La Habana se vistió de orgullo.

Ayer La Habana se vistió de orgullo. No sólo de orgullo gay, de orgullo real y total, del bueno. De ese orgullo que es capaz de cambiar historias y derrumbar muros, de mostrar caminos.

Este año, sin razón que convenza, fue suspendida La conga por la diversidad que debía celebrarse en mayo 17. Cuando se supo esta decisión, un grupo de jóvenes en las redes sociales y en grupos de WhatsApp, decidieron hacer una marcha independiente y convocaron una marcha que debía iniciarse en el Parque Central.

Tal vez los más jóvenes o los que han vivido a espaldas a realidades, por aquello de, mientras no me pisen el callo, no digo na’, ignoren por qué para la comunidad gay es tan importante poder manifestarse públicamente en La Habana de todos. Un poco de historia nos ayudará a entender mejor.

Durante años, La Habana asistió espantada a recogidas y represiones contra la comunidad gay, ser maricón en Cuba, era buscarse una salación. Podían hacerte la vida imposible en centros de estudios y de trabajo. En más de una ocasión se hicieron recogidas a la salida de espectáculos públicos como el ballet y conciertos de cantantes. Recuerdo ahora, especialmente, una ocasión que durante un concierto de Rosita Fornés en el Teatro Musical de La Habana, durante el intermedio, algunos salieron a fumar, un grupo de policías empezaron a montar en un camión a todos los que habían salido, sin razón, ni pretexto. Alguien avisó a La Fornes que se remangó el vestido y salió a retar a la policía: o los sueltan a todos o me montan a mí, no se atrevieron a desafiar la ira de Rosita y todos regresaron al teatro. A su salida al escenario Rosita fue recibida con gritos de, ¡Rosa poderosa!. Están aún vivos los homosexuales que sufrieron el horror y espanto de la UMAP. Tengo amigos que durante el Mariel, fueron obligados a abandonar el país, eran escorias, solo por ser homosexuales. Sobran hechos y anedoctas, una gran mayoría lo sabe.

Por eso dolió tanto la cancelación de la Conga por la diversidad y por eso se organizó la histórica marcha gay en el corazón de La Habana.

Su celebración, su triunfo innegable abre un camino, ilumina la ciudad con aires de arcoíris y libertades. Participantes me informaron que no se pronunció ni una consigna contra el gobierno, que la única intención y acción era negarse a que los volvieran a meter en un clóset oscuro, porque coño las libertades no son migajas que se dan y se quitan a voluntad.

En mi modesta opinión, Mariela, a quien no puede negársele su acción a favor de la comunidad gay en Cuba, perdió una gran oportunidad de prestigiar su nombre y figura. Si se hubiera sumado a la marcha, compartido con esos muchachos, hoy muchos la aplaudirian. El gobierno también perdió una gran oportunidad de demostrar tolerancia, de dar una nueva imagen ante el mundo y la historia. La represión, la fuerza utilizada para impedir que la marcha siguiera por Malecón estremeció a La Habana y al mundo, para vergüenza de quienes olvidan que la historia cambia y la gente se cansa de marchar sólo por orientaciones de arriba.

La marcha pudo llegar desde el Parque Central hasta el monumento a Juan Clemente Zenea, casi donde Prado llega a Malecón, a su paso los autos sonaban sus claxons y la gente los apoyaban. A muchos nos hubiera gustado ver a los agentes de la policía de tránsito, detener el tráfico y permitir el paso de la marcha por Malecón, pero no fue así, lo impidieron por la fuerza. Ante la imposibilidad de continuar la marcha y el uso de la fuerza para reprimirlos, muchos de los asistentes respondieron con una besada pública.

Decididos a nunca más ser empujados dentro de un clóset. No son juguete de nadie para ser usados a su antojo, son hombres y mujeres con una bolas enormes, decididos a hacerse escuchar, notar y ser tenidos en cuenta.

Si, La Habana se vistió de orgullo el pasado sábado y se niega a cambiar de traje.

Fotografías tomadas de la página de Taylor Torres Escalona.

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¡La Habana no aguanta más!

En un barrio habanero cualquiera, Buenavista, Cayo Hueso o Pogolotti, dos cubanas conversan mientras saborean su café.

– Ay Estrella acabo de ver unas fotos de La Habana que parecían de otra ciudad, lindas, brillosas ¿De dónde carajo las sacarían?

– Micaela, no te hagas que tú sabes muy bien que aquí hay lugares preciosos, de esos que dejan a cualquiera con la boca abierta.

