Confesiones y sueños.

Es hora de confesar errores, amores que no fueron, que negué, de decirles todo lo bueno que pude ser un día y lo malo también, que no me inhiba el miedo que no me falten las letras en el intento. Es noche de balances, de hacer las paces con el pasado, conmigo mismo. Lo que hicé, lo que debo, lo que prometo hacer. De abrirme el pecho y repetir de nuevo; yo vengo a ofrecer mi corazón.

Pude ser mejor, eso lo saben, pero a veces el miedo, inexperiencia, la soberbia, nos llevan a cometer errores, a actuar mal. Si hice daño, fue sin querer, nunca mi intención, propósito, ni fín. El mal siempre me ha dido ajeno, distante.

Tuve miedo al amor, al sufrimiento, a entregarme del todo. Hay amores que nos cambian para siempre, nos dejan un sabor a penas y armaguras que arrastramos por vidas y caminos. Que me perdonen los no, a quien negué un beso o una noche, a quienes aparté , sin detenerme a explicar por qués, sin dar razones. Los mismos que en recientes noches de dolor y penas, eché de menos; buscando desesperado el hombro necesario.

Hoy me pasan recibo soledades y angustias, hoy sigo sólo y ando caminos en desafío. Cargo a mi espalda promesas, algunos sueños, un ramillete de te quieros que no dije.

Debo cumplir promesas antes que acabe el tiempo. Debo publicar un libro; su libro prometido que, de un modo u otro, estrechará en sus brazos. Un libro pequeñito, que baste a sus deseos, que me devuelva ganas, que borre frustraciones. Un libro puede ser necesario, un homenaje; algo que apuntalar con mis recuerdos.

Debo encontrar con quien compartir penas y alegrías, un amor que me devuelva luces, que me ilumine siempre, que me tratorne planes y rutinas. Que convierta el otoño en primavera con olor a eternidades y no me olvides. Un amor así me pidió antes de irse; se que la hará mas luz, mas fuerte aún.

Le debo esas promesas, esas ganas suyas de verme feliz, acompañado, de saldar deudas, de avivar futuros, de no dejar morir nunca los sueños.

No he sido un tipo malo, ni villano o bandido. Sólo un hombre que se inventó una vida, que construyó razones, que siempre dio una mano, que no hizo trampas.

Si me abren el pecho en mi autopsia final, allí donde debían estar corazón y vísceras, allí en medio del pecho, la encontrarán a ella. Su recuerdo inmenso llenando cavidades, un poco de tierra colorá que me robé en los caminos de mi Isla, una ola inmensa, unos versos de amor que nunca dije, un beso sin estrenar, que se hizo flor.

Soy un tipo sencillo, sin pretensiones, que no cambia un arcoiris por diamantes, que sigue persiguiendo los sueños como un loco. Un hombre que se niega a darse por vencido, mientras se bebe, dia a dia, el café de la esperanza.

He sido feliz, porque ser feliz esta en las pequeñas cosas de la vida. Nunca fuí mas feliz que cuando me estrechó en sus brazos; a veces somos inmensamente felices y lo ignoramos. Esas pequeñas cosas que se convierten en enormes al pasar el tiempo y la experiencia .

Ese soy yo, decidido a no cambiarme, a ser fiel a recuerdos, a mis intentos. Un tipo raro que se siente a gusto con él mismo, que escribe historias y que se inventa sueños. Que no niega su origen, ni derrotas, pero que sabe armarse cada día, que no teme al futuro; aquí lo espero.

Fotografía tomada de Google.

Advertisements

No señor, no; no somos mal nacidos.

No, no soy un mal nacido. Yo y muchos como yo, amamos entrañablemente a Cuba, nuestra patria. No importan los años lejos, que aprendamos idiomas y adquiramos otras ciudadanias; somos y seremos siempre cubanos. Porque ser cubano es sentir que el pecho se ensancha al escuchar nuestro himno, es querer lo mejor para Cuba. Ser cubano es lágrimas de emoción al pisar nuestra tierra, es tener sinsontes, colibries, palmeras y girasoles a flor de piel, es un derecho azul como nuestro cielo y rojo como la sangre derramada por los patriotas. En Cuba están nuestros primeros sueños, el primer beso de amor, nuestro primer dolor y esos recuerdos que nos conforman, no se dan, ni se quitan por decreto.

