Un hombre se mira en el espejo.

Amaneció triste y sólo, un domingo cualquiera, se miró al espejo; del otro lado, 20 años más joven, su otro yo, lo miraba con reproche. Se miró a sí mismo con sorpresa, cómo queriendo adivinar mañanas y futuros , su otro yo le sonrió enigmático, mientras hacía un gesto de afirmación con la cabeza. Comprendió, de golpe, que aún le aguardaban sueños y conquistas, que los girasoles volverían a florecer a la vuelta del camino; nuevas primaveras le esperaban, para estallar en flores y promesas.

Luis se sintió, de nuevo, joven y vital. La soledad huyó espantada de su lado, derrotada, más sola que su nombre. Revisó sus sueños, uno a uno, los acarició, miró al futuro, retador y sonriente, feliz. Pasó lista a tareas mayores, esas que dicen, todo hombre debe hacer:

1-Plantar un árbol; el limonero del patio floreció en el recuerdo, su madre lo cuidaba y disfrutaba limonadas con sabor a amor de hijo, a infancias renovadas.

2-Tener un hijo; el llanto de un niño y desvelos, le hicieron sonreír, un papá, te amo, le agrandó el pecho y sentimientos.

3-Escribir un libro, el mes de mayo le hizo señas, le abrió los brazos, le mostró un sueño que se hacía real al calor de recuerdos y de amigos.

Tareas, sueños, proyectos estallaron de pronto en su futuro, se supo vivo, intenso, amante. Su recuerdo mayor dibujo lágrimas en su rostro, si al menos ella pudiera compartir, estar, vivir estos sueños que se hacen realidades.

Una luz, una explosión en medio de su cuarto le aturdio, allí entre arcoíris, estaba ella, dispuesta a compartirlo todo, ¡A estar presente! Un, aquí estoy hijo mío, le conmovió el alma y las entrañas. Siempre estaré, son misterios que ustedes no comprenden, pero créeme, yo apuesto y aliento por tus sueños, los ayudo a nacer, los acaricio; son nuestros. No podrás verme, ni escuchar mi voz, pero no lo dudes hijo mío, estoy, estaré por siempre. Yo tomó tu mano en cada intento y te cuido y arropo todo el tiempo. Ahora me voy, fue sólo un permiso, un instante, para que nunca dudes de mi esencia, de mi presencia constante, de mi aliento. Quiso abrazarla y ya no estaba, sólo un resto de arcoíris, como prueba, quedó, para siempre, en medio de su cuarto.

Luis volvió a mirarse al espejo, su imagen le devolvió sus sueños y esperanzas, la certeza de un futuro, de arcoíris, de girasoles apuntando a sus sueños; iluminando su ruta y sus desvelos.

Fotografía tomada de Google

Una mujer en medio de la noche y los recuerdos.

Juan, como muchos, salió de Cuba un día. Atrás quedaban memorias y afectos. Amaba entrañablemente a su país, su Isla. La Habana se la conocía de memoria y la anduvo toda unos días antes de irse, en supremo intento de robarsela en la memoria. Allí, en su ciudad, quedaba también su afecto mayor, su madre. Pasó días mirandola, besandola, escuchándola, tratando de llevar con él su esencia y su amor; talismán que lo protegería de tormentas y soledades, lanza vencedora de batallas y desafíos.

Juanito llego a Miami y trabajo duro, no lo hacía por lograr lujos, ni propiedades, quería gatantizar a su madre una vejez sin escasez, ni preocupaciones. Aunque lo material no suple ausencias, ni afectos, saberla bien, acortaba distancias y disminuía penas.

A Juan no le bastaba saber que su madre vivía tranquila, esperando regresos y llamadas; también sufría por su Isla y su ciudad que sucumbían ante abandonos e indolencias. Trató de rescatarla en la memoria y comenzó a escribir sobre su Isla y su ciudad, adornándolas en el recuerdo, reconstruyendo cada calle y cada edificio en sus historias; robandosela para la eternidad.

El tiempo es implacable, cruel y a veces termina venciendonos. La Habana, poco a poco se destruía, luchaba contra el próximo derrumbe, contra el olvido y la desidia, sin mas armas que recuerdos y esperanzas. Su madre envejecia, poco a poco perdía alientos y acciones, se le escapaba la memoria. No bastaban sus regresos frecuentes, sus palabras de amor, sus te quieros gritados al oído.

A Juan le angustiaban su madre y su Isla, ambas se le iban sin poder salvarlas. En noches solitarias pensaba en ellas y pedía milagros.

Aquella madrugada terrible que lo llamaron para decirle que su madre era luz, corrió desesperado a la orilla del mar. Mezcló sus lágrimas con las olas y un grito desgarró la noche; ¡MAMÁ! . En ese instante dejaron de cumplirse leyes y reglas; la historia cambió para siempre. La luna y el sol iluminaron la noche, girasoles brotaban de la arena y colibríes revoloteaban en la noche-día. Las olas se detuvieron en su acción, como si un nuevo Moises abriera el camino a otra dimensión. Un arcoiris enorme del sur al norte, se hizo puente y camino. Ella, mujer, patria y madre, agigantada en la gloria y en la eternidad, apareció cargada de recuerdos y futuros. Un, ¡Aqui estoy hijo mío! Bastó para detener a girasoles y astros, que la contemplaban extasiados.

Juan la miraba, enamorado y feliz, ella se inclinó y uno a uno, le entregó recuerdos y memorias, le dio futuros y acciones; esperanzas, le habló de dimensiones desconocidas, de hombres recontruyendo; de la Patria renaciendo, de eternidades y consuelos . Lo bendijo y sopló sobre él polvo de sueños y fuerzas, mientras se elevaba al cielo en un rayo de sol que la iluminaba y sostenía.

