Un almuerzo entre amigos y recuerdos, se hace realidad.

Almuerzo entre amigos
Escribir es dar rienda suelta a la imaginación, crear personajes, historias. También es relatar hechos, eventos, compartir experiencias con amigos y lectores, hacerlos perdurables en el tiempo. Escribir, a veces desborda su esencia, la realidad, supera a la ficción, nos sorprende.

En noviembre del 2013 escribí un cuento titulado, Un almuerzo entre amigos y recuerdos. En esa historia muchos de mis amigos, reales y virtuales, compartíamos un almuerzo en casa de Alfredo y Jose. Cada asistente llevaba un plato vinculado a recuerdos y momentos de su vida y explicaba el porqué de su elección. Disfrute mucho imaginando ese almuerzo especial, donde cada uno evocaba y compartía recuerdos especiales.

Nunca imagine que poco más de un año después, mi cuento se hiciera realidad. Una tarde que compartíamos entre amigos, Machy dijo.
– ¿Por qué no hacemos un almuerzo como el que narraste en tu cuento?
Por supuesto que la posibilidad que un cuento mío cobrara vida me encanto. Casi que me convertía en el Julio Verne de las historias de amigos.

Decidimos hacerlo en casa de mis amigos Alfredo Y Jose, excelentes anfitriones y el lugar exacto donde desarrolle mi cuento. Así, Gabriel, Alfredo, Jose y yo, comenzamos a planear ese almuerzo entre amigos, recuerdos y algo más. Muchos amigos confirmaron, otros se disculparon por no poder asistir. Poco a poco se acercaba la fecha de un almuerzo que sobrepaso expectativas e intenciones.

Cuando todo estuvo listo, nos reunimos junto a la enorme mesa. Explique el porqué del almuerzo, de la insistencia en que todos lleváramos un plato vinculado a vivencias, recuerdos a nuestras vidas. Cada uno presento su plato y el porqué de su elección, en ese instante se desataron recuerdos, historias y nostalgias. Nos trajimos a amigos, madres, abuelas, hermanas, tías y amigos ausentes, compartimos con ellos una tarde especial. La magia se adueñó de la tarde y jugo con nosotros a su antojo. Fuimos parte de la vida de cada uno de los presentes. Estuve en casa de Matty, allá en La Habana, fui con ella a almorzar a casa de su abuela, sentí olores familiares y saboree su tortilla española, sazonada con recuerdos y mucho amor. Mi amigo Hiram, se encargó de traerme a mami a este almuerzo, con su potaje de garbanzos que aprendió a hacer imitando su sazón. Asistimos a inicio de romances, a comidas de familias los domingos. Probamos, en pieles ajenas, Fufú por vez primera, no faltó la carne de puerco en diferentes formas y recetas. Hasta una tía ausente nos trajo un delicioso pastel de jamón y queso que desapareció en segundos al iniciar el almuerzo. Fuimos niños, adolescentes, correteamos por patios y calles habaneras, hicimos travesuras. Hasta nos fuimos a Venezuela y Perú, de la mano de amigos y sus historias y platos. Margarita, hizo su entrada, casi como la describí en el cuento, solo faltaba su caldo gallego para hacer la escena exactamente igual.

Hubo una historia que por sí sola podría ser un cuento, arrancar emociones y lágrimas. Quise que fuera la primera en escucharse y quiero compartirla con ustedes, Pepe, un amigo boricua llevo dulce de coco criollo, lo eligió por razones especiales. En su Puerto Rico natal, tenía una vecina ciega que ayudándose del tacto y el paladar rayaba el coco y el jengibre y hacia un dulce de coco exquisito. Siempre el primer plato, aún calientico, era para él. Esta vecina fue su primer ser querido que despidiera, su primer ángel en el cielo. Mi amigo contaba su historia y todos viajábamos en el tiempo y la distancia. Junto a él disfrutamos ese primer plato de dulce de coco, aún calientico, acabadito de hacer, junto a él, le dijimos adiós a su vecina y compartimos su ángel en el cielo.

No faltaron llamadas a una amiga especial que libra duras batallas, que cuenta con nuestro apoyo y energía, nuestro aliento. Siempre con la certeza de tenerla con nosotros en un próximo almuerzo entre amigos y recuerdos, de que nuestra energía y su fuerza, hagan el milagro.