– Cierra la boca no te entre una mosca o una jutía escapá. Yo sé que La Habana tiene lugares muy lindos, que uno los mira y no puede creer que al doblar halla un montón de basura, un derrumbe o un solar a punto de venirse abajo. A mi no me hagas cuento de La Habana que me la conozco todita.

– Entonces Micaela,¿ Cuál es tu problema con esas fotos de La Habana?

– Que me molesta que sólo den esa imagen de la ciudad. Esto es más que carnavales, luces y pachanga, aquí hay mucho sudor, lágrimas, mucho sufrimiento mi santa. Que llevamos años esperando un milagro que no llega y aguantando callaos. La ciudad se está muriendo poco a poco y a nadie parece importarle. A mi me duele cada derrumbe, cada abandono, cada montón de basura y escombros, cada boca que se aguanta para no gritar, cada consigna sin sentido.

– Ahí te doy la razón Micaela, duelen muchas cosas en esta ciudad y en esta Isla, un dolor profundo, de esos que no se quitan con duralgina.

-Ves, el malecón está muy lindo, pero no camines las calles de CayoHueso que te pierdes en un bache, se te revuelve el Alma oyendo historias, gente que sólo piensa en irse y otros que quieren un cambio, pero no se atreven a cambiar ellos. La cosa está dura Estrella, muy dura y luego vienen los turistas y se creen que nosotros nos la pasamos en el bailoteo y tomando ron, que todo es jarana y rumba y no mi santa, no; esa imagen de La Habana no es la real.

– Es verdad, tú sabes que yo adoro esta ciudad, no podría vivir en otra, pero La Habana no es namá el casco histórico, el malecón, el Prado y otros lugares bonitos, La Habana somos nosotros coño.

– Quiero fotos de La Habana con la gente luchando el día a día, compartiendo lo poco que tienen, la cola pa’ la carne e’ puerco o los huevos cuando llegan, si llegan. Que tomamos Ron, pero también sudamos mucho y muy duro pa’ ponerle un plato de comida en la mesa a la familia, que bailamos rumba y son, pero también lloramos, sufrimos y soñamos.

– La Habana es una ciudad del carajo, cuando la hicieron se rompió el molde. Amo esta ciudad, aquí crecí, parí mis hijos, aquí me hice vieja y aquí quiero que me entierren. Quiero lo mejor pa’ estos barrios, estas calles, pa’ esta gente que la habita y la alienta. Que La Habana y to’ nosotros estamos cansaos de promesas y consignas.

– Así mismo mi negra, que una se cansa de lo mismo con lo mismo y La Habana ya no puede más. Tú te enteraste que este año suspendieron la conga por la diversidad, no habrá conga desde el malecón hasta el Pabellón Cuba.

– ¿Y eso por qué? Cuando Manolito se entere eso va a ser mucho con demasiado. Él anda cabrón porque no aprobaron el dichoso artículo 68 y ahora esto le pone la tapa al pomo.

– Dicen que vivimos un momento difícil, como si aquí hubiera alguna vez un momento fácil, que hace años que ya no hay cinturón pa’ apretarnos mas y sólo se oye eso, de que se acercan momentos difíciles, ¿Más todavía? No me jodan, ¿Hasta cuando los quince de Yakelyn?

– Así que ahora los muchachos no tienen su conga porque a algún comemierda le molesta. Vaya como que los quieren volver a meter a todos en el closet de nuevo. Es lo que tú decías, esos muchachos son también La Habana y tienen to’ el derecho del mundo a que se les reconozca y respete, pero a veces molestan y es como si de arriba alguien les gritara, mantén tu latón con tapa. La Habana va a despertar un buen día y se va a arrancar consignas y carteles y va a abrazar el futuro mi santa, porque ya no aguanta más.

Fotografías tomadas de Google y de la página de Facebook, Yo extraño a Cuba ¿y tú?

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¡Siempre tendremos La Habana!

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Se conocieron andando las calles  habaneras, caminando en direcciones contrarias, en apariencia.
Detuvieron el paso, se voltearon a mirarse. 
Las miradas pueden ser fuegos o leones, quemar o devorarnos, ser un relampago cambiando vidas y destinos.
Se acercaron, se dijeron sus nombres.
Se tomaron las manos, se olvidaron del tiempo y de reglas; solo importaba el amor.
Recorrieron la ciudad un monton de veces, incansables.
Se amaron en cada esquina, en cada parque o jardín.
Su amor marcaba territorio, hacian suya la ciudad de todos. Allá en el muro inmenso que contiene la ciudad o el mar, una ola gigante los bautizo de eternidad.
Intercambiaron girasoles, colibríes, se bebieron sus mieles y misterios. La luna los guiaba por la noche, el sol los protegia por el dia. Insomnes, sorprendidos y felices, estrenaban caricias y te quieros.
La ciudad se vestia de fiesta y arco iris y las rumbas solo repetían en cada golpe de cajón,  te quiero, te quiero.
Llegó  el dia del adios, de la partida, se besaron breve  y dolorosamente.  Mostró  sus documentos,  volvio a mirarle. Corrio a abrazarle en desenfrenos de angustias y pasiones.
Le susurró  al oído,  volvere amor, esperame por siempre. Un grito iluminó  la tarde gris; ¡Siempre tendremos La Habana para amarnos!