Nacimos y muy bien nacidos , por cierto, en Cuba, nos parimos a la vida cuando decidimos emprender nuevos rumbos y emigramos. Llevamos siempre en el pecho nuestra bandera tricolor y en el alma un puñado de tierra colorá; nuestro derecho a ser cubanos, no es negociable.

Siempre que alguien confunde Patria con partido o ideología , recuerdo las palabras del arzobispo Pedro Meurice Estiú en la histórica misa en Santiago de Cuba, “Le presento, además, a un número creciente de cubanos que han confundido la patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido las últimas décadas y la cultura con una ideología”. Nadie tiene el derecho, nadie puede secuestrar la patria y condenar al fuego eterno a quien esté en desacuerdo. La patria es de todos, hasta de ustedes que pretenden ser sus dueños.

El hecho de estar en desacuerdo con un presidente,un partido o una ideología , no es razón para llamar mal nacido a nadie. En Estados Unidos tenemos a un presidente que muchos criticamos, entre ellos yo, eso no me hace perder mi condición de ciudadano americano, al contrario, la reafirma. Ejerzo mi derecho a la libre expresión, algo que respaldan leyes y constitución, me pueden criticar, hasta llamar comemierda, en un acto supremo de Trumpismo, pero todos saben que Trump no es el país, no es la nación; criticarlo o apoyarlo no me hace más, ni menos ciudadano americano, así de sencillo.

Basta de exclusiones, divisiones, de lanzar rayos exterminadores a los que discrepan, a los que se resisten y se enfrentan al absurdo. Cuba es y será nuestra, aunque le duela a alguno. La patria no puede secuestrarse, nos pertenece a todos. Nosotros, los siempre bien nacidos en Cuba, somos hijos de nuestra Isla, lo seremos siempre. No hay decreto, consigna o tweet que pueda arrebatarnosla. Nacimos cubanos y lo somos, con el orgullo inmenso de llevar en la frente, “la estrella que ilumina y mata”.

Fotografía tomada de Google.

¡60años! Una vieja perdida en la historia.

Se levantó cansada, le pesaban los años.

Ya voy a cumplir 60 años, yo no soy la joven de hace años, repleta de sueños y promesas, soy una anciana, una vieja.

Entendía que se le acababa el tiempo y se sintió inútil e inservible. ¡60 años!¿ Qué he hecho con mi vida? Gritó, estremeciendo la historia y el futuro.

Quiso hacer un balance y no pudo, las lagrimas le impidieron continuar. Recordó sus inicios verdeolivos, con sueños y esperanzas, multitudes aclamándola , fueron sus mejores años; era joven y fuerte. Después decidió vestir de rojo, un color que nunca le quedó bien, que recordaba muertes, paredones y lágrimas de madres. Se fue debilitando cada vez mas, muchos la abandonaron. Se sintió culpable, le faltaron fuerzas para oponerse a medidas y designios y terminó siendo cómplice; con el rostro y las manos sucias para siempre.

De aquella joven que enamoró a muchos, que fue una esperanza, no quedaba nada. Se acarició arrugas y cicatrices, se miró al espejo, lo rompió; no tuvo valor para mirarse a los ojos. El espanto de su vida la estremeció, estaba al final del camino y no tendría una segunda oportunidad para enmendar errores. No le alcanzaria el colorete para maquillar su rostro, ni siquiera una buena cirugía estética podria mejorarla; era una vieja fea, ridícula, inservible; sin un logro para adornarse al final del camino.

No tenía valor para darse un tiro, para terminar de una vez absurdos y sin razones; seguiría así hasta, su cada vez mas cercano, día final. Burla de si misma, caricatura de consignas, pérdida para siempre en el camino de la historia .

Fotografía de Yohandry Leyva.

Navidad en La Habana.

Elena recorre la enorme casa vacía, abre las ventana, saca los perros al patio, enciende el televisor, se sienta en el sofá. Sin proponérselo hace un balance del año, mañana es Navidad y está sola. Uno a uno los recuerdos del año la golpean, su madre enferma, su estar a su lado hasta el último momento, cerrarle los ojos y darle el último adios. Su hijo lejos, esperando por la residencia que no llega y ella aquí en soledad, con sus recuerdos y sus penas, esperando un milagro.

Afuera hay fiestas, sus vecinos se han impuesto celebrar la Nochebuena, más allá de de escaseces y tristezas. A su amiga Juana le regaló unos cuc para que pudiera comprar algo de carne de puerco y celebrar con su familia, a su vecina Micaela le prestó un mantel y a Yeni un vestido para que no tuviera que avergonzarse en la fiesta con sus amigas.

