya todo está perdido, no hay nada que hacer. Tú en esa silla de ruedas, la casa casi en ruinas, el jardín destrozado, abandonado.
-No te dejes engañar por las apariencias. Las cosas no son lo que parecen, te equivocas. En esas gavetas, hay semillas de girasoles y mariposas para sembrar en el jardín. Las palmas del patio están medio secas, pero con un poco de agua y dedicación, volverán a ser las de antes.
-Y tu mi hermanita, tú, ¿Qué podrás hacer en esa silla de ruedas?
-Vuelves a equivocarte. Estoy en esta silla, casi detenida, pero en cualquier momento me paro y vuelvo a caminar, a echar a andar la vida.
-Mi hermanita, admítelo, tu tiempo pasó. Nada volverá a ser como antes.
Cuca miro a Mimí con fuego en los ojos, el mismo fuego de hace muchos años. Se puso de pie de golpe, le dio un empujón a la silla de ruedas que se estrelló contra la pared.
-Vamos mi hermana, dame la mano, empecemos juntas a arreglar la casa. Es tiempo de unirnos, de hacer juntos, sin reprocharnos nada, sin idas, ni regresos aplazados, sin sueños rotos. Cuca y Mimí harán el milagro que la esperanza vuelva a florecer en esta acera. Ayúdame a ponerme el vestido azul, rojo y blanco de mamá.

Se abrazaron, un abrazo con olor a futuro y a sueños. Un abrazo de uniones. Sin calles separando a las dos aceras. Un abrazo como Dios manda, “con todos y para el bien de todos”.

Fotografia tomada de Google. Blog Adictamente. http://adictamente.blogspot.com/2013_10_05_archive.html

Manolito y Pedrito, intolerancias y absurdos.

Manolito, nació en un solar habanero, en una familia pobre y negra, dos razones que pueden marcar la vida de una persona, a pesar de “tolerancias” y “mentes abiertas”.

Sus padres eran trabajadores y buenas personas. Reglita y Juan, se dedicaron a educar y formar a su hijo, a enseñarle valores y principios. Manolito, fue siempre un buen estudiante, de esos que todos los maestros ponen de ejemplo.

Su mamá gustaba de sentarse a conversar con él, le contaba anécdotas, historias, la moraleja era siempre la misma; todos somos iguales, la única división entre los hombres es, buenos o malos y aún en esto hay matices, nada es absoluto. Le enseño que el color de la piel, la religión, la orientación sexual, los orígenes, no hacen a nadie mejor, ni peor. Los valores humanos, los sentimientos son los que marcan la diferencia, le repetía una y mil veces.

En una ocasión, Reglita, lo llevo a un cumpleaños. Pedrito, un amiguito de la escuela, celebraba su fiesta. Cuando entraron a la casa y Pedrito llego corriendo a abrazar a Manolito y llevárselo para jugar, más de uno de los presentes hizo un gesto de disgusto y sorpresa. Les chocaba ese par de muchachos tomados de la mano, uno negro, como noche de apagones, otro blanco como las nubes, rubio y de ojos azules.

La mamá de Pedrito había luchado contra esa amistad. Aunque Manolito era un niño bueno y mejor estudiante que su hijo, eso de que se pasara el día con un negrito, aunque fuera casi, “un negrito de salir” y “pareciera blanco” no le hacía mucha gracia. Pedrito era terco y había desafiado todas las prohibiciones de su mamá a quien no le quedó más remedio que ceder ante la fuerza de esa amistad.

Manolito vino a traerle a su mamá una flor del jardín.
-No me regañes, le pedí permiso a la mamá de Pedrito para traértela.
Reglita lo beso y coloco la flor en el escote de su vestido. Mientras miraba a su hijo correr buscando a su amiguito, escucho a una señora decir.
-¡Que negrito más educado! ¡Es un negrito de salir!
Se volteo, sonrió y le dijo.
-Es un niño muy educado, todos los niños como él, son de salir, es un lujo tenerlos. Los colores no deciden la condición humana.
La señora fingió una sonrisa que se le quedo en mueca y salió al patio. Necesitaba aire, la rabia la ahogaba.

Manolito y Pedrito crecieron, se hicieron hombres. Su amistad creció junto con ellos, se hizo más fuerte. Eran inseparables, como hermanos. Una tarde al salir de la Universidad, Manolito paso por casa de Pedro, quería que lo ayudara a imprimir unos datos que necesitaba de Internet. Cuando llego, se extrañó de la cara seria de la mamá de Pedro. Cuando pasó a su cuarto, lo encontró llorando, los ojos rojos y el alma destrozada.
-¿Qué pasa Pedrin? No me asustes, sabes que soy tu hermano, confía en mí.
-Voy a decirte algo que no sabes; soy gay, maricón como dicen muchos, no me gustan las mujeres, me gustan los hombres. Hoy se lo dije a mis padres y mi papá me dijo que tenía 24 horas para irme de la casa. Empecé a recoger, pero no tengo donde ir. No sé si me seguirás tratando después de saber esto, si te dará pena andar conmigo por la calle, que nos vean juntos.
Pedrito rompió a llorar, mientras Manolito lo abrazaba fuerte.
– Eres mi hermano, eso es lo único que importa aquí. Tu sexo es asunto tuyo, tu forma de sentir, de amar, no soy yo quien para juzgarla. Sería muy mierda si te abandonara ahora que me necesitas. Vamos a terminar de recoger, te vas para mi casa, no es como esta, son solo dos cuartos en un solar, pero te la ofrezco con todo el amor del mundo. Dormirás en mi cama, como cuando éramos niños y dormíamos juntos y sécate esas lágrimas, no quiero que te vean así.
-Tus padres, ¿Qué dirán? Me aceptaran, no pondrán peros que durmamos juntos sabiendo que yo soy…
Manolito no lo dejo terminar la frase.
-Mis padres sabes que eres un hombre y mi hermano y que tienes un corazón de oro. Ah y quiero decirte algo, supe que eras gay hace tiempo y nunca me importo. Como dice mi mamá; los hombres se dividen en buenos y malos y tú eres de lo mejorcito que hay. Bien macho que eres y me consta, que para tener los cojones bien puestos no es obligatorio irse a la cama con una mujer. Vamos, despídete de tu mamá.
Se abrazaron fuerte, como sellando esa amistad de la infancia que en contra de prejuicios e intolerancias supieron construir y fortalecer.

