84!

No, el número no indica los post en mi blog, tampoco las visitas a uno de mis escritos. Es el número de años que cumple la persona más importante de mi vida. Allá en La Habana, en una horas, soplara la vela de su cake, ella y yo, sabemos cual será su deseo.

Ya le prometí viajar a La Habana a celebrarle los 85, el año próximo. Siempre ríe cuando le hablo de la fiesta que haremos cuando cumpla 100 y del cartel inmenso que pondremos en la fachada de la casa; ¡Mamá, cumple 100! Cada nuevo año que cumple, lo celebramos con la alegría que se recibe un regalo especial.

En  mi ultima visita a La Habana, comentamos uno de mis escritos sobre ella; ser querida, como tu me quieres, es tener la gloria en vida, me dijo entre sonrisas y suspiros. Olvida que no tuve otra opción que quererla así. Cuando me rompí en pedazos, fue la única capaz de volverlos a juntar y pegarlos  con amor y paciencia.

En unos instantes hablaremos por teléfono, nuestra conversación, como siempre, terminara con una competencia sobre quien quiere más al otro. Siempre termino ganando cuando cito las palabras finales de Pepito en uno de sus cuentos; Madre, hay una sola y esa, es la mía!

Recuerdo hace más de 12 años, cuando me dijo; no quiero irme sabiendo que te dejo de este lado, Su voluntad, hizo el milagro de mi viaje, después de años de espera. Ahora, cada vez que la visito, me dice; quiero saberte con una buena pareja a tu lado, alguien que te haga feliz. Le explico una y otra vez que soy feliz, para serlo, no necesito a alguien a mi lado, tengo montones de buenas personas junto a mí. Ella sabe, que nunca tendré alguien junto a mi  para mitigar soledades o que me ayude en la difícil y postergada tarea de envejecer, solo el amor, podría hacer el milagro. A veces, es difícil enamorarse, sobretodo, cuando se es exigente y se renuncia a hacer concesiones, ella, lo sabe y pide que llegue a mi ese amor, que me haga sentir en el aire y multiplique felicidades, quiere sumar un hijo mas a su lista.

Alguien, me pregunto ayer; y eso que no fuiste a celebrarle el cumpleaños? Quien le dijo que no estaré junto a ella hoy, que no sostendré su mano  en el instante de soplar la vela, que no la sentare en mis piernas y le diré una y mil veces cuanto la quiero. El amor, hace milagros, alguien lo duda?

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Enamorarse en La Habana.

Cualquier ciudad, puede ser buena para enamorarse, para sucumbir ante Cupido, para dejarse llevar por la pasión y el deseo. Por alguna extraña y desconocida razón, la mañana, que iban a repartir la cuota diaria de enamoramientos por ciudad, La Habana madrugó. Se levanto temprano, coló su café cubano, marco primera en la cola. No se movió, tardaban en comenzar el reparto, colgó un cartel que decía; solo la presencia física, le dará el derecho a su turno. Terminada la asignación de enamoramientos por días, se fue feliz, dichosa. Cargo, para siempre, con el mayor número  posible por día, por minuto. Ciudad enamorada, donde entregarse al amor, enamorarse, es tan cotidiano y normal, como andarla.

En La Habana, para enamorarse, cualquier día es bueno. Cuantas veces despertamos solteros, jurándonos solterías largas, seguros de no enamorarnos más. Subíamos agresivos y malhumorados a la guagua, bajábamos, sonrientes, felices, guardando un teléfono en el bolsillo o con la promesa de una cita en alguna esquina habanera. A veces, ese amor a primera vista, era más fuerte, dejábamos pasar paradas, viaje sin final, hasta el amor. En otras ocasionas, nos seguían o seguíamos, al bajarnos de la guagua y convertíamos bancos y parques, esquinas y paredes en monumentos al amor.

Quien no camino cansado por esas calles de La Habana y de pronto, sintió una mirada que lo atrapaba o atrapo a alguien con la mirada. Así tejiendo redes, atrapando a dejándose atrapar, transcurre la vida de los que andan por sus calles, en esa ciudad, donde el amor, espera a la vuelta de cada esquina. Donde a veces, no espera, sale a buscarnos y siempre nos encuentra. Nacer en La Habana, nos marcó para siempre, necesitamos amar.

Hay ciudades, donde el amor es esquivo, puede encontrarse sexo, citas, noches de locura, pero el amor se vuelve inatrapable, difícil. Cuando termina la noche, borramos teléfonos y recuerdos, sufrimos de amnesia amorosa. En La Habana, de escaceses y racionalizaciones, el amor habita, seguro y eterno, constante. Lanza flechas, hace blanco una y mil veces, vive en nosotros.

Recuerdo  que mis amigos, me llamaban y decían; estoy enamorado, quince dias después les preguntaba si seguían enamorados, me respondían; si, claro, pero de otra persona. Así somos, enamorados del amor, viviendo pasiones intensas aunque duren  un par de días. Entregándonos al amor, sin temor a decepciones ni a  lagrimas, sin miedo a nada.

La Habana, una ciudad, donde todo puede suceder, el amor sucede a cada instante. Nace de una mirada, basta ese contacto y la flecha hace diana, el amor se manifiesta. Andamos enamorados la ciudad y ella, nos da amor, nos lo ofrece, constante  y multiplicado, en cada rincón.

Hace días, comentaba que hace tiempo que no me enamoro, que no siento una pasión que me trastorne, no encuentro unos ojos que me cautiven y enloquezcan. Siempre recuerdo la frase; “de amor, hasta morirse es bueno” Si, quiero volver a enamorarme, aunque dure poco, aunque me cueste alguna pena, quiero volverme a enamorar.

Quiero volver a esperar encuentros, a extrañar voces y besos. Los habaneros, los cubanos, sin amor, nos marchitamos un poco. Un buen amor, aunque dure poco, es como una inyección de vida, de ilusiones y fuerzas. Enamorarse, en La Habana, Miami o Madrid, es reestrenarse, desplegar alas, volar al sol, sin importarnos nada, sólo el amor.

Un habanero, un cubano, donde quiera que se encuentre, sin amor, esta incompleto. El punto no es necesidad de pareja, aunque parezca lo mismo, no lo es, es necesidad de  amor, de días  o horas, de años o meses, pero de un amor que nos trastornes los  sentidos y las hormonas. No tenemos la culpa de haber nacido en una ciudad, en una isla, a la sombra del amor. Acostumbrados a enamorarnos  a diario, a estrenar amores  y amantes, aún lejos de La Habana, necesitamos la fuerza del amor, de su impulso. Nacimos del amor y  para amar, nos enamoramos hasta de las sombras. Lejos de La Habana, seguimos intentando encontrar unos ojos que nos cautiven, un rincón donde enamorarnos del amor! Allá en La Habana, los que quedaron y nuestros fantasmas, estrenan el amor cada día, sin creer en crisis, ni limitaciones. Estallan, enamorados, en explosiones de amor incontenibles, interminables, seguros que, el amor, hará el milagro.

Fotografia tomada de Google.