Dame una mano.

manos y manos
Dame una mano, solo un rato, con eso basta.
Una mano grande, solidaria, que me permita descansar, recostarme, recuperar fuerzas.

Sabes, necesito una mano enorme con urgencia, aunque sea solo un rato, no por siempre.

No quiero palmadas en la espalda, tampoco un apretón frío, protocolar, lejano. Necesito una mano conmigo, por un rato. Que me ayude a cerrar esas heridas, que por más que trato, se resisten, casi juegan a esconderse y reabrirse, haciéndome sangrar hoy, ayer, mañana.

Dame una mano, solo una. Prometo devolverla después de usarla, de tenerla conmigo por un rato, componiendo desarreglos, malas notas, acotejando futuros, amaneceres.
Una mano así ayuda a partos, provoca orgasmos, furias, desata envidias. Mano necesaria, imprescindible, para una pausa de luchas y desgarros.

No temas, prometo tenerla solo un rato. Seria peligroso acostumbrarme, lo sé y evito.
Con ella izaría banderas en las torres, abriría mentes milenarias, quitaría telarañas gigantescas, detendría mentiras, histerias, rencores, mala leche.

No temas, prometo devolverla, es solo un rato, un minuto de mi vida. Esa mano regresaría satisfecha, acariciando futuros y certezas, convocaría a uniones y suspiros, recuentos, sueños. Dame esa mano pronto que me diluyo en el intento o me matan los odios y la rabia.

fotografia tomada de Google.

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¡Sigo aqui! Un concierto entre amigos.

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Sigo aquí, un nombre sugerente para un concierto, una declaración de principios y propósitos; una decisión. Samuel Calzado sigue aquí en el panorama cultural de la ciudad, abriéndose camino, afincándose, ganando público, aplausos y amigos.

Desde antes de iniciar el concierto, sé que será una noche especial. Un montón de amigos reales y virtuales se entremezclan, me saludan. Algunos me felicitan por mi cumpleaños, otros llegan, como Maritza y me dicen.
-Habanero, al fin te conozco, nos abrazamos como viejos amigos y hablamos de nosotros, del concierto, de La Habana. Les confieso, esto de amigos virtuales convirtiéndose en reales, lo disfruto casi como una travesura de muchachos.

El concierto comienza con un video de sus actuaciones en España, se escucha la voz de una locutora que dice; una de las voces cubanas más cálidas que hemos escuchado y Samuel, sale a escena.

Dedica una canción a su mama, pensó tenerla esta noche presente, pero una visa denegada lo impidió. La magia de la canción vence prohibiciones y negativas, la hace presente esta noche. Junto a nosotros aplaude emocionada la canción que le dedica; “yo sin tu amor, ¡no se vivir!” Se enjuga una lágrima y regresa a La Habana, a esperar el próximo reencuentro.

Nos cuenta que en un duro invierno en España, en una de esas noches que hablar con seres queridos es la única vía para calentar el alma, llamó a su mamá. Le conto que el invierno era duro y estaba muy solo. Su mamá, resumiendo el sentir de tantas madres cubanas, le dijo; tú no estás solo mi hijo, tú estás lejos. Nosotros, como tantos, como él, nunca estaremos solos, ¡solo lejos!

Interpreta, “Se fue” y recuerdo mi escrito; ¡Nos fuimos! Pienso cuantos se conmueven y revuelven nostalgias con la letra de la canción. “¡Mire usted como he tenido que echarle de menos! Se fue sin abrigar despedidas y la palabra volver ya se esfumo, cual si fuera esta canción.”

Canta a Pablito y el público aplaude al cantante y al autor. Yolanda se sienta con nosotros a la mesa, disfruta la canción, antes de partir en una alfombra tricolor al lugar donde el tiempo se detuvo esperando regresos y reencuentros.

Como siempre, su mejor momento, el que lo eleva y lo hace único e irrepetible, cuando descarga al piano. Lo escucho, miro y admiro e insisto en un concierto acústico, a piano y guitarra, ¡a descarga pura!

Canta, de las Diego, se me eriza la piel y como siempre logra erizarnos el alma y recuerdos. Recuerdo a mi amiga María Luisa, cada encuentro nuestro desborda cubanìa y cariño. Convertimos sitios nocturnos en calles o barrios habaneros y hablamos de Cuba, con amor. Erizándonos siempre, por ese amor que compartimos por nuestra Isla.

Eddy Santana invitado de lujo, regala canciones en derroche de voz. Cuanto talento cubano, disperso por el mundo, esperando un llamado desde el Cobre, para cantar, en la mejor y compartida nota, ¡la canción del regreso! Canta, “Se me antoja” y entre antojos, recuerdos y añoranzas, me dan ganas de noches habaneros, en un centro nocturno. Escuchándolos sin exilios, ni partidas, sin adioses y ¡vuelvo pronto!

Como regalo de cumpleaños, inesperado y nostálgico; Eddy y Samuel me regalan dos canciones; Pensamiento y Longina. Escuchándolas, recorro mi isla, ando por mi Habana, llego hasta mi casa, allá en Playa y abrazo a mami sentada en su eterno sillón. Yo, junto a ellos digo; “anda pensamiento mío, ¡dile que yo la venero!” Descargan. Como solo los grandes pueden y saben. Convierten The Place en un lugar habanero, con victrolas, recuerdos y talento. Ente ellos me parece adivinar a la Lupe y a Freddy haciendo de las suyas.

Invita a Danay, dándole la oportunidad que su público la conozca. Ayudar, dar una mano, compartir público y escenario, nos hace aplaudir al ser humano, al amigo.

En fiesta de cubanìa invoca malecón y canciones. Pone a los presentes a bailar, presumiendo de ser el ” el negro más cumbanchero”. De donde son los cantantes, estalla en la noche miamense y un coro gigante le responde ¡son de Cuba! Ay mamá que son de La Habana, aunque canten en Miami.

Alguien le grita, estas suelto y sin vacunar y apunto una frase más para mi próximo escrito sobre las frases cubanas.

Al final, nos recuerda a todos que; ¡valió la pena! Entre notas musicales, aplausos, esfuerzos y lejanías, ¡¡todo valió la pena!! Porque como dice la letra de la canción que cierra su concierto; ¡porque era necesario!

Termina el concierto, nos despedimos entre abrazos y fotos. Confiados que Samuel y su arte seguirán aquí, abriéndose caminos, ganando público, asegurándose un lugar en la geografía cultural de Miami.

Una amiga vestida de victoria

Mi amigo del exilio y su esposa.
Andamos por la vida a toda velocidad, sin detenernos a meditar o disfrutar esos momentos especiales que nos ofrece. En la prisa por llegar a donde no sabemos, muchas veces ni reflexionamos. Nos perdemos en la carrera, sin disfrutar el entorno, sin vivir la experiencia y enriquecernos con ella. Pasan personas por nuestro lado y en vez de tomar su mano y sujetarlas para andar juntos; agitamos un adiós, mientras seguimos corriendo, sin saber que buscamos, sin sumar afectos y vivencias. Queremos llegar, a ese lugar donde nadie nos espera, en una prisa que no da tiempo a nada, solo a correr y seguir.

La vida me enseño a andar despacio, detenerme en los detalles, sin prisa. Todos llegaremos un día a la meta o a la muerte. A veces me siento, saboreo lentamente una taza de café o de recuerdos y sueños. Eso somos, recuerdos y sueños, lo que fuimos, lo que nos marco y conformo y lo que seremos, con empeño, voluntad y ganas. Cada día nos regala recuerdos y experiencias, nos enriquece. Hay momentos que nos hacen felices, se convierten en tesoros, entonces queremos compartirlos con los amigos. No es ostentación de felicidad o alegría, es ganas de multiplicar la alegría, de hacerla masiva. La alegría, debe ser contagiosa, viral, multiplicarse en amigos y derrotar enemigos

La alegría, la felicidad, pueden nacer hasta de una desgracia. Algo que nos arranco lagrimas y dolor un día, puede generar felicidad otro. Anoche, viví uno de esos momentos especiales, de esos tesoros que compartir con amigos es una obligación y placer.

Hace poco más de un mes, una amiga especial, me dio una noticia terrible; ¡Tengo cáncer! Me dijo, pasado mañana comienzo la quimioterapia. Yo, del otro lado del teléfono, rompí en llanto, me quede sin palabras. Un segundo después le dije; es la última prueba que Dios te pone para que tu espíritu alcance la perfección, has ayudado a muchos, ahora toca a esos muchos ayudarte a ti. Me pidió que no recogiéramos dinero para ella; todos tienen necesidades, cuentas por pagar, diles solo que oren por mi. Por vez primera no estuve de acuerdo con ella, no pudo hacerme desistir; no nos prives de ese placer, ayudarte es una deuda de todos tus amigos contigo, la gente dará lo que pueda, con amor y ganas.

Anoche, junto a un amigo-hermano, fuimos a llevarle el dinero reunido, ¡$1200.00! Unos minutos antes la llame para decirle que íbamos en camino; voy a verlos, ¡Que alegría! Nos recibieron, ella y su esposo. Nos saludamos con abrazos y besos que amenazaban no terminar. Le explique que entre todos habíamos reunido un dinero para ayudarle, le conté como sus amigos me daban $20.00 un día y al siguiente volvían a darme otros 20 o 10; para Teresita, me decían. Ella y su esposo lloraron de la emoción, ambos son dos amigos muy especiales para muchos. Yo, los llamo, “Mi amigo del exilio” y “Mi ángel del exilio”, los que me siguen hace tiempo, los conocen de un modo u otro.

Mi ángel de exilio, recoge con creces el amor que ha sembrado en todos los que hemos tenido la suerte de conocerla. Anoche cuando hablábamos con ella, no teníamos enfrente a una persona enferma, abatida por la desgracia. Nuestra amiga, como le dijo Hiram, ha decidido vestirse de guerrera y vencer en esta batalla contra el cáncer. Sabe que pronto vestirá el traje de la victoria y se prepara para lucirlo, confiada y tranquila. Nuestras oraciones y su fuerza, aseguran y adelantan esa victoria.

Esos minutos que viví anoche, los disfrute como un regalo especial de la vida. Me detuve en ellos sin prisas, sin correr, aún hoy los saboreo y disfruto. Son un tesoro, un tesoro que quise compartir con ustedes, sin prisas, sin adioses rápidos, dándonos las manos, compartiendo la vida.