El sol volvió a ocultarse, los girasoles se escondieron en la arena y los colibríes volaron con rumbo desconocido, las olas continuaron acariciando la arena. Sólo Juan quedó en la playa, su rostro resplandecía, iluminandolo. Miró al cielo, dio gracias a energías y poderes, a Dios y a la gloria y continuó viviendo y soñando, con la certeza que Patria y madre, escapaban a muertes y finales. Que eternas e invencibles, se bastaban para apuntalar sueños y asegurar futuros. Se secó una lágrima y susurró, gracias mamá.

Fotografía de una obra del pintor cubano residente en Miami, Hector Perez.

Un regalo para mamá

Los que nos fuimos de Cuba, dejando atrás afectos y lazos fuertes e irrompibles, siempre sentimos la necesidad de ayudarlos. Cuando allá en La Habana de todos, quedó nuestra madre, ayudar se convierte en urgencia.

Hace años escribí, “Flat screens TVs en La Habana “. Comenté sobre la ayuda a nuestras familias y les conté a mis amigos que, finalmente, mami disfrutaba de su televisor último modelo. Recuerdo sus palabras cuando la llamé después de recibirlo; vas a tener que devolverlo, no puedo ver mis programas favoritos, cada vez que lo enciendo veo tu rostro.

Los años han pasado, mami ya pronto cumplirá sus 90. El tiempo es implacable, terrible; sólo el amor puede enfrentársele e intentar vencerlo. Entre aquella tarde que hablaba con mi madre sobre su televisor nuevo y hoy, hay lágrimas y penas en abundancia, hay angustias y desvelos. Como le decía a una amiga muy querida hace unos días; no hay día que al pensar en ella no llore. El tiempo cruel se empeña en arrebatarmela y yo lo desafío sin mas armas que el amor, besos y palabras de cariño; guerreando contra la distancia y el olvido, como un gladiador de nuevo tipo.

Mientras muchos celebraban el 25 de noviembre del pasado año, mi madre sufría una caida. Pasé días terribles esperando por mi pasaporte para ir a verla, finalmente pude darle el primer beso del nuevo año y pedir, junto a ella, por nuevos amaneceres y encuentros.

La semana pasada, en conjunción de amistades y afectos pude enviarle a mami mi mas reciente y necesario regalo; un colchón de gel anti escaras.

Una amiga de Facebook, a quien había saludado por vez primera en el pasado concierto de Lourdes Libertad me envió un mensaje; tengo un colchón de gel antiescaras nuevo, en su caja, dime si lo quieres para tu mamá. El domingo siguiente pasé a recogerlo con un amigo. Mi amiga me abrió las puertas de su casa, de su corazón y de sus tesores mejor guardados. Pasamos una tarde deliciosa, conversando como viejos amigos. Llegué a mi casa y le envié un mensaje a una amiga que trabaja en una agencia de viajes y envíos a Cuba, pidiendole ayuda para enviarle el colchón de gel a mami. El lunes me respondió; una amiga va para Cuba el miercoles, sólo tendrás que pagarle lo que le cobren a ella aquí, ni un centavo mas, ella te lo lleva de gratis. El miércoles en la noche, mami dormía en su colchón de gel antiescaras, cómoda y tranquila y todos nosotros más felices.

Cuando hablé con mami, me decía que le gustaba el colchón y como siempre, entre besos, me reprochaba gastos y me agradecía desvelos. Sé que si la terrible desmemoria le diera una tregua me hubiera dicho; que bien dormí mi hijito, te sentí abrazándome todo el tiempo, aliviandome dolores, alentandome, es como dormir abrazada a ti. Ella y yo nos comunicamos a nuestro modo burlandonos de olvidos y desmemorias, adivinandonos pensamientos , inventadonos nuevos modos.

Porque amigos, sé que de un modo u otro el amor hace milagros y dibuja sonrisas, enjuga llantos. Amo a Cuba y a mi madre que es como mi ancla a mi Isla y a lo mejor de mi. Allá, al sur de mis memorias, sus brazos me esperan, vencedores de olvidos, triunfadores del amor, siempre me esperan. Yo preparo próximos encuentros, me alienta el amor, me sostienen mis amigos que hacen suya mi angustia y alivian mis penas. Son muchos los que de un modo u otro me ayudan y sostienen, ellos están a mi lado, hoy y siempre, secan mis lagrimas y comparten mi carga.

Cuando mami duerme en su colchón de gel nuevo, siente mi abrazo y el de todos mis amigos. Un abrazo inmenso que la obliga a postergar despedidas, que la encadenan a la vida.

Me niego a este adiós.

Intentó decirme adios. Ensayó las más tristes palabras , mientras poco a poco se hacía niebla y suspiro ante mi.

Tomé sus manos le miré a los ojos, desnudé almas y vidas.

Le hablé de recuerdos, de esos buenos e intensos que sostienen la vida, que son ancla y muralla. Le abracé con fuerza, le susurre al oído un; no te vas, tú te quedas.

Insistió en despedidas. Un, no estaré más estremeció el planeta, desgarró nubes, desarmó arcoiris.

Le besé con recuerdos, con caricias de antaño. Compartimos alientos, suspiros y la vida. Me abrí el pecho, tomé en mis manos mi corazón palpitante. Si te vas, te lo llevas, sin ti se moriría. Me haces trampas, me dijo, me devolvió la vida; me quedaré mi hijo, tú siempre terminas ganando las batallas.

Fotografía tomada de Google o de la página de algún amigo en Facebook, disculpen mi mala memoria.