Sin terminar el almuerzo, sin despedirnos aún, ya muchos decían, una y otra vez, debemos repetirlo. No faltó quien dijera que nuestros almuerzos terminarían siendo un suceso en Miami. Sí, estoy seguro, nuestro almuerzo entre amigos y recuerdos sirvió para unir, aún más, a amigos muy queridos, para estrechar lazos y hacer estallar abrazos en una tarde donde la emoción y el amor, hicieron de las suyas.

Hace más de un año, viaje en el tiempo y los recuerdos e imagine este almuerzo. Gracias a la voluntad y el esfuerzo de amigos, mi cuento se hizo realidad, creció, salió del marco de palabras y sueños. Es hoy un recuerdo hermoso para muchos y la promesa de un próximo encuentro, que multiplicaremos en el tiempo, uniendo amigos y recuerdos, ¡haciéndonos felices!

Una Rosita que vence al tiempo con sonrisas y aplausos.

Rosita, 92
Como siempre, como hace más de 75 años, basta su nombre en cartelera para convocar amigos y admiradores, para garantizar locales desbordados de públicos, aplausos y ovaciones. Rosita cumple años y los cubanos de esta otra orilla, lo celebramos junto a ella, disfrutando de esta suerte de ser parte de su historia, de nuestra historia.

Rosita pertenece a esa rara raza, en extinción, de artistas plenas, de esas que no necesitan estudios de grabación que le arreglen agudos y notas, ni padrinos poderosos para triunfar. Esa raza de artistas con mayúsculas, con atributos suficientes para arrancar aplausos a públicos y críticos. Se basta sola para imponerse en cualquier escenario y género. Lo ha demostrado en una larga carrera que suma aplausos de 4 generaciones de cubanos que la siguen y la hacen suya, que se dejan seducir por su arte y encanto, burlándose de años y de absurdos.

Hace aproximadamente un año en una de mis visitas a su casa en La Habana le dije que pronto celebraríamos “el siglo de Rosita”, me miro, sonrió y con su asombro de niña grande me dijo; un siglo, no, ¡te imaginas cumplir 100 años! Ambos reímos seguros que un siglo con Rosita es, sin dudas, un siglo de nuestro arte, de lo mejor de nuestros teatros. Un siglo de pasear todos los géneros por los escenarios de una Isla que la hizo suya. Es cierto que nació en New York y que a diferencias de muchos de nosotros, su ciudadanía americana es por nacimiento, no por naturalización, pero es cubana, nuestra, cubanísima, diría yo. Ha conservado en su casa, aún en momentos que las religiones eran condenadas, una imagen de La Caridad del Cobre. Cachita la bautizo con mieles y girasoles y la hizo cubana, la vistió con batas cubanas y la lanzo al mundo y a la gloria. El viejo Lázaro le agradece sus actuaciones, en pleno esplendor de su carrera, para los enfermos del Rincón, su darse a todos, sin esperar nada a cambio, solo amor. Un pueblo entero la ama y dice, nuestra Rosita, burlándose de actas de nacimientos y ciudadanías, de intentos de ostracismos y prohibiciones, a ambos lados del mar.

Coincidir en tiempo y espacio con Rosita Fornés, ser parte de esa suma de aplausos y bravos, decirle de una forma u otra; te queremos, es sin dudas un privilegio, un regalo. Nos quedan 8 años para cumplir el siglo de Rosita. Me imagino al Teatro García Lorca, al Martí, al Amadeo Roldan, disputándose entre ellos el homenaje central de esos 100 años de gloria y arte. Muchos teatros de provincias, como el Terry y La Caridad, dirán ¿y nosotros que? ¡Rosita también es nuestra! Ella nos pertenece a todos, lo sabe y disfruta. En Miami, esa fiesta del siglo de Rosita será, por derecho propio, en The Place of Miami, que bien puede reclamar como nombre; ¡El Lugar de Rosita!

A su fiesta de cumpleaños asistieron admiradores, amigos y compañeros de trabajo. Todos quisieron dejar constancia de su amor y agradecimiento, aportar su granito de arena y decirle al oído, te queremos y mucho. Reinaldo Miravalles, Miguel Gutiérrez entre muchos, se sumaron a este homenaje que fue un desfile del buen arte y el saber hacer. Un espectáculo que se extendió en el tiempo, pero que nadie quería que terminara. La magia de La Fornés, vencía una vez más al tiempo

Rosita, nos regaló 3 canciones y el público la aplaudió con el alma, recuerdos y emociones. Un bravo enorme estremeció a The Place of Miami, al finalizar su actuación. Nos quedamos, como siempre, con ganas de mas, alguien grito desde el público, ¡Balada para un loco! Los locos somos nosotros que no nos resignamos a un adiós de Rosita y la hacemos volver, una y otra vez, incansable y hermosa.