Elena siempre ha sido una buena mujer, su casa y su corazón es el refugio donde llegan muchos a buscar ayudas y consuelo. Ahora está sola, rechazó todas las invitaciones, prefiere quedarse en casa esta noche, con sus recuerdos, espera la llamada de su hijo que trabaja hasta tarde y le advirtió que no lo llamara por whatsapp, porque no podría responderle hasta tarde.

Arregla las bolas del arbolito, decidió ponerlo, a su madre le gustaba mirarlo con sus luces; esta segura que, de un modo u otro, las luces la guiaran en el regreso.

Recuesta la cabeza en el sofá, deja que las lágrimas hagan de las suyas, en los últimos meses han sido sus diarias compañeras.

Pancha, la vecina de al lado rompe el silencio de la mañana.

-Elena, mi santa tirame un salve, ¿tienes un pedazo de pan que me regales? El niño no quiere tomarse el jugo, si no tiene un pedazo de pan y tu sabes que en esta Habana conseguir pan, esta tan difícil como la carne e’ res.

-Mira aquí tienes, ayer compré bastante en la shopping, sabía que alguien me iba a pedir. Toma esta flauta completa y guardale al niño para mañana.

– Gracias mi santa eres un angel, igualitica que tu madre que Dios la tenga en la gloria.

Elena sonríe y olvida por un momento sus lágrimas y sus penas, hacer el bien, tiene esa magia, ese encanto. Regresa al sofá de la sala, es casi mediodía, no tiene hambre pero sabe que debe alimentarse, calienta el potaje y algo de pollo que quedó de ayer, se sienta a comer.

El timbre suena interrumpiendo su almuerzo. Abre la puerta. Es Anet, la vecina de enfrente

-Ay Elenita perdona te moleste pero no tenemos donde asar el puerco, el de la panadería se jodió con la harina de mierda esa con que están haciendo el pan ahora. ¿Tú serías tan buena de dejarme asar el puerco en tu horno?

-Si, traelo, voy a ir encendiendolo para que este caliente.

Mientras el puerco se asa en el horno, alguien toca a la puerta y grita desde la.puerta.

-Soy yo Pedrito , que se me rompió la cocina y no tengo donde hacer los frijoles negros y el arroz de está noche.

Mientra Elena le abre la puerta le dice.

– Trae todo y lo ponemos a cocinar, tengo aceite de oliva para que le pongas a los frijoles.

– Cuando yo lo digo, que tú eres la Madre Teresa de Calcuta del barrio.

Mientras conversan Ernesto, su eterno enamorado, entra con un saco al hombro.

– Elena, traje esta yuca del campo y en la casa no tengo agua pa’ lavarla, ni pa’ cocinarla.

-Lavala en el patio y cortala en pedazos para ponerla a ablandar. Tengo ajos y naranja agria para el mojo y así te la llevas lista.

Vuelve a sonar el timbre de la sala, la puerta está abierta, pero siguen tocando. Elena piensa, si quiere cocinar algo, tendrá que esperar, ya no me queda sitio en el fogón. Camina hacia la sala, allí de pie en la puerta está su hijo Alejandro. Elena no sabe si gritar, llorar o desmayarse de la alegria.

-¡Mi hijito, mi hijito, que sorpresa!

Se abrazan en uno de esos abrazos que cierran heridas y aseguran futuros; que detienen el tiempo en estallidos de felicidad.

Modesto, Pedrito, Cunda, Anet, Ernesto y Pancha, sonríen cómplices y felices mientras el arbolito de la sala se enciende sólo, como un sol o una estrela polar. Todo está listo en casa de Elena para una Navidad especial, no falta nadie. Un milagro en La Habana.

Fotografía tomada de Google

¡El bendito día del regreso!

Había una vez, asi empiezan muchos cuentos, un pueblito pequeño, en el centro de un lago enorme. Vivían tranquilos, rodeados de agua por todas partes. Aunque querían cambiar algunas cosas, eran casi felices. Un buen día o un mal día, un grupo se apoderó de la oficina del gobernador del pueblo, empezaron a dictar decretos, prohibiciones abundantes, las consignas llenaban muros, casi amenazaban ahogar al pueblo; hacer lo que el agua del lago no había podido nunca.

