Lourdes, entre amigos y canciones.

El sábado pasado asistí al concierto de Lourdes Libertad en Real Café . Un amigo periodista, había leído mi último comentario sobre su presentación en El Divino, y me pidió le avisara para conocerla y disfrutarla. Al llegar al lugar le dimos 5 estrellas, pequeño, acogedor, bien ambientado; sitio perfecto para hacer a públicos y cantantes complices en noches de entregas y arte.

Lourdes, apareció entre el público, sencilla y segura, dispuesta a entregarse plena y feliz; a ser dueña de la noche.

Nos regala éxitos conocidos que se reestrenan en su voz e intento. Saluda a amigos, ofrece sus canciones como quien brinda una tacita de café a sus visitas; segura de la aceptacion y del disfrute.

Emigrar es sin dudas duro, por eso siempre aplaudo a quien se afinca en nuevas tierras, sin perder esencias ni raices, a quienes hacen de la cubania escudo y defensa, estandarte y alarde. Lourdes Libertad es un ejemplo y entre canciones, anécdotas y chistes, regala arte, talento y cubania.

No le había escuchado la cancion de Lourdes Torres, “Para ser alguien” y la letra se me antoja declaración de principios, “Nada me asusta, nada me espanta… batalladora rebelde a veces, según criterio de quien no entiende es mi derecho ser como quiero. Qué cada cual escoja el camino…”. Como reafirmación que este es el suyo, entre canciones y amigos.

Regala su version de New York, New York y gana aplausos y bravos. Alguien le grita y Mexico y canta a capella una ranchera de su madre, en alarde de afinación y voz.

Señora de la escena, lo lleva en su mapa genético, nos regala, “Como cualquiera”, su agudo en “Me he mantenido fiel a mi misma, de nada tengo que arrepentirme” estremece la noche de Miami.

El concierto llega al final y a pedido de amigos, cierra con “Que hablen” de las hermanas Diego. Sin dudas su versión da un nuevo aire a la canción que se me antoja la burla del cisne a todos esos que hablan pendientes de vidas ajenas.

Nos despedimos, no sin antes decirle al oído, nos vemos en Alfaros’s el 11 de de febrero. ¿Se embullan?

Una cafetera especial.

cafetera cubana 2014 Michel Blazquez
Se fue de Cuba cuando el Mariel. Al salir de su casa, agarró fuerte de las manos a sus dos hijos, miro por última vez su casita con muebles viejos, reparados cientos de veces, las paredes sin pintar, los retratos de sus padres. Los recuerdos la golpearon duro, se secó una lágrima. Recordó que olvidaba algo.
-Voy a hacer café, mamá siempre colaba en los momentos difíciles, decía que ayudaba a suavizar tensiones, a avivar la esperanza. Tomaron el café, el último en su Isla. Al abrir la puerta, Pucha le dijo a su hijo.
-Manolito, ve a la cocina y tráeme la cafetera de mamá, la vamos a necesitar.
Su hijo de 7 años regreso con una cafetera vieja, sin asa, manchada por el tiempo y el uso.
-¿Mamá, vas a llevarte esta cafetera vieja?
Pucha, suspiro, tomo la cafetera vieja en sus manos.
-Si mi hijo, era de tu abuela, antes de morir me dijo; donde quieras que vayas, llévala contigo.

Mientras esperaban para subir al barquito en que harían el viaje, Pucha, apretaba fuerte a sus hijos y trataba de esconder la cafetera entre ellos. Sabía que si la veían, no se la dejarían llevar, las ordenes habían sido claras; solo pueden llevar con ustedes lo puesto.

Por esos milagros que suelen ocurrir, Pucha pudo llevarse la cafetera con ella. Los 4 formaban un grupo macizo, un todo, como si fueran una sola persona; Pucha, Manolito, Reglita su hija de 5 años y la vieja cafetera.

Al llegar, fueron directo a un campamento improvisado, no tenían familia y deberían esperar que los procesaran y ubicaran. Una mañana, Pucha escucho su nombre por las bocinas, tomo a sus hijos de las manos y se presentó en el punto señalado.

