Compadre, no se faje con familiares o amigos por políticos.

Elena y Rosa son amigas de siempre, de esas amigas que no importan, años ni distancias. Rosa vino para Miami primero, 10 años después llegó Elena. Nunca dejaron de llamarse, ni de cuidar una de la otra.

Elena es republicana e hizo de Trump su idea fija, su semiDios, Rosa es demócrata, no sólo hizo donaciones a la campaña de Biden, se ofreció voluntaria para hacer llamadas y movilizar a la gente para que votaran azul en las elecciones. A todos les sorprendía que esa diferencia de ideas políticas no afectará su amistad, que no se insultaran una a la otra o se agarraran de los moños, gritando el nombre de su candidato.

Elena y Rosa tienen bien claro que las amistades, la familia no se dividen por la política.

Una tarde de domingo, Elena invitó a Rosa a almorzar, su arroz con pollo especial fue el plato fuerte, después de saborear el arroz con leche, se sentaron en el portal a tomar el café y a darle a la sin hueso.

– Elena , tú sabes que Manolo, mi primo, fue a Tampa a visitar a su hermana, él y su cuñado siempre se han llevado como hermanos, bueno, no siempre.

– ¿Que pasó Rosa?

– Nada que Manolo es republicano, Trumpista y la misma noche que llegó, en plena comida se le ocurrió cagarse en la madre de todos los que habían votado por Biden, él no sabía que su cuñado había votado demócrata, aquello fue el acabose, casi se van a las manos él y su cuñado. Hasta le echó en cara que gracias a él estaban aquí y ahora votaba por un cochino demócrata que eso era el colmo. No se dieron golpes porque su hermana se metió en el medio. Manolo recogió sus cosas y regresó, otra familia más dividida por la política. Algo absurdo, dos hombres que eran como hermanos, fajados por dos tipos que ni los conocen.

– No es la política mi amiga, tú y yo pensamos diferentes y jamás hemos discutido, nos respetamos y reconocemos el derecho de cada uno de elegir al candidato o partido que quiera, es la falta de tolerancia.

– Sabes, ahí discrepo contigo, eso es más que falta de tolerancia. Desde enero del 59, en Cuba, la política dividió familias y separó amigos. Si alguien no era revolucionario, le dejaban de hablar y mantener contacto con los que se iban del país, era pecado mortal. Esos cubanos que se fajan con amigos y familiares, son buenos discípulos de esos que nos dividieron, de los que mandaron a grupos a tirar huevos y acosar a los que se iban del país cuando el Mariel. Viven en Miami, pero no evolucionan, aprendieron tan bien la lección que siguen en lo mismo.

– Tienes razón Rosita, se comportan aquí igualitico, no aceptan ideas contrarias a las suyas y destruyen familias y amistades sólo por diferencias políticas ¿Donde quedaron esos tiempos que la gente iba a votar, uno demócrata, otro republicano y a la salida se iban juntos a tomarse un cortadito?

– Son historia antigua, aunque todavía queda gente de esa.

– Claro que sí, mira Maargarita y Jose, el tal Habanero2000 ese, él es más demócrata que la Hillary y ella ama a Trump y siguen siendo los mejores amigos del mundo, jamás se han insultado, al contrario. Creo que en estos días van a comer juntos. Las fotos de esa comida de esos dos, van a ser una bomba en Miami, como si Biden invitara a Trump a almorzar. A más de uno le va a dar un soponcio cuando vean esas fotos, serán un símbolo de que las amistades no se destruyen por política, ojalá muchos sigan su ejemplo.

– Eres tremenda. Hay más casos de gente así, tú y yo no somos una especie en extincion y me alegro de amistades asi.

– El otro día en el Sedanos una gritaba en contra de los demócratas, una cajera casi le tira la caja por la cabeza. La gente se reía del ridículo que estaban haciendo las dos, fajadas por Trump y Biden, cuando al final a ninguno de los dos les importan ellas.

– Asi es Elena, uno puede apoyar a un político o al otro, a un partido u otro, pero no hay que exagerar y caer en los extremos, que gente buena y mala hay en todas partes y no se puede generalizar.

– Ay Rosita, está división no ayuda a nadie.