La vida cambio en el pueblito del centro del lago. De pronto, construir, mejorar el pueblito dejó de ser importante para sus habitantes. Estaban agobiados de consignas y discursos, promesas y escaseces, prohibiciones e imposiciones, sólo les importaba escapar a una mejor vida; huir del pueblo se hizo obsecion y acción.

Inventaron mil formas de escapar, tantas que llenarían libros enormes describirlas. Muchos, la mayoría, cruzaron las aguas del lago enorme con lo que pudieron. Balsas construidas por ellos, botes viejos, camiones transformados en lanchas, todo servía si los llevaba al otro lado de las aguas del lago enorme.

Las familias se dividieron, las madres quedaron esperando regresos y soñando con vuelvos prontos, los hijos dormían besando las fotos de sus madres. Sólo el amor los salvó de morir del dolor de ausencias. Fue una época de lagrimas abundantes y pechos apretados; de mirar al cielo y pedir milagros

Los habitantes del pueblito que lograron escapar, fueron a los pueblos cercanos, allí comenzaron una nueva vida. El pueblo mas cercano a la orilla del lago enorme fue el que recibió la mayor parte de los habitantes del pueblito del centro del lago enorme. Ese pueblo mejoró y creció al empuje de los habitantes, se hizo rico y prospero. Desde allí le enviaban comida y dinero a los que se habían quedado en el pueblo del centro del lago enorme; en un intento de paliar escaseces y miserias.

Un día, siempre hay un buen día esperando en el camino, llegaron noticias que los que habían tomado la oficina del gobernador habían desaparecido sin dejar rastros. En el pueblo borraban consignas y quemaban discursos y prohibiciones. Un viento de esperanza levantaba olas en el lago enorme, salpicando futuros y sueños.

Los habitantes del pueblito, dispersos por el mundo, decidieron regresar, aportar su fuerza y esfuerzo en la reconstrucción del pueblito en el centro del lago enorme.

¿Cómo regresaremos al pueblito?

Fue la pregunta que recorrió los pueblos donde vivían los que habían escapado del pueblito en el centro del lago enorme.

¡Por el aire! Que los vientos de esperanza nos lleven de vuelta al hogar.

Comenzaron a construir globos multicolores enormes. Los pueblos se llenaron de globos azules, blancos y rojos. Todos se subieron a los enormes globos multicolores era una fiesta de alegrías y esperanzas; los hombres nunca olvidan su origen y a él vuelven en ondas de esperanza.

Los enormes globos multicolores cubrieron el cielo del lago, en una fiesta del alma y de sentimientos al vuelo.

En el pueblito del centro del lago enorme, las madres abrieron balcones y subieron a azoteas; una espera de años llegaba a su fin. En las calles la gente se abrazaba y lloraba de alegría. Regresar se hizo la palabra del día y venció, para siempre, al verbo escapar. Partir fue un verbo que nunca más dolió.

Allá en el pueblito del centro de lago enorme, poco a poco, comenzó a construirse un pueblito, “con todos y para el bien de todos “.

Fotografía de una obra de Feliz Gonzalez Sanchez , El regreso.

https://www.lapereza.net/product-page/un-habanero-que-emigr%C3%B3-con-el-siglo

Luisa, la de Taco Bell o haciendo de abogado del diablo

Hace un par de dias, despues de las primeras reacciones, dan vueltas en mi mente dudas y opiniones. Creo que ya es hora de vestirme de abogado del diablo y dar mi opinion al respecto.

Antes, quiero dejar bien claro dos aspectos. Primero, desde el punto de vista de servicio al cliente, la actitud de Luisa es francamente condenable, segundo, no tengo en mi ser, un sólo átomo de racismo. Pertenezco al grupo de personas para los que no existen razas, ni orígenes; todos somos iguales. Sobre estos dos principios voy a dar mi modestisima opinion, sin ánimos de verdad absoluta, ni otra pretensión que expresarme libremente y aportar algo a este sal pa’fuera en Hialeah.