Los procesaron rápido. Un matrimonio cubano que pasaban los 60s, había decidido hacerse cargo de ellos y ayudarlos a encaminarse, vivirían en su casa, en un apartamento en el patio. A Pucha y a los niños, les cayeron bien estas personas dulces y cariñosas. Reglita los vio y corrió a abrazarlos, los niños tienen un don especial para reconocer a las buenas personas.

Cuando subieron al auto del matrimonio, Pucha grito.
– ¡La cafetera, olvide la cafetera!
– No te preocupes, le dijo María Luisa, pasamos por alguna tienda y te compramos la que quieras.
– Esa cafetera es especial, mi madre me dijo que nunca me separara de ella.
María Luisa, miro a su esposo.
-Eduardo, regresemos por la cafetera, quiero que todo esté bien en este comienzo de una nueva vida para ellos.

El oficial que estaba en la puerta fue tajante.
-No pueden volver a entrar, solo haré un anuncio por la bocinas por si acaso alguien la encontró.
Esperaron más de una hora, en vano. Nadie trajo la cafetera. María Luisa y Eduardo, le dijeron a Pucha.
-Vamos, no podemos esperar más, ten fe, tal vez un día la cafetera te busque a ti.
Pucha asintió, tomo a sus hijos y subió al auto.

A los niños y a Pucha, les gusto la nueva casa y el apartamento que les habían preparado.
-Aquí estarán independientes, pueden poco a poco arreglarlo a su gusto. Si un día deciden irse, no nos disgustaremos, aquí pueden estar mientras quieran. Ustedes serán la familia que nunca pudimos tener, les dijo María Luisa, mientras Eduardo, su esposo reafirmaba sus palabras.
-En una hora almorzaremos, báñense y pónganse las ropas que están en el closet, esperamos que les sirvan. Mañana, con más tiempo iremos a comprarles ropas más apropiadas.

Almorzaron, como si fueran una familia, reunida en la tarde del domingo, en una casa de La Habana. Los niños devoraron todo, cuando María Luisa, trajo la fuente de arroz con leche, casi aplauden de la alegría.
Cuando terminaron con el postre, María Luisa los invito a tomar el café en el portal. Trajo una bandeja con 5 tazas, 2 con solo un poco de café para los niños. Ya Pucha le había dicho que ellos también tomaban café.
-No, no podría tomar café. Hasta que no encuentre mi cafetera, no podré volver a tomarlo.
María Luisa, no insistió, la vida le había enseñado a respetar las decisiones y opiniones ajenas.

Los días pasaron, los niños comenzaron a ir a la escuela. Los lazos entre las dos familias, se estrechaban cada vez más. Pucha y María Luisa, más que amigas, parecían madre e hija, pasaban horas conversando y contándose historias. Una tarde, antes que los muchachos llegaran de la escuela, María Luisa, le dijo a Pucha.
-¿Por qué esa mirada triste? Si algo te disgusta, dímelo, no tengas pena.
-Es la cafetera, la necesito, no sé cómo explicarlo, pero me es necesaria.
María Luisa, se meció en el sillón del portal, suspiro.
-Mañana saldremos a buscarla. En Hialeah hay varios vendedores de cafeteras viejas. Conozco a un tal Miguel que las colecciona, él podría ayudarnos.

Pucha no durmió esa noche, pensando en que tal vez encontrarían su cafetera. Se levantó temprano, llevo a los niños para la escuela. Le toco a María Luisa en la puerta de la cocina.
-Ya estoy lista.
-Yo también, no te brindo café porque sé que solo tomaras el de tu cafetera, ojala hoy puedas saborearlo.

Recorrieron toda Hialeah buscando a Miguel, lo encontraron en el centro de un parque, rodeado por montones de cafeteras.
Pucha, le conto su historia. Miguel, comenzó a buscar entre los montones de cafeteras que lo rodeaban. Mientras murmuraba, una cafetera vieja, sin asa, encontrada en el campamento de refugiados del Mariel; ¡aquí esta! Exclamo Miguel.
-Le arreglé lo del asa rota, con lo que me pareció más apropiado, talle en madera la isla de Cuba. Esta cafetera es especial, por más que intente que colara café, siempre se negaba, como si estuviera esperando por alguien para colar.
-Es esta la reconozco, grito Pucha mientras la tomaba en sus manos.
Todos se sorprendieron cuando en las manos de Pucha, la cafetera comenzó a colar un aromático y abundante café. Muchos se acercaron al influjo de su olor, alguien trajo unos vasitos y Pucha comenzó a servirlo. Todos sonreían y disfrutaban el café.
María Luisa se sorprendió del brillo de los ojos de Pucha, probo el café, sintió que la esperanza y la alegría la invadían. Comprendió el porqué de la insistencia de Pucha en buscar su cafetera y porque su madre le dijo que la llevara siempre con ella.