Llegaron a casa de Manolito, cuando sus padres vieron los bultos y los ojos rojos de Pedro, no hicieron preguntas. Reglita dijo.
-¿Quién se va a bañar primero? Tengo el cubo de agua caliente listo.
A la hora de dormir, Pedrito quiso dormir vestido, le daba pena dormir con Manolito y quedarse en calzoncillos.
-Oye quítate ese pantalón y acaba de acostarte que donde hay hombre no hay fantasmas, ni complejos.
-Manolo, ¿No te importa que la gente se entere que dormimos juntos? ¿Que piensen que eres maricón?
-Si me importara, sería como “esa gente”. Lo único que me importa eres tú, ayudarte. Hoy por ti y mañana por mí.

Cuando Pedro llevaba 6 meses viviendo en casa de Manolito, su mamá lo espero un día a la salida de la Universidad, en la parada de la guagua.
-Pedrito, mi hijo, quiero que vuelvas a casa, convencí a tu padre y dice que si sabes comportarte puedes regresar. Hazlo por mí, me duele verte viviendo en ese solar entre negros, compartiendo el baño con ellos.
-Mamá, esos negros, como tú dices, son mejores que tú y que mi padre. ¡Cuando coño entenderán que esa gente son de oro, que el color de la piel no decide la condición de las personas!
-Tu lugar es en nuestra casa, tal vez se te pase esto y te enamores de alguna muchacha de bien y me des un día nietos.
-Esto no se me pasara porque no es una enfermedad, no es una elección. Soy gay, maricón, como dice papá y lo seré siempre. No me casare con una muchacha de bien, si un día aprueban el matrimonio gay, me casare con un hombre de bien. Con alguien que sea como Manolito, pero que como a mí, le gusten los hombres. Y te aclaro se comportarme, él que no sabe comportarse es papá que se olvido que soy su hijo cuando supo que era maricón.
-Me vas a matar Pedrito, estos disgustos acabaran conmigo.
-No mamá, a ustedes los va a matar la intolerancia, el creerse mejor que los demás. Ir a misa los domingos o tener los ojos azules, no te hace mejor persona, entiéndelo. Antes que te vayas quiero decirte algo, Manolito tiene novia y van a casarse, no me han dicho nada pero sé que van a necesitar el cuarto, si no han fijado fecha es porque piensan que no tengo para dónde ir. Tengo novio mamá, llevo 2 meses saliendo con Alberto, me pidió que me mudara con él.
-¡Alberto, El mulato que estudiaba contigo! ¿No pudiste hacerte novio de un blanco? A mí me va a dar algo. Con un blanco podrían decir que son primos o parientes, pero ¡un mulato!
-Mamá, te preocupa más que sea mulato o blanco a que sea buena o mala persona ¿Te gustaría verme con un rubio como yo, pero que fuera un hijo de puta? ¡Mamá despierta por favor! Sabes en vez de ir tanto a la iglesia, deberías ir a conversar con Regla, tienes mucho que aprender de ella.
Se despidieron con un beso y la promesa de volverse a ver pronto.

Esa noche, Pedro le conto la conversación a Manolito.
-Es triste como en pleno siglo 21 la gente sigue etiquetando a las personas. Cuando Luisa le dijo a sus padres que nos íbamos a casar casi la matan ¡¡Con un negro!! ¿Tú sabes lo que es tener que hacerle el desriz a tus hijas? Te veo haciendo trencitas, te imaginas ese batallón de negros en la boda. Suerte que Luisa es fuerte y les dijo; si no quieren no vayan a la boda, no pude hacer mejor elección que Manuel, si a ustedes no les gusta, lo siento, pero la boda va.
-Así es, dicen discursos sobre la igualdad, pero la igualdad para los otros. Mami cuando supo lo de Alberto y yo, casi sufre un ataque al corazón ya no le importaban que fuera un hombre, lo quería al menos blanco. Sabes, yo no quiero que mi familia o amigos me toleren, quiero que me acepten como soy, como yo los acepto a ellos.
-Eso hablábamos Luisa y yo hoy, me dijo que con el tiempo su familia me toleraría. Le aclare que no había nada que tolerar, que en todo caso sería yo quien tendría que tolerar el racismo y estrechez mental de ellos, termino dándome la razón.
-Y hablando de tolerancia compadre, ¿Hasta cuándo tengo que tolerar tus patadas en las costillas todas las noches?
Se rieron como bobos, Regla les toco en la puerta.
-Van a despertar a los vecinos, acábense de dormir.

El día de la boda de Manolito y Luisa, Pedro fue con Alberto, ya llevaban 15 días viviendo juntos. Cuando termino la fiesta y se iban para el hotel, Manuel y Pedro, se despidieron con un abrazo. Luisa se acercó, todos rieron con la ocurrencia de Pedro que dijo en voz alta.
-¡Te sacaste la rifa con esta mujer, es una blanquita de salir, hasta parece negra de lo buena que es!

Fotografia tomada de Google