El olvido es, a veces, un refugio necesario.

Dicen que el pasado no se acuerda de mi y el futuro no tiene idea de que existo. Estoy aqui, en medio del presente, revolviendo recuerdos, cocinando esperanzas.

Allá, donde comienza mi historia y la de muchos, alguien se refugia en el olvido, llama a hijos ausentes, cada día, a cada hora. Su casa y su mente estan llenas de recuerdos, los sueños, son solo reflejos del pasado. Su esperanza, su futuro inmediato, es el regreso de sus hijos.

Los imagina junto a ella, los llama, uno a uno, en la memoria. Se inventa un mundo sin ausencias; donde el adios no existe y el vuelvo pronto es una frase sin sentido. Los imagina regresando del trabajo o la escuela, pregunta si llegaron, si comieron. Escucha voces y risas, es feliz entre fantasmas que la rescatan del dolor y de las penas, que inventan risas entre lágrimas, que juegan a inventarle un mundo que no existe.

A veces, con permiso de fantasmas, regresa de recuerdos. Una llamada y su rostro se ilumina, juega a ser la de antes, la de siempre. Después del adios y de los besos, basta un gesto para convocar al regreso sus fantasmas; retorna a su mundo sin ausencias.

El pasado es su mundo y a él se aferra, a no dejar que la olvide. En él se inventa un mundo necesario que la salva de sufrir, del desconsuelo.

Un día le preguntaron por personas, le recordaron ausencias, adiós y penas, entre lagrimas sonrió. No olvido nada, solo que a veces el dolor es tan intenso que me refugio en fantasmas, desmemorias. Juego a inventarme un mundo en que están todos, sin despedidas, ausencias, sin angustias. Cuando el dolor no cabe en mi pecho, invento risas, me imagino a mis hijos en el patio. Vuelvo a servir la mesa para todos, mis fantasmas acuden puntuales a mi llamada.

Fotografia de “El caballero de París ” del pintor cubano radicado en Miami, Felix Gonzalez Sanchez

Mamá me necesita.


Mamá,  desde el otro lado del  mar, me necesita. Le faltan mis brazos  para apoyarse, mis besos para mitigar dolores, mi voz para hacerla reír . 

Mamá perdio equilibrios y cayó  al suelo, mis brazos no pudieron evitar la caída, no pudieron cumplir su tarea de levantarla en el momento justo. De nada sirvieron músculos  y horas de  gimnasios,  si mis brazos impotentes, inútiles,  no  pudieron alzar mi mas preciada carga.

Mamá tiene dolor, un dolor agudo, intenso. Hay un montón  de cosas que enviarle, pregunto y busco quién  puede ser mi barco, mi paloma.  Sé que no bastan tabletas, ni inyecciones, hay amores que se bastan para paliar dolores y eso es lo que ella necesita.

Acostada, apenas se queja, sabe que no es grave, pero el dolor la muerde y mis manos no están junto a ella en este instante,  aliviando sus dolores y sus penas.

Mamá  siempre sufrió en silencio, sin quejas ni lamentos. Se bebió una a una, lagrimas y penas. Por vez primera se queja, dice que le duele y yo no estoy para tomar su mano, para besarle en la  frente y decirle, todo estará bien.

El mar no puede hacerme perder batallas, ya una vez, con ella en brazos, reté a la muerte y la vencí sin miedos y sin dudas. Juntos venceremos dolores y caídas,  volveremos a reír, a compartir sueños, a mirarnos enamorados, una y mil veces.

Mamá me necesita y yo no estoy con ella y vienes tú  y me hablas de perdones. ¡Tanto dolor no puede perdonarse!

Mamá, ¡Todos somos Orlando!

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Su voz me salva del dolor, la escucho y sé que todo esta bien.

Su magia va más allá de balas asesinas y penas que desgarran.

Ella crea el lugar donde el dolor no existe.

 Puerto seguro donde mi vida llega, a descansar feliz de penas y disgustos .

Basta un, te quiero mi hijo y río como un niño,  corro feliz los caminos de mi infancia,  me invento  futuros y alegrias que solo existen entre la voz y los brazos de mi madre.

Maga de sueños,  bruja del amor, hechizera de risas, carcajadas, sabe aliviarme de  dolores que desgarran. 

La escucho y sé que mientras su voz exista,  no habrá pena que me venza, ni dolor que me doblegue. Ella es mi fuerza, mi aliento,  mi sostén seguro. Una columna enorme, gigantesca, sosteniendo, mis sueños, mis intentos.

Sabe que en estos dias de muertes y de llantos, he llorado junto a huérfanos y difuntos. He cubierto mi frente de cenizas, he agotado lágrimas.  He muerto una y otra vez con mis hermanos, cada bala dejo una marca que duele aquí en el alma.

