El hombre que olvido su patria.

Ola tomado de Yo extraño a Cuba y tu.
Nació en un barrio habanero, uno de los tantos que aunque parecidos entre si, son todos diferentes. Asistió a una escuela primaria cercana a su casa. Los niños se burlaban de él, por el color azul intenso de sus ojos, sus labios rojos, de un rojo parecido a la sangre y su piel extremadamente blanca; muchos le decían el tricolor.

Carlos, al crecer, siguió siendo blanco de burlas, no solo por el color de sus ojos, labios y piel. Su amaneramiento, su afición al ballet y a vestir extremadamente a la moda, no encajaban en el entorno que le rodeaban.

Cuando estaba en el 2do año de la carrera, un día lo citaron a una reunión.
– Pensamos, dijo muy serio el que presidía la asamblea, que tu conducta y maneras no encajan dentro de un colectivo como el nuestro, es mas creemos que eres un mal ejemplo.

Carlos, quiso hablar, pero no lo dejaron, su suerte había sido decidida antes de efectuarse la asamblea. Fue expulsado de la Universidad. Sus sueños de ser medico, se esfumaron. Con mucho sacrificio logro graduarse de enfermero años mas tarde, algo es algo, pensó Carlos, al menos del lobo, un pelo.

Carlitos, era un tipo fatal, justo al mes de estar trabajando en el principal hospital de la ciudad, un domingo en la tarde, decidió ir al teatro. Bailaba su bailarina favorita el rol principal del Lago de los cisnes. Nunca pudo ver la función, cerca del teatro lo paro la policía, lo montaron en un camión. Junto a él, otros más que esa tarde no verían fouettes y vaquitas, solo maltratos, fotos y expedientes de peligrosidad.

Lo expulsaron del hospital al saber de su detención y procesamiento por peligrosidad. Meses después comenzó a trabajar en el policlínico del barrio, gracias a una amiga de su mamá que lo ayudo. El día antes de empezar a trabajar su mamá le dijo.
– Mi hijo no te vistas muy extravagante para trabajar, a mi, no me importa, pero Elena me lo pidió como condición para resolverte este trabajo, por favor.
– ¡Ay mamá este país de mierda que me tocó! Con un mundo tan grande y tener que venir a nacer justamente aquí.
– No es el país mi hijo, son los que lo gobiernan, el país no tiene culpa de nada.
– Es el país mamá, cuanto diera por ser francés, español, americano, hasta haitiano, cualquier cosa menos cubano.

Su mamá lo miro a los ojos sorprendida.
– Mi hijo ya no tienes los ojos azules, tus ojos son incoloros.

Carlos, se miro al espejo asustado, sus ojos, antes de un azul intenso, eran ahora incoloros. Como si algún poder superior hubiera borrado el color de su mirada. Decidió usar lentes oscuros, para que nadie notara sus ojos sin color.

Un día, la ciudad despertó con gritos; ¡que se vayan, que se vaya la escoria! Carlitos, no entendía muy bien lo que estaba pasando. Una amiga le contó que había cientos de botes en el Mariel y en algunos lugares, la gente como ellos, hacia cola para irse.

Irme, salir de este país de mierda, olvidarme que un día nací aquí, eso es lo que debí haber hecho hace mucho tiempo. Mi lugar no esta aquí, cualquier lugar es bueno para mi, menos este rincón horrible donde me toco nacer, pensaba Carlos, mientras hacia la cola para apuntarse entre los que se iban. Le toco su turno, le hicieron pasaporte, todo.

– Mañana a las 5 de la mañana aquí, van directo para el Mariel, hay un barco grande y tenemos que llenarlo con gente como ustedes, dijo el oficial que dirigía al grupo.

Llego muy contento a su casa, no podía llevarse nada para el viaje, solo quería despedirse de su mamá, no sabia cuando la volvería a ver, ella siempre lo había apoyado y comprendido.
– Mamá, mamá, mañana me voy, al fin seré un hombre libre.
– Tu eres un hombre libre mi hijo, incomprendido, maltratado por las circunstancias, pero eres libre. Ser libre es una condición que nadie puede arrebatarte. ¿Que quieres decir con eso de que serás un hombre libre?
– Me voy mamá, me voy del país mañana, me largo de esta mierda. Cuando logre sacarte a ti de aquí, me olvidare hasta de su nombre.
– No hables así, esta es tu patria, un hombre sin patria, no es nada, es como el polvo, se lo lleva el viento. Has pasado malos ratos aquí, pero no por culpa de tu patria, no la culpes a ella, mi hijo.