Todos los que tenemos un fuerte acento al hablar inglés, hemos padecido y sufrido, en más de una ocasión, que un afronorteamericano nos diga, despues de hacer gala de nuestro inglés; Yo no hablo español, hable inglés. Me ha pasado varias veces y créanme, haciendo gala de mi inglés británico, me he acercado y le he preguntado de donde es, cuando me responde que de aquí, le digo bien bajito que vayan al college a un curso de listening , porque a mi todo el mundo me entiende, por tanto el problema lo tiene usted, no yo. Hago esta aclaración, porque pienso que en este video donde hemos incinerado a Luisa, falta una primera parte. No dudo y esto son sólo suposiciones mías, que cuando Luisa respondió en inglés, los protagonistas del video le pidieran que hablara en inglés y se burlaron de su acento. Luisa, que por cierto no es tan chusma como otros que todos conocemos, terminó perdiendo los estribos y optó por hacer que no los entendía, como medio de defenderse de las burlas. En su enojo, Luisa olvidó las reglas del servicio al cliente y explotó, mal de su parte. Una buena ironía hubiera sido mejor, servir a los clientes y terminar con una sonrisa cubanisima de oreja a oreja, como quien se dio, un buen baño de quimbombo.

Nosotros, reyes del choteo hemos hecho y deshecho a Luisa, recalcó el nosotros, porque estoy seguro que si hubiera sido una haitiana, hablando en creole, la comunidad haitiana hubiera cerrado filas junto a ella y hasta manifestaciones hubieramos visto con carteles #todosomosLuisa. Ni hablar si Luisa hubiera sido mejicana, hasta programas en Univision le hubieran hecho. Nosotros no, nos gusta tanto el choteo y la guasa que fuimos los primeros en condenarla, en incinerarla, teniendo solo una visión de lo que sucedió. Allá fuimos a disculparnos y a hacer trizas a Luisa, leña pa’ ella por no hablar inglés. Entre nosotros, muchos que la incineraron, tampoca hablan inglés, pero, mejor que me calle, que no diga nada, que lo que tú sabes, yo también lo sé. Ay Rita por tu madre, tirame un cabo para terminar este escrito sin que me quemen el blog.

Le zumba la berenjena, como diría el conocido personaje o por eso estamos como estamos. Desunidos, sin sentido de comunidad, tirando cada uno para su lado. Sólo algunos casos aislados, comentaban que faltaba la primera parte de la conversación. Allá fuimos todos, con el hacha en mano a hacer pedazos a Luisa, por lo mal que nos había dejado ante la America de Trump. Alabao señores, nadie nos pidió disculpas.

Luisa, la de Taco Bell, es todo un personaje, tal vez dentro de 40 o 50 años, en Escriba y lea, alguien lleve su célebre frase, “aqui nadie habla inglés, esto es Hialeah” o sea un personaje historico, posterior a la revolución francesa, Luisa, la de Taco Bell.

Por el momento, Luisa esta sin trabajo, Alexandria feliz de su popularidad, de reina por un dia y nosotros mas divididos que la división.

Así las cosas, me imagino el dale al que no te dio que se va a armar con este escrito. Les juro que hasta pensé no hacerlo, pero si no lo publicaba, explotaba como Kafunga, asi que aquí lo tienen.

Unámonos, no cuesta tanto, el enemigo, nos quieres desunidos, recuerden aquelo de, divide y vencerás.

Y los dejo, que voy a comerme un pan con croqueta en Hialeah, donde la gente grita; “como me gusta hablar español”.

Aquí en mi pecho; madre y patria.

Si te olvido, si de pronto desaparecen los recuerdos, una tarde triste de domingo.

¿Qué haría por la vida sin recuerdos? ¿Donde buscar las fuerzas para andar caminos, deshacer trampas, escalar montañas?

Si te olvido, si un día amaneciera huérfano de memorias y raíces. ¿Dónde buscar cimientos, por qués y sentimientos? Pobre fantasma de mi mismo, solitario, sin rumbo, flotando en el limbo de la vida, a la deriva de vientos y tormentas.

Si cuando mire fotos y recuerdos, no me estremecen emociones, ni suspiros, si mis lágrimas y risas, sin un por qué, murieran sin nacer, fueran sólo intentos. ¿Cómo contar mi historia, cómo hablar de sueños y raices?

Por eso, no pienso en olvidarte, no podría. Estas enorme y constante, aqui en mi pecho. Habitas en mi mente, en mis intentos. Soy un producto de mi historia; costó trabajo tallarme de gigante.

Somos, al fin, recuerdos y sueños. Aunque a veces recordar duela en el pecho, siempre florecen sonrisas en el alma. Porque habitas en cada obra de la vida, en cada sueño que suspira, en cada intento. Porque sobrevivo a penas, en ellas crezco, me mejoro, tratando de ser digno de mi historia.

Acaricio mi pecho, mis memorias; aquí estaran por siempre; MADRE y PATRIA.