Ivette, La Habana, recuerdos y un proximo concierto.

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Desde que la descubrì, desde el instante que su voz me atrapo en esa suerte de amor a primera escucha; la voz de Ivette, acostumbra a darme la bienvenida en mi ciudad. Es parte de ese reencuentro con mis raices y memorias, con ese paìs, mìo y nuestro. Tal vez porque aún esta fresco en mis oìdos y en mi alma su último concierto en Miami, tal vez porque jugar con bienvenidas y despedidas, es nuestra virtud o maldición, en esta ocasión, su voz es el hasta luego, el vuelve pronto, el te esperamos, que mi ciudad y mi madre eligen. Es un intento y acción de anclarme a mi pais, garantizando regresos, borrando ausencias.

Este concierto de Ivette, tiene un toque mágico, especial, algo que lo hace único e irrepetible para mi; mi madre accedio a acompañarme. Mientras escucho y disfruto a Ivette, aprieto su mano, la acaricio. Mi Corazon da gracias, una y otra vez por esta noche. Tambien me acompaña una amiga de mi primera juventud, nos conocimos a la sombra de mi primer y gran amor. Estar juntos esta noche, es como jugar a las escondidas con el tiempo, las distancias y los sueños.

He escuchado varias veces a Ivette, en Miami y en La Habana, cada concierto, cada cancion, cada entrega, supera al anterior y creanme no es una frase o un elogio. Pertenece a esa estirpe de cantantes que lo dan todo en cada interpretacion, sin importar escenarios, ni lo numeroso del publico. No guarda nada para la proxima vez, se da toda en cada cancion, como si fuera la ultima que interpretara. Canta a Sabina, Serrat, recrea canciones cubanas, jazzea, coquetea y juega con todos los géneros, como reafirmando en su voz que, nada musical, le es ajeno.

Termina su concierto, entre aplausos y reclamos del público. Elige para el cierre, “Tú eres la música que tengo que cantar”, mientras entre ovaciones y bravos, su publico reafirma que ella es la voz que tenemos que escuchar. Saluda a amigos y público, me pide una foto con mami. Aprovecho y le susurro al oìdo;
– Te extrañamos en la otra orilla.
– Tal vez regrese en enero.
– ¿Tal vez? Le pregunto.
– Voy en enero, me afirma sonriendo.

Al regresar a casa,a Miami, mis amigos me preguntan, ¿Viste a Ivette? ¿Cúal concierto estuvo mejor ese o el de Miami? Los escucho, pienso, respondo; su mejor concierto, será el próximo. Cada vez que la escucho, me deja la certeza que lo mejor de su arte y entrega, aún esta por llegar.

Hoy como ayer, iniciara el 2015 con la presentacion de Ivette cepeda, les aseguro, su próximo concierto,¡será el mejor!

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Un cubanito que nació en Hialeah.

eduardo y su hijo
Armando salió un día de Cuba rumbo a Miami, atrás dejaba a su esposa y su hijo de un año. Como muchos, pensó que la separación seria breve, encontrar trabajo, mandar a buscarlos y una nueva vida para todos. La separación duro dos largos años, para Armando, dos siglos. Sus amigos le decían.
-Búscate una mujer acá y olvídate de Luisa, haz una nueva vida, le mandas un dinero al niño y ya. La vida es corta y esto es muy duro para un hombre solo.
-¿Otra mujer? ¿Olvidarme de mi esposa, renunciar a volver a reunirnos? Ni loco, soy hombre de palabra y le dije que los sacaría de Cuba y lo hare, volveremos a reunirnos.
En esos años trabajo día y noche, reunió el dinero y logró traerse a su familia. El día del encuentro, Armando estaba feliz por muchas razones. Había logrado su sueño, asegurar el futuro de su hijo, darle una nueva vida, ser fiel a su palabra y fiel a su esposa. Dos años de soledad total que al saciarse, iluminaron la noche de Miami con luces rojas y arcoíris de deseos.

