¿Trump o Hillary? Una conversación en Hialeah.

 

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Pancho llego a Miami en los 60s. Cuando le intervinieron su bodega, allá en La Habana, decidió irse. Empezaría de cero, pero estaba seguro que volvería a triunfar. Lo mandaron a trabajar en la agricultura mientras esperaba la salida. No había trabajo duro para él. Mucho menos si era el precio que pagaba por irse del país, por una nueva vida. Soportó el tiempo de espera y el trabajo duro.  Se fue de Cuba con el dolor de dejar a su madre y a los suyos, pero con la certeza que volverían a reunirse; esa sería su meta.

Llegó a Miami, trabajo duro, muy duro, como solo trabajan los hombres decididos a triunfar, a darlo todo por un sueño. Logró ser dueño de un supermercado, demostró su fuerza y constancia, su tesón. Su 3er grado en la primaria y su desconocimiento total de inglés, no fueron obstáculo para triunfar; pertenecía e esa raza para la que la palabra imposible no existe. Logró reunir a la familia de este lado del mar; juntos se inventaron una nueva Cuba y sueños.

Tuvo dos hijos varones a los que educó y formó como hombres de bien. Ambos se hicieron profesionales exitosos, acumularon conocimientos y fortunas.

Pancho siempre estuvo en el partido republicano. Como la mayoría de los primeros cubanos que llegaron a Miami, pensaba que ese era el partido que más apoyaba la causa cubana. En todas las elecciones votaba por el candidato republicano. Él y sus dos hijos eran votos seguros para ese partido.  Este año Pancho andaba preocupado, pensativo, como quien lleva una pena grande en el alma y no sabe qué hacer con ella. Sus hijos fueron a visitarlo y el verlo en ese estado se preocuparon. El mayor le preguntó.

– ¿Viejo que te pasa? Tú siempre andas jodiendo y riéndote y tienes una cara que pareces un alma en pena.

– Ustedes saben como disfruto ser ciudadano de este país.  Soy cubano y muy orgulloso de serlo, pero también amo a este país que me acogió y me dio derechos. ¿Saben cuál es el derecho que más disfruto? Votar.

-Claro viejo, ese es el derecho más importante y todos los años vamos juntos a votar.

– Eso es lo que me tiene así. Este año, por vez primera, no iré a votar. El Trump ese es una verguenza para el partido republicano y para este gran país.  Elegirlo sería poner en peligro el destino de este país y del mundo entero.

– Viejo, este es el año que no puedes dejar de votar, iremos juntos a votar, pero por vez primera por un candidato demócrata.  Votaremos por Hillary; es la única forma de impedir que Trump tenga acceso al código nuclear, que levante muros y desate guerras, que divida y destruya al país y al mundo.  Juntos aportaremos nuestro granito de arena en impedirlo.  Ese hombre no puede llegar a ser el presidente de este país. ¿Entiendes papá?

– Si mis hijos lo entiendo. Aunque me duela votar por un demócrata, votaré por la Clinton este año; Trump no puede llegar a ser el presidente de este país.

 

Fotografia tomada de Google.

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Luis, un candidato diferente.

Luis cayey
Llego a mi vida de la mano de un amigo especial, de esos afectos imprescindibles que hacemos nuestros, más allá de lazos de sangre u orígenes. Esto le garantizaba que le abriera mis brazos, pero también cierta suspicacia, cierto pensar, ¿será digno de mi amigo? El tiempo y su actuar lo convirtieron en mi amigo, termine queriéndolo y admirándolo.

Mi amigo Luis, se gano mi afecto por sus virtudes, una a una fueron acercándonos, convirtiéndonos en amigos. Su inteligencia, su captar al vuelo la intención de cualquier frase me gusto, su sentido del humor me hizo reír. Termino ganándome para siempre su sencillez, su amor por la familia y su pueblo. Luis es de esos hombres que han triunfado en la vida, sin perder la sonrisa, ni sus orígenes.

Recuerdo una conversación que tuvimos hace tiempo, cuando ni siquiera imaginaba que un día seria candidato a la alcadia de su querido Cayey, mirándome a los ojos me dijo; yo sigo siendo un muchacho de barrio, sencillo y humilde. Esa frase me gano del todo, me convenció de sus valores. En este mundo del “tanto tienes, tanto vales” donde una mejoría de posición en el trabajo, una entrada de dinero un poco mayor que la media son capaces de cambiar del todo a una persona, hacerla olvidar raíces, afectos y orígenes, mi amigo Luis permanece fiel a si mismo, no olvida su barrio, sus amigos, su orígenes, el éxito no se le ha subido a la cabeza, como decimos nosotros. Será siempre de su barrio, andará sus calles, sencillo y sonriente, seguro que el éxito no lo cambiara jamás por que es autentico, natural, un hombre de su pueblo.

Mi amigo Luis, sigue mis escritos, recuerdo cuando publique “Donde buscarme” me llamo para decirme que le había gustado mucho. Sabía que le gustaría porque a él también, si se perdiera un día, habría que buscarlo en las cosas sencillas de la vida, en su querido Puerto Rico, en las calles de su barrio, en los brazos de su madre.

Un día, Luis nos contó de su intención de postularse para alcalde de su amada ciudad. A muchos nos sorprendió la noticia, algunos pensaron que era un error, que afectaría su exitosa carrera de empresario. Recuerdo que le dije a amigos comunes; Luis es lo suficientemente inteligente para saber elegir el mejor camino. Muchas veces el mejor camino de un hombre es el servicio a su pueblo, anteponer los intereses de muchos al suyo propio, ser útil dándose y haciendo por quienes confían en él.

Luis y mi amigo Javier, llevan 2 años de casados, algunos piensan que esto lo hace un candidato diferente y que servirá de punto de ataque para sus oponentes. Mi amigo Luis, es un candidato de estos tiempos, un joven que busca dar a su pueblo, no enriquecerse a costa de su pobreza. Es un hombre que respeta tradiciones y costumbres, que no impone, conversa, dialoga. Si, sin dudas, Luis es un candidato diferente, por sus virtudes e intentos, por sus ganas de hacer por su pueblo. Tal vez reciba ataques de algunos, él sabrá como responderles y salir airoso. Su pueblo sabrá elegir a un alcalde diferente, a alguien que viene a cambiar para bien. Se que poco a poco ira ganando partidarios y afectos, convenciendo y haciendo, demostrando que el amor y las ganas se bastan para ganar campañas.

Mis amigos y seguidores saben que soy orgullosamente cubano, no les niego que desde que mi amigo Luis anuncio su candidatura para alcalde de Cayey, siento envidia de ese pueblo que es parte de su hacer, que me gustaría poderme involucrar del todo en esta lucha, poder votar y elegir a un alcalde diferente. Se que mis hermanos boricuas, sabrán hacer la mejor elección, en ellos confío.

Desde ya, se que el próximo año publicare otro escrito sobre mi amigo Luis, ya acaricio su titulo, Mi amigo Luis, un alcalde diferente. Diferente por sus principios y honestidad, por anteponer su pueblo a intereses personales, un alcalde de estos tiempos que su pueblo exhibirá y aplaudirá con orgullo, seguro de su elección.
luis y su mama