Pido disculpas por la calidad en la publicacion de este post. Primera vez que publico desde mi teléfono móvil.

Fotografia tomada de Google

Despellejando, a lo cubano, al Habanero2000.

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Pancha mientras barre el portal, conversa con Cuca, que pasa frente a su casa y se recuesta al muro del jardín.

– Cuca, oíste eso, el tal Habanero2000, dice que tiene en mente otro escritico. Ya me tiene cansá con su cantaleta sobre la Habana.

– Ay Pancha, a mi me gustan sus escritos, no todos, pero tiene algunos que me han hecho reír y llorar.

– A mi me tiene aburría, como diría mi marido Yoandry, me la tiene pelá. Que si La Habana, que si Cuba, que si su mamá.

– Eres mala Panchita, como te burlas del pobre hombre que ni defenderse puede. Tiene cuentos que me gustan, ese de “Luisito, un muchacho en venta”, me gusto.

– Que va, ni lo pude terminar de leer, esa mariconeria de un hombre llorando por otro hombre. No puedo con él, me da urticaria. Tengo unas ganas que se le rompa la computadora o le corten la Internet pa’ no leerlo mas.

– Je, je, je, ay Pancha, de todos modos encontrará un modo para seguir escribiendo. Si no te gusta no lo leas, yo llore como una boba con el cuento de “Luisa, una mujer cualquiera”.

– Tú eres una llorona, mira que llorar con la guanajeria esa. Debería matricular un cursito pa’ escritores, a ver si deja de escribir tantas barrabasadas.

– Alabao Pancha, eres malísima, a ti cuando te hicieron, se rompió el molde. Tengo una amiga que vive en Chile que esta loca por conocerlo, dice que sus historias le llevan a Cuba, le hacen sentirse en La Habana. Vaya que le ayudan a soportar el gorrión.

– Que no se haga, si extraña tanto no se hubiera ido, se hubiera quedao aquí, mordiendo el cordoban como nosotras. Hay que estar en el fuego como nosotras pa’ saber que ni La Habana se pone a conversar con una, ni los amaneceres son aquí tan apacibles, ni los apagones se disfrutan, que no joda.

– Pancha, ponte pa’ tu numero y no me hagas ponerme la chancleta. La Habana tiene su cosa y tú lo sabes. Que te he visto sentá en el muro del Malecón, mirando la tarde y el cielo. El domingo pasaó fuiste con tu marido a caminar por la parte vieja de la ciudad y viniste cantando la cancioncita esa sobre la Habana que canta Ivette Cepeda.

– Ay chica, déjame vivir, no me cambies de palo pa’ rumba. Lo que no me gusta es su cantaleta sobre La Habana, que si los olores, peste, peste es lo que hay aquí. Mira esos montones de basura. Hace una semana que no vienen a recogerla.

– Si, pero La Habana, es mas que montones de basura, no me confundas la peste con el mal olor. Deja al hombre escribir y a los que les gusta disfrutarlo. Mantén tu latón con tapa.

– Por su culpa ya ni Ivette Cepeda me gusta, que si la voz de La Habana, que si la voz de un país, que si los girasoles y los colibríes en el escenario. El otro día Yoandry me quería llevar a verla y planté, le dije que nananina jabón candao, que después iba a tener pesadillas con el Habanero persiguiéndome por las calles de La Habana vieja.

– Lo tuyo es mucho con demasiado, niña, relájate y coopera, no cojas tanta lucha que de todos modos el habanero va a seguir escribiendo aunque llueva, truene o relampaguee.

– Eso es lo peor y que me dices de su cantaleta sobre su pura, esta bien ser buen hijo y querer a la vieja, pero lo de él ya pasa de castaño a oscuro.

– Pues esos son los escritos que mas me gustan, el día de las madres le lleve a mami, “El olor de mi madre” y se lo leí, le gusto y hasta lloró.

– Si sigue la lloradera, esto va a ser peor que las inundaciones cuando llueve.

En eso llega Yoandry, con unos papeles en la mano.