Cuando Carlos fue a darle el beso de despedida a su madre, ella se sorprendió.
– Mi hijo, tus labios no tienen color, así no puedes irte, se pensaran allá, que estas enfermo.
Fue al cuarto y regreso con un creyón de labios.
– Toma, píntate esos labios sin color y esconde el creyón, que no se den cuenta que lo llevas, lo vas a necesitar.

Esa noche, Carlos no durmió, fue de los primeros en subirse al camión que los llevaría hasta el puerto del Mariel. Cuando estaban en el barco camaronero alguien dijo.
– Aguántense bien, somos muchos, por suerte la travesía será corta, tenemos buen tiempo.

Cuando el barco zarpo, muchos miraron a la costa que se alejaba. Todos querían irse, comenzar una nueva vida, pero les dolía dejar a sus familias, a su tierra. La patria, es algo más que un montón de tierra y recuerdos. Solo Carlos, estaba de espaldas a la costa, no le interesaba mirar por última vez a la isla perderse en el horizonte, miraba hacia adelante, a la nueva vida. Se sorprendió cuando un desconocido le dijo.
– Compadre, ¡que color de piel mas rara tienes!
– Soy muy blanco, pero tampoco es para tanto.
– ¿Muy blanco? Yo diría que eres color cenizo o verdoso, ni se, es un color muy raro.

Carlos se miro las manos, el desconocido tenía razón, su piel no era blanca como antes. Sin saber como, sin poder explicarlo, Carlitos, había dejado de ser el tricolor. No mas azul, ni rojo, ni blanco haciéndolo sobresalir, se sintió extraño, raro. Pensó, buenos esos tres colores nunca me ayudaron, al contrario, en mi nueva vida me ira mejor sin ellos.

Después de pasar un tiempo viviendo en el lugar donde los internaron, una prima segunda de su mamá, fue a buscarlo. Al finalizar los tramites de rigor, se subieron al auto, su parienta hablaba sin parar.
– Tu mamá y yo siempre nos llevamos muy bien, hace días supe que estabas aquí, tuve que esperar hoy que es mi día libre en el trabajo para poder ir a buscarte. Estarás conmigo unos días, hasta que encuentres trabajo y te independices. Todos pasamos por esto, la llegada es siempre dura, uno extraña la familia, el barrio, las calles, hasta las palmas nos hacen falta.
– Yo solo extraño a mamá, solo la recuerdo a ella, nada más.
Su parienta lo miro sorprendida y dejo de hablar, el resto del viaje lo hicieron en silencio.

Como siempre se hace en estos casos, lo llevó a comprarse ropa.
– Vamos a comprar una ropa bien seria, mañana tienes una entrevista de empleo en un hospital y debes causar una buena impresión. Entraron a una tienda enorme. Su parienta fue quien selecciono la ropa.
– Pruébate estas, son las apropiadas para una entrevista de empleo, debes causar buena impresión si quieres que te den ese trabajo.
Se probó las ropas, no le gustaba esa camisa de mangas largas y esos colores tan serios, mucho menos la corbata que se le antojaba ridícula. No dijo nada, entro al probador, salio con las ropas en la mano.
– Si me quedan bien, dijo Carlos, con desgano.

Por fin llego el momento de la entrevista de empleo. Carlos, llego bien vestido y tratando de aparentar una seriedad y aplomo que no tenia, pero su parienta le había repetido un montón de veces; tienes que causar buena impresión. Le entregaron una planilla.
– Llene la planilla y espere a que lo llamemos.

Carlos, se sentó y comenzó a llenar los espacios en blanco. Lo llamaron, entrego su planilla o aplicación, como decía el hombre que lo atendió en la recepción.
El hombre que lo recibió en su despacho, sin levantar la vista del papel, le dijo.
– Falta poner su lugar de nacimiento, dejo en blanco ese espacio.
Carlos se quedo pensativo y respondió.
No se, olvidado.