Desde ese día, todas las mañana, Pucha, antes de irse a trabajar, colaba su café, lo compartía con todo el que pasaba. Como quien comparte la esperanza y la certeza de un futuro mejor.

Fotografia cafetera cubana2014, de Michel Blazquez Mijares, artista plastico cubano.

Entrevista en el programa 1800 online por Radio Marti.

http://www.martinoticias.com/audio/audio/30327.html

¡Annia! A su manera.

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Tengo varios escritos comenzados, pensé terminar un par de ellos este fin de semana. Tendrán que esperar unos días, un fin de semana un poco “movidito”, la presencia e interpretación de una cantante cubana en una fiesta de Navidad, me hicieron cambiar mis planes.

De un modo u otro, le debía un escrito. Era mi cantante favorita en La Habana, asistí a todos sus conciertos. Les confieso que nunca hice “colas” para comprar las entradas, la amistad con uno de sus más fíeles seguidores, me garantizaba siempre un buen lugar en los teatros. La primera vez que asistí a un concierto suyo fue en el Mella, La Habana se estremecía con el RM de Roberto Morales. Alguien me comentó del espectáculo, me dijo; Annia canta “A mi manera” y en la parte final se aleja el micrófono, ¡Que voz! Les confieso que lo vi varias veces, Annia seducía al publico habanero en complicidad con Consuelito Vidal, en un binomio inolvidable.

Asistí a muchos de sus conciertos, en el teatro inmenso de la Habana, el Nacional, el Mella. Annia repletaba los teatros y sus entradas se vendían como pan caliente, pero pan del bueno, no del de la cuota. Recuerdo una noche en la sala Covarrubias del teatro Nacional, que hasta un apagón habanero quiso escuchar a Annia y lo logró. En lo mejor del concierto, se hizo presente, se fue la luz, como decimos nosotros. Creo que Annia se dijo; bueno si el apagón vino a escucharme, va a escucharme y dicho y hecho. El concierto lo continúo cantando a capella y un público enardecido y feliz con esta cantante que iba más allá de la técnica y las dificultades.

En los conciertos de Annia, descubrí a María Antonieta. Nos impacto a todos por su presencia, belleza y talento, después el tiempo y la geografía terminarían uniéndonos en amistad y admiración.

Cuando estaba en plena efervescencia y popularidad, en un viaje al extranjero, decidió asentarse en Miami. Annia se quedo, repetía su público consternado, ella, como otras, dejo un vacío, un espacio que aún continua esperándola, reclamándola.

En Miami, no he asistido a sus conciertos, hasta ahora. Les confieso que temía a este reencuentro con su voz y los años, prefería recordarla luminosa y triunfante en La Habana. Cuidaba esos recuerdos, los recuerdos, son un tesoro muy valioso. Anoche en una fiesta de Navidad en casa de unos amigos, Annia canto dos canciones. Embellecida por amigos, adornada por el amor de amigos y publico, comenzó a cantar, “A mi manera” le hice algunas fotos. Poco a poco Annia subía el tono, volvía a alejar el micrófono en los agudos, derrochando voz y arte. Deje de hacer fotos, me recosté a un muro y me deje llevar por su voz que como la flauta mágica del cuento, me llevo en el tiempo y la geografía. El publico aplaudía y yo suspiraba por amigos y ciudades ausentes, por La Habana que se pierde de disfrutar esta voz por absurdos y decretos.

En el segundo número Annia invita o “arrastra a la fuerza“, a Samuel Calzado y a María Antonieta a cantar junto a ella. ¿Que voy a hacer sin ti? Adquiere un matiz diferente en este trío de lujo, de voces cubanas decididas a no darse por vencidas, a ser escuchadas.

