Entre un hola y un adios. 


A veces quisiera quedarme a solas y el miedo de tener que decirme adios, de abandonarme, me detiene  el intento,  paraliza mis acciones.

Es que uno se cansa de vivir entre adioses, de este saber que nada dura, que lo eterno es un instante  y entre un hola y un adios solo hay un beso apurado y un vuelvo pronto angustioso, desde la puerta o el recuerdo.

A veces, insisto,  quisiera estar a solas conmigo. Mirarme a la cara en desafio, olvidar despedidas. Me da un miedo enorme, decirme adios una noche de extravió y no encontrar el camino de regreso para un hola.

He acumulados adioses, hasta pronto, espérames y cargo con ellos a mis espaldas. Me duelen en noches de nostalgias y soledades, pesan en el centro del pecho y los recuerdos.

Esto de vivir en una eterna despedida es como una herida que no cierra. Nunca se sabe cuanto dura un hola, ni cuando llega el maldito hasta pronto. Por eso, siento temor de quedarme a solas una noche y perderme en los caminos del adios, sin una mano fiel que me rescate,  ni palabras que me obliguen al regreso.

Al final me miro desvelado en el espejo, seguro de regresos y comienzos. La certeza de que siempre, siempre, alguien me espera, abre los caminos del regreso y disipa los miedos de perderme.

Ensayo holas, bienvenidas, mientras guardo, escondidos, aqui en mi pecho, una eterna promesa del regreso. 
Fotografia tomada de Google.

Aunque creo la tomé  del profile de un amigo.