Ella me habla de alegrias, de vidas, de próximos encuentros. Con su palabra se abre el pecho  y me cobija. 

Todo estará  bien mi niño  grande, la sonrisa salvará  el futuro del horror.

Su voz me alivia, calma, asegura el futuro y la alegría .

Le digo en un susurro, mami, yo soy Orlando y ella responde dulce y certera; yo tambien lo soy, ¡Todos lo somos!

Cacha, una madre con ojos de futuro.

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Cacha, de joven, fue una mujer hermosa, tenía unos ojos grandes, con una mirada especial, como si quisieran adivinarlo todo. Se casó, se dedicó a criar sus hijos, a llevar su familia adelante. De esa belleza de su juventud, conservaba solo sus ojos, la fuerza de su mirada.

En el pueblo donde vivían, llego un alcalde nuevo con un grupo de gente que lo ayudaban a gobernar.  Al principio fue bien recibido, sus promesas y discursos lograron cautivar a muchos. Poco a poco todo empezó a cambiar, el alcalde gobernaba con mano de hierro. Todo comenzó a escasear, la comida, la ropa, medicinas, hasta la libertad.

Muchos jóvenes se fueron a otros pueblos en busca de una vida mejor. Mandaban algo a sus familias, en intento de paliar escaseces y miserias. Muchas madres se miraban tristes, conteniendo llantos y angustias, abrazaban en el recuerdo a sus hijos ausentes y esperaban algo que lograra reunir de nuevo a la familia dispersa,

Cacha vio partir a dos de sus hijos. Fuerte e invencible les dio el beso de despedida.

  • Vayan con Dios, yo siempre estaré esperándolos.
  • Volveremos pronto mamá . Espéranos siempre.

Se fueron sin mirar para atrás, dejando un vuelvo pronto, flotando en el aire.

Las mujeres del pueblo andaban con la cabeza baja y la mirada apagada, como muertas en vida. Hay dolores terribles, desgarradores y ese del hijo ausente, es inmenso, inmedible. Solo Cacha caminaba con la cabeza alta y sus ojos no perdían brillo, ni esplendor, a pesar de años y penas.

Algunas mujeres del pueblo murmuraban a sus espaldas.

 

  • Cacha parece que no extraña a sus hijos, cualquiera diría que tiene el corazón de piedra.
  • Siempre ha sido una buena mujer, pero coño, esto de no sentir el dolor de la ausencia de sus 2 hijos, da mucho que pensar.
  • ¿Como es posible que conserve esa alegría y brillo en la mirada, que no baje la cabeza por el peso de la pena?
  • Cacha es dura, jamás pensé que sobreviviera la partida de sus hijos y mírala con esa mirada que parece sonreír, como si estuviera de fiesta.
  • Alabao, pero esta mujer no quiere a sus hijos. No es posible tener dolor en el corazón y andar por el pueblo con ese brillo que no se le quita en los ojos y esa mirada como si no hiciera un año que no los abraza, que no les da su calor. Cacha no es lo que pensábamos; no tiene corazón.
  • Yo la conozco y es una buena mujer, ustedes lo saben, pero no me puedo explicar que no se le apaguen los ojos y se le marchite la mirada.

Las dificultades seguían aumentando en el pueblo. A pesar de que el alcalde había ordenado poner una cerca inmensa alrededor del pueblo para impedir que los jóvenes se fueran, todos los días se iba alguno, aunque más de uno murieron en el intento; los jóvenes se arriesgaban en busca de una vida mejor.

Las madres lloraban a sus hijos muertos, a sus hijos ausentes; solo Cacha caminaba por el pueblo con la cabeza alta y una sonrisa en la mirada. Un día llegaron a ella los comentarios de las mujeres del pueblo, las reunió a todas en el portal de su casa. Les brindó café y meciéndose en su sillón comenzó a hablar.

  • Amigas, todas hemos sufrido las mismas dificultades y penas. Todas dormimos con el dolor de la ausencia de un beso de buenas noches. Todas tenemos el corazón destrozado de tanta angustia y pena por nuestros hijos y el futuro del pueblo. Sé que muchas se preguntan por qué no bajo la cabeza, por qué no camino triste por el pueblo, por qué mi mirada parece sonreír y mis ojos no pierden su brillo.
  • Es verdad Cacha, perdónanos, pero parece que no quieres a tus hijos, que su ausencia no te mata en vida como a nosotras.
  • Mis hijos son lo más grande que tengo en la vida, tenerlos lejos me quema el alma, es un dolor que no hay palabra que describa, ¡Es el dolor! Les voy a revelar mi secreto, eso hará que me entiendan y les ayudara a soportar penas y dificultades. No sé por qué razón, mis ojos ven el futuro y créanme en ese futuro, que no demorara en llegar, no tendremos alcaldes tiránicos ni cercas alrededor del pueblo. Nuestros hijos regresarán y los hijos por nacer no tendrán que marcharse a buscar libertades, ni pan. El futuro es una fiesta del pueblo, de libertades, de abrazos, reencuentros, de manos unidas en hacer. Mis ojos lo ven y aunque mi corazón llore día y noche por mis hijos y los hijos de ustedes, mis ojos viven esa fiesta del futuro y sonríen de felicidad; ese es mi secreto.