Saludo a Annia, le prometo un escrito que le debo hace años, desde que retomé el oficio de escribir. Me invita a su concierto el próximo 28 de diciembre en Alfaro’s, prometo ir, seguro que su voz hará el milagro de despedir el año, entre recuerdos y sueños.

Recuerdo a mi amigo, el que me resolvía las entradas para los conciertos de Annia. Anoche hubiera sido feliz escuchándola sabiéndola en plenas condiciones vocales, vital y espontánea, con la fuerza de siempre. Sus cuerdas vocales no creen en exilios ni en años, en tumbas de artistas, ni retiros. El junto a mi, hubiera aplaudido anoche, enjugado una lagrima de emoción y nostalgia. Juntos hubiéramos recordados conciertos y teatros al influjo de una manera que vence el tiempo y la distancia, la de Annia.
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Nuestros hermanos de la otra orilla.

Cubanos, bandera, hermanos, fotografia tomada de Google.
Siempre me han molestado las referencias en tono despectivo a los cubanos de la otra orilla. Como si de pronto emigrar nos hiciera mejores seres humanos y no poder emigrar o decidir quedarse en Cuba, convirtiera a nuestros hermanos en seres de 2da o 5ta categoría. Todos somos cubanos, a un lado y otro de este mar de olas e ideas que intentan separarnos, sin lograrlo. Ser buenos o malos seres humanos, no depende del lugar donde vivamos. Descarados, vives bien, aprovechadores, “chusmas”, oportunistas y hasta delincuentes, pueden existir en cualquier lugar, a un lado y otro de este mar profundo y azul.

Todos sabemos las condiciones en que viven nuestros hermanos de la Isla. De nuestra Isla, que será siempre nuestra aunque algunos renieguen de ella y otros pretendan arrebatárnosla y negárnosla, como si emigrar nos hiciera menos cubanos o cubanos a medias. Muchas veces el trabajo en la fábrica, la escuela o el hospital, no aporta lo necesario para subsistir y muchos tienen que “inventar” de una forma u otra, ‘lucharla” en buen cubano. Unos, tienen la suerte de tener familiares en el Extranjero, FE, como dicen algunos allá que los ayuda a capear el temporal y resolver necesidades. Otros montan negocios y se convierten en “ricos” de nuevo tipo. Cada cual escapa a la racionalización y a la crisis, como puede, unos mas y otros menos. Subsistiendo y adaptándose a situaciones que parecen sacadas de una mala y triste novela.

Mediocres y oportunistas hay donde quiera, en cualquier lugar del mundo, no son exclusividad nuestra. Los hay entre los que viven en la Isla y entre los que emigramos. La gente es mejor o peor, por los sentimientos, por la forma que olvida o recuerda sus raíces, su familia, por la forma en que tiende la mano, abierta y franca o cerrada y agresiva, como un puño. Cruzar el estrecho de la Florida, no convirtió a nadie en mejor persona, lamentablemente. Del lado de acá, nos sobran estafadores del Medicare, gente que miente y vive de ayuda del gobierno, bisneros, traficantes y hasta algunos dispuestos a vender su alma al diablo por un minuto de fama o un puñado de centavos. Por suerte, esas personas no tipifican al exilio cubano, donde hay una mayoría trabajadora, dispuesta a ganarse con su sudor y esfuerzo el pan de cada día y un mejor futuro.

No me fui de Cuba para ayudar a mi familia, me fui en busca de libertad, ayudarlos es una obligación, un placer, un hacernos mejores seres humanos. Nunca le dije a mi madre en el breve beso de despedida; me voy para poder mandarte lo que necesites. Ella sabìa que me iba porque lo necesitaba, porque desde el Mariel con una carrera profesional truncada y una vida inventada, ese era mi sueño necesario y recurrente. Una vez conversando con mami, me dijo, no quiero morirme y saber que te dejo aquí. Ella que me ama con toda la fuerza e intensidad que una madre es capaz de amar, me apoyaba y unía sus deseos a los míos, aunque el precio que tuviéramos que pagar fuera vernos solo 15 días al año. Tengo una familia que jamás me ha pedido lujos, ni excesos, una familia a quienes no envío lo que me sobra, pero tampoco me someto a sacrificios extremos para enviarles dinero, ropa o medicina, ellos, no me lo permitirían.