– Lo sé, mira mi hijo Luisto que trabaja en el aeropuerto, el dia que declararon ganador a Biden fue vestido de azul. Desde ese día una compañera de trabajo dejó de hablarle, antes le elogiada sus escritos y hasta le pedía que escribiera cuentos para niños, ahora ni le habla. Él sigue siendo el mismo, ella perdió un amigo.

– Lo absurdo es que muchos vinimos a este país buscando libertades y derechos y ahora quieren cortar esas libertades y derechos e imponer sus criterios a los demás. Niegan lo que dicen defender y rinden homenaje a los que dicen odiar y combatir.

– Asi mismito,¡Que gente caballero, pero que gente!

Fotografías tomadas de Google

Yuya, una vieja cojonúa y confundìa.

Mujer Fotografia de JD'strades.
En el barrio de Cayo Hueso, en pleno corazón de La Habana, son las 9 de la noche, Micaela toca a la puerta de la casa de Yuya, su vecina y amiga de los años, casi una hermana.

– Yuya vamos, en unos minutos empieza la reunión del comité. Hoy toca estudiar un material que bajaron de arriba.
– No Micaela, yo no voy
– ¿¡Que, qué!? Si tú eres siempre la primera en todas las reuniones, la primera en la guardia, la número uno en todas las marchas. Cuando le dieron el de pie a los cederistas destacados, ya hacia ratón y queso que tú habías desayunao. Como no vas a ir Yuya, déjate de jueguito, ponte un pañuelito pa’ taparte esas pasas que las tienes encendía y vámonos pa’ la reunión.
– Que no mi santa, que no voy, estoy muy confundía, mejor me quedo en casa tranquilita.
– ¡Confundía tú! Si siempre me has aclarado la mente cuando no entendía algo. Si siempre tenías la respuesta lista para cada pregunta.
– Es cierto. Cuando mi hermana se fue y me negaron la plaza de jefa de producción, por mantener correspondencia con familiares en el extranjero, me queda callá. Seguí haciendo mis guardias, mi trabajo voluntario y siendo la trabajadora más destacada de mi fábrica. Me dolía escuchar que mi hermana y los que eran como ella, eran unos gusanos, pero me aguantaba y seguía trabajando duro. Cuando tú me decías que los mandara a todos pal carajo, yo te explicaba que los enemigos del norte, los que nos tenían bloqueados, utilizaban cualquier vía para penetrarnos. Que aunque a mi no había quien me cambiara las ideas, el partido desconfiaba de los que mantenían relaciones con familiares en el extranjero.
– Si Yuya, pero cuando en el 79 empezó lo de la comunidad y yo andaba to’ confundía, tú fuiste quien me explico todo y me aclaro la mente.
– Poder volver a ver a mi hermana, abrazarla, ver a la vieja feliz, no necesitaba explicación para mi, era como un milagro Micaela. Pensé que se habían dado cuenta que estaban equivocados y lo agradecí, por eso le explicaba a todos que éramos hermanos y que eso era lo que importaba.
-Cada vez que anunciaban una nueva racionalización, tú la apoyabas. Que si una libra menos de azúcar, que si el café mezclado, que si la carne de res perdía, lo que fuera, siempre me explicabas que los sacrificios eran necesarios, que vendrían tiempos mejores. Que la culpa de to’ la tenia el maldito bloqueo.
– Es verdad, lo apoyé todo y lo volvería a apoyar, si el momento volviera y yo volviera a ser la misma Yuya de entonces. Creí en esto con el corazón, equivocá o no, esto era lo mío y lo defendía.
– ¿Y cuando el Mariel? Ni tú, ni yo estábamos de acuerdo con los actos de repudio y no fuimos a ninguno. Cuando Yusimì se apunto pa’ irse y le querían tirar huevos y hasta darle golpes, tú te paraste en medio de la calle y les dijiste que pa’ tirarle huevos a ella, tenían que tirártelos a ti. Todos se fueron, a ti siempre te han respetao, tú eres una vieja cojonúa, tú te mandas y te zumbas. Yo andaba confundía y tú me explicaste que si las bajas pasiones, que si la revolución no era la culpable de eso, que eran errores que se cometían, vaya que me convenciste y seguimos en la luchita.
