Soy una isla entre sueños y memorias.

Soy una roca en un mar enfurecido, una isla asida al tiempo, sostenida por recuerdos, un ala rota, una esperanza luchando su futuro.

Asi empujado por vientos y tormentas me aferro a memorias, me niego al desapego. Lucho por mantener a flote los principios, me niego a negociarlos, no están en venta.

Por mas que insistan, no olvido ni un minuto de existencia y repaso insistente cada instante. Juego al rompecabezas de mi vida, hinco con fuerzas mis manos en tierra roja. Escarbo en recuerdos y los rescato, me basta mi memoria para ser, a ella le basto yo, para existir.

Soy una isla aferrada al tiempo de su vida, negandose a no ser o a ser distinta. Una isla con otra isla en las entrañas, floreciendo entre rosas, girasoles. Una isla que puede ser bandera, orgullo y dignidad, nunca una mierda. Entre palmas que custodian mis recuerdos, revolotean zun zunes, tomeguines y hasta gorriones que se posan en mi hombro, en tardes de domingo solitarias.

Mi madre es un recuerdo mayor; ¡Es el recuerdo¡ y a ella vuelvo en cada turbulencia de la vida. Ella arregla las plumas de mi alas y sopla con fuerza un nuevo vuelo. Alista esperanzas e ilusiones, compone sueños rotos, frustraciones; me hace ser roca, hierro, acero, dinamita luchando por la vida y por mis sueños.

Soy una isla, es cierto, afianzada entre un montón de recuerdos y principios. Solitario tal vez y algo distinto, pero que se abre el pecho en cada intento y estalla en rojo azul y blancos arcoiris que besan tierras y futuros, seguros que allá, entre recuerdos, las rocas vencen mares y las islas se hacen libres.

Fotografia de la obra de Feliz Gonzales Sanchez, Un balsero sin puerto de entrada.

Advertisements