Quejarse de que los familiares en Cuba viven una vida de “lujos” a costa de los que están aquí, es en buen cubano, “comprar cabeza y cogerle miedo a los ojos”. ¿Quien habitúo a esos familiares en Cuba a una vida cómoda, sin trabajar? ¿Quien se apretó el cinturón para mandarles mas de lo necesario y de lo posible? Esos familiares del lado de acá, son los responsables del “monstruo” que crearon del otro lado, no tienen ahora el derecho de criticarlos, si de cortarles la excesiva remesa y tratar de reeducarlos. Conversando con algunos que se que sus ingresos son mas bajos que los míos, me sorprendo por las sumas elevadas que envían a su familia y que hasta a mi, me harían pensar que viven una vida de opulencia y derroche; esos excesos, crearon esos supuestos “monstruos”. Estoy y estaré siempre a favor de las remesas familiares, no podría comer o dormir tranquilo, sabiendo que mi madre, mi hermana o mi sobrino-hijo, se acostaron sin comer o viven dificultades que yo podría resolvérselas. Es algo elemental y humano, como inhumano y cruel y absurdo es ayudar a alguien hoy y mañana echárselo en cara y pretender que sea capaz de cambiar el status de un país, que la mayoría de los que nos fuimos, no tuvimos bolas para cambiar. Ayudarlos, no nos da derecho a darles ordenes, son hermanos, no esclavos asalariados, como siempre, los extremos terminan tocándose, coincidiendo.

Cubanos, somos todos, emigrar no nos hizo mejores, pero tampoco nos resto cubanìa, amor a nuestra tierra. Que en Cuba hay gente que quiere vivir sin trabajar y vivir bien, lo sabemos todos, también los hay del lado de acá. Debemos ser cuidadosos a la hora de expresar opiniones públicamente, lanzar insultos entre hermanos, mostrarnos como una familia mal llevada, puede dar una imagen equivocada a amigos y enemigos.

Me conmueve el agradecimiento de nuestra gente de la otra orilla, hasta por un paquete de café Bustelo o unos zapatos baratos para que la niña pueda ir a la escuela. Los que siguen mi blog saben el caso de Martha, la muchacha cubana con cáncer que yo, no conocía y que un amigo me contó su historia. Recogí dinero entre amigos y se lo lleve, sus lagrimas de agradecimiento, no las olvidaré nunca. No tengo dudas, los cubanos de un lado y del otro, somos agradecidos y no olvidamos nunca al que nos dio una mano. También tenemos una memoria del carajo y no olvidamos a quien nos da un puñetazo o nos tira una pedrá.

Nuestros hermanos de la otra orilla, son, por encima de todo, nuestra sangre, a ellos mi abrazo, sincero y fuerte, apoyado en los brazos y hombros de mis hermanos de acá. Cuba es una sola, dispersa por el mundo, las penas, la nostalgia y el dolor. Cuba, enfrenta el presente, segura de alzarse un día con la gloria de esa ¡Patria con todos y para el bien de todos!

Fotografia tomada de Google.

Un padre en el recuerdo y la distancia.

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Nació en un barrio habanero, en una casita humilde y limpia. Su mamá, trabajo muy duro para criarla bien. Fue de esas mujeres que se bastan solas para ser el hombre y la mujer de la casa.

Bertica, adoraba a su mama, también amaba al padre que nunca conoció. Pasaba horas frente a la foto de su papá, imaginando como hubiera sido compartir su vida con él. Su mamá, le había contado, un montón de veces, que era el mejor hombre del mundo. Un fatal accidente cuando Bertica tenía días de nacida, terminó con su vida. Cada vez que hablaban de él, su mamá siempre terminaba la conversación diciéndole.
– Estaría muy orgulloso de ti, lo se.

Bertica hubiera sido feliz de abrazar a su padre, besarlo, disfrutarlo. Soñaba con ese hombre bueno, con ese padre perfecto que la muerte le arrebato, lo imaginaba llegando del trabajo y ella corriendo a besarlo. Si al menos tuviera un beso para recordar, pensaba Bertica.