Las mujeres se abrazaron a Cacha llorando, mientras en sus ojos, poco a poco, comenzaba a dibujarse una sonrisa.

 

 

El dolor de una madre.

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Esto de la Internet y los amigos virtuales nos sorprende; más que sorprendernos, nos sacude o estremece a veces.

Hoy recibí un mensaje de una de las tantas amigas que he ganado en Facebook por mis escritos. Esto no es lo extraordinario, mensajes de desconocidos, amigos virtuales o no, recibo a diario. La señora necesitaba hablar con alguien y me eligió a mí. Me dijo que por ser buen hijo, sabía que la escucharía y la comprendería. Estábamos a millas de distancias, muchas y algo desconocido, mágico me selecciono justo a mí, para desahogo de penas y lagrimas.

La señora perdió a su hijo hace solo unos meses, sus lagrimas mas tristes, aún no se han secado. Hoy le pareció ver a su hijo frente a ella, casi le escucho decir; mami dame un abrazo. Corrió a abrazarlo y sus brazos se unieron al no encontrar al cuerpo que buscaban desesperadamente. Pensó que estaba perdiendo la razón, se sintió muy mal y me envío un mensaje que inicio una conversación inusual. Nos escribíamos en un dialogo doloroso, desgarrador, donde las lagrimas abundaron, junto a palabras de consuelo, besos enormes y promesas de seguir en contacto.

La señora me conoció por mis escritos. Leo todo lo que escribes me dijo, por eso me atreví a escribirte. Así me iba desnudando su corazón, descubriéndome su dolor, angustia y desesperación por la ausencia de su hijo. Me repetía, sé que me entiendes, un buen hijo, siempre tiene un corazón grande. Lamentablemente no vive en Miami, no pude pasar a darle un abrazo real, fuerte y cubanísimo al salir del trabajo. La señora es cubana, vive lejos de Cuba y sola. Tal vez nuestro encuentro por Internet no fue casual, tal vez La Habana hizo un guiño y la obligo a escribirme. Ella sabe que jamás dejaría a una madre sin palabras de consuelo, sin ofrecerle un hombro para recostarse, ni una mano para sostenerse.

Dentro de su dolor y su pena inmensa, encontró espacio para preguntarme por mi mamá y alegrarse de que estuviera bien. Compartimos lágrimas, palabras de aliento, abrazos, besos. No pude aliviar su dolor, no se han inventado las palabras capaces de hacerlo; si pude aliviar su soledad. Le pedí que siempre que se sintiera mal me escribiera, que contara conmigo y con mi aliento. Cuando volvamos a escribirnos, le daré mi número de teléfono, escuchare su voz. Mi amiga ya no esta del todo sola, cuenta conmigo para paliar soledades y secar lagrimas. Tal vez un día viaje a darle un fuerte abrazo, tal vez ese día llore en mi hombro y descubra entonces que, yo también lloro con ella.

Allá al sur, mi isla y mi ciudad intercambiaran esta noche miradas cómplices, sonreirán. Tal vez la Giraldilla apuntando a la otra ala del pájaro diga; misión cumplida, el habanero no la abandonará nunca.

Fotografia tomada de Google.

Dialogo con La Habana.

Aprovechando mi última visita a La Habana, decidí conversar, dialogar con la protagonista de muchos de mis escritos. Caminando por una de esas calles típicas de nuestra ciudad, me recosté a un muro, resto de un edificio en ruinas. Mirando a los ojos a mi ciudad, le dije; que te parece si en vez de evocarte y recrearte, conversamos, un dialogo entre tú y yo, gustará  a mas de uno.

La Habana, me miro sonriendo picara; se te ocurren cada cosa! Acepto, con una condición, no quiero hablar de política, llevo años aburrida de consignas, carteles y discursos, hablemos de nosotros, de la historia, detesto, como tú, los panfletos políticos. De acuerdo, ese es mi estilo, lo sabes, incluso, te concedo el derecho de no responder. El silencio, puede ser, a veces, una buena respuesta.