– Así lo creí, aunque fue algo que me golpeo fuerte, pero mi fe en to’ esto era mas grande.
– Cuando tuviste que esconder La Caridad del Cobre en el cuarto, para que nadie la viera y no fueran a decir que tu hija tenia creencias religiosas y tuviera problemas pa’ lograr un buen trabajo al graduarse de la universidad, ¿Te acuerdas? Tú fuiste quien me explico lo del papel de la iglesia y que había que estar unidos, que el enemigo del norte era poderoso y nos querían vencer.
– Lo recuerdo muy bien y también cuando vino el Papa y tú viniste a decirme, ¡Qué es esto Yuya, una misa en la plaza de nosotros! Y yo te explique que la Revolución era mas fuerte ahora y podía permitir las religiones, que cristianos, santeros y revolucionarios, todos éramos hermanos. Que a pesar del bloqueo y los intentos de los enemigos del norte, avanzábamos.
– ¿Te acuerdas cuando el periodo especial?
– Como no voy a acordarme, si a veces ni se como sobrevivimos. Entre los apagones, la opción cero, la comida perdía, las guaguas desaparecías, quien me iba a decir que a mis años, iba a andar en bicicleta por La Habana. Gracias a mi hermana y a Yusimì, que nos mandaban lo que podían, pudimos escapar.
– Si, pero tú me explicabas que si el campo socialista ya no existía, que si los rusos se habían ido pal carajo, que si había que resistir. Recuerdo que una noche, en uno de esos apagones de 8 horas, me dijiste que el culpable era el imperialismo, que nos tenían bloqueaos, pero que resistiríamos.
– Lo recuerdo como si fuera hoy, abriste los ojos como platos y tuve que explicarte durante horas todo el rollo del bloqueo al detalle. Todo lo que perdíamos por tener que comprar lejos lo que podíamos comprar aquí cerquita, las maquinarias, alimentos, hasta las medicinas.
– Sabes, yo no te entendí muy bien, pero como siempre he confiado en ti, también termine diciéndole a to’ el mundo que la culpa era de los imperialistas, de los yanquis. Me pasaba como con las consignas, aunque no las entendiera muy bien, las repetía.
– Así hemos estado mucho tiempo Micaela, mucho, repitiendo consignas y echándole la culpa de todo al bloqueo. Siempre escuche y repetí, que los imperialistas, los enemigos del norte, querían acabar con nosotros, que su injusto y criminal bloqueo era el culpable de todo. Mi hermana me insistió muchas veces que fuera a visitarla, aunque fuera un mes, nunca quise ir, sabes por qué, tenia miedo Micaela. Miedo de que los enemigos del norte, no fueran tan malos como decían. Una necesita algo en que creer, en que apoyarse pa’ poder soportar todo esto.
– ¿Y ahora que te pasa Yuyita, por qué no quieres ir a la reunión? ¿Vas a dejar a esta negra confundía y sola? Creo que van a hablar del asunto ese de las relaciones con los americanos, deberías de ir conmigo.
– Eso es precisamente lo que me tiene mal, confundía. Yo creo que tengo guayabitos en la azotea. Me alegro porque ya es hora de que vivamos en paz. Llevamos años preparándonos para una guerra que no llegó nunca, mucha gente ha muerto en ese mar, tratando de irse. No es hacer borrón y cuenta nueva, es por lo menos ver un rayito de esperanza, una mejoría y por eso me alegro, allá esta mi hermana y los hermanos de mucha gente de acá, pero mi alegría no es completa, también estoy triste, muy triste, dolida y confundida. Si los del norte no son nuestros enemigos, si todos los males no vienen de allá, si de pronto es ¡Cuba si y Yanquis también! ¿Quien es entonces el culpable de todo? ¿Quién nos hizo pasar estos trabajos? ¿Quién paga por nuestros muertos, por nuestra hambre, por nuestra angustia? ¿A quien coño le echamos la culpa de todo ahora? ¿Quién responde por todo lo que hemos pasado? Por eso no voy a la reunión.
– Sabes qué, yo tampoco voy, me quedo contigo mi santa.

Fotgrafia de JD’strades