Cuando Berta, cumplió 15 anos, su madre la sentó en su sillón, de pie frente a ella, como quien se exorciza, le contó una historia. Antes de comenzar le dijo.
– No quiero que me interrumpas, deja todas las preguntas para el final.
– Mama, me asustas, prometo no interrumpirte.
– Conocí a tu padre muy joven, tuvimos solo un año de relación. No murió en un accidente, esta vivo, en Miami. Nos amamos desde que nos vimos, hay algo, mucho que no sabes. Nunca nos casamos, él estaba casado. Cuando pensó en separarse de su mujer, les llego la salida del país, los padres de ella, los reclamaron. Si se separaba, perdía la oportunidad de irse. Prometió que en cuanto pudiera me mandaría a buscar. Unos días antes de irse, supe que estaba embarazada, no le dije nada, preferí dejarlo así. Decidí tenerte y créeme, fue la mejor decisión de mi vida. Pensé decírselo cuando estuviera en Miami, cuando me dijera que me fuera con él. Nunca más supe de él, nunca más hasta hace unos días que recibí una carta suya.

Mientras su mamá hablaba, Bertica lloraba y se tapaba la boca con las manos, conteniendo las preguntas, sujetando las palabras que querían escapárseles.
– Ese ha sido mi secreto todos estos años, preferí decirte que había muerto, para no decirte que se había olvidado de nosotros. Es cierto que es un buen hombre, no guardo ningún mal recuerdo de él, solo su olvido. Ahora que supe de él, no puedo seguir con mi mentira, tal vez cualquier día entre por esa puerta y quiero que sepas todo por mi, perdóname por mentirte mi hijita, perdóname, quise darte un buen recuerdo de tu padre.
Bertica, abrazo a su madre llorando.
– No mama, no hay nada que perdonar, eres la mejor del mundo.

Se abrazaron tan fuerte que parecían una, tal y como habían sido desde el día que Bertica nació.

Bertica, supo de su padre, intercambiaban cartas, fotos, él le mandaba algún dinero y regalos con amigos. Nunca hablaron por teléfono, ninguno de los dos tuvo el valor de hacer la primera llamada.

Conoció un muchacho en la escuela, se enamoraron, decidieron casarse. Antes de hacer ningún arreglo acordaron hablar con la mama de Bertica. El novio le dijo, déjame a mí hablar con ella.

Bertica, miro a su mama a los ojos y le dijo.
– Mami, Luisito quiere hablar contigo.
– Y por que tanta seriedad y protocolo, no me asusten.
– Bertica y yo, vamos a casarnos, usted sabe que mi papá me reclamó hace un año y queremos hacerlo antes que me llegue la salida. Cuando este allá, veré como sacarlas a las dos lo antes posible. No queremos dejarla sola aquí, Bertica, estará junto a usted hasta que llegue el momento de reunirnos los tres.
– No mi hijo, dijo Carmen, ustedes se van los dos juntos o no hay boda. Ya hace años escuche algo parecido y no quiero correr riesgos, yo puedo esperar, se que los dos juntos, jamás se olvidaran de mi.

Carmen, se seco las lágrimas con la blusa, abrazo a su hija y a Alfredo, segura que este amor, no correría la misma suerte que el suyo.

Bertica y Alfredo se casaron, una boda sencilla, aunque el padre les mando dinero, prefirieron guardarlo y dejárselo a Carmen. Llegó el día de la partida, un día siempre contradictorio en la vida de todos los que emigran. Mezcla extraña de alegría y tristeza, de valentía y temor. Carmen, prefirió no ir al aeropuerto.
– Despedirnos aquí será mejor, no tendría fuerzas para regresar sola, además, seria como si fueran a regresar pronto. No ver el avión partir, me hará más fácil engañar los sentimientos. Estoy segura que esta separación no durara mucho, lo se.