– Mira mi santa, el último escrito del habanero ese que lees por las noches. Me dejaron imprimirlo en el trabajo.

– ¡ALABAO!!!!

Annia, a su fuerza y manera.

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No se que extraña coincidencia, me trae la voz y presencia de Annia, otra vez, cuando tengo ideas dándome vueltas, luchando por hacerse historias. Mi primer escrito sobre ella, nació luchando con varios cuentos que querían nacer y este repite intentos y luchas entre ideas. Siempre que la escucho, recuerdo a mi amigo Oscar, que hacia colas interminables, para conseguir buenos asientos en sus conciertos. El la adoraba y seguía en todos sus conciertos.

Hace año y medio, converse con Annia, le prometí asistir a un concierto suyo. Fue en diciembre del 2013. Anoche, por fin, cumplí mi promesa. Seria un concierto “difícil”, tendría que luchar contra recuerdos de otros conciertos en el Mella, el Nacional, el teatro inmenso de La Habana, con gala del Guzmán incluida.

Abre el concierto con “A mi manera”, en reafirmación total que, seguirá así, hasta el final, a su manera. Conversa con el publico, explica que la noche será un recorrido por sus éxitos, que utilizara los arreglos originales con los que los dio a conocer. Así poco a poco, Annia nos va llevando en un recorrido por sus canciones. Un recorrido musical que escapa a su intento y voluntad, que nos lleva a visitar teatros y barrios de nostalgias, a casi cada rincón de nuestra isla. Cada espacio de nuestra geografía, donde Annia llevo su voz y sus canciones, donde aún se le escucha en el recuerdo fiel.

Alfaro’s, se hace pequeño para tanta voz que estremece paredes y recuerdos, que vence el tiempo y obstáculos. El micrófono, se le vuelve inútil, innecesario y se le esconde ante cada agudo potente. Recuerdo una vez que le dijeron que ella no tenía cuerdas vocales, que tenia ¡sogas vocales! Esas “sogas vocales” listas para desandar viejas canciones y estrenar nuevas, no saben de derrotas, ni lejanías. Siguen cantando con la misma fuerza y empeño que en La Habana, hace mas de 20 años, no saben de exilios, años ni penas.

Canta, “Comienzo y final de una verde mañana” de Pablito y el amanecer se adelanta de un modo diferente. Como si sentados en el muro del Malecón, asistiéramos al diario milagro de la salida del sol en La Habana.

Termina su concierto, Annia se retira entre los gritos de, otra, otra. Deja en el aire las ganas de mas, obligándonos a reservar para un próximo encuentro.

Vuelvo a recordar a mi amigo Oscar, que la adoraba, que hubiera sido feliz escuchándola con la fuerza de siempre. Tal vez volvamos a encontrarnos en esas calles sin rumbo del exilio y pueda contarle de su cantante, decirle que su voz, aún espera su próximo y gran concierto.

Fotografia cortesia de Roly Perez.

Un destierro, una isla y pertenencias.

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Si una mañana, una voz tronante me dijera; recoge lo imprescindible, vas para una isla lejana, solo.
Si amaneciera convertido, sin saberlo o merecerlo en un Robinson del siglo 21.

Si solo tuviera unos minutos para recoger y llevar recuerdos necesarios, objetos y presencias que hicieran soportable mi destierro, ¿Que llevar conmigo a la carrera, qué tomar y apretar contra mi pecho en noches frías, solitarias?

Una foto inmensa de mi madre, sus te quieros, sus palabras de aliento, su alegría. Su certeza de que todo estará bien, mientras el amor exista.

Algún que otro de mis escritos para repasarlos y mejorarlos en soledades duras y desiertas. Llevaría plumas y hojas en blanco. Acumularía historias y experiencias, en frenesí de letras y de musas. Los guardaría en un sobre inmenso, sobre él escribiría, Desde el destierro.

Pediría, de ser posible, plantaran en la isla un par de palmas, una ceiba, girasoles. Me gustaría llevaran colibríes, tocororos, un perro. Una cotorra, para escuchar palabras, aunque sean las mías repetidas.

Llevaría conmigo un par de olas rompiendo contra el muro de la Habana, su fuerza, su olor, su espuma blanca. Un rayo de sol de un amanecer en mi Habana, una brisa de verano, dos lunas llenas.

Guardaría fotos y palabras de amigos, sus abrazos, sus promesas de verme pronto, sin importar destierros, lejanías. Mis amigos no soportarían estar sin verme, romperían las reglas del destierro.

Para protegerme de fríos y tormentas, una inmensa bandera tricolor. Su estrella alumbraría las noches más oscuras, asegurando amaneceres y retornos.

