El espanto de una foto.

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Hoy pensaba utilizar una fotografía, muy buena por cierto, de mi amigo Yohandry Leyva y jugar con el tiempo y las historias. En mi cuento los personajes serian niños. Otra historia real me estremeció el día y otro niño se robo mis letras y mi mente.

Las tragedias no siempre sacuden a Occidente; el color de la piel y la ubicación geográfica pueden decidir si nos indignamos y gritamos de dolor e ira o si volteamos el rostro y sacudimos la cabeza, alejando imágenes dantescas.

Mientras tanto en mi esquina, en mi lugar de siempre, espero. Quiero ver al Empire State iluminarse con la imagen del niño sirio ahogado intentando llegar a Europa. Quiero ver a los que condenaron al cazador de leones, levantarse y decir, basta. El mundo no puede permanecer indiferente ante tanto horror. La realidad supera al más terrible de los espantos y el mundo asiste de espectador.

Si un triste y oscuro rapero conmocionó a los cubanos de Miami y una lluvia de videos nos abrumo, aburrió e irrito, ¿Dónde esta nuestra solidaridad humana? ¿Dónde yacen nuestros sentimientos? ¿Acaso nos interesan más los insultos, las palabrotas, un león famoso o la vida de un artista que la muerte de niños?

El futuro esta muriendo delante de nuestras narices. Muchos ven la terrible foto; quítala, es horrible, me horroriza. Ahí termina su espanto, su reacción, no es justo, ni humano, es triste, doloroso, decepcionante. Compartamos el espanto y la acción para evitarlo.

Unámonos todos en una mano tendida a los refugiados que huyen de la guerra. Seamos, de un modo u otro, el brazo poderoso que detenga la barbarie. El futuro nos pedirá cuentas y no podemos mostrar una triste lágrima y un pañuelo húmedo. Seamos parte de un ¡Basta! Enorme, que estremezca al planeta y ponga fin a guerras y muertes.
Seamos todos el niño sirio muerto y en nuestro intento y acción, devolvámosle la cordura al mundo. Empecemos hoy, mañana puede ser muy tarde. Los niños podrían estar en extinción.

Fotografia tomada de http://www.Elmundo.es

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Un puñao de tierra colorá en el pecho.

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Relajado uno, cansado y agotado por el duro trabajo el otro, coinciden en tiempo y espacio dos viejitos. Uno acaba de disfrutar sus primeros 364 días y 23 horas de retiro, de sentarse en un sillón, alejado de tareas y preocupaciones. El otro esta exhausto, lleva el mismo tiempo trabajando duro, tratando de dejar un buen recuerdo en todos, esforzándose.

– Otra vez frente a frente, solo que ya no soy un bebe recién nacido, me faltan solo minutos para mi retiro. Tenías razón; fue duro, pero valió la pena.
– Todo vale la pena, siempre quedan cosas por hacer, siempre pensamos que pudimos hacerlo mejor, pero al final lo que importa, es lo que hicimos, las ganas y el esfuerzo que pusimos.
– Es cierto, creo que al final el balance es positivo. Me aconsejaste evitar las guerras, casi, casi tengo una, pero logre que quedara en solo una amenaza y negociaciones, no fue fácil.
– Ese fue uno de tus logros más importantes. Tanto miedo que tenias y al final lo hiciste muy bien.
– Lo más difícil fue el enfrentamiento de los republicanos con el presidente, por poco se van a pique la economía y todos los esfuerzos.
– El negro supo capear el temporal. Todos aprendieron algo de ese enfrentamiento, esperemos que para bien de los Estado Unidos que es lo que importa.
– ¿Sabes lo que disfrute mas?
– Lo se, naciste enamorado de Cuba y aunque quedan un montón de cosas por lograr y otro, no tú, se ganara el nombre que tantos llevan acariciando y soñando, lograste hacer realidad algunas de las promesas que yo les di.
– Sabes, no creo que lo mas importante sea la facilidad para viajar o las nuevas medidas tomadas por el gobierno. Lo mas importante es su decisión de no darse por vencidos, su no perder la sonrisa, ni renunciar a los sueños. Como dirían ellos; el cuartico esta igualito, solo han cambiado pinturas y adornos, pero algo es algo.
– Los cambios son así, empiezan cosméticos, pálidos y terminan como un torrente, incontrolables, barriéndolo todo a su paso. En unos minutos, cuando te retires, podrás conversar con otros y te contaran sus experiencias. El 1989, tiene anécdotas que te encantaran.
– Creo que la tarea más dura de cada uno de nosotros es que la gente no pierda la esperanza, que sepan que siempre hay un mañana mejor. Que aunque lloremos, siempre guardemos la sonrisa en el pecho, lista para convertirse en carcajada. Eso me lo enseñaron los cubanos.
– ¿Qué tienes ahí en el bolsillo, junto al pecho?
– Je, Je, je, un poquito de tierra colorá de Cuba, me dijiste que los cubanos aunque anden regados por el mundo, siempre llevan un puñao de su tierra en el pecho. Es mi manera de recordarlos, de agradecerles lo que aprendí de ellos, de intentar ser uno de ellos.

De pronto la conversación se interrumpe por el llanto de un niño, un bebe entra gateando en la curvatura del espacio-tiempo donde conversan los dos ancianos.

– Estuve escuchándolos, ¿algún consejo antes de comenzar?

A coro le responden los dos viejitos.

– Que no desmayes, que recuerdes siempre que todo vale la pena y sucede por algo, que nada te asuste por muy difícil que parezca, todos pudimos, tu también podrás, hazlo sin perder la sonrisa.

Antes de salir a cumplir su difícil tarea de 365 días, el bebé mete la mano en el bolsillo del viejito a punto de retirarse. Toma en su mano un poquito, un tim de esa tierra colorá.

– Quiero nacer, empezar mis días con un poco de esta tierra, tratare de hacer realidad algunos de los sueños de esta gente, ¡lo prometo!