Armando siguió trabajando duro, solo que ahora al llegar a casa lo esperaban su hijo y su esposa y los días se le hacían más cortos y el trabajo menos duro. Gracias a su esfuerzo, logro abrir un pequeño restaurante que poco a poco se fue haciendo popular y exitoso.

El y su hijo, más que padre e hijo, eran dos amigos, dos hombres sin secretos entre ellos. Una relación sólida, construida a base de amor y dedicación. Trabajaban juntos, hombro con hombro.

Un buen día, después de más de 20 años de unión, su esposa decidió separarse. Fue un duro golpe para Armando, uno más que le daba la vida, uno más que no podría derribarlo. Hay hombres que los golpes, solo logran hacerlos más fuertes, Armando es uno de ellos.

Pasaron un par de años y Armando conoció a Yeniley, una muchacha muy linda, amiga de Elenita, la novia de su hijo. La diferencia de edad, no fue barrera para el amor. Armando acepto ese amor como un regalo de la vida a sus 40s. Una mañana Yeniley le dijo.
-Papi voy a acompañar a Elena al médico, cree que está embarazada. Lleva días con náuseas y malestar.
-¡Coñoooo! Abuelo, que bien, ya era hora que Armandito me diera un nieto. Eso me hará el hombre más feliz del mundo.
Armando se fue a trabajar y de ahí a hacer algunas gestiones para una ampliación que quería hacerle al negocio. Llego a su casa, allí lo esperaban Yeniley, Elenita y Armandito. Las dos mujeres miraron a Armandito, alentándolo a hablar, ellas no se atrevían.
-Viejo, no vas a ser abuelo, Elenita no está embarazada.
-Y yo que me veía ya comprando todo para mi nieto y cargándolo en mis brazos. Me ilusione con la idea de ser abuelo. Ustedes pónganse a trabajar y denme pronto un nieto, más les vale.
-Déjame terminar viejo, Elenita no está embarazada, la que está embarazada es Yeniley.
-¡Queeeeee, yo papá a estas alturas, cuando debía ser abuelo!
Yeniley lo miro con lágrimas en los ojos le dijo.
-si quieres me hago el aborto. Sé que no estaba en tus planes y no quiero que pienses que lo busque. No te niego que me gustaría tenerlo. No podría encontrar mejor padre para un hijo mío que tú.
-¿Aborto? Ni loca se te ocurra pensar en eso. Ese niño es un regalo de Dios y como tal será bienvenido.
Armandito abrazo a su papá.
-Sabía que esa seria tu reacción, se lo dije a Elena cuando veníamos para acá, te conozco muy bien. Ese niño será como un renacer en tu vida viejo. Cuando pensabas que ibas a ser abuelo, te llega un hijo. Estoy feliz con ese hermanito, tengo que apurarme en darle un sobrino para que puedan jugar juntos. ¿Te imaginas viejo?
-¡Que rollo de familia hemos armado! Estoy feliz, muy feliz. Es como empezar a vivir, este niño es una bendición. Lo criare como te crie a ti, solo que ahora tengo más experiencia y te tengo a ti para ayudarme.
Se unieron todos en un inmenso abrazo, dándole la bienvenida al nuevo miembro de la familia.

Orlandito nació, sano y fuerte. Armando lo miraba emocionado. Cuando la madre de Armando cargó al bebé, exclamo.
-Alabao si es igualitico a ti Armando. ¡Que bendición ser abuela otra vez! Toma mi hijo, cárgalo tú un ratico.
Armando lo tomó en sus brazos y lloró de la emoción. Un hijo que convertía el otoño en primavera, un soplo de aire fresco en su vida.

Los amigos fueron a visitarlo, a conocer al bebé. Se abrazaban, hacían bromas, le traían regalos.

– Otro cubano más que nace en Hialeah, le dijo un amigo al abrazarlo. Armando lo miro, sonrió y le dijo.
-Si mi hermano, cubano, no importa si nació en Hialeah, Paris o Madrid, son muchos los cubanos por el mundo que han nacido lejos de su tierra. Yo sabré sembrar en su corazón el amor por Cuba y el orgullo de ser cubano.