No llevaría ropas ni relojes, andaría desnudo por la isla. Vestido de recuerdos y de sueños, soportaría fríos e inclemencias.

Unos libros de Martí, Loynaz, Arenas. Unos discos de Elena, Pablo, Ivette. Un fouetté de Charìn, una Rosa en su esplendor y su belleza.

Un beso de amor, un buen orgasmo, para noches de ganas y abstinencias.

Hasta una balsa, por si una noche me crecen las bolas que no tuve en los 90s y me hago balsero y me libero.

Un saco enorme de café, que me alcanzara para colar cada mañana la esperanza. Poder tomarme mi café, sorbo a sorbito, mientras me digo; esto termina pronto. Mi madre, mis amigos, hasta La Habana, vendrán muy pronto a rescatarme. No temen a poderes absolutos, a voces tronantes o decretos; el amor los alienta y los sostiene, se bastan para rescatarme o venir a quedarse conmigo para siempre.

Ivette, entre canciones y amigos.

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Se va haciendo habitual que la voz de Ivette me dé la bienvenida al llegar a mi ciudad, como si ella, le pidiera; dile todo lo que quiero y no puedo. Al final, Ivette es ¡La voz de La Habana!

Al rato de llegar a mi casa, mi hermana me dice que tenemos reservación para ver a Ivette en el bar del Telégrafo. No tendré que volver a usar mi “título” de bloguero para lograr una mesa y conformarme con verla de lejos. En esta ocasión, somos de los primeros en entrar al bar del Telégrafo. Escojo una mesa cerca del escenario, no quiero perderme un detalle del concierto. Los músicos toman sus puestos. Ivette ilumina el escenario, como si el malecón le prestara sus farolas nuevas, para estallar en luces en el escenario.

Su voz le basta, para hacer magia, para seducirnos y encantarnos en un viaje musical que promete deslumbres, aplausos y emociones. Recrea, “Y tal vez” de Formel y en el decir de los versos; “te tendría, aquí a mi lado y sería feliz”, siento, adivino un sentimiento diferente. Un extra que en grabaciones escuchadas no note, una emoción especial que da un nuevo matiz a la canción, que la convierte casi en un estreno. Canta “Te doy una canción” y cumple su promesa, repitiendo incansable su regalo y su dar, toda la noche. Las canciones, en su voz, son regalos interminables que estallan como arcoíris en la noche habanera. El amanecer se adelanta en su voz y el sol sale a su influjo.

No falta Martha Valdés, que aunque ausente físicamente, su voz la trae entre nosotros. Así, poco a poco, entre canciones, buena música y amigos que la disfrutan, va terminando su concierto. Cierra con “Hoy mi Habana” y se me antoja, escuchándola, ser el señor con el clavel en la solapa que mi ciudad espera. Ivette, podría cantar para mí, toda la semana, sería el fondo musical perfecto para andar La Habana, con mi madre del brazo, redescubriendo la ciudad a cada paso, en cada esquina habanera.

La saludo al terminar su concierto, le digo, ¿me recuerdas? Claro mi habanero, responde sonriendo. Conversamos, le reprocho entre risas que me falto su concierto en marzo como regalo de cumpleaños.
-Lo tendrás en septiembre, lo prometo, me dice en un abrazo.
Antes de hacernos las fotos, conversamos sobre su concierto en Miami, en septiembre. Imagino lo que pasara en el teatro en Miami, cuando cantes “País”, será una apoteosis de emociones, le digo.
– ¿Tú crees?
– ¡Lo sé!
Le respondo con la certeza que da saber que los cubanos de ambas orillas, no olvidamos raíces, ni recuerdos. Seguimos amando a nuestro país, con esa fuerza especial que nos da su ausencia física y su presencia aquí en el pecho y la memoria. Por un instante, la imagino cantado la canción entre luces blancas, azules y rojas, desgranando la letra; “pero ya sabes País, País mío, mi raíz es el sueño de los que aquí están, de los que han partido, ya sabes País que no logro vivir sin tus luces, desde el vuelo que me dicen que soy de aquí, ¡¡De este suelo!!” y el público de pie, aplaudiendo con el alma y los recuerdos, mientras el teatro estalla en cubania, en ese ser cubano que se disfruta con orgullo y sentimientos.

Antes de despedirnos, le digo que cada mañana escucho sus canciones, su voz me ayuda a comenzar el día. Cada vez que amanezca, recordare que un habanero me escucha, me susurra al oído en un hasta pronto, que se me antoja; un, ¡Nos vemos en septiembre, en la otra orilla!
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