La primera e inevitable pregunta, fue sobre su estado actual, construcciones perdidas para siempre, el abandono de años. Crees que eres menos hermosa ahora que años atrás? El abandono, los derrumbes, te han envejecido? Te ha vencido el tiempo?

Sabes que no, se pueden tener muchos años, montones y seguir siendo bella, deseable, tenemos una amiga común que aunque ya no es tan bella como hace 50 años, sigue siendo aún una mujer hermosa. Me duelen los edificios perdidos para siempre, se que parte de mi encanto es la diversidad, cada edificio o construcción importante que se pierde, es una cicatriz en mi alma. No basta andarme con una carretilla, para salvarme del abandono, pero agradezco las buenas intenciones de algunos. Se que a pesar de ruinas y escombros, sigo siendo bella, no he perdido, ni perderé mi encanto, me sostienen columnas de siglos y de amor que no me dejaran caer.

Que significa para ti el Malecón? Es solo un muro que contiene al mar o es algo más?

Si el Malecón, no existiera, yo, lo hubiera inventado, respondió mientras se abanicaba. Sin El, estaría incompleta, seria otra, ven vamos  a sentarnos en su muro, desde allí, podré responderte mejor.

Anduvimos juntos, como novios, cuando llegamos al muro de todos, sonrío y agito su cabellera. El Malecón, es como mis manos queriendo agarrar para siempre, al mar, es, mis piernas, mi regazo, donde mis hijos vienen a contarme penas y alegrías de amor. Sabes, los has dicho, que soy una ciudad tendida al mar.

Que ha significado para ti, ver partir a tantos de tus hijos, muchos, para siempre, no verlos mas o verlos solo una vez al año o menos?

Pregúntale a tu mamá, que siente al tenerte lejos, ella podrá responderte mejor que yo. Es un dolor terrible, multiplicado día a día. Se que ellos me llevan en su corazón, me extienden por el mundo, pero los preferiría a todos aquí, conmigo. Saberlos bien, me reconforta, una madre, nunca es egoísta, pero créeme, esto de perder todos los días hijos, hace tanto daño como el abandono.

Una vez, te llamaron, El Paris del Caribe, que sientes ahora, al ver tu vida nocturna casi desaparecida del todo. Qué sientes en noches oscuras?

Todo es relativo, nunca quise ser el Paris del Caribe, me bastaba y me basta con ser La Habana. Odio la oscuridad, pero cuando apagan las luces, tengo las estrellas y la luna, nunca estoy del todo a oscuras. Se que no tengo la vida nocturna de hace años, pero muchos se niegan a irse a la cama con la calabacita. Inventan fiestas, se sientan en bancos, en el Malecón, caminan mis calles una y otra vez. Se inventan el amor en cada esquina. Créeme, lo importante es estar viva, seguir, no darse por vencida.

Decidimos seguir caminando por calles estrechas, descubriendo a cada paso un mundo nuevo. Mi ciudad, colgada de mi brazo, con su bata cubana blanca y su pelo al viento, soltando carcajadas y recordando amigos comunes, imprescindibles. Le hable de mi musa transoceánica, de cómo me alentó a escribir. Rió como una niña; y quien tú crees que te la envío? La casualidad no existe, yo también tengo mis mañas.

Sabes que tienes un encanto especial, pero hay dos momentos del día en que no hay ciudad que pueda superarte; amanecer y atardecer en ti, tienen una magia, un algo diferente, como dicen muchos; un habanecer! Tienes conciencia de la belleza de tus amaneceres y atardeceres?

No voy a responderte, pregúntale a Eliseo, mande a buscarlo, sin él, nuestra conversación estaría incompleta. Eliseo, se acerco, sonrío, nos miro a los dos, su respuesta fue breve; amanecer o atardecer en La Habana, es ser parte de la eternidad, que puede comenzar cualquier día! Se fue, sin despedirse, riendo, sabiéndose eterno y vivo.

Una ultima pregunta, que es para ti el futuro? Eres optimista o pesimista?

El futuro, comienza en cualquier instante, estamos viviéndolo, sin saberlo, se mezcla con el presente, se anuncia. Depende de nosotros el rumbo que tome. Soy optimista, siempre lo seré, si no lo fuera, dejaría de existir, de alentar, apuesto siempre por lo mejor del ser humano, de la vida.

Nos despedimos con un beso y un abrazo. Antes de irse, me dijo al oído, acaba de publicar ese libro. Rosita y tu mamá, no son las únicas que quieren ver lo que has escrito sobre ellas publicado, yo, también me muero de ganas de ver ese libro, soltó una carcajada y me dejo, en el centro de la Plaza Vieja, feliz y sorprendido.