Bertica y Alfredo, llegaron a Miami, después de los trámites en el aeropuerto y los sustos. Los recibió el padre de Alfredo, entre besos y abrazos.
– Estas igualito mi hijo, 10 años separados y al fin juntos. Escogiste bien que linda es Bertica, se ve una buena mujer, ven dame un beso tu también.
Abrazados los 3 hicieron el viaje hasta la casa. Cuando llegaron, Bertica, pidió llamar a su mama.
– Aunque sea dos minutos, quiero que sepa que llegue bien.
– El tiempo y las veces que quieras, yo también fui recién llegado un día y se lo que esas llamadas necesarias ayudan siempre, sobretodo los primeros días.

Pasaron los días, poco a poco se acostumbraban a la nueva vida. Siempre se extraña, los amigos, la cuadra, el olor del barrio, hasta los malos ratos se extrañan a veces, así somos. Cuando del otro lado se deja a una madre que supo asumir los roles de madre y padre, un afecto tan gigante no se extraña, se grita por el en cada instante, se reviven besos y abrazos, apuntalando la alegría, para que no nos deje. Recordamos todo, lo revivimos, asegurando la vida y el futuro. Así hacia Bertica cada día, cada instante. Sabía que su madre vendría pronto, entre ella y Alfredo, lo lograrían.

Con los sentimientos encontrados de los primeros días, Berta, había olvidado que le faltaba un encuentro. Ni siquiera había llamado a su padre; el tampoco lo había hecho, ambos temían a ese encuentro y lo aplazaban.

Una mañana, después del desayuno, Alfredo le dijo.
– Arréglate bien, tu padre nos espera a las 11, he hablado varias veces con él y ya es hora que se encuentren; jugar al avestruz, no resuelve nada.
Bertica, trago en seco, lo miro.
– Tienes razón, no puedo seguir posponiéndolo.

En la recepción, Alfredo le dijo a la muchacha.
– Dígale al Sr. Fernández que su hija esta aquí.
Un, que pasen enseguida, estremeció a Berta. Ese ascensor parecía no llegar nunca al 5to piso, pensaba Bertica.

Se abrió la puerta del ascensor, el hombre que solo conocía de fotos, que creció admirando y echándole de menos estaba frente a ella. Abrieron los brazos, dejaron a la sangre y a las ansias hablar por unos minutos.
– Vengan para mi oficina, tenemos mucho que hablar.
Se sentaron los tres en el sofá de la oficina, tomándole las manos le dijo a su hija.
– No pretendo justificarme, pero escúchame. Cuando llegue, desesperado por traer a tu madre pronto, escuche malos consejos, me metí en negocios sucios y termine en la cárcel, 5 años. Cuando salí, estaba como loco, no sabia que hacer. La que era mi mujer, se había separado de mi, no tenia donde ir ni a quien acudir. Por suerte había guardado bien un dinero, lo recogí y me fui para New York, allí empecé de cero. Con el dinero que llevaba y la ayuda de un buen amigo, me fui abriendo camino. Cuando logré alguna estabilidad, mandé alguien a Cuba a saber de tu madre. Cuando supe que tenía una hija, pensé que me había traicionado, que me había olvidado. Después supe que esa hija era mía y fue cuando me comunique con ella, desde ese día he soñado con este momento. No te digo perdóname, solo compréndeme.
Bertica, lo beso.
– Tranquilo papa, te comprendo.
– Se que tu madre se quedo allá y que la quieres traer, si no se oponen tú y ella, yo me encargo de todo, como madre de mi hija, todo será mas fácil. No creo que ella me perdone, pero hacer algo por ella, me hará dormir mejor. Algo más que necesites hija, dímelo sin pena.
– Solo una cosa papa; mañana, cuando salgas del trabajo, ¿Podrías ir directo hasta mi casa? ¡Me gustaría tanto recibirte con un beso!

Un hombre auténtico.

Vino al mundo, una mañana de abril, burlándose de la astrología, no nació bajo el signo de Aries. Una extraña conjución de astros, lo marcó para siempre; nació bajo el signo de la autenticidad.

Ser un niño auténtico, es fácil, todos lo son. Desconocen reglas, máscaras, dicen lo que piensan, reconocen a los buenos, de una sola mirada. Los niños, sueltan la verdad, burlándose de modales y comportamientos. Lo difícil, es crecer y seguir siendo auténtico, negarse a aceptar reglas, a usar máscaras, a inventarse personajes.