El hombre levanto la vista del papel, se sorprendió, frente a él no estaba el hombre que buscaba empleo en el hospital, había solo un montón de polvo, un gran montón de polvo gris frente a su buró. Intentó apretar un botón para llamar a seguridad, antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió empujada por un viento fuerte que disperso el polvo por la ciudad, rumbo al sur.

Fotografia tomada de, Yo extraño a Cuba! y tu?

Las palabras soñadas.

Si un día se me acaban las palabras.
Si no pudiera unirlas, moverlas, usarlas, jugar con ellas.
Si un día agotadas de tanto uso, decidieran tomar definitivo descanso, abandonarme, decirme un adiós estruendoso y último.

Si un día, como Nora, se fueran y de un portazo, cerraran para siempre su regreso.
¿Qué me haría sin ellas?
¿Cómo decir te quieros, te extraños, como describir el amor y la esperanza?

Si un día, amaneciera sin palabras, ausente de verbos, sustantivos, sin un solo adjetivo para describir el día, ¿Como podría escribir o hablar a mis amigos?
Si al intentar escribir sobre La Habana, solo pudiera hacer garabatos y signos sin sentido. Sin una sola palabra que la adorne y traiga hasta mi cuarto.
Si al querer hablar sobre mi madre, hablarle a amigos de su infinito amor, de su dulzura, solo emitiera sonidos sin sentidos, ruidos que nadie entendería. ¡Como vivir sin gritar cuanto la amo!

¿Qué hacer con tanto amor sin expresarlo? ¿Como revivir recuerdos sin palabras?
¿Cómo volver a decir te amo y la luna no sale si no estas o el día comienza cuando abres tus ojos? ¿Cómo decirle a alguien, muy cerca del oído, solo existo cuando en tus ojos me reflejo?

¿Cómo llamar a un amigo si de repente una caída o un dolor, me asaltaran a solas en mi casa?¿Cómo gritar; ¡Te necesito! En medio de la noche y mi desvelo?

¿Qué me haría si un día, cansadas, agotadas, disgustadas del mal uso y abuso, se fueran de mi lado las palabras? ¿Como vivir sin ellas? ¿Cómo ganarme amigos y enemigos?

¿Cómo decir que La Habana, mi ciudad, la ando cada noche en el  recuerdo, que en sus calles resuenan nuestros pasos y amores, que nos espera segura del regreso?

¿Cómo decir que allá en mi lugar exacto, mi madre y mi ciudad, tejen y destejen sueños, esperando por mí, 365 veces, cada año?

No teman, anoche, mientras hacíamos el amor, en pleno orgasmo; las palabras y yo, juramos, amor eterno,  ¡No abandonarnos nunca!

Fotografia de Liborio Nova.

Despedidas.

Emigrar, nos sumerge en un mundo de holas y adioses.  Hemos vivido y sufrido despedidas,  aún nos quedan por vivir muchas más. Llevamos con nosotros la maldición del  eterno adiós. Nosotros, que vivimos entre bienvenidas y despedidas, holas y adiós, sabemos muy bien el significado de separarnos de un ser querido, aunque sea por breve tiempo.

Ver a dos personas desgarrarse en un adiós, siempre nos conmueve, estremece recuerdos y vivencias. Saber de despedidas, nos hace solidarios con los que se despiden, nos hace comprenderlos y conmovernos. Nadie sabe mejor que nosotros el dolor de decir adiós, de retener en el recuerdo a seres queridos.

Hace un par de días, vi despedirse a dos muchachos, dos amantes, un fuerte abrazo y un beso que se resistía a terminar, hizo volver a muchos la cabeza, no falto algún gesto de desagrado, como si su condición de gays, les negara el derecho a despedirse, a decirse adiós libremente. Cuando uno de ellos abordo el avión, el otro, con lagrimas en los ojos se sentó a mirar el avión. Pretendía adivinar a su amigo en su asiento, decirle de nuevo adiós, aunque no podía verlo, mirar fijo al avión, los acercaba, alargaba en cierto sentido el momento de la despedida. Cuando el avión despego, lo siguió en la distancia, se paso la mano por los ojos y se fue. La tristeza, el dolor, el amor y los adioses, desconocen de fobias y frustraciones, no entienden de cara serias e incomprensiones, son como los besos, libres, desconocedores de condenas y mentes estrechas.