Desde el saloncito VIP de The Place of Miami, miraba a Rosita deleitarse con las canciones que le regalaban, disfrutar halagos y piropos, recibir regalos y flores. Les confieso que me asombra su fuerza, su no darse por vencida, su hacer al tiempo y los años sus admiradores. Su sonrisa tiene el raro encanto de borrar años y penas. Basta una sonrisa y vuelve a ser joven; es su misterio, su encanto, su secreto y magia. Rosita no se cansa de ser bella, de ser una Rosa sin final. La mantienen viva, la alientan en su acción e intento, el amor de 4 generaciones de cubanos que a fuerza de aplausos y bravos, de te quieros y piropos la atamos a la vida y los escenarios, iluminando nuestra escena, como un gigantesco arco iris de rosas multicolores. Nuestra estrella, La Fornés, cumple años y a un lado y otro de este mar, un pueblo le dice; gracias por existir, por ser nuestra y desde ya prepara flores, presentes y ganas para celebrar la llegada de ¡un siglo con Rosita!
rosita cumpleaños, The place of Miami

Fotografias cortesia de Robertico Morales

Entre nosotros y el arte, un piano.

lia y samuel, fotografia de Narciso dominguez
Me perdí el primer concierto de Samuel Calzado y Lidia Rosa Hernández, cuando anunciaron el segundo, le dije a Samuel, allí estaré. Sería un viernes, por mi horario de trabajo tendría solo tiempo de ducharme, vestirme y salir “a la carrera” para Alfaros’s. Por suerte pude llegar antes que comenzara el concierto y un piano sirviera de cómplice para unir artistas y público.

Muchas veces le dije a Samuel; incluye más canciones al piano, regálanos un concierto sin backgrounds, el piano es tu mejor aliado, junto a él alcanzas tus mejores momentos. No sé si fue mi insistencia o la de otros amigos, anoche el plato fuerte fue el piano y el público lo disfruto a conciencia y presencia.

Solo conocía a Lidia Rosa de oídas. Muchos me habían hablado de ella, de su voz. No les niego que tenía mis reservas, eso de asistir a un concierto compartido de 2 artistas, sin conocer a la otra mitad del espectáculo, me hacía tener mis dudas. Por suerte cuando Lia, como la llaman su público y amigos, convocada por la voz y el piano de Samuel, salió a escena y su voz inundo el local, mis reservas y dudas desaparecieron, se fueron con sus notas más altas. Fui uno más aplaudiéndola y admirándola.

No sé en qué momento surgió la idea de esta mancuerna de éxito, de esta simbiosis musical. Ignoro como se conocieron y decidieron unir ganas, acciones y públicos. Samuel y Lia, logran una conjunción perfecta de voces y talentos en escena. Los disfrutamos, los dejamos hacer, mientras el piano convoca lo mejor de ellos.

Descargan, juegan con las canciones y la música. A su influjo Alfaro’s se convierte en un sitio nocturno habanero; la música, hace el milagro. La Habana de tragos, descargas, victrolas y sueños, se hace presente.

Hasta me pareció ver a una hermosa mulata luciendo una bata cubana de lujo, llegar, sentarse a una mesa, soltarse su pelo, aplaudir entre olas y girasoles, mientras decía a los que tenía a su lado; esto no podía perdérmelo. Samuel me utiliza de pretexto y le regala Habáname. La mulata seca una lagrima, provoca olas que golpean las paredes del local, hace crecer palmas y girasoles en el escenario, suelta colibríes y sinsontes, se despide diciéndonos; ¡Aquí esta lo que el tiempo les quito!

Lia y Samuel rinden homenaje e invitan a su concierto a Clara y Mario. Recordarlos es como reafirmarle al arte y a nosotros que siempre contaremos con ellos, sin importar dificultades ni rectas finales.

Uno de los mejores momentos de la noche, el homenaje a Bola de Nieve. Casi me parece verlo sentado al lado de Samuel, dándole una palmadita en el hombro y diciéndole; esto es lo tuyo, no lo dejes.

Después del momento compartido al piano, que yo no quería que terminara, nos regalan canciones en solitario. Samuel reafirma que hoy es su día y los aplausos intensos, reafirman su día y sus muchos días por venir. Lia nos regala su canción, Soy así por amor, carta de presentación o declaración de principios para no dejarnos dudas de quien es y será.

Termina el concierto, me agradezco el vencer cansancios y horarios y estar ahí, aplaudiendo y apoyando, seguro que el piano seguirá trayéndonos a estos dos artistas, regalándonos su arte. El piano entre ellos, nosotros y el arte nos anuncia nuevos conciertos y proyectos, seguro que se basta para desbordar escenarios y corazones.
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Fotografia de presentacion de Narciso Dominguez.

Una madre y su espera.

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Allá donde el tiempo se detuvo y la esperanza aguarda,
Ella se mira al espejo,
Se examina el rostro y los detalles.
No usa maquillajes para ocultar sus años.
Los muestra orgullosa, complacida, son las medallas que le regalo la vida, sus trofeos.
Cada arruga fue una experiencia, una ganancia, una victoria de su fuerza y su constancia.
Recuerda días de llantos y de angustias, de beberse una a una lagrimas y penas,
De esconderlas donde nadie las miraba, siempre fue avara en su tristeza, fue lo único que nunca compartió,
Se basto para vencerlas, sostenida en ella misma, en su sonrisa, que nunca hubo llanto que borrara.

Amanece, el sol, reflejado en el espejo la embellece, siente que vuelve a ser joven, fuerte, vital.
Recuerda días de alegrías, de risas desbordadas, compartidas,
Fue generosa en la dicha, en la sonrisa, las compartió con todos, regalándolas esplendida y sonriente. Las sigue compartiendo día a día.
Revisa unos papeles, los relee, los estruja emocionada junto a su pecho.
Guarda como tesoros los escritos de su hijo, son la mejor medicina a sus achaques, el mejor maquillaje de sonrisas.

Mira el almanaque, los días que faltan ya son pocos,
Se mira de nuevo en el espejo y el milagro de la espera le da fuerza, brios, resta años, ausencias, lejanías.
Suena el teléfono, no se preocupa, sabe que no es día ni hora de llamadas que espera. Deja que otros respondan esta llamada, recuerda los últimos “te quieros”, cada timbre es una caricia en la memoria.

Se mira en el espejo, en el pasado, adivina el futuro y se sonríe.
Vienen a verla familiares y vecinos, le preguntan su secreto, su misterio, su bastarse para vencer la vida sonriendo y susurrando palabras dulces que acarician.
Se mira en los ojos que la admiran, descubre su misterio, estalla a voces su secreto.
– Saben, siempre lo espero, sé que vuelve, debo vivir para cada regreso, mientras él vuelva, debo esperarlo, ¡Sin importar el tiempo ni los años!
Es mi sitio, mi razón, mi gran tarea,
Tener mi abrazo listo, oportuno y necesario, pintando de arco iris nuestro encuentro, estrenando alegrías y sonrisas.

Mi vida.

Mientras viva, que he decidido será por mucho tiempo,
para placer de amigos y disgusto de enemigos, todos tenemos alguno, armaré sueños día a día.
Mientras viva, lo haré a toda prisa, sin detenerme en el ayer, sin olvidarlo.
Construiré mañanas e historias. Inventaré amigos y arco iris,
ambos dan color a mi vida, la embellecen, me gustan las cosas coloridas.

Mientras viva, entre letras y prisas,
guardare el calor del último beso de mi madre y el ansia indetenible por el próximo.
Detendré el tiempo en sus abrazos. Mis sueños,  llevan todos su nombre y su perfume.

Mientras viva, no aceptaré falsos amigos, aduladores,
no quiero abrazos con cuchillos escondidos, odio besos de Judas, dobles caras.
Me alejaré de hipócritas y mediocres, que sin fuerzas, ni valor, intentan nublar vidas.
Mientras viva, que repito, será por siglos, seguiré amando al mar,
acostumbrándome a la eternidad, cuando disuelto, fundidos él y yo, regrese una y otra vez a mis raíces.

Mientras viva, lo haré sin mentiras, ni artilugios, sencilla y plenamente, seguro del mañana y de mis fuerzas.
Fabricaré abrazos y te quieros que repartiré, generoso y feliz entre los buenos.
Mirare siempre a los ojos mientras hablo, gustaré de gentes transparentes, hermosas de alma y de ideas.
Recordaré a musas especiales, que soplaron el polvo de mis alas, un día de noviembre.

Mientras viva, diré lo que pienso sin temores, dialogaré con todos, tendré oídos sordos a ladridos.
Olvidaré ofensas y rencores, como olvido a los que un día, sin querer, sin dejar huellas, cruzaron mi camino.
Defenderé libertades, causas justas, ayudaré a todos, daré siempre una mano, abierta y limpia, ¡sincera!

Mientras viva, andaré mis ciudades favoritas. Mantendré anclada en La Habana, mi alma y mi memoria.
Seré siempre yo, mejorado, renovándome, sin renunciar a principios, guardando intacta, la voluntad del primer día.
Mientras viva, sonreiré a la vida, cuidaré de mi alma y de mi cuerpo, ambos andarán por este mundo un largo trecho.

Mientras viva, que repito, será por mucho tiempo, estrenaré sonrisas cada día, amaré intensamente, disfrutando cada beso, cada orgasmo.
Haré travesuras de muchacho, aunque sume siglos a mi espalda.

Mientras viva, llevaré a Cuba, en el alma y en mis ojos, renovando día a día su recuerdo, tomándome el café de la esperanza!

Envejecer.

Una vez, conversando en el gimnasio, con un muchacho, de pronto, comenzó a  criticar a las personas que pasaban de cierta edad e insistían en visitarlo. Para él el gimnasio, era un imperio de muchachos jóvenes, con pieles tersas y brillantes. Me reí, le dije mi edad (no se embullen que no voy a decirla), se sorprendió y trato de arreglar lo que había dicho, mientras yo,  reía a mis anchas. Termine aclarándola que cualquier edad es buena para querer estar en forma, tonificar los músculos o solo pasar un buen rato en el gimnasio. También cualquier edad es mala para decir; no puedo, ya estoy viejo, para darse por vencido, tirar la toalla.
Para los que no renunciamos a los sueños y cada día amanecemos con montones de proyectos por realizar; envejecer, es un trabajo pendiente, una tarea que no tenemos apuro en comenzar. Mientras quede algo por hacer, la vamos relegando, posponiendo. No hay apuro en ser viejos. Hoy, le decía a una amiga; no esta en mis planes para los próximos 50 años

A veces, converso con amigos, recordamos figuras del arte que fueron importantes y populares en nuestra juventud, algunas, ya han partido, otras, retiradas, ya no forman parte del quehacer artístico diario. Nos sirven de indicador que vivimos otros tiempos. El avance tecnológico, a veces, nos deja como atontados, o lo asimilamos o nos quedamos definitivamente atrás. Nos damos cuenta que los años pasan. Como diría Pablito, el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos. Yo, le hice un arreglo a  la letra; el tiempo pasa, alguna gente se va poniendo vieja. Otros, entre los que me incluyo, tenemos conciencia de que ya no tenemos 20 años, pero no somos culpables de sentirnos como si los tuviéramos, los invito a sumarse a este grupo.

Soy de los que creen que envejecer, es una opción, en parte una decisión personal. Conozco personas muy jóvenes, que decidieron ser viejos, sin arrugas o canas, optaron por renunciar a sueños, vegetar, ver la vida pasar como, espectadores. Renunciaron a papeles protagónicos y solo, algunas veces, aplauden, cuando algo logra motivarlos mucho. Desde el balcón de la vejez prematura, ven la vida transcurrir, suspiran, y hasta sufren achaques en su voluntario vestirse de vejez.

Hace años, conversando con una amiga mucho mayor que yo, le dije que; todas las personas, nacen con una luz. A algunos se les apaga a los 20 años a otros mas tarde, algunos poco la conservan hasta el final de sus vidas. Esa luz, es el reflejo de nuestro yo interior, del no renunciar a los sueños, de pensar en el mañana con optimismo y fuerza, del no darnos por vencidos.

Hay personas que son y serán eternamente jóvenes, nos dirán un día adiós, con una sonrisa y un gesto de juventud eterna. Vencen años y problemas, siguen en la lucha por la vida. No tienen edad, solo sueños!

En ocasiones, he ayudado a personas de más de 80 años, me dicen que malo es llegar a los 85! Siempre les respondo, malo? Bueno, el que no llego, es porque se quedo en el camino! Terminan riendo conmigo, dándome la razón y felices de pasar los 80s.

Si, no tengo dudas, somos tan jóvenes como nuestros sueños, nuestras ansias de conquistar el futuro, tan viejos, como querer darnos por vencidos o detenernos, para siempre, en los fracasos. Lamentarnos, auto compadecernos, no ayudara a vencer años y problemas; nos hará envejecer, sin importar la edad que tengamos. Ensayemos la mejor de las sonrisas, inventémonos un sueño, decidamos, para siempre, ser jóvenes, sin importar años, arrugas, ni canas. Como dice la canción “joven ha de ser, quien lo quiera ser”. Si lo dudan, pregúntenle a La Habana!