El hombre auténtico, nació en una islita del Caribe, entre olas y palmeras. Recibió una esmerada educación por parte de sus padres, era culto, elegante, muy bien parecido. Conocía todas las reglas, aunque no las cumplía ciegamente, disfrutaba romperlas, ser espontáneo. Era capaz de sentarse a comer con la Reina Isabel y disfrutar después un buen café cubano, con Juana Bacallao. Aplaudía a rabiar los 32 fouettés del Lago de los cisnes y despues se iba a bailar casino, hasta caer rendido del cansancio.

Cuando tenía ganas de reír, reía a carcajadas, si sentía ganas de llorar, lloraba, gritaba! Cuando sentía la necesidad de cantarle las cuarenta a cualquiera, lo hacia. Siempre era él, transparente, sin mascaras, auténtico! Nunca uso una mascara, para decir un te quiero, o un te odio. Nunca se invento personajes; le bastaba con ser él, seguro y confiado en si mismo. Sin escoger preguntas, ni respuestas, él!

Ser auténtico en tiempos difíciles, hace ganar muchas veces enemigos. Realmente, para un hombre auténtico, todos los tiempos son difíciles. La gente, se inventa personajes, gusta de usar máscaras, aprenden a fingir en vez de aprender a amar.

Nuestro hombre auténtico, a pesar de ser popular, tenía cada vez, más enemigos. Muchos se estremecían al verlo. Cuando él, los miraba a los ojos, se sentían desnudos. Su mirada, traspasaba los ojos de las personas, llegaba al alma, al sitio exacto, donde no pueden usarse mascaras ni inventarse personajes. Se sentían incómodos frente a este hombre que les arrancaba la mascara, con solo una mirada.

Cuando el hombre auténtico, hablaba, los falsos personajes que la gente se inventaba, huían espantados. Su voz, provocaba estampidas de falsedades y máscaras.

Una tarde, el hombre auténtico, asistió a una asamblea. Había sido muy bien preparada, una visita muy importante, obligaba a usar mascaras, desempolvar personajes inventados, el hombre autentico, pidió la palabra. El presidente de la asamblea, hizo un gesto negativo al que llevaba el micrófono a los que pedían la palabra. El hombre autentico, pidió la palabra, una y otra vez. Haciendo gala de su autenticidad, se puso de pie y comenzó a hablar, no necesitaba micrófonos, ni permisos. Un ruido estrepitoso se escuchó, mientras el hombre autentico hablaba; máscaras caían al suelo, se hacían añicos, junto con las máscaras, reglas impuestas se rompían. Al influjo de sus palabras, personajes inventados, huyeron espantados. El presidente de la asamblea, se sintió desnudo, intento, inútilmente, cubrir su desnudez con el discurso que traía preparado para la clausura de la asamblea. Convocados por la autenticidad de; al pan, pan y al vino, vino! Todos empezaron a llamar a las cosas por sus nombres. Hombres y mujeres, se ponían de pie, se reconocían a si mismos, se abrazaban en un orgasmo de autenticidad y transparencia.

No era la primera vez que una asamblea, marcaba, para siempre, la vida de un hombre. Nuestro hombre auténtico, tuvo que emigrar, se estableció en un país cercano a su islita. Triunfó, acumuló riquezas y fama, a pesar de enemigos e hipócritas. Nuestro hombre, supo desafiar falsedades, romper esquemas, no se cansaba de abrir y ofrecer su corazón en respuestas a preguntas, en homenaje a la vida, a la autenticidad.

Pasaron los años, muchos, el hombre de nuestra historia, permanecía soltero. Ser auténtico, puede ser una dificultad para encontrar pareja, no cualquiera se atreve a compartir su vida con alguien que disfruta el misterio de la vida, sin reglas, ni ataduras. Un día, compartiendo en casa de unos amigos, escucho a una mujer decir; he hecho, siempre lo que he querido, he vivido la vida intensamente, a mi manera! Se volvió, se miraron, ambos se vieron el alma y los recuerdos. Desde ese día, decidieron compartir la vida, no les importaba pasar los 80s, se amaron intensamente, auténticos y felices, hasta el fin de los días.