Entre las caras de disgusto, los gestos desaprobatorios y el amor que emanaba del adiós de los dos muchachos, me quede, para siempre, con el amor. Mis amigos, saben que siempre apuesto por el amor. Créanme, no recuerdo los rostros de los que se molestaron por esa expresión de amor, solo recuerdo los rostros tristes y enamorados de los muchachos al despedirse, sus miradas que se negaban a dejarse ver, su querer retenerse uno al otro a pesar de la conciencia del adiós inevitable.

Muchos que son incapaces de condenar el mal, de ayudar a alguien si cae, de dar una mano en el momentos justo. Esos que no tienen tiempo para dedicar a hacer de este, nuestro mundo, un sitio mejor, son incapaces de conmoverse ante una expresión de amor. Ante un hecho que debería conmoverlos y hacerlos aplaudir el amor, prefieren contraer el rostro y hacer un gesto de negación con la cabeza; niegan el amor, que no conoce de reglas, prohibiciones, ni incomprensiones.

La emoción solidaria con estos muchachos, me impidió reaccionar y pedirles permiso para hacerles una foto que me sirviera para el escrito que ya daba vueltas en mi mente, se que no se hubieran negado. Es mejor así, tienen el rostro de cualquiera que ame, de cualquiera que su amor se eleve por encima de tabúes y absurdos, tienen el rostro de la esperanza y de un mundo mejor, el rostro de los que aman sin temores, con la certeza que el amor, todo lo puede y vence!

Fotografia tomada de la pagina WHOF.

Adios, no, hasta pronto!

Toda despedida, es siempre un poco triste. Abrazamos, queriendo retener, prolongando ese instante. Si despedimos a una amiga enferma, que regresa a su país, que continua su lucha contra la enfermedad, un nudo nos aprieta la garganta, casi no nos deja hablar, sin querer, dejamos escapar algunas lagrimas.

Por muchos años, desde que llegue de Cuba, he tenido la suerte de contar con excelentes compañeros de trabajo. Nunca olvido y siempre tengo en un lugar especial, a los primeros que me dieron la bienvenida, los que me recibieron y me ayudaron a vencer miedos. Al lado de ellos, fue mas fácil adaptarme a un nuevo mundo, entre ellos, esta, Magda, una amiga, que demuestra día a día, que toda la fe del mundo, cabe en un corazón humano.

Hay personas, que llevan a Dios en los labios, reparten bendiciones, recitan proverbios y pasajes de  la Biblia, pero Dios, no esta en su corazón, solo en sus labios. Labios y corazón, no se ponen de acuerdo, bendicen con los labios, mientras maldicen con el corazón, su fe, no pasa de ahí, de sus labios, es un barniz. Siempre pongo a Magda, como ejemplo de cristiana, de persona con verdadera fe, Dios, no esta en sus labios, vive en su corazón, desde allí, ella lo comparte con todos los que tenemos la suerte de acercarnos a ella. Cuando me dice; bendiciones, siento paz, se que algo de Dios, me llega en sus palabras.

Es una mujer sencilla, humilde, de las que ayudan, sin pregonar, sin alardes, nunca la he visto enojada. Hay tanta Fe en su corazón, que no hay sitio para el enojo u otro mal sentimiento.

Por segunda vez, Magda, se enfrenta a un enemigo conocido, el cáncer. Ya lo venció una vez, se prepara para esta nueva batalla. Decidió regresar a Honduras, su país, allí, en su tierra, al lado de su familia, todo será más fácil. Decirle adiós, no fue fácil, sin ella a nuestro lado, algo falta, extrañare su saludo, abrazarla, escucharla decir; bendiciones.

Magda, siempre me pregunta por mi mama, sin conocerla, la ve a través de mis ojos. Un día, le dije que estaba muy bien, feliz, me dijo; cada vez que ayudas a alguien, que luchas contra una injusticia, Dios, te bendice en tu madre y le da salud y vida, por eso, ella, esta tan bien!

Pude decirle adiós a Magda, gracias a una amiga especial, mi ángel del exilio, me llamo, me dijo; voy al D 46, Magda, se va para Honduras y quiero despedirla. Nos reunimos allí, escribimos algo, en una camisa de nuestro uniforme, que guarda como trofeo del cariño de amigos. Hubo abrazos, besos, palabras de aliento y lagrimas, la acompañe hasta el avión, en nombre de muchos, le di el ultimo beso de todos sus compañeros, el ultimo, por el momento, hasta hoy; montones de besos esperan por ella, en regresos seguros y multiplicados en el futuro.

Si, despedir, es triste, decir adiós a un amigo, convoca las lágrimas, pero anoche, no le dije adiós a Magda, sólo, hasta pronto, seguro que vencerá en esta nueva prueba, volveremos a verla, a compartir su alegría, su fe. Desde ahora, espero volverla a escucharla decirme; Bendiciones y sentir que algo de su fe, se queda conmigo, para siempre. Te esperamos!

Una historia triste.

Hay historias muy tristes, de esas que preferiríamos no tener que contarlas nunca. No producen alegría al compartirla, seria mejor que nunca hubieran sucedido. Les confieso, que hasta intente no escribirla, daba vueltas en mi cabeza, me bloqueaba otras ideas. Finalmente, hoy, trabajando, le envíe un mensaje a un amigo, pidiéndole detalles. Sin querer, empecé a escribir una historia triste.

Siempre que alguien dice adiós, que un amigo se nos va, sin tiempo para un abrazo de despedida, pensamos en cuanto nos quedo por decir. Cuanto tiempo por compartir perdimos. Si supiéramos que su tiempo se acababa, lo hubiéramos aprovechado más intensamente. Cada minuto con ese amigo, con esa persona, hubiera sido una fiesta, un regalo, sin embargo, sólo al no tenerlo a nuestro lado, recién comprendemos cuanta falta nos hace. El vacío que deja para siempre en todos los que le conocieron. Por eso, con los amigos, con los seres queridos, no podemos escatimar abrazos, ni te quieros, nunca sabemos cual será el último.

Hace días, leí en la página de uno de mis amigos, excompañero de trabajo, la noticia de la muerte de un amigo. Solo 23 anos y se fue sin avisar, sin despedirse, sin un nos vemos. Mi amigo y otros amigos mas, estaban, están, desconsolados. No se resignan a la partida, a la ausencia, a no volverlo a ver cada día. Cuando la realidad es muy dura, pensamos que es un mal sueño, que no es verdad, en este caso es real; el muchacho, ya no esta con nosotros.

Leí, los comentarios, en Facebook, de  mi amigo y de sus  amistades. El muchacho, trabajo un tiempo en el aeropuerto con nosotros, pero creo que no lo conocí. Lo conocí ahora, a través de las lágrimas de otros amigos y llore con ellos su partida. Sin conocerlo, llore junto a sus amigos y me conmoví con el dolor ajeno, lo hice mío. Cada vida que se pierde sin madurar, sin completar un ciclo de vida, es como una luz que intenta apagarse, una estrella que parece extinguirse.

Este joven, era cubano, uno de los tantos jóvenes cubanos que viven hoy en Miami. De esos jóvenes, para los que es normal, tener un auto, celular, de esos jóvenes que han vivido siempre con Internet y  estar conectados con el mundo, es algo normal, cotidiano. De esos jóvenes que solo conocen de escaseces y racionamiento por historias. Perdió la vida en un accidente de auto, tal vez mirando el celular o en un pestañazo fatal, regresando cansado,  temprano en la mañana. La noticia, estremeció a sus amigos, por lo que he leído y me han contado, supo ganarse el cariño de todos los que lo conocieron. El dolor, los dejo sin lágrimas, sin palabras, los paralizo.

Los amigos, nunca dicen adiós, no dan un abrazo de despedida, no piden permiso para irse. Si pidieran permiso, quedarían para siempre con nosotros, enredados en nuestros brazos, que no los dejarían partir. Repasando lo que leí sobre este muchacho, lo que me contaron, pienso, se, que no se fue del todo, lo mejor de él, queda para siempre en el recuerdo de sus amigos y familiares. Su luz, no se apago esa mañana terrible, una estrella, no se extinguió esa mañana. Su sonrisa, desde el cielo, alienta a amigos y desconocidos a continuar. La alegría y felicidad de todos los que han llorado su partida, harán que cada día, su sonrisa de luz, tenga mas fuerza. Convirtiendo las lagrimas en deseos de vivir, recordarlo alegre y sonriente, pueden cambiar una historia triste, que empezó con lagrimas, en un homenaje constante a su sonrisa.

Partir!

Irnos, por vez primera, por segunda o tercera vez, irnos un montón de veces, es cortar ataduras, pretender romper lazos, desgarrarnos. Volver a ver, desde la ventanilla de un avión, como se aleja nuestra Habana, nuestra isla.

Todos recordamos la primera vez que nos fuimos es algo imborrable, por ansiada, soñada e intentada un montón de veces. Esa primera vez, fue, para todos, un suceso. En mi caso, tuve la suerte de partir junto a un amigo, un hermano. Recuerdo que empujaron el avión, de pronto lo regresaron, se oyó la voz del capitán; por problemas con la lista de inmigración, el avión tuvo que regresar. Nadie hablo, nadie respiro, un minuto mas de demora y todos hubiéramos muerto por asfixia, a los cinco minutos volábamos rumbo a Madrid.  Sentí, como un desgarramiento, un desprendimiento, algo de mí, quedo para siempre en esa Isla, junto a mis seres queridos. No tuve valor de mirar por la ventanilla del avión; no me atrevía a ver a Cuba alejarse en la distancia, sin saber cuando volvería a verla. Alli quedaba mi madre, esperando mi regreso.

He tenido la suerte, prohibida para muchos, de regresar varias veces a Cuba. He vuelto una  y otra vez a los brazos de mi madre, he vuelto a partir otras tantas. Recuerdo cuando la muerte de mi padre, pase 21 días con ella, dándole fuerzas y aliento. Mami, nunca me despide ni recibe en el aeropuerto, esa vez, cometí el error de mirar para atrás, cuando el auto se alejaba rumbo al aeropuerto. La imagen de mi madre, de pie, en el portal, tratando de retenerme con la mirada, me desgarro. No pude hablar durante todo el viaje, hice el chequeo, un dolor en el pecho me ahogaba, minutos antes de despedirme, sentí un alivio, solo pude decir; gracias Dios mío. Mi hermana, se sorprendió, le dije, creí que me moría de angustia, ya paso.

Cada regreso, es como si nunca hubiera partido, mi sitio exacto, permanece esperando por mí, en mi casa, en el corazón de los míos. Llegar a casa, es sentir los lazos que creía rotos, mas fuertes que nunca, por unos días, somos los de antes, los de siempre, los que nunca  nos fuimos. Cada partida, tiene el desgarramiento de la primera. Bastan solo unos días, unas horas, para borrar años de lejanías y ausencias. Tal vez, nunca nos fuimos del todo. Somos felices donde vivimos, adoptamos nuevas tierras como nuestras, no vivimos del recuerdo y añoranzas. Tener a Cuba, en el corazón, es vivir en el futuro, en la luz. Su presencia, no impide luchar y afincarse en otros países. Nuestra Isla, es, sin saberlo nosotros, el puente a un futuro mejor de todos sus hijos. La raíz y la flor, que nos afianza y adorna.

Cada vez, que el avión despega, los lazos intentan romperse, la uniones, parecen que se quiebran. El piloto, da toda la fuerza al motor, son muchos corazones, de un lado y del otro, que se resisten a  separarse. La Habana tiende sus brazos, pretendiendo retenernos, Cuba, nos envuelve en  un viento que frena las alas, mi madre, suspira, enjuga una lagrima, mira una foto mia y se dice; volverá pronto.

Nunca puedo ver la imagen de mi madre perderse en la distancia, ni mirar por la ventanilla del avión y ver mi ciudad, mi Isla desaparecer poco a poco. Cada partida, tiene un poco, o un mucho de la angustia de la primera vez. Cuando el avión aterriza en Miami, se que llegue a casa, donde vivo y trabajo, donde soy feliz y realizo sueños. Reviso mi mochila, mi alma, siempre se me queda algo allá en La Habana, junto a mi madre, siempre me traigo